Hoy, durante la comida, mi tío Mariano y mi padre me han recordado una historia estupendísima: Hace un montón, mi padre era radioaficionado. Se enchufaban todos y hablaban entre sí, diciendo chorradas en clave y otras historias que tenían a mi madre hasta el cogote. Un poco como ahora chatear (aunque ya no lo haga nadie, pero entendéis el concepto), pero más molesto, porque por lo menos chatear se puede hacer en silencio y sin darle la tabarra a nadie. Un día, mi padre y mi tío se fueron con su radio, o transmisor, walkie-talkie o lo que puñetas usaran, a una peña, para poder coger señal y hablar con quien fuera. Pero no encontraron una señal aceptable, así que se fueron a otra peña más alta. Esa noche había una niebla horrorosa y eran como las tres de la madrugada, y a mitad de camino vieron que era peligroso seguir porque la niebla era demasiado densa, pero ya no podían dar la vuelta porque eso parecía todavía peor, así que siguieron subiendo. Resulta que unos días antes, la ET...