Gritos en la noche
No quiero que os aburráis de tanta crítica y os vayáis, así que os voy a contar lo de cuando fui a una boda y convencí sin querer a una chica a la que acababa de conocer de que alguien había entrado en casa a matarnos a las dos. El mes pasado nuestra estimada Naar decidió rendirse ante la evidencia y casarse con su fabuloso novio. La ceremonia se tenía que haber celebrado en mayo, pero desafortunadamente en mayo estábamos todos ocupados intentando que el planeta dejara de parecer el set de rodaje de una peli de terror, así que se movió todo el asunto a agosto. Como afortunadamente atrás quedó la era en la que hacías una amiga por internet y al final resultaba ser un señor de cincuenta años con intenciones de encadenarte en el sótano, tras años de amistad basada en leernos mutuamente y en cafés esporádicos en Madrid, Naar me dice que si voy a ir a su boda o qué pasa aquí. Y a ver, yo soy muy responsable, en serio, y meterse en una boda durante una pandemia mundial entiendo que no es id...