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Mostrando las entradas etiquetadas como alojamiento

Cómo contraer disentería

Dejadme que os cuente algo que no tenga que ver con cine, a ver si así evitamos que nos dé una sobredosis: Hace no mucho una amiga me invitó a una barbacoa en su casa, y allí conocí a una encantadora pareja española que convirtió la habitualmente agotadora experiencia de acudir a una fiesta en la que no conoces a nadie en una tarde de lo más entretenida. Vamos a llamarles Sandy y Danny. Entre unas cosas y otras acabamos hablando de mi deleznable excompañera de piso , lo que nos adentra en el sórdido tema de los malos habitantes en casas de alquiler. Así me entero de que el padre de Danny trabaja adecentando propiedades entre un inquilino y el siguiente. Danny - Si te digo las cosas que he visto en esos pisos, uf -Danny ayuda a su padre con algunos trabajos- . Mira, una vez fuimos a vaciar el piso entero, a deshacernos de los electrodomésticos viejos y eso, y cuando abrimos la nevera ahí se movía todo . Me estaba quedando yo sin material para mis pesadillas. Gracias Danny...

Bonnie y el detector de humos

Me he mudado. Otra vez. Dejadme. Mi nueva casa no está nada mal. En mi habitación hace frío y la moqueta es un asco, pero no hay nada traumático. La casa está bien. Es habitable. El problema es que dentro de la casa hay gente. Podría contar muchas cosas, pero el resumen es que tengo dos compañeras de piso: una que es una cerda y una que no. A la primera vamos a llamarla Bonnie por ninguna razón en particular y a la segunda llamémosla Abby. Tal vez entre en detalles otro día acerca de hasta qué nivel este ser es la repugnancia hecha persona, pero hoy mejor os voy a contar la historia del detector de humos. Porque no es sólo que esta chica sea una guarra de tomo y lomo, es que, además de no saludar, ocupar todos los armarios de la cocina y no contestar cuando le mandas un mensaje, es... no sé cómo describirlo. No quiero decir que es corta porque no la conozco lo suficiente y porque me resulta un poco hiriente para con la gente que sí es corta. Es más que está como e...

Ventajas y desventajas de vivir en Londres

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Llevo un año viviendo en Londres y he pensado que a lo mejor se llega a pasar por aquí alguien que esté planteándose venir, o que esté dudando entre varios lugares. Así que voy a explicar cuáles son, desde mi punto de vista, los pros y los contras de esta ciudad. VERSIÓN SÚPER CORTA POR SI NO TIENES GANAS DE LEER Londres es una mierda. No vengas. Si quieres venir de vacaciones, genial, ¿eh? La caña. Tiene musicales, tiene la National Gallery, tiene la falsa promesa de que te vas a encontrar con los actores de Juego de Tronos en el metro. Te vas a gastar un dineral y no es ni de lejos una de mis ciudades favoritas del mundo, pero siendo objetivos, como destino turístico es una opción muy interesante. Pero para vivir no. FIN DE LA VERSIÓN SÚPER CORTA POR SI NO TIENES GANAS DE LEER Para los que queráis que concrete algo más, ofrezco una completa lista alternando pros y contras y empezando por un contra para generar la máxima confusión posible: CONTRA#1:  ...

Foxxie IV

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Si quieres entender algo de lo que vas a leer a continuación, mejor lee primero Foxxie I , Foxxie II y Foxxie III . Ahora ya puedo seguir con la cuarta y última parte de la historia: Desde el momento en el que me piden que me vaya de ahí, dejo de hablar por completo con Foxxie y con Muggie. Cuando osan dirigirme la palabra les respondo con monosílabos, y las pocas veces que me veo obligada a comunicarme con ellas les hablo con la combinación de palabras más seca y concisa que puedo encontrar. Lo único que tolero es saludarnos por el pasillo. Pasan los días mientras yo busco casa desesperadamente y Foxxie empieza a ponerse agresiva. Deja de saludarme siquiera y no me habla, me deja notas . Es más, no me deja notas a mí, sino que deja notas impersonales para no tener que dirigirse a mí ni por escrito. Un día que dejo un tupper de sopa abierto en la encimera para que se enfríe, me voy de la cocina y cuando vuelvo el tupper está cerrado y hay una nota al lado: ...

Foxxie III

Tercer y penúltimo episodio de mi tercera vivienda londinense. Podéis leer la primera parte aquí y la segunda aquí . Vuelvo de San Sebastián y al día siguiente quedo con Daisy, que me está esperando en un restaurante japonés pequeñajo al lado de una estación de metro. Pido unos rollitos de primavera o algo que se le parece y discutimos el asunto. Yo - Mira, para estos dos meses casi nos viene mejor que no me metan en el contrato. Ya no creo que vayas a estafarme y tú ya has visto que no me he ido corriendo con tu dinero, así que si te parece bien, yo te pago a ti y tú le pagas a la agencia, como hasta ahora. INCISO Los pequeños bastardos de la agencia no sólo me pensaban cobrar a mí 120 libras por incorporarme al contrato, sino que Daisy iba a tener que pagar más de cuatrocientas libras por hacer un cambio de inquilino. Igual pensáis que es porque esta situación les está dando algún tipo de trabajo a los agentes. No. Es Daisy la que está enseñando el pi...

Foxxie II

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Puedes leer Foxxie I aquí . Y ahora el segundo episodio de este asunto: Antes de mudarme, Daisy me hace ir un día al piso porque Foxxie y Muggie están tensas con el tema de vivir con alguien nuevo y quieren conocerme. Me tomo un café con las tres y ahí veo que Foxxie trabaja en recursos humanos y que es de esas mujeres profesionales e independientes que toman una copa de vino en el salón todavía con la camisa y las perlas puestas. El rechazo que me produce y la sensación de que es una arpía son algo casi instantáneo, pero la chica es maja, así que pienso que a lo mejor son prejuicios injustificados. Pues bien, tras convencer en el amago de interrogatorio a las que serán mis compañeras de piso de que no soy una psicópata, hago la mudanza y me instalo en la ridículamente pequeña habitación de Daisy. El suelo es moqueta, cosa que me repugna hasta el infinito, pero por lo demás la casa está muy bien. Lo que también está bien es ver cómo vive la gente, así les conoces mejor. D...

Foxxie I

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Un día, hace unos cuantos meses, salí a cenar con unos compañeros de trabajo. Éramos un montón pero yo estaba de palique con Pirelli, que me hablaba a voces porque estábamos en un pub y ahí no se oía nada. Pirelli coge una patata frita y continúa a gritos por encima de la música con la conversación que estamos teniendo acerca de mi suerte con el alojamiento en Londres y en general sobre el amargo mundo de los pisos compartidos. Pirelli - Yo tengo un compañero de piso que se come mis plátanos. Y me pone de los nervios. El otro día me cabreé tanto que entré en el grupo que tenemos en whatsapp los ocho que vivimos en casa y puse "¡¿Quién cojones se ha comido mis plátanos?! ¡Otra vez, joder!" y empezaron a responder todos: "yo no. Yo no. Yo tampoco he sido". Y al final, ¿quién queda? Los italianos. La puta pareja de italianos, que se comen todas mis cosas, joder. Sé que es un cliché, pero es que siempre que alguien te roba comida, son los italianos. Dos co...