jueves, abril 21, 2011

Plomos

¿He dicho ya que me parece muy saludable hacer el ridículo de vez en cuando? ¿No? Pues lo pienso. Lo que me permite contaros la que lié ayer, en lugar de encerrarme en casa y avergonzarme por los siglos de los siglos:

Estoy estudiando en una biblioteca a la que no voy habitualmente, porque la de siempre está cerrada. No hay bibliotecarios porque es Semana Santa, sólo hay una segurata muy simpática que deambula por allí. En mi sitio casi no hay luz. Bajo -dos plantas- a decirle a la agente de seguridad que si por favor puede encender más luces en el segundo piso, que me estoy quedando ciega. La mujer me dice que sin problemas manipule los plomos de mi piso, que lo encienda todo si quiero. Qué bien. Vuelvo a mi planta y voy al cuadro de plomos, donde espero encontrar un recuadro lleno de palanquitas de ésas que si las subes se enciende algo, y si las bajas se apaga algo. ¿Es eso lo que encuentro?

Por supuesto que no. Y yo pensando que esto iba a ser fácil.

Lo que hay en la pared es un armario con cuatrocientasmil palancas que se activan y desactivan (o al revés, aun no lo sé) de izquierda a derecha. El que diseñó el bendito cuadro estaba sembrado cuando se le ocurrió la idea. Me salto un montón de cacharritos en los que pone "no tocar" (no quiero morir ni que me detengan) y me dedico a analizar el resto. Unos apuntan a la derecha y otros a la izquierda. 50% de posibilidades, podría ser peor. Le doy a una palanquita hacia la derecha. Dejo sin luz a la franja de mesas más cercana a mí (¿¿por qué?? ¿¿Por qué no pude dejar sin lámparas a gente que no me tuviera en su maldito campo de visión??). 15 personas dejan de estudiar y me miran con cara de odio.

Yo (susurrando)
- ¡¡Perdóoooon!!


Las caras de odio no me perdonan.

Reactivo sus fluorescentes. Vale, bueno, ya que estoy aquí, voy a solucionar este asunto; si antes le di a la derecha y apagué algo, voy a coger esta palanca que ya está a la derecha, y la cambio a la izquierda. Les doy a dos palancas hacia el susodicho lado. Dejo a oscuras a la mitad de la planta. Los estudiantes miran al techo desconcertados, sin tener ni idea de qué está pasando (en este caso estoy lejos de ellos, así que confío en que no vieran mi cara con la suficiente claridad).

Me rindo. Lo dejo todo como estaba, recorro dignamente el pasillo de la gente que me odia, notando como sus miradas me taladran, y vuelvo a mi sitio.

Fog
- ¿Te han hecho caso? ¿Van a dar las luces?
Yo - Ummmm lo he intentado, pero me parece que no va a poder ser...

5 comentarios:

  1. Mujer, eso no es hacer el ridículo... A ver, ¿qué te dijo la segurata? Que manipularas sin problema los plomos de tu piso. ¿Y no es eso lo que hiciste...? Si esos taladradores con la mirada fueran buena gente y quisieran haberse evitado ese momento de oscuridad, tendrían que haberte cedido con amabilidad y diligencia sus perfectamente iluminados asientes, hombrepordios...

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  2. Hacer el ridículo ayuda a perder el sentido del ridículo! Bien probado!

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  3. Juan, ¡pues eso digo yo! ¡Menos mirar mal y más caballerosidad! La próxima vez se lo digo de tu parte.
    dEsoRdeN, yo lo hago tanto que no me queda más remedio que confiar en mi teoría jajajaja

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  4. Jajajajaja yo lo que no sé es como te atreviste a tocar nada encontrandote con ese lio de cuadro de luces XD

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  5. ¡Pecas, ya era por orgullo! Dije que iba a intentar dar las luces, y lo intenté. Aunque ahora me odie media biblioteca xD

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