jueves, diciembre 31, 2015

La casa de St. Stephen IV: el armario

A ver, por dónde íbamos.

Os había hablado de la no-agente, de la infraestructura y del maravillosamente ilegal método de pago. Hoy os voy a hablar de la gente. Y del armario. No olvidemos el armario.

¿Qué gente, estaréis pensando? ¿Los compañeros de piso? ¿Los vecinos?

¡No! Los compañeros son muy majos -ahora que los neozelandeses se han marchado para no volver- y a los vecinos ni los conozco.

Yo me refiero a la gente que deambula por la casa pero que no vive allí.

Os diría que no es tan malo como suena, pero estaría mintiendo, así que mejor os lo cuento. Desglosemos el...



TOP 5 DE GENTE QUE NO DEBERÍA ESTAR EN MI CASA Y SIN EMBARGO AHÍ LOS TIENES


Número 5: La de la limpieza

La primera vez que me di cuenta de que había presencias inesperadas en la casa fue hablando con la chica irlandesa. No paro de hablar de ella así que se merece un nombre; llamémosla Eire. No recuerdo de qué estábamos hablando, pero yo le debí de preguntar algo referente a la cocina. Que quién había cambiado algo de sitio, quién había comprado una esponja nueva, algo por el estilo.

Eire - Ah, eso ha sido la de la limpieza, que estuvo aquí ayer.

...

Yo - ¿Cómo que la de la limpieza?
Eire - Sí, estuvo aquí ayer, fregó el suelo y organizó algunas cosas.

...

Eire - ¿Qué pasa? -La chica me mira con cara de "qué otra cosa ilegal pasa ahora con esta casa de mierda". Yo no la quiero alarmar, pero es que estoy flipando un poco -.
Yo - Eh... Eire, nosotros no tenemos señora de la limpieza.

No lo digo por decir, si leísteis el post de la no-agente recordaréis que lo pregunté y me dijeron claramente que no teníamos a nadie limpiando el piso. Hacía como dos días había estado hablando con los brasileños sobre si deberíamos contratar a alguien, pero habíamos decidido esperar un poco. Cuando digo que no tenemos señora de la limpieza lo digo en serio.

Eire - ¿Qué? ¿Cómo que no? ¡Pero si la he visto yo!
Yo - Cuando vi el piso le pregunte a Toni expresamente; me dijo que no había servicio de limpieza, pero que podíamos contratar a alguien. Y no hemos contratado a nadie.
Eire - ¿ENTONCES QUIÉN ERA ÉSA?

Después de todo lo que sabéis ya de este sitio entenderéis que nos pusiéramos un poco nerviosas con el tema.

No llegamos a ninguna conclusión, y yo quiero creer que Toni no tenía ni idea de absolutamente nada sobre esa casa y se inventó que no teníamos servicio de limpieza para que yo no me diera cuenta de que estaba a uvas. Cierto es que nunca nadie volvió a ver a la supuesta limpiadora y que nadie nos pidió dinero para pagarle, pero eh, quién soy yo para pensar mal de este cándido lugar.

Pero sigamos.


Número 4: El carpintero

Un día entro en casa y hay un chico en la cocina. Está con un martillo aporreando una puerta, así que supongo que será carpintero.

Yo - Hola.
Carpintero - Hola.

...

Yo - ¿Me puedes decir quién eres y qué haces en mi casa?
Carpintero - Sí, claro, mañana hay una inspección y estoy poniendo puertas antiincendio porque son obligatorias.

Las "puertas antiincendio" que está poniendo el chico éste son de madera maciza. Y yo toda la vida creyendo que la madera era combustible.

Pienso en cómo les voy a explicar a mis compañeros de piso que hace tres horas no teníamos puertas y ahora sí porque un tío ha aparecido con una caja de herramientas y ha hecho una obra de tres días en cuarenta minutos. Pero bueno, el tío realmente está montando puertas y no parece peligroso. Además es majo, así que decido ponerme a preguntar cosas, a ver si hablar con uno de los empleados de este sitio arroja algo de luz sobre la situación.

Yo - Oye, una cosa. Estoy un poco confusa con quién gestiona todas estas cosas, ¿a ti quién te llama cuando tienes que venir a arreglar algo? ¿Toni?
Carpintero - No, a mí me llama el chico de la moto.

Uy la virgen. Esto está alcanzando unos niveles de rarunidad que se me escapan hasta a mí, y mira que Londres me está curtiendo bien. Además, sabed que realmente le está llamando "el chico de la moto". No le llama por su nombre.

Yo - ¿El de la moto? ¿Trabajas para el tío de la moto?
Carpintero - Bueno, no sé si trabajar para él... pero es él el que me avisa cuando tengo que ir a alguna de las casas.

LO SABÍA. ESTOS TÍOS TIENEN MIL CASAS.

Yo - ¿O sea que arreglas cosas en todas las casas con las que trabaja el de la moto?
Carpintero - Sí, algo así.
Yo - De verdad, este sitio es rarísimo. Y lo de que venga el motorista a recoger el alquiler no me parece ni medio normal.
Carpintero - Uy, lo mío es peor. Yo pago mi alquiler dejando el dinero en un buzón.

Mira, yo me piro de aquí. Me voy a coger un avión y me voy a ir a un sitio que dé menos miedo, como Chernobyl, o Mordor.

Hablo un poco más con el carpintero y abandono el tema. Como pasa con casi toda esta gente, no le vuelvo a ver.


Número 3: El motorista

A éste le conocéis. El chico que aparece en una moto y se lleva el dinero del alquiler. Ni he llegado a conocerle en persona, sólo nos hemos comunicado a base de notas, pero los irlandeses sí que le han conocido (Eire está buscando trabajo así que está casi siempre en casa).

Este chico, aparte de que daba la sensación de ser un peón pero cada vez más parece que es en realidad el que dirige el cotarro, no tiene nada de especial y ni le mencionaría si no fuera porque el día que fue a buscar la pasta de los alquileres les dio algunos datos interesantes a los irlandeses.

A partir de tener no sé qué problema con los pagos, Motoman se ve en la situación de tener que llamar a Dragga, una de las no-agentes. Cuando Eire se pone a interrogarle como hice yo con el carpintero, el motorista le dice que Dragga es un nombre falso -se veía claro, el nombre que daba la mujer es poco más creíble que "Dragga"-, y les enseña la pantalla de su móvil, en el que se ve que está llamando a una tal Eloisa. Dragga da ese nombre y un número de teléfono a los inquilinos, y su nombre real y otro número distinto a sus compañeros de negocios. Y lo peor es que cuál será el desbarajuste que hay ahí montado para que el de la moto les ande contando a los inquilinos que sus compañeros les han dado un nombre falso.

Y esto nos lleva al número dos:


Número 2: los no-agentes

Ya os hable de Toni en su momento, que mentía como  loca, se inventaba datos sobre la marcha y hasta se llevó a su  hijo pequeño a uno de los pagos en súper negro que hicimos. Pero es que ahí hay más gente.

Dragga es la no-agente que atendió a los irlandeses, y no recuerdo cuál de las otras parejas tuvo a otra distinta. Todos extranjerísimos, con un inglés no muy pulido y nombre falso y/o muy genérico. Pero yo no vengo a hablar de ellos, yo vengo a hablar de Patrice.

Llego a casa un día y Eire está en la cocina, como casi siempre. Esto es después de haber decidido ya que nos vamos todos, así que está buscando piso.

Yo - ¿Qué tal? ¿Algo interesante?
Eire - Pues... hoy he estado intentando encontrar un sitio en este mismo barrio y me ha pasado algo súper raro.

¿Súper raro? ¿Aquí? NO PUEDE SER.

Yo - ¿Raro de qué?
Eire - Pues... estaba en Spare Room viendo pisos, y he visto que casi todos los de este barrio tenían de nombre de contacto a una tal Patrice.
Yo - ¿Casi todos? Es esta gente.
Eire - Eso he pensado yo.

Si buscas una habitación en Ealing utilizando alguna de las páginas de búsqueda habituales, aún ahora la inmensa mayoría tienen como persona de contacto algún nombre de pila que se repite a lo largo y ancho de las búsquedas. Pueden ser dos, tres o incluso cuatro personas distintas, todos pertenecientes a la mafia de marras -he llamado y lo he comprobado-. A día de hoy ninguno de esos nombres es Toni, ni Dragga, ni Patrice; esa gente operaba hace tres meses, ahora son otros. Mi sospecha es que los no-agentes son cabezas de turco a los que ponen en la calle en cuanto aparece algún problema legal. Renuevan la plantilla y vuelta a empezar.

Yo - ¿Y qué has hecho? ¿Has llamado?
Eire - No. Es que si cojo uno de esos pisos me va a pasar lo mismo que en éste.
Yo - Ya.
Eire - Pues el caso es que estoy viendo habitaciones en la página, voy pasando por todas, Patrice, Patrice, Patrice, y cuando ya estoy desquiciada, llaman a la puerta de mi habitación.
Yo - Y ES PATRICE -me da la risa. Oye, por poder-.
Eire - ...
Yo - ...

No puede ser.

Yo - EIRE DIME QUE NO ERA PATRICE.
Eire - Aparece una mujer y dice "¡hola, soy Patrice! - MADRE DEL AMOR HERMOSO -, vengo a enseñar tu habitación, no hay problema, ¿no?".
Yo - QUÉ DICES.
Eire - Que sí. Yo sabía que iba a ir alguien a ver mi habitación, me lo había dicho Dragga. Pero ver a la Patrice ésta en medio Spare Room y que aparezca en mi cuarto... Yo me quiero ir de aquí, esto ya no puede dar más mal rollo, de verdad.

Y nos pasamos los tres días siguientes viendo a Patrice arriba y abajo por la casa enseñando nuestras habitaciones. Así que no, Eire no me estaba vacilando.

Pero bueno, ya sabíamos que los no-agentes no son trigo limpio.

Lo que no me esperaba era saber de la existencia de...



Número 1: los habitantes del armario

Una noche llegué a casa y vi que había una luz encendida en una ventana que no había visto nunca. Daba a la entrada de la casa y no entiendo cómo no la había visto hasta entonces, pero el caso es que me había pasado totalmente desapercibida. No soy capaz de recordar si el grueso de la conversación que sigue lo tuve en ese momento o a la mañana siguiente, en plan retroactivo. Es irrelevante así que pongamos que sucedió en el momento. Entro en la cocina.

Yo - Oye, he visto desde fuera que hay una luz dada, pero no entiendo a dónde da la ventana que he visto iluminada.
Eire - Da al armario.
Yo - ¿Qué? ¿Por qué va a tener un armario una ventana?
Eire - Porque no es un armario. Es una habitación.

Uno creería que hay ciertos límites en cuanto a cómo de rara se puede poner una situación, pero ya veis.

Yo - ¡Pero cómo que es una habitación! ¿Por qué no nos la enseñaron al llegar a la casa? ¿Y por qué tiene la luz dada? ¿Hay gente dentro?
Eire - Ha aparecido una pareja en la puerta de casa. Les hemos abierto y nos han dicho que venían a pasar la noche.

Ya está. Son magos y cuando les echemos a patadas nos van a convertir en un montón de muebles, como en La Bella y la Bestia.

Yo - ¿Pero no tenían llaves? ¿Cómo han entrado en el armario?
Eire - Tenían llaves, pero la de la puerta principal no encajaba. La del armario sí. Como una llave sí valía, les hemos dejado entrar; no tiene sentido que tengan una llave que funciona si no se la ha dado uno de los agentes.

Mi idea es que les han dado una llave de la casa que no funciona porque cambian la cerradura cada dos por tres para librarse de exinquilinos no deseados y se han equivocado de llave. Pero a saber.

Yo - ¿Así que tenemos a dos desconocidos durmiendo en lo que creíamos que era un armario, sólo hoy y mañana se van?
Eire - Sí.

Al día siguiente vi el armario por dentro, cuando ya se habían ido sus fugaces inquilinos. Una tele gigante, tenía. De la pareja sólo supe que apenas hablaban inglés y que tenían algo que ver con el tío de la moto. No les llegué a ver nunca y nadie volvió a alojarse en el armario.

Por qué los no-agentes hacían como que esa habitación no existía cuando te enseñaban la casa, nunca lo sabremos. Además, en las páginas de búsqueda de piso no aparece; esto lo sé porque los irlandeses, los neozelandeses y yo estuvimos estudiando el asunto un día. Las cifras que nos había dado Toni sobre el precio de la casa eran mentira, las fotos de los anuncios estaban manipuladas hasta tal punto que no sabíamos qué foto se correspondía con qué habitación. Lo único claro es que el armario no aparecía en los anuncios.

Pero en fin, yo pensé que había cadáveres dentro, así que podía haber sido peor.


Y ya está. He tardado tres meses en contaros todo lo que me ha pasado en la casa de St. Stephen, y sólo viví en ella un mes.

La policía me ha dicho que no es asunto suyo que medio barrio esté gestionado por una mafia, que hable con atención al ciudadano o algo así. Si llego a hacerlo y me cuenta algo interesante, ya os informaré.

Si venís a Londres, en Ealing mejor no viváis.

miércoles, diciembre 16, 2015

Pelis a evitar del 63SSIFF

¡Casi me olvido! Creo que una vez termina el festival de cine de San Sebastián mi cerebro intenta bloquear todas las pelis soporíferas que vi y me da la sensación de que nunca existieron.

¡Pero existieron! ¡Y yo las vi todas! ¡Y no sólo las sufrí en su momento, sino que estoy dispuesta a recordar todo el amasijo de títulos que me aburrieron hasta el dolor para que vosotros no tengáis que tirar un montón de horas de vuestra vida como hice yo!

MI GENEROSIDAD NO CONOCE LÍMITES.

El caso:


Sunset Song (ID, Terence Davies, 2015)

Mirad, voy a copiar el resumen de imdb, para que no penséis que me invento que esta peli no tiene argumento:

La hija de un granjero escocés se hace adulta a principios de los años 1900.

Y ya está. En eso consisten las más de dos horas de Sunset Song. Es verdad que la imagen promocional tampoco intenta engañar a nadie:

Agyness Deyn (Chris)

Pero yo que sé, esperaba al menos más escenas bonitas en el campo o algo. Pues no. Lo que se ve en Sunset Song es a esa chica de la foto, llamada Chris e interpretada por Agyness Deyn (no lo hace mal) intentando sobrevivir a la convivencia de su absolutamente impresentable padre (muy convincente Peter Mullan). Bueno, y luego casándose y esas cosas que se hacían antes. Una historia por capítulos cuyas transiciones no se entienden nada bien, con personajes incoherentes o que aparecen y desaparecen sin que tengas muy claro de dónde han salido ni qué hacen ahí. Lo único que me ha parecido decente es la evolución de la protagonista, que parece que va generando algo de sangre en las venas según avanza la cinta.


My Golden Days (Trois souvenits de ma jeunesse, Arnaud Desplechin, 2015)

No sé cómo se llama en español, así que sospechad de todos los títulos franceses sobre jóvenes rebeldes y enamorados que veáis.

Quentin Dolmaire (Paul Dédalus) y LouRoy-Lecollinet (Esther)

La historia no empieza terriblemente mal porque el protagonista (Paul Dédalus, interpretado por Quentin Dolmaire), aunque no se sabe por qué, parece que va a meterse en algún tipo de lío que incluye ceder sus documentos legales a otra persona. Si se hubieran centrado en eso a lo mejor habíamos tenido un argumento decente, pero como no, lo que My Golden Days nos trae es una aburrida historia de amor adolescente entre Paul y Esther (Lou Roy-Lecollinet).

La tal Esther es una maldita loca y una diva insoportable, así que el romance es uno de esos dramas adolescentes en los que cada día es una tragedia aunque todo vaya bien. A la mitad de los actores que salen no los distingo entre sí y según van pasando los minutos se va perdiendo el poco sentido que pudiera haber tenido en un principio.


Mountains May Depart (Shan He Gu Ren, Zhangke Jia, 2015)

Este drama cuenta la vida de Tao (Tao Zhao) en tres momentos diferentes: en 1999, 2014 y 2025.

Zijian Dong (Dolar. Sí, el niño se llama Dolar) y Tao Zhao (Tao)

Lenta, aburrida, generando algo de interés sólo en el tercio ambientado en el futuro, Mountains May Depart es, al menos, la menos terrible de las pelis de esta lista. No pasa gran cosa pero tiene algunos detalles simpáticos y al menos, aunque flojo, tiene un hilo conductor, que es la vida de Tao. Eso sí, como es una peli china, buena suerte distinguiendo a los actores.

Comparada con las demás del post es medio salvable; por sí sola, ni de broma. Eso sí, a casi toda la gente que la vio conmigo no le pareció tan mala. Por si os sirve de algo.


Back to the North (Xiang bei fang, Liu Hao, 2015)

Con una elegante y sobria fotografía en blanco y negro, Back to the North cuenta cómo Xiao Ai (Nan Sheng) intenta que sus padres tengan otro hijo porque ella tiene una enfermedad terminal y no quiere que se queden solos cuando ella muera.

Una fiesta.

Nan Sheng (Xiao Ai)

Parece ser que hay un problema gordo en China derivado de la ley del hijo único y con lo que pasa con los padres cuando ese niño único muere, así que supongo que la temática social que hay detrás de la cinta debe de ser interesante; pero a efectos prácticos ésta peli no hay quien la vea. Nadie habla, nadie hace nada.

De hecho me salí del cine. Si alguien sabe si la muchacha consigue que sus padres tengan otro crío, que me lo cuente.


The Deamons (Les démons, Philippe Lesage, 2015)

The Deamons se centra en un niño llamado Félix (Edouard Tremblay-Grenier) y en cómo teme a cosas que no suponen ninguna amenaza mientras ignora, como es lógico porque es un crío, peligros reales que existen en su turbio vecindario.

Edouard Tremblay-Grenier (Félix) y sus tropecientos compañeros de clase

O eso es lo que creo que ha querido contar el director. La realidad es que esta peli habla más bien del día a día de un niño perturbado que está enamorado de su profesora de gimnasia. Y cuando digo día a día, me refiero a la versión tediosa y casi literal del día a día. En la primera escena no te ponen la clase entera de educación física del muchacho éste de misericordia. Niños saltando, niños haciendo estiramientos, niños aburriéndome enormemente.

Tiene ciertas ideas que podrían haber sido útiles pero que se quedan en nada, como la maldad innata de algunos niños o cómo confiamos en algunas personas por razones que no son realmente válidas. Cuando aparecen esos peligros auténticos que mencionaba al principio parece que la historia va a ir a alguna parte, pero esa línea argumental se ataja en seguida y de la manera más fácil y menos elaborada posible. Hablando después con Buckner sobre la película vi lo que puede ser el único punto medio interesante de este barullo de argumento, que es cómo el crío protagonista, que tiene miedo de tonterías e ignora peligros reales, tiene pinta de estar en camino de convertirse en ese tarado peligroso al que deberían temer los niños. Por lo demás, algunos personajes secundarios no están mal y de vez en cuando hay alguna escena que al menos consigue dar mal rollo.

Una película que desperdicia los pocos detalles aprovechables de los que dispone. Me aburrí tanto que ni fui a la rueda de prensa.


Y eso es todo. Horas de mi vida que ya nunca recuperaré.


p.d. Me encontré a Nan Sheng en el baño y huí como pude, mitad por si me enganchaba y era tan aburrida como en Back to the North, mitad por si me veía en la coyuntura de tener que decirle que me había salido de su película. Poner a parir a esta gente es más fácil cuando no tienes que encontrártelos después por el pasillo.

jueves, diciembre 03, 2015

La casa de St. Stephen III: el tío de la moto

Confío en que nadie se haya olvidado de la casa de St. Stephen.

¿Cómo dices? ¿Te resultó tan acogedora y te proporcionó tal sensación de seguridad que quieres releer detalles sobre ella para sentir que vives allí? No hay problema. Si ése es el caso, o si es la primera vez que vienes por aquí, te recuerdo que me he venido a vivir a Londres, que el estado y los precios de los pisos de aquí son como para llorar en un rincón y te dejo los enlaces para que leas la primera parte de mi odisea en ese inquietante lugar. Y la segunda, por si te aburres mucho.

¿Ya? Puedo seguir contando cosas, entonces.

Cosas ilegales, por ejemplo.

No es que eso sea acotar mucho, porque en este sitio cualquier circunstancia que caiga dentro de la legalidad es pura coincidencia, así que especifico más y digo que voy a contaros el método de pago.

Ya comenté en capítulos anteriores que esta gente no tiene cuenta bancaria, así que lo más lógico es que penséis que la no-agente aparece cada quince días por nuestra ilegal morada y se lleva un puñado de sobres llenos de pasta entregados en mano.

Pues, no os lo vais a creer, el sistema de pago no es ése, es otro peor.

Me doy cuenta de que es tan ridículamente turbio que vais a pensar que me lo estoy inventando, pero total, no tengo una reputación que mantener, así que allá va:

Cada quince días, como inquilino, tienes que ir a un cajero, sacar la cifra correspondiente a tu alquiler -o bien sacar los fajos de billetes que tienes debajo del colchón- y dejar el dinero en tu habitación. Entonces un tipo aparece montado en su moto, entra en la casa y en tu cuarto con su propio juego de llaves, coge el dinero y desaparece en la noche.

Bueno, en el día, que esto pasa como a las nueve de la mañana, pero nos entendemos.

Si estás en paro o tienes un horario peculiar, podrás estar en casa cuando esto suceda, y será como hacer un pago un poco oscuro en mano; si tienes una jornada estándar como la mía, te tienes que ir al trabajo y confiar en que cuando vuelvas el tío de la moto no se haya llevado tu portátil, tu cámara de fotos y tus calcetines favoritos.

Resulta que en este barrio -Ealing, se llama. Pijo y caro, por cierto- la inmensa mayoría de las habitaciones que se alquilan de manera independiente funcionan así. Está todo llevado por los mismos tíos. Y el motorista misterioso tiene un calendario que le indica cuándo recoger los pagos. Todos los habitantes de la casa pagan a la vez. Y estoy bastante segura de que los inquilinos del resto de casas del barrio pertenecientes a esta gente pagan ese mismo día también.

Esto significa, si estoy en lo cierto, que dos días de cada mes hay decenas de casas en este barrio que contienen cantidades desorbitadas de pasta esperando en las mesas de sus múltiples dormitorios. El precio de mi habitación por cada quince días es de 320 libras, que son ahora mismo 456 euros. Y mi habitación es la más barata porque es la única individual de la casa; todas las demás son dobles. Si una habitación individual cuesta casi 500 euros la quincena, pongamos, tirando por lo bajo, que las dobles cuestan 600. Esta casa de la que hablamos tiene cuatro habitaciones dobles y la mía. Eso son, siguiendo las cifras de ejemplo, casi 2900 euros. Y, como ya he dicho, me da que el de la moto también va por el otro montón de pisos recogiendo billetes a montones, así que esos 2900 euros hay que multiplicarlos por la cantidad de casas que tenga la panda ésta de mafiosos.

Así que dos días de cada mes puedes irte con una palanca a Ealing y robar miles de libras. Algo tan sencillo como quitarle al motero las llaves y hacerse con un calendario -todos los inquilinos tenemos uno-, y estaríamos hablando de robar en un día el equivalente a un sueldo anual. O siete. O treinta. No sé cuántos pisos tiene esta gente.

Eso sin contar con la posibilidad de esperar a que el tío de la moto acabe la ronda y después sencillamente quitarle el dinero por la fuerza. Claro que con la mala pinta que tiene todo esto cualquiera le roba nada a estos tíos.

Pues bien, el día anterior a tener que realizar el primer pago, hablo con mis compañeros de piso.

Los brasileños van a estar en casa así que van a pagar en mano. Todos los demás se niegan a perder de vista sus preciados billetes de colores. Dicen que, sencillamente, no van a pagar.

Lo dicen como si hubiera una alternativa, como si uno pudiera no pagar el alquiler y que no le echaran a patadas de su habitación. Pero quién soy yo para juzgar comportamientos absurdos.

Visto el percal, decido dejar una parte del dinero en mi habitación, pero no la cantidad completa. Lo que tengo que pagar son 320 libras por las próximas dos semanas de alquiler, más lo que me falta de la fianza y de los días sueltos, que son 317 libras. 637 libras. Casi 900 euros. Eso no va a pasar.

Escribo a la no-agente diciéndole que hoy dejo 300 libras en mi habitación, pero que no voy a hacerlo más, que tenemos que encontrar una manera de que pueda, como mínimo, entregarles yo el dinero. Las otras 337 libras no pienso dejarlas ahí.

La no-agente se enfada porque dice que esto se acordó desde el principio.

Pues tiene toda la razón, oye. Es culpa mía, que no me aclaro. Yo oí "venimos a recoger el dinero", pero es evidente que ella dijo "un tío al que no conoces entra en tu cuarto con sus propias llaves cuando tú no estás y coge el dinero". Es el cambio de español a inglés, que me confunde. Pero bueno, me dice que no me preocupe, que ya llegaremos a un acuerdo, así que dejo la parte prometida en mi cuarto y me voy al trabajo.

Cuando vuelvo a casa todos mis compañeros excepto los brasileños están reunidos en la cocina. Dicen que se largan.

Yo - ¿Os vais? ¿Todos?
Neozelandesa - Nosotros sí. Estamos muy descontentos con cómo está saliendo todo. No nos dejan pagar por transferencia bancaria y en general esto no es normal.
Yo - ¿Y vosotros?
Irlandesa - También. Este sitio es rarísimo, queremos irnos ya.

Pues nada. Yo aquí sola con esta panda de delincuentes no me quedo, así que a buscar piso otra vez. Pero antes de nada, tengo que ir a mi habitación, a ver qué ha pasado con el dinero. Y a ver si mis calcetines están a salvo. Entro y tengo esta nota (traducción más abajo):


Hola,


No he encontrado el dinero del alquiler. ¿Puedes contactar conmigo cuanto antes en el número xxxxxxxxxxx?

Pago: 337
Multa por no pagar a tiempo: 30
Total: 367

Muchas gracias


El-tío-de-la-moto 



MULTA POR NO PAGAR A TIEMPO (???!!!)

¿Para qué he contactado yo con Toni? Ni se ha dignado a decirle al chico éste que no iba a pagar la cantidad completa. Parece que los no-agentes son igual de inútiles que los agentes.

Escribo a la no-agente para decirle que me voy de ahí y le dejo esta nota al de la moto, porque va a ir al día siguiente otra vez para ver si pago. Y no pienso pagar:


18 de agosto de 2015

Hola,

No parece que vayamos a ponernos de acuerdo con el método de pago así que creo que es mejor que no siga viviendo aquí. Te dejo aquí las 17 libras, pero no voy a pagar el alquiler (simplemente quedaos con la fianza y me voy en dos semanas).


Key

p.d. Ni sabía que existiera una multa por pagar tarde, así que obviamente eso no pienso pagarlo.



Y no pagué. Sí que tuve que llevarme varios días el portátil al trabajo porque realmente creía que para cuando volviera a casa el tío de la moto ya tendría la subasta montada en eBay con todos mis cacharros electrónicos, pero el caso es que al final no he perdido pasta.

Habrá al menos otra entrega sobre esta casa. Aún tengo que contaros lo que había dentro del armario.

domingo, noviembre 15, 2015

Por qué tienes derecho a estar más afectado por los atentados de París que por la guerra en Siria

Cada vez que hay un atentado en un país occidental las personas se dividen en dos grupos:

Grupo a) Las que se traumatizan enormemente por lo sucedido. Cambian su avatar de twitter por una imagen solidaria, transmiten su empatía por facebook, sienten la situación como algo personal.

Grupo b) Las que se enfadan porque el mundo llore esta pérdida tan dramáticamente cuando a diario muere gente en casi exactamente las mismas circunstancias en países menos avanzados y a nadie le importa.

Yo estoy siempre en el primer grupo. No cambio avatares ni digo gran cosa en redes sociales porque creo que un porcentaje importante de la gente que lo hace está más interesada en sentirse parte de una tragedia colectiva que en apoyar a nadie, y eso me resulta superficial y me carga; pero cuando la estabilidad de un país civilizado se va a pique de una manera tan drástica me pongo muy nerviosa.

Así que hoy vengo a explicar por qué creo que tiene sentido verse más afectado por lo que pasó el viernes en París que por los montones de atentados que hay en Siria cada dos por tres.

El resumen es que un atentado en Francia y un atentado en Siria sencillamente no son eventos comparables.

Siria es un caos de sitio. Están en guerra, sus derechos civiles están muy lejos de ser ideales y no es en absoluto lo que un occidental consideraría un lugar civilizado.

¿Hace esto que las vidas de sus ciudadanos sean menos importantes? Evidentemente no. Que un crío de cinco años que no entiende nada de política ni de religión vea como se cargan a sus hermanos en un bombardeo es una mierda, da igual el sitio.

El lío, y lo que parece que nadie quiere ver, está en que lo que nos afecta en estas situaciones no es la pérdida de vidas humanas sino lo que ello representa. Que en un país en el que ponen una bomba cada tres días se mueran veinte personas en otro atentado más, significa que la situación que tienen ahí es un desastre. Y eso ya lo sabíamos.

París no es un caos de sitio. París es una ciudad civilizada y moderna en la que puedes asumir que ir a pasear al perro o ir al cine no supone un riesgo en absoluto. París es una ciudad normal y corriente que ha evolucionado a lo largo de los siglos para llegar a ser lo que es ahora mismo: un sitio tranquilo. Tendrá su delincuencia y sus salvajismos esporádicos, como todos los sitios, pero en general es un sitio seguro, al menos teniendo en cuenta cómo están los estándares mundiales.

Que un grupo de amigos vaya a un concierto una noche y sean ejecutados es algo que a un país desarrollado no le cabe en la cabeza. Un atentado en Siria significa que la situación sigue siendo una mierda; un atentado en París significa que la seguridad en la que creemos vivir no es tal, significa retroceder un montón de tiempo en términos de estabilidad social.

Puede que estemos todos un poco obcecados con este tema, yo la primera, así que voy a poner un ejemplo paralelo. Esto es como si un niño muere de difteria en el Congo y otro niño muere por la misma causa en España. ¿Qué niño es más importante? Ninguno, por Dios santo. Ambos van a tener unos padres hechos polvo y ambos son dos personas que no merecían morir. Ahora bien, ¿qué situación representa un impacto mayor desde un punto de vista evolutivo? ¿Cuál te traumatiza más? A mí la del niño español, y a ti probablemente también.

Que muera el niño del Congo es una injusticia, pero en ese país muere gente a cascoporro a causa de la difteria y el país o bien no tiene medios para terminar con el problema o bien prefiere utilizarlos con otros fines. La muerte de otro niño sólo significa que la situación es tan penosa como ya sabíamos que era. No rompe ningún esquema.

Pero que un niño muera de difteria en España significa que hemos dado un paso atrás en la evolución, que no somos una población tan culta ni informada como creíamos -el niño murió básicamente por tener padres antivacunas, que decidieron deliberadamente no vacunar a su hijo-, que un riesgo que estaba literalmente erradicado podría volver a amargarnos la vida. El problema no es un niño muerto, es lo que representa.

Si has luchado durante años para educar a la población, proporcionando herramientas a los ciudadanos para que se formen, invirtiendo dinero en cultura, en sanidad, en que tu pueblo vaya hacia adelante; si has evolucionado a costa de muchos cambios, de mucho tiempo y esfuerzo; si has conseguido que la gente se dé cuenta de que la religión no hay que tomársela al pie de la letra -con lo que cuesta eso-, entonces un atentado tiene un significado mucho más profundo y oscuro que ese mismo atentado en otro lugar en el que esa evolución, esa lucha por la educación y la cultura, aún no se ha llevado a cabo o al menos no ha llegado ni vagamente tan lejos.

Y la verdad, no necesito ni irme a lo que esto representa, me vale con llevarlo al terreno personal y egocéntrico. Soy española y vivo en Londres, por lo que no tengo nada que ver con París, y aún así hoy he tenido que contactar, directa o indirectamente, con cinco personas diferentes para ver si conocían a alguien involucrado en lo sucedido y si estaban bien. Cada uno puede sentirse afectado por unas cosas o por otras, y si a ti no te afecta más pensar que es posible que tu jefe tenga ahora mismo una hermana muerta que el que hayan matado a gente a la que no conoces de nada, entonces me das muy mal rollo.

Así que todas las muertes son malas, eso ya lo sabemos todos, qué tontería. Un montón de gente que no se ha metido con nadie no merece ver bombardeos casi a diario ni despedirse de sus amigos cada día sin tener claro si los va a volver a ver. Pero lo que pasó el viernes en París hace que yo tenga que plantearme ahora mismo si es peligroso que esté sentada en una cafetería de un centro comercial  de Londres escribiendo esto, y el conflicto sirio no. Lo que ha pasado en París hace que tenga que ir el lunes al trabajo a averiguar si un compañero de equipo o los chicos con los que tomo café ahora tienen un amigo de la infancia al que le han pegado un tiro en un concierto. Y el conflicto sirio, no.

Lo de París me ha sentado mal, igual que me sentó mal lo de Charlie, igual que me va a sentar mal cualquier situación similar que suceda, y todo ello me va a afectar más que ataques diarios en los que las víctimas no tienen mi estilo de vida, mi entorno social, ni pueden ser familia de nadie a quien yo conozca.

Y eso no es ser un hipócrita ni una mala persona, eso es sentirse identificado con unas personas más que con otras y valorar mucho la estabilidad social que hemos conseguido crear en occidente. Y si además de tener el miedo en el cuerpo, de estar preocupada por la gente que pueda conocer con amigos en París y de lo mucho que me cabrea pensar que si eres lo suficientemente burro puedes desestabilizar a un continente entero sólo porque ese continente no utiliza la violencia como modo de vida; si además de todo esto pretendes que me sienta culpable por no llorar cada día las muertes de las familias sirias, entonces puedes irte a hacer puñetas.

Y no nos confundamos, la gente que sí está preocupada por los sirios merece todos mis respetos -los que están preocupados de verdad, no los que dicen que están preocupados porque queda bien en el muro de facebook-. Están más involucrados con el mundo que yo, que decido no leer las noticias a diario porque prefiero emplear mi tiempo en cosas que no destruyan mi día, y que cuando veo que ha habido un coche bomba en algún lugar de oriente medio me parece horrible pero a las dos horas se me ha olvidado. Esas personas saben más de política que yo. Son más cultos y están más informados que yo, en general. Les respeto, siento mucho que estén en esa situación de frustración constante y creo que son necesarios para que el mundo mejore y esté al tanto de lo que pasa más allá del mundo occidental.

Lo que yo digo es que si vas a juzgar a alguien por estar tocado por los atentados de Francia más que por el resto de conflictos del mundo, entonces la próxima vez que te traumatices porque los osos polares están empezando a tener problemas de supervivencia más vale que antes te hayas manifestado en contra de la caza de elefantes, la pesca de ballenas y la inminente extinción del albatros. La próxima vez que te indigne que censuren una película serbia en un festival de cine europeo, espero que antes hayas firmado doce propuestas de change.org para luchar contra la censura en EEUU, en Yemen, en Tailandia y en Narnia del norte.

O igual te puedes plantear que el hecho de que otra gente tenga problemas no hace que tus problemas sean más pequeños. Que igual a ti te gustan en especial los osos polares y te importa que sobrevivan ellos por razones que sólo son asunto tuyo.

Espero que no tuvierais a nadie en ese concierto ni en ninguno de los múltiples sitios involucrados en este asunto tan deprimente. Y estoy enfadada. Cuando se me pase escribo chorradas otra vez.

viernes, noviembre 13, 2015

Sicario: Emily Blunt, te queremos

Normalmente cuando voy al cine me planteo si un actor lo hace mejor o peor; me chirrían los gestos forzados o los doblajes poco convincentes, o me sorprendo con que alguien consiga hacerme creer durante un rato que lo que estoy viendo en la pantalla no es una interpretación sino algo real.

Éste último es el caso de Emily Blunt en Sicario (Id, Denis Villeneuve, 2015), que interpreta a Kate Macer, una agente del FBI que se ve involucrada en una agresiva lucha contra el negocio de la droga ubicado entre EEUU y México.

Sicario - Cartel

Emily Blunt me suele gustar mucho como actriz, pero después de verla en este papel la pongo oficialmente en mi lista de actores-chachis-que-quiero-que-sean-mis-amigos. La pinta que tiene la chica de estar flipando y cogiéndose un trauma de espanto durante toda la película es de esas cosas que cuesta olvidar.

Porque, más allá de la lucha contra los cárteles y bla bla, Sicario trata de cómo una agente extraordinariamente capacitada y con unos valores morales muy bien definidos puede meterse en una determinada situación con la mejor de las intenciones sólo para comprobar que hay trabajos que son más apropiados para personas con un sentido de la ética un poco más difuso.

Emily Blunt (Kate Macer)

Al margen de la protagonista, el resto de actores completan muy bien el reparto, con Daniel Kaluuya como Reggie Wayne, el compañero de Kate y Josh Brolin como Matt Graver, que es el que organiza todo el cotarro y el que dirige al equipo. Benicio del Toro ya se sabe que todo lo hace bien y con esa cara de asesino a sueldo que tiene obviamente no parece que le cueste mucho meterse en el papel de Alejandro, otro miembro del equipo al que se une el personaje de Emily Blunt. Este hombre me va a impresionar más el día que haga una comedia romántica o algo por el estilo.

Benicio del Toro (Alejandro)

Por lo demás, Sicario es tensa desde el principio, muestra muy bien el miedo infinito que da Ciudad Juárez y es entretenida. Además la relación que se desarrolla entre los personajes de Emily Blunt y Benicio del Toro es un soplo de aire fresco, con tanta violencia por todos lados.

Daniel Kaluuya (Reggie Wayne) y Emily Blunt (Kate Macer)

¿El problema? El centro del argumento es cómo a Kate no le cuentan ni la mitad de las cosas y los efectos que ello tiene en ella y en la misión, y eso se traduce en que a veces es el espectador el que no se entera de nada. Supongo que por esa razón a ratos me ha resultado tan confusa y errática. También se hace un poco larga y la resolución de la película no es todo lo satisfactoria que cabría esperar.

Emily Blunt - Rueda de prensa de Sicario

Así que Sicario me parece recomendable porque tiene grandes interpretaciones, algunas escenas de acción que me han parecido estupendas y una ambientación muy lograda, pero como producto total no me acaba de convencer. Pero a pesar de esto último, creo sinceramente que os va a gustar.

Para terminar, sólo decir que esta peli la presentaron en Perlas en el festival de San Sebastián, hicieron una rueda de prensa (las Perlas nunca hacen rueda de prensa) que entraba en conflicto con absolutamente todo el resto de la programación y destruyeron así mi horario de lo que quedaba del día. Pero a esta gente había que ir a verla, eso es así. La rueda podéis verla aquí. Os podéis ahorrar la mitad; sólo se pone interesante a partir de cuando Benicio del Toro le dice a una periodista teñida de colorines que le gusta mucho su pelo, hacia el minuto 25. Qué amable es este hombre. Si no fuera porque en las ruedas de prensa te mira como si estuviera planeando cómo ocultar tu cadáver, me parecería un tío súper entrañable.

sábado, noviembre 07, 2015

Black Mass: Whitey Bulger me da un poco igual

Presentada en la sección Perlas del pasado festival de cine de San Sebastián, Black Mass. Estrictamente criminal (Black Mass, Scott Cooper, 2015) es la biografía de Whitey Bulger (Johnny Depp), un mafioso de Boston que utilizó su condición de informante del FBI para ser todavía más mafioso sin que la policía le diera la murga.

Black Mass - Cartel

Al ir a ver un título de este tipo hacen mucho daño las expectativas, porque yo qué sé, Johnny Depp es el prota, está caracterizado para ser un cayo malayo así que sabes que no es un producto hecho para admirar su muy evidente atractivo físico, la presentan en Perlas, que siempre es una garantía, los secundarios son archifamosos (Benedict Cumberbatch, Kevin Bacon, la chica ésa de las sombras de Grey)... y luego... pues no sé. No es que sea una mierda, pero meh. Súper meh, de hecho.

Johnny Depp (Whitey Bulger)

No es todo malo, ¿vale?; los personajes no están mal, las interpretaciones son buenas y una peli de la mafia a poco que haga ya va a ser entretenida, pero al cabo de un rato de cinta ya no sabes muy bien a dónde va la historia, ni lo que estás viendo, ni por qué nadie abofetea al personaje de Joel Edgerton (John Connolly, el agente del FBI que tiene la brillante idea de aliarse con Bulger. Me ha caído fatal el tipo).

Joel Edgerton (John Connolly) y Johnny Depp (Whitey Bulger)

La sensación general que provoca casi todo el rato es de repetición. Te da la impresión de estar viendo el mismo trozo de metraje una y otra vez. Y eso, evidentemente, es una pérdida de tiempo. Por tanto no puedo recomendar Black Mass. No es que sea un espanto, y dado que es biográfica al menos se aprende algo, que es de agradecer, pero sencillamente yo no disfruté viéndola.

Se me da mejor ver pelis cuando creo que van a ser una mierda. Así no hay decepción posible.

martes, noviembre 03, 2015

Chan

En Londres hay dos áreas: el centro y a hacer puñetas.

Si estás en el centro, estás en lo que se denomina Zona 1. Zona 2, como mucho. Si estás a hacer puñetas estás en lo que se denominan zonas 2, 3, 4, 5 y 6. Cuanto más alto el número, más a hacer puñetas estás.

Mapa del metro de Londres

Yo vivo en el límite entre las zonas 1 y 2 y trabajo en la zona 6, lo que significa que me como a diario una hora de viaje para llegar a mi oficina y otra para volver a casa.

Afortunadamente al ir al trabajo mi metro se aleja del centro así que no suele estar muy lleno; esto significa que tengo siempre sitio para sentarme y que no tengo que estar agobiada y a presión. Como además la mayor parte del trayecto la hago por encima de la superficie, tengo conexión a internet casi todo el camino. Por tanto la cosa no es muy dramática; puedo leer, escuchar podcasts, hablar con gente por Telegram y leer lo que me apetezca en internet. Es mucho tiempo al día pero la verdad es que no está siendo para tanto.

Pero esto, queridos amigos, es cuando todo va bien. Cuando no va bien te despiertas como me desperté yo el jueves, con una notificación de Citymapper en el móvil diciéndome que la línea de metro Picadilly -la mía- tiene retrasos severos. Retrasos severos puede significar estar quince minutos parado en medio de dos estaciones, fácilmente. La gente del metro de Londres (TFL se llaman. Significa Transport For London, por si os interesa) ofrece información actualizada sobre los retrasos en las líneas, así que al menos no te pilla por sorpresa. Categorizan los retrasos en menores y severos y la razón que dan suele ser una de estas dos:

1. Un fallo técnico (signal failure o faulty train), que es un eufemismo de "se nos ha roto algo porque nuestros malolientes trenes tienen como setecientos años".

2. Un problema ajeno a la maquinaria (customer incident o hay-algo-en-la-vía), eufemismos esta vez de "nos hemos llevado de calle a algún pobre infeliz y tenemos que retirar el cadáver de la vía. Por favor dejad de suicidaros en nuestros raíles".

Sea cual fuere la razón de este retraso, con la Picadilly no voy a llegar a la hora, así que busco alternativas. El camino es más largo, pero puedo utilizar la línea District si no me queda más remedio.

La District hoy está cerrada en el tramo que me afecta a mí. Qué bien.

Asumo que voy a llegar tarde, aviso a un compañero de trabajo para que me defienda cuando mi jefe vea que no estoy en la reunión diaria de las diez y me preparo para salir.

Para cuando estoy de camino a mi estación me alegra ver que, según Citymapper, los retrasos han pasado de severos a leves.

Tan leves que mi espera habitual, de unos 3 ó 4 minutos, ahora son 13.

Pues nada. Me voy a buscar un café.

Pido un capuccino en una cafetería que hay al lado de la estación y siete minutos después me estoy dirigiendo al acceso a mi metro. Delante de mí va un señor asiático con un extraordinario parecido con Jackie Chan que pretende entrar por un torno normal con su maleta gigante. La maleta lleva un lacito súper gracioso, pero dudo que eso vaya a ayudarle.


INCISO

En el metro hay dos tipos de entrada: la estándar, que es estrecha y cabe una persona, y la grande, que es por la que tiene que pasar la gente que va en silla de ruedas o que lleva maletas. Si pasas con una maleta por la entrada estrecha, lo más probable es que no quepas y te quedes atascado hasta que venga un trabajador de TFL a abrirte las puertas, todo mientras un pitido ensordecedor te recuerda que eres un inútil o un delincuente. Todos estos detalles los conozco porque me documento muy bien y en ningún caso porque tenga una maleta grande y esté un poco empanada.

FIN DEL INCISO


Yo - Por ahí no vas a caber.

Chan escucha mis palabras cuando ya está atravesando las puertas del torno, justo a tiempo de levantar su maleta del suelo, ponerla de lado y pasarla corriendo antes de que se quede estancada.

Chan - ¡Muchas gracias!

Sonrío a Chan y sigo mi camino escaleras abajo.

Al llegar al andén veo que va a ser uno de esos días en los que todo el mundo se va de viaje. Al mortal estándar eso le resulta irrelevante, pero a mí, que trabajo a tiro de piedra de Heathrow (un aeropuerto), me supone ir enlatada en un vagón lleno de viajeros y equipajes durante más de media hora.

Me conciencio y me deslizo por una puerta lateral. Piso a una chica, me disculpo efusivamente, compruebo que no hay asientos libres y me quedo ahí de pie.

Me pongo los cascos, miro a un lado y ahí esta Chan, sonriente con su trolley negro con lacito.

Yo - ¡Anda! ¡Hola!

Chan me contesta con su sonrisa de asiático entrañable y me concentro en mi podcast. Avanzamos dos paradas. Se baja gente. Oteo el horizonte en el interior del vehículo.

¿Es eso acaso...?

UN SITIO.

MÍO MÍO MÍO MÍO.

Estudio a los pasajeros que van de pie en busca de ancianitos, embarazadas y gente con pinta de estar hecha polvo y, porque no todo me va a salir mal hoy, no veo a nadie que case con la descripción, así que esquivo un par de bolsas de viaje y me instalo en el asiento libre.

¿Dura mi felicidad?

No.

No dura.

Ni dos paradas, de hecho.

Avisan por megafonía de algo. Me quito los auriculares y consigo obtener un fragmento del mensaje en claro:

KJJJJJJJJJ. KJJJ KJJJJJJJJ KJ JJJJJJJJJ JJJJJ KJJJJJJJ.
 
La megafonía del metro de Londres. Es así. Miro a la chica que va sentada a mi lado.
Yo - ¿Has oído algo? Entre que tenía los cascos puestos y que a esta gente no le entiendo nada, no me he enterado.
Chica - Qué va, nunca entiendo lo que dicen por aquí - apunta al techo con el dedo.

Espera, que vuelve.

KJJ KJJJJJJ KJ JJJJJJ JJJ TERMINATE JJJJJJ KJJJJ NORTHFIELDS JJJJ KJJJJJJJJJJ KJ CHANGE KJJJJJJJJJ KKJJJJJJ KJ KJJJJJJJJJ. KJJ.


Me pongo el bolso y la bufanda y miro a la chica, que ya se está incorporando.

Yo - Hay que cambiar.
Chica - Sí.

Nos levantamos y salimos a trompicones al andén, junto con todos los demás pasajeros de nuestro metro.

Básicamente lo que viene a decir el señor del megáfono es "este tren se va a quedar en Northfields, que está antes de tu destino, porque nuestros trenes del pleistoceno no funcionan y hay que repararlos. Te puedes quedar aquí y hacer trasbordo en Northfields, pero vas a tener que cambiar igual, y además ahora tienes una remota posibilidad de poder sentarte o al menos caber en el nuevo metro. Si esperas a cambiar en Northfiels probablemente mueras aplastado contra la puerta".

En lugar de eso, te dicen


KJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJ.


Así que si algún día estáis utilizando una de las fabulosas líneas de metro de Londres, anuncian algo que no entendéis y de repente todo el mundo sale al andén, vosotros seguid a la muchedumbre. Donde se suban ellos os subís vosotros.

El caso es que según estoy mirando los anuncios de próximos trenes percibo una maleta con lacito en algún lugar a mi alrededor. Chan viene corriendo hacia mí, aún sonriente pero alterado.

Chan - ¿¿Qué acaba de pasar??

Tengo que decir que el inglés de Chan dista mucho de ser fluido, así que decir una frase como ésa tiene mérito.

Le explico el asunto y veo llegar un tren válido. Le sigo explicando mientras camino hacia el otro tren y le hago una seña para que me siga.

Yo - Ése. Ése es el nuestro.

Chan trota con su maleta detrás de mí. Se abren las puertas y todos los ocupantes del metro anterior nos metemos a presión en un vagón que ya va de por sí un poco hasta las trancas.

Tan lleno va que pierdo a nuestro nuevo amigo asiático entre el barullo.

Y así llego hasta mi estación, apelotonada entre un montón de desconocidos y sin poder localizar a Chan para ver si el hombre sabe a dónde está yendo.

El metro de Londres, cuando no atropella a nadie, no tiene fallos técnicos, no está cerrado por obras y no te toca un vagón maloliente ni un vecino que te da codazos, no está mal. Si consigues olvidar lo que te están cobrando por cada viaje, quiero decir. Pero oye, conoces asiáticos entrañables, que siempre está bien.

Qué majo Chan.

viernes, octubre 30, 2015

Mi gran noche: la locura

Jose (Pepón Nieto) recibe una llamada de una ETT para participar como extra en el rodaje de un programa de nochevieja que se está llevando a cabo en agosto. Las circunstancias extremas del rodaje -hay una huelga que no les permite abandonar el edificio hasta que terminen- y lo zumbada que está casi toda la gente que anda por allí convierten la experiencia en una locura que se va más de las manos a cada minuto que pasa.

Mi gran noche - Cartel
 
Fui a ver Mi gran noche (ID, Álex de la Iglesia, 2015), presentada en la sección oficial fuera de concurso en el 63SSIFF, porque, a pesar de no tenerle mucho afecto al cine español Álex de la Iglesia me da confianza. Además sé que le gusta traer a sus tropecientos actores a las ruedas de prensa y que acaban siendo muy divertidas (ésta también lo fue, podéis verla aquí). Y el caso es que me alegro de haberle dado la oportunidad, porque Mi gran noche es una juerga y no aburre ni un segundo.

Blanca Suárez (Paloma) y Pepón Nieto (Jose)

La diversión de ver esta locura de cinta viene principalmente de sus personajes -la historia realmente no va a ninguna parte-; a destacar, Mario Casas haciendo de Casanova atontado (que por cierto, mira que parece imbécil este chico y luego resulta que es un tío súper majo) y Raphael como psicópata engreído, pero en general todo el reparto actúa estupendamente y la inmensa mayoría de los personajes aportan algo interesante.

Mario Casas (Adanne)

Sí es cierto que hay tal cantidad de gente en escena todo el tiempo que resulta muy caótica. Además hay ruido y música a todo trapo y gente hablando deprisa todo el tiempo, así que a ratos puede resultar excesivamente frenética.

Jaime Ordóñez - Rueda de prensa de Mi gran noche

Pero vamos, esta película es una comedia absurda -en el mejor de los sentidos- cuyo propósito es que os echéis unas risas. Y conmigo lo ha conseguido, así que recomendadísima si queréis pasar un rato divertido.

El año que no venga Álex de la Iglesia al festival le vamos a echar de menos.

sábado, octubre 24, 2015

Pequeñas mentirosas o las chicas que sospechan todo el rato

¿No os encantan esas series en las que no hay que pensar ni un poquito? Suelen ser malísimas, pero son tan relajantes que merece la pena verlas. Pues bien, en mi vida esta función la cumple Pequeñas mentirosas (Pretty Little Liars, Marlene King, 2010-presente).

Pequeñas mentirosas - Cartel

Esta serie, dirigida absolutamente al público adolescente pero que yo estoy viendo igual aunque tenga treinta años, cuenta cómo un grupo de de cinco amigas se desmorona tras la desaparición -y se asume que muerte casi desde el principio- de una de ellas, que además era la líder de la cuadrilla y de paso una zorra de mucho cuidado. Después de un tiempo, las cuatro chicas que quedan del grupo se ven reunidas de nuevo debido a que alguien llamado A empieza a acosarlas de manera anónima.

Según voy viendo los capítulos estoy siempre pensando en ese particular y absurdo universo que es el de las series adolescentes ambientadas en pueblecitos estadounidenses. Estudiemos el asunto con nuestra serie de ejemplo porque esto no tiene sentido ninguno y alguien tiene que ponerlo por escrito.


El día a día

Surrealistas no eran esas cosas turbias que pintaba Dalí, surrealista es que en un pueblo pequeñajo en el que viven tres gatos haya más medios y actividades culturales que en una capital en ferias. Las chicas de esta serie viven en un mini pueblo que tiene un único instituto y como dos cafeterías, pero hay una escuela de artes marciales, cine, un manicomio y las fiestas del instituto incluyen actuaciones en directo de grupos de moda. Yo luchando en el colegio para que nos llevaran a hacer el camino de Santiago como viaje de fin de curso, y a las muchachas éstas les montan una fiesta en un tren. En marcha. Sí.

 Shay Mitchel (Emily), Ashley Benson (Hanna), Lucy Hale (Aria) y Troian Bellisario (Spencer)


Las interpretaciones

Los personajes protagonistas de Pequeñas mentirosas y sus correspondientes actrices son Spencer (Troian Bellisario), Hanna (Ashley Benson), Aria (Lucy Hale) y Emily (Shay Mitchell). Bueno, y la amiga desaparecida, que se presenta de vez en cuando en algún flashback, sueños, alucinaciones varias y demás, Alison (Sasha Pieterse). Aquí las mozas no sólo son el glamour hecho estudiante de instituto, sino que además tienen el coco más asentado que el adulto más responsable que hayáis conocido en vuestra vida. Vale que tener una amiga desaparecida-muerta-loquesea habrá hecho que maduren a todo trapo, pero no sé, siguen teniendo dieciséis años, podían decir alguna tontería de vez en cuando... el caso es que el clan de marras se pasa la vida frunciendo el ceño y observando dramáticamente lo que ve a su alrededor con una cara de sospecha permanente. Y eso que algunos personajes no están mal, ¿eh? Hanna es práctica y dramatiza lo justo y Spencer está todo el día investigando historias, así que al menos esas dos amenizan el asunto. Las demás, pues bueno. Tienen sus momentos. El caso es que las actrices igual no lo hacen mal, pero da la sensación de que tienen al director constantemente detrás gritándoles que no están poniendo una pose suficiéntemente trágica.

Troian Bellisario (Spencer)


El vestuario

¿Vosotros cómo ibais vestidos a clase a los 16 años? Yo fatal. De vez en cuando tenía un vestido nuevo o algo por el estilo y me hacía ilusión ir decente, pero la inmensa mayoría de las veces iba con la hora pegada y me daba tiempo a peinarme de milagro. Mis compañeras se esmeraban más, pero aún así lo de ir a la última moda mientras cogíamos apuntes sobre cómo funcionan los leucocitos se daba más bien poco.

¡Pero estamos en Rosewood, donde nuestras protagonistas tienen millones de dólares para gastarse en zapatos aunque sus madres estén al borde de la bancarrota o sus padres tengan un salario normalito! En Pequeñas mentirosas, faltaría más, nunca veréis un modelo repetido. Esto pasa en todas las series, es verdad, pero al menos lo que repiten los personajes de otros shows televisivos son vaqueros y camisetas normales y corrientes, no las sandalias de colores neón y los leggins con estampado de leopardo que llevan estas muchachas.

Especialmente espectacular resulta el verlas dormir con máscara de pestañas y brillo de labios. Supongo, eso sí, que para la gente interesada en moda todos estos episodios cargados de coloridos conjuntos serán una maravilla.

Lucy Hale (Aria)


Los chicos

Todas estas series están, como ya he dicho, orientadas a quinceañeras, así que, faltaría más, los coprotagonistas masculinos tienen que estar a la altura de las circunstancias. Bueno, y los secundarios. Y ése camarero que sólo tiene tres frases. Y si los extras son guapos tampoco se va a quejar nadie. Que mira que las chicas son monas, ¿eh? Pero los chicos. Madre del amor hermoso, que sinsentido de testosterona. Si entra un chaval nuevo en escena, está tremendo, sin excepción; profesores particulares, compañeros de clase, policías, entrenadores, da igual. Todos serán capaces de derretirte con su prominente mandíbula y sus escandalosos abdominales.

Que me parece genial, sólo digo que queda un pelín artificial que los profesores tengan esta pinta:

Ian Harding (Ezra)

Pero quién soy yo para juzgar.


Los secundarios

Ésta serie y casi todas las del estilo están diseñadas para lucir a las protagonistas. Y ya. Los personajes secundarios son meros complementos, así que aparecen y desaparecen en función de lo que se necesite para que funcionen las historias de los personajes principales. En este caso, además, la mitad de la gente que sale oscila erráticamente entre una personalidad y su absoluta opuesta. Tres temporadas enteras de un hombre siendo encantador pueden de repente transformarse en un tipo siniestro del que es mejor huir corriendo. En estos shows ese dulce y fiable novio que tuviste en la primera temporada puede ser el principal sospechoso en la tercera, aunque no venga a cuento de nada y sea lo menos creíble de este mundo. Hay que mantener el suspense así que está todo permitido. Además, por supuesto, cualquier veinteañero macizo que aparezca en pantalla supondrá un interés romántico para alguna de las protagonistas. Ellos están buenos y ellas se enrollan con el primero que pasa -aunque tres episodios atrás estuvieran súper enamoradas de otro-, así que la cosa está fácil.

Eso sí, los secundarios que son casi permanentes lo hacen bastante bien -al margen de que les obliguen a ponerse un poco trágicos por todo también- y le dan estabilidad a la serie. Los actores son bastante dignos y algunos personajes son una buena aportación. A destacar, Ezra Fitz (interpretado por Ian Harding), Toby Cavanaugh (Keegan Allen) y Caleb Rivers (Tyler Blackburn).

Tyler Blackburn (Caleb) y Ashley Benson (Hanna)


¡El drama! ¡El glamour!

Se hace lo que haga falta para que el capítulo esté lleno de cantidades desproporcionadas de drama y glamour, a partes iguales. Si las protagonistas van a un encuentro peligrosísimo con el que probablemente sea un asesino en serie, irán con minifalda y tacones; que ya hay que tener pocas luces, porque con tacones se corre fatal. Aunque esto lo piensa el espectador desde casa, porque ellas con lo del peligro son bastante cortitas y lo demuestran cada dos por tres; desde mantener conversaciones muy obviamente confidenciales en sitios públicos a pesar de que saben que hay alguien vigilándolas y grabando todo lo que dicen, hasta irse a correr solas por el bosque sabiendo que hay un tarado que quiere matarlas.

Pero no nos desviemos, que yo estaba juzgando esa elegancia absurda que inyectan en cada episodio; estas chicas no llevan una vida cutre y normal como llevamos todos, faltaría más. En este pueblo los adolescentes hablan de tú a tú con los adultos y los comportamientos entre los dos grupos son indistinguibles la mayor parte del tiempo. Los alumnos hablan con los profesores en los pasillos del instituto, en la calle, en un restaurante. Toman cafés juntos en terrazas. Pasa eso en España y el profesor tiene una demanda por acosar a un menor antes de que se le haya disuelto el azúcar.

Además, para favorecer el estilo de vida, parece que no hay bibliotecas y rara vez la gente estudia en su casa. Las alumnas leen en la barra del bar, escriben redacciones en el sofá de una cafetería; los profesores corrigen deberes en la mesa de una terraza. Todo cool a más no poder.

Shay Mitchel (Emily) e Ian Harding (Ezra)

Y luego está, por supuesto, la aportación de las actrices a esta ingente cantidad de dramatismo: si hablan con alguien y se disponen a marcharse, no se van sin más, sino que se alejan caminando súper despacio para que el interlocutor pueda llamarlas y que ellas se giren de golpe con una mirada intensa para aportar un cierre estelar a la conversación.


El apartado técnico

La fotografía de la serie, qué maravilla. De verdad. Cuando hay escenas en, por ejemplo, otro pueblo, te enteras porque cascan un filtro en la cámara. ¿Pueblo siniestro? Todo es de repente azul marino. ¿Rancho perdido? Filtro marrón bucólico y campestre.

Y la realización, o el montaje, o como se llame. No sé cuántos planos habré visto de la cámara alejándose del grupo de protagonistas mientras ellas se quedan ahí de pie, en medio de una carretera todas juntas, mirando con el ceño fruncido a su alrededor mientras suena música tenebrosa de fondo.

Ashley Benson (Hanna), Shay Mitchel (Emily), Lucy Hale (Aria) y Troian Bellisario (Spencer)


Por último, la temática

Teniendo en cuenta que la intro es una muerta siendo maquillada para su funeral, la serie no da tan mal rollo como cabría esperar. La cosa es que las pocas veces que aparece algo que conseguiría que no durmieras en una semana, la escena va acompañada de atractivas adolescentes con una capa de pintura en la cara que ni la pared de la sala de estar, y siempre acaban haciendo de menos a ese argumento que da tanto miedo en favor de que veas lo monas que van las muchachas o lo bien que actúa la bailarina de moda (contiene pseudo spoilers. No son spoilers de verdad, son flashbacks que aún están por explicar). Así que un argumento que podría dar un pavor espantoso se queda en nada porque lo enfocan de pena. En alguna escena sí que consiguen meter miedo, pero es muy poco habitual. Una verdadera lástima, pero el público al que se quiere alcanzar es el que es.

Pero bueno, al menos sí que analiza algunos temas interesantes de vez en cuando, como los efectos que puede tener una persona tóxica en la vida de la gente, en especial cuando esa gente es muy joven, o hasta qué punto es peligroso arrinconar a alguien. Son cosas psicológicas de adolescentes, pero a mí me parece que tienen su interés, dentro de lo que hay.

Shay Mitchel (Emily) y Lucy Hale (Aria)


Y poco más puedo decir, a parte de que el título está bien traído; las chicas son guapísimas (o tienen buenos estilistas, más bien) y mienten como bellacas. De hecho, viendo la serie es inevitable pensar de vez en cuando que como nuestras valientes jovenzuelas le cuenten a la poli lo que hay se acaba la serie. Pero en fin, estos argumentos funcionan así, a base de secretos retroalimentados y tergiversadas historias que se solucionarían contándole el asunto a un par de adultos.

Pero eh, que a pesar de haber escrito ahora mismo como veinte párrafos poniendo a la serie a parir, ahí estoy, viéndola súper enganchada. Porque Pretty Little Liars es mala -pero mala mala-, pero si quieres pasar un rato entretenido es estupenda. Así que si queréis relajar el cerebro, ya sabéis lo que tenéis que hacer.


p.d. No os perdáis el que debe de ser el videoclip más amateur de la historia, con la canción de la intro.

p.d.2 En la serie también hay lesbianas a cascoporro. Por si os interesa.