miércoles, septiembre 19, 2018

La delgada línea que separa al crítico de cine del imbécil integral - VÍDEO

Ahora que llega el 66 Festival Internacional de Cine de San Sebastián me he vuelto a plantear cómo de ético es destruir en internet a un director de cine porque su peli me haya parecido un espanto. Si os interesa, os lo cuento aquí:


Sigo con cero inspiración escritora, pero apareceré con críticas igualmente. Y tengo ideas para estructurar el contenido del blog. Estoy trabajando en ello, entre otras cosas porque me imagino que estaréis sufriendo una angustia vital espantosa al no leer mis muy relevantes posts.

Sed felices y nos vemos pronto con críticas de pelis intensitas. Seguro que hay un montón de cosas aburridas, pero voy a ver a Ryan Gosling así que yo qué sé. Yo firmo.

martes, agosto 14, 2018

De bodas y coreografías

Hacer vídeos es díver y sigo sin querer escribir, así que aquí me tenéis hablando de bodas y de ese gran aporte para la cultura popular que fue el Saturday Night.


¡Saluditos!

lunes, julio 16, 2018

Literalmente y en vídeo

Ya os dije en la entrada anterior que no me apetecía escribir, así que he grabado un vídeo. Es sobre cuándo utilizar la palabra "literalmente". Por si no os apetece ver mi cara, os lo resumo: Nunca. Todo el mundo la usa mal.

Por si sí os apetece ver mi cara, el vídeo es éste:


Es el primer vídeo que hago, así que tened piedad.

Besitos.

martes, julio 10, 2018

Encuesta

Hola, gente.

Últimamente no me apetece escribir. Probablemente se me pasará pronto, pero de momento estoy investigando otros formatos (ahora escribo algo más en twitter, por ejemplo) y os quería preguntar una cosa:

¿Por qué leéis felizmente todos mis posts? ¿O por qué antes os interesaba leer lo que escribía y ahora no? ¿O por qué antes os parecía un rollo y ahora os encanta? ¿Os gustaría que hablara de algún tema en concreto? Sea cual sea vuestra posición, me sería muy útil que me dijerais qué es lo que os gusta de este blog, lo que no, lo que ha mejorado o empeorado o lo que sea. Luego probablemente siga haciendo lo que me dé la gana, pero yo qué sé, estaría bien saber opiniones para orientarme un poco.

Podéis dejarme un comentario aquí, en twitter, facebook, o mandarme un email a zapatoalacabeza@gmail.com. O mandarme al trabajo una paloma mensajera. Anda que no estaría guay eso.

Besitos.

sábado, junio 23, 2018

Deberías sentirte halagada

Con lo del #meToo, el #cuéntalo y ahora lo de los cenutrios de La Manada por ahí tan campantes, he pensado que quería daros mi opinión acerca de algo relacionado con el feminismo, la violencia de género y todo eso.

Antes de nada, demos contexto, para el que no me conozca. Algo que los lectores habituales estaréis ya aburridos de escuchar pero que es importante saber para que lo que vengo a contar hoy tenga credibilidad:


TROZO QUE TE PUEDES SALTAR SI ERES UN LECTOR HABITUAL

El feminismo que tenemos hoy día en occidente, en general, me saca de quicio un poco.


No me siento oprimida por la sociedad como mujer. No me siento ninguneada por mis compañeros de gremio (soy ingeniera informática así que muchas compañeras no tengo), no siento que mi género esté coartando mis oportunidades de crecimiento en la vida ni necesito "espacios seguros" en los que poder expresarme con tranquilidad, porque no siento que la presencia de uno ni mil hombres me impida hablar y comportarme con total libertad, así como no me siento más poderosa y segura de mi misma por que haya más representación femenina en un evento al que asisto.


Opino que la inmensa mayoría de las quejas feministas de hoy en día están, en el mejor de los casos, muy exageradas y sacadas de contexto, y en el peor de los casos sencillamente inventadas. Creo que la problemática asociada a la ausencia femenina en ciencia y tecnología está sesgada y mal enfocada. No encuentro mensajes misóginos en el cine y otras artes. No veo todo ese machismo del que la gente no para de hablar.


Por otra parte, opino que los hombres en general son gente normal; algunos buenos, otros malos, otros a medio camino. También opino que las mujeres en general son gente normal; algunas buenas, otras malas, otras a medio camino. Creo que hay hombres que maltratan a sus parejas y hombres que no. Creo que hay mujeres que maltratan a sus parejas y mujeres que no. Creo en la igualdad, para bien y para mal. Creo que un asesino es un asesino y le quiero en la cárcel tanto si ha matado a su novia como si ha matado al vecino del quinto. Creo que un imbécil es un imbécil y espero que le despidan tanto si le hace la vida imposible a sus compañeros de trabajo porque son mujeres, como si es porque son indios, pelirrojos, o porque sí.


No quiero pertenecer a un grupo de víctimas y estoy hasta el mismísimo moño de que todo lo que soy se vea reducido a que soy una mujer, dando a entender que cuando hago las cosas bien es porque soy una guerrera fuerte y válida, y cuando hago algo estúpido es porque esta sociedad heteropatriarcal en la que vivimos me ha lavado el cerebro para que me comporte como ellos quieren.


Soy una persona con hobbies y criterios y un trabajo, con amigos y defectos y cualidades, y resulta que, entre todas esas cosas y de manera enormemente irrelevante, también soy una mujer.


¿Queda claro esto? No formo parte del movimiento feminista que lo invade todo últimamente, ni ganas. No tengo grandes quejas contra los hombres. Tengo quejas contra las personas en general, pero no contra los hombres en particular. Interiorizad eso.


Interiorizadlo un poco más.


Un poco más.


Bien.


FIN DEL TROZO QUE TE PUEDES SALTAR SI ERES UN LECTOR HABITUAL



Os he contado ahí media vida porque entiendo que últimamente el feminismo sirve para quejarse de todo incluso cuando algunas de esas quejas no tienen ni pies ni cabeza y cuesta mucho creerse nada que se reivindique en nombre de la igualdad de género porque llevamos un par de años en los que parece que ser una mujer te da derecho a hacer lo que te dé la gana y ser un hombre está ligado a que algo malo habrás hecho o estarás a punto de hacer. Así que he pensado que sería útil hablar del problema que traigo hoy, explicado por alguien que no está de acuerdo con cómo se está demonizando a todos los hombres y victimizando a todas las mujeres.

Dicho esto, lo que vengo a contaros hoy es que una mujer sola por la calle de noche es sinónimo de ir zurrada de miedo y pensando que cualquier día te sale un tío de una esquina y te viola en un portal.

Ya. GIRO INESPERADO. Qué pasa.

No es una manera de hablar, esto es lo que yo pienso cada vez que voy sola de noche por una calle poco transitada.

En serio, cada vez.

Este tema lo expongo aquí hoy porque en los últimos años he hablado con algunos amigos, hombres, que son gente totalmente decente y que ni le pondrían la mano encima a una chica en contra de su voluntad ni tienen las más mínimas ganas de hacer tal cosa, y resulta que no sabían nada de esto de que vamos todas con miedo por la calle.

Y eso es muy chungo, de verdad, porque para las mujeres esto es el pan nuestro de cada día y condiciona nuestras vidas de una manera bastante dramática, y resulta que muchos tíos ni siquiera conocen el problema. Así que vengo a escribir esto a ver si por lo menos informo a unos cuantos.

Igual es que soy una trágica y todo me da miedo, estaréis pensando, así que os voy a contar un par de experiencias a lo largo de este post (ya he contado algunas en twitter. Deberíais seguirme), a ver si consigo que entendáis la angustia vital que se lleva una chica estándar encima cada vez que está en la situación descrita. Eso sí, me veo en la obligación de decir que también he leído a mujeres decir que ellas no se plantean la posibilidad de una agresión en la calle y que nunca se sienten amenazadas. Por mi experiencia creo que son una minoría muy muy pequeña, pero las hay.


INCISO

Tengo pocas normas autoimpuestas en este blog, pero una de las pocas es que ni me invento nada, ni exagero. Esto lo decidí cuando empecé a escribir, porque no me considero con capacidad para darme cuenta de cuándo lo que estoy contando está demasiado inflado y ya no es creíble, así que cuento todo exactamente tal y como es (hasta donde me da la memoria) por si hacer lo contrario se me va de las manos y no cuela. Y los que me conocéis en persona sabéis que no soy yo mucho de manipular hechos, o por lo menos intento no hacerlo. Todo lo que cuento hoy lo sé porque o bien me ha pasado a mí o le ha pasado a alguien que conozco y sé con certeza que me ha contado la verdad.


FIN DEL INCISO



El porqué del acoso

Primero entendamos el problema, ¿cómo es posible que con lo avanzados que estamos en occidente a estas alturas aún sea normal que las mujeres vayan por la calle muertas de miedo pensando en potenciales violadores? Pues vete tú a saber, pero yo creo que detrás de esto hay dos razones.


1. Los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres


Vaya novedad, a que sí. Pero lo tengo que decir, porque el problema que parece haber hoy en día con la distinción entre hombres y mujeres es que estamos tan empeñados en demostrar que no existe, que estamos pasando por alto algunas diferencias obvias que no se pueden evitar.

Una de estas diferencias (tal vez la única que está clara) es la superioridad física del hombre.

En un entorno civilizado si alguien me falta al respeto suelo ponerme bastante desagradable al margen de que el ofensor sea hombre o mujer; tampoco me interesa su edad, estatus social o cualquier otra característica. Sólo me corto un poco si me puede despedir, arrestar, o cosas así, y tampoco mucho (cosa que, por cierto, me ha metido en unos cuantos follones). En un entorno civilizado puedo defenderme y tengo miedo de muy pocas cosas, y con la poca paciencia que tengo a menudo que alguien se me ponga tonto porque sí acaba en algún tipo de bronca.

En un entorno incivilizado, en cambio, no tengo nada que hacer. Nada en absoluto. Y no creo que los hombres sean conscientes de hasta qué punto esto es así. Mido 1.70 y peso menos de 50kg, ¿vale?, si un tío me quiere pegar, o inmovilizar, o coger, o cualquier otra variante de contacto físico que vaya en contra de mi voluntad, yo no tengo defensa posible.

Eso no quiere decir que no lo intente, claro, ni que no consiga defenderme a pesar de mi evidente inferioridad física, pero esto es así sólo porque en general los hombres que me ponen en una situación de este tipo están actuando así porque son idiotas y no se dan cuenta de lo desagradable de la escena, más que porque tengan genuinamente malas intenciones. E incluso los que tienen malas intenciones se echan atrás en cuanto ven agresividad real por mi parte.

Así uno de mis vecinos tuvo una cicatriz con la forma de mis uñas durante un tiempo respetable porque me cogió e hizo amago de tirarme a la piscina (yo no sabía nadar y él no estaba al tanto. Era un tío majísimo y probablemente nunca tuvo intención de tirarme de verdad, pero yo me vi muriendo ahogada sin remedio y me entró el pánico). También le clavé las uñas, esta vez en el hombro, a un francés encantador al que acababa de conocer, el cual decidió que sería divertido cogerme en brazos en una discoteca y ponerse a dar vueltas como loco. También he dado guantazos y patadas a personas que han aprovechado su fuerza para hacer algo -inofensivo y sin mala intención pero muy desagradable para mí, y ellos lo sabían- que escapaba a mi control.

Todos estos casos son ejemplos de personas normales, a menudo de amigos cercanos a los que aprecio mucho, por cierto, que no son conscientes de que están haciendo algo que no deben. Por lo que sólo puedo recomendaros que ante la duda no toquéis, ni mucho menos cojáis en brazos a una persona con la que no tengáis muchísima confianza. Respetad el espacio vital de la gente, hacedme el favor. Y que tenga que explicar esto por escrito, tiene tela. Pero en fin.

La tercera persona a la que le clavé las zarpas conforma nuestra...


Historia lamentable para que entiendas lo acosadas que estamos las mujeres #1: el tipejo del cole


Cuando estaba en el colegio, 14 años tendría, había un tío guapísimo en un curso inmediatamente superior al mío que tenía a todas las alumnas del cole detrás y estaba más que feliz con ello. Un día, sabiendo el efecto que tenía en las niñas y porque por lo que se decía ya lo había hecho un montón de veces con otras compañeras, me dijo que estaba enamorado de mí, o algo por el estilo.


Esto creo que lo dijo sólo para que yo me ruborizara y me pusiera nerviosa, supongo, pero como a mí esas cosas de siempre me han dado una pereza espantosa, lo que hice fue tirarle un beso y decirle que yo encantada de la vida. Esto lo hice creyendo, de manera totalmente equivocada faltaría más, que ambos éramos seres equivalentes con cierto nivel de sentido del humor y aunque fuera un poco de madurez (tampoco mucho, que con los adolescentes ya se sabe, pero yo que sé, lo básico por lo menos).


Mi reacción dio lugar a tener a este chaval esperándome en la puerta de clase cada día, declarándose de manera exagerada y burlona (o esa impresión me daba a mí), hasta que, harto de que yo siempre respondiera con una sonrisa y lanzándole besos pero sin hacerle ningún caso más allá, un día al volver del recreo sus amigos formaron un pasillo a mi alrededor y él me agarró por detrás y se puso a hacer movimientos obscenos conmigo sujeta.


Ya os he dicho que no tengo mucha paciencia y además creo que lo de que la violencia nunca es la solución es una bobada, así que, supongo que para sorpresa de nadie a estas alturas, le hundí todas las uñas en la mano que estaba utilizando para sujetarme hasta que no le quedó más remedio que soltarme con un grito de dolor.


No volví a tener ningún problema. Magia.


Y una vez contado esto, comento: si ahora estás pensando "culpa tuya por seguirle el juego", te digo con la conciencia tranquila que eres un completo gilipollas y además una parte gorda del problema. Y sé de lo que hablo porque yo solía ser esa persona. Yo antes pensaba que si alguien te maltrataba o te acosaba era porque no habías sabido encontrar la manera adecuada de gestionar la situación. Con el tiempo aprendí que, aunque en según qué situación esto puede ser al menos relativamente cierto, a menudo la realidad es que los tipejos no atienden a razones; algunos, si los ignoras, se envalentonan porque no les has dicho claramente que no; otros, si te enfadas, se ponen agresivos; otros -como éste-, si te lo tomas con sentido del humor lo interpretan como un incentivo para seguir o bien se cabrean y te acosan más (creo que en este caso era esto último). Yo no tengo superpoderes para saber qué tengo que hacer para que me dejen en paz.




Y todo esto a qué venía. Ah sí, lo de la superioridad física: el indeseable éste que me acosaba en el cole me soltó cuando me defendí, supongo que porque no se lo esperaba y le di un poco de miedo. Pero si ese tío me espera al acabar las clases y me quiere agredir, yo estoy totalmente vendida. Sin un arma con la que defenderme este chaval podía haber hecho lo que le hubiera dado la gana. Luego pues ya está nuestra justicia de mierda para condenarle a diez minutos de cárcel, que acabarán reducidos a cinco por buen comportamiento ya que dentro de la cárcel no hay mujeres desarmadas a las que agredir, y a lo mejor si no le apetece lo de los juicios y la cárcel y eso pues no me hace nada, pero si al gaitas éste o a cualquier otro se le cruza el cable y le dan igual las consecuencias o piensa que no le van a pillar os podéis imaginar que la hemos liado.


Así que bueno, ya tenemos en mi cerebro y con tan sólo catorce años una buena base establecida que me dice que si una persona tiene, o finge tener, un interés sexual o romántico en mí y yo reacciono "de manera equivocada", me puedo meter en un lío de acosos muy desagradable. Porque, por cierto, yo sonreía y tiraba besos más como defensa que porque estuviera relajada con la situación. No sabía qué hacer y reaccionaba de esa forma, mitad para aislarme del problema, mitad para molestarle. Pero cada vez que salía de clase estaba bastante angustiada por no saber si el tío éste iba a estar esperándome o no, ni cómo iba a reaccionar él ese día. Tampoco lo recuerdo como un trauma, pero sí como una época bastante tensa. Menos mal que duró poco.



Así que el primer motivo detrás de este pavor que llevamos todas cuando estamos de camino a casa es el evidente: de media y en igualdad de condiciones somos físicamente mucho más débiles que los hombres.

Pero en la historia del acosador éste que os he contado hay otro problema obvio, que es el segundo motivo del que quería yo hablar:


2. Algunos hombres se creen con derecho a acosar a las mujeres porque sí

Hay un montón de tíos normales por ahí, pero hay otro montón considerable que piensa no sólo que está en su derecho de gritarle a una chica barbaridades por la calle, forzar una conversación que ella claramente no quiere mantener o a veces incluso tocarla, sino que opina que la chica debería sentirse halagada ante estos comportamientos. Ojalá patadas voladoras en nuestro día a día.

Y no, no estoy hablando de un cumplido amable.


SECCIÓN EN LA QUE CUENTO PIROPOS QUE ME HAN SOLTADO. SI QUEDO COMO UNA ENGREÍDA YA LO SUPERARÉIS


Os explico lo siguiente para que comprendáis que no necesariamente me molesta que desconocidos me digan cosas por la calle. Necesito hacer esto, de nuevo, para que lo que viene después tenga cierta credibilidad.


Una vez dos señores en la puerta de un bar me vieron pasar y uno le dijo al otro, claramente para que yo lo oyera, "mira qué chica más guapa". Le sonreí y le dije que muchas gracias, y el que todavía no había dicho nada le dijo a su amigo "y además es simpática".


Fíjate qué drama. Qué acoso y derribo. Qué horror.


Otra vez, en el que sigue siendo mi piropo favorito de todos los tiempos, pasé por delante de un grupo de lo que creo que eran estudiantes de teología o algo por el estilo, no sé, pero eran curas o proyecto de curas que no tendrían ni veinticinco años, que estaban en el descanso de una conferencia o algo así. Cuando me vieron pasar dejaron todos de hablar y una vez ya los había dejado atrás oí a uno decir "todos al confesionario".


Aquí en Londres un día estaba viendo ropa en un centro comercial y un chico vino a decirme que tenía una pinta adorable con el vestido que llevaba puesto. Otro día un rubio enorme estaba tomando café con su amigo en una terraza y me dijo que chocara esos cinco. Cuando efectivamente lo hice, le oí decirle a su amigo "qué tía más sexy".

Todas estas cosas lo que hicieron fue ponerme de buen humor, no agobiarme y hacerme sentir acosada ni sexualizada ni nada por el estilo. Considero el flirteo una parte divertida de la vida, siempre que nadie invada mi espacio vital ni se sobrepase. ¿Queda claro esto? No considero que un piropo sea algo negativo si se hace con un poco de clase. Interiorizad esto también antes de seguir leyendo.

FIN DE LA SECCIÓN EN LA QUE CUENTO PIROPOS QUE ME HAN SOLTADO. QUE NOS LOS DICEN A TODAS, NO OS EMOCIONÉIS, QUE NO ESTOY TAN BUENA



Una vez aclarado lo que yo considero es piropear con estilo, pasemos al área decadente del cortejo.

Recuerdo estar de fiesta un viernes, con 17 años o así, y tener a un indeseable con su brazo por encima de mis hombros (amigo de un amigo. Yo no sabía ni su nombre) y cómo le dije tres veces que me soltara y él las tres se rió y siguió a lo suyo. Al final a base de ignorarle se marchó, pero estuve un rato con este tipejo enganchado a mis hombros negándose a soltarme.

Ya que este post lo escribo mayormente para que los hombres que lo lean se den cuenta de lo desesperante que es ser una chica en estas circunstancias, y como estoy bastante segura de que muchos de los que lean esto pensarán que no es para tanto, que el chico tampoco me estaba metiendo mano al fin y al cabo, vamos a hacer una cosa. Un ejercicio de imaginación. Las chicas ya saben lo que es esto, pero para los chicos que no entiendan el malestar del que hablo, quiero que os imaginéis que estáis en un bar de copas y que un hombre al que no conocéis de nada se acerca y os pone un brazo por encima de los hombros con gesto cariñoso. Un hombre he dicho. Ahora imaginaos que ese hombre os saca una cabeza y media y pesa el doble que vosotros, y que sois conscientes de que no tenéis ningún poder físico sobre él. Si no os quiere soltar, no tenéis manera de obligarle. Tampoco podéis montar una escena ni gritar para que alguien os quite a este señor de encima porque la música está a todo trapo. Y le decís que os suelte, y no os suelta. Y no podéis salir de ahí.

¿Cómo? ¿Que no es lo mismo porque el equivalente es que os pasara esto con una mujer? Resulta que no. Lo increíblemente desagradable que te resulta a ti como hombre el que otro hombre no se te quite de encima, así de horroroso me resulta a mí como mujer. O así me lo imagino, obviamente no estoy en el cerebro de un chico para saber lo que hay ahí, pero el tipo de rechazo que pueda sentir yo en esta situación como mujer es difícil de superar. Es mi cima de la incomodidad mental. Por encima de que esto me suceda con una lesbiana de dos metros, probablemente. Además, he pedido muchas opiniones al respecto y tras hablar con muchos hombres acerca de este tipo de situaciones os aseguro que la equivalencia más correcta es ésta.

Y esto me lleva a otro punto interesante.


Dónde está el listón

La inmensa mayoría de los hombres con los que he hablado tienen grandes dificultades para entender el que yo pueda sentir repulsión extrema cuando un tío que no me interesa me pone la mano encima. Y esto suele venir de que en general a ellos les parece bien que una chica les toque.

Esto también me hace pensar. Creo que no viene sólo de que la superioridad en fuerza del hombre le da la tranquilidad de saber que puede romper el contacto físico cuando él quiera, que es un poder que el sector femenino no tiene. Es también que buena parte de los hombres parece tener el listón mucho, mucho más bajo que las mujeres a la hora de encontrar aceptablemente atractiva a una persona del sexo opuesto. Que hay de todo, por supuesto, pero sí que suelo encontrarme esta tendencia a menudo.

Esto no lo entiendo, la verdad. ¿Tienen los hombres una necesidad más pronunciada que las mujeres de cepillarse a alguien y por eso hacen más concesiones? Lo dudo. ¿Son los hombres más flexibles que las mujeres en lo que interpretan como belleza? Lo dudo más. Y esto lo dejo aquí porque de verdad que no tengo respuestas, pero a lo que yo voy es a que los hombres tienen tal facilidad para encontrar a una mujer suficientemente atractiva como para que el contacto físico no les incomode -de nuevo, he visto de todo, pero hablo en general-, que les cuesta un mundo ver por qué las mujeres se ponen tan nerviosas cuando les pasa a ellas. Así que ya sabéis, cuando no lo entendáis, pensad en el maromo que os saca dos cuerpos haciendoos carantoñas. Y ya no os digo nada si os imagináis siendo la víctima de una violación, que es algo que desafortunadamente creo que todas las mujeres nos hemos imaginado alguna vez, y que los hombres, por lo que me cuentan amigos con los que hablo, ni se plantean. Creo que esa es una razón importante detrás de la extraordinaria falta de empatía de los hombres para con el pánico femenino en tema de agresiones sexuales.

A lo mejor pensáis que los casos similares a lo del tío que no me soltaba en el bar se cuentan con los dedos de una mano, que lo que explico me pasó porque los que me rodeaban eran adolescentes hormonados al fin y al cabo, así que dejadme que os cuente la...


Historia lamentable para que entiendas lo acosadas que estamos las mujeres #2: el colgado de la ambulancia

Os voy a contar ésta porque me pasó hace relativamente poco, el pasado septiembre, en Londres.


Un día después del trabajo estaba de camino a casa y una ambulancia paró cerca de mí. O bueno, luego me enteré de que no era una ambulancia sino un coche medicalizado o algo así. Lo llamo ambulancia para abreviar. Cuando pasé por al lado, el conductor me llamó. Yo, al ver que era una ambulancia, fui tan tranquila a ver qué pasaba. La conversación fue más o menos así:


Yo - Dime.

Conductor - Estoy intentando entrar en el hospital, pero no sé dónde está la entrada -de camino a casa paso por un hospital-.
Yo - Creo que eso de ahí es sólo salida -señalo a una verja con ambulancias aparcadas-, pero si das la vuelta por ahí me parece que puedes entrar.
Conductor - Vale, ¿y tú dónde vives?


???!!



Yo - ¿Que dónde vivo?


Aquí yo todavía estoy con la guardia baja, porque de una ambulancia me fío por defecto. No se me ocurre que el que va dentro sea un cerdo o un tarado. Pero obviamente la pregunta me sale de ojo.


Conductor - Sí.

Yo - Por aquí cerca.
Conductor - ¿Dónde?

Creo que lo que el tipo me quiere ofrecer es llevarme a casa, pero no lo tengo claro.


Yo - ¿Para qué quieres saber dónde vivo?


Aquí van unas cuantas frases que no entiendo bien porque el conductor da vueltas alrededor de no saber cómo entrar en el hospital sin decir realmente nada consistente.

Yo - Venga, que tengas un buen día.


Sigo caminando hacia casa.


La ambulancia me sigue, me adelanta y para unos metros por delante de mí. Cuando paso por su lado el conductor me vuelve a llamar.


Yo - Qué quieres.

Conductor - ¿Dónde vives?
Yo - Que no te voy a decir dónde vivo. Que me dejes en paz.

Me alejo caminando y el tío vuelve a hacer la misma: me sigue, me adelanta, pero cuando va a parar de nuevo para esperarme un coche llega por detrás de él y se ve obligado a seguir avanzando. Esto es ya bastante cerca de mi casa y a estas alturas ya me preocupa que este atontado vea dónde vivo así que, aprovechando que no puede detenerse aún, me meto por una calle perpendicular y doy un rodeo hasta que le pierdo de vista.


Resumen: me toca fingir que mi camino a casa es otro porque un capullo en una ambulancia me está siguiendo.

De nuevo, las chicas que estén leyendo esto estarán tristemente familiarizadas con la sensación, pero probablemente para los chicos sea complicado empatizar. Parece que bueno, le perdí de vista así que no va a ningún lado, cuando en realidad esto me tuvo nerviosa tres días, agobiada por si me volvía a encontrar al tipo y sobre todo porque no sé qué intenciones tenía. Con estas cosas ése es el problema principal; es muy difícil distinguir quién es un inepto que no sabe cómo tirar los tejos y quién es un desequilibrado que a saber hasta dónde está dispuesto a llegar.



Por qué algunos hombres se creen con derecho a perseguir a las mujeres

Contado esto, hablemos de las posibles causas por las que muchos hombres se sienten con este derecho a perseguir a las mujeres porque sí. Como me imagino que alguna chica habrá leyendo esto, os advierto desde ya de que os vais a cabrear, porque creo que parte de esta culpa la tienen las mujeres.


Razón 1: La sociedad espera que sean siempre los hombres los que tomen la iniciativa en el campo de las relaciones sentimentales

Chicas incluidas. La de veces que he oído a una mujer hablar de que le gusta alguien pero que va a esperar a que él haga algo. Esto a los chicos no se lo he visto hacer en la vida. Sí recuerdo algún chaval diciendo "si quieres que las tías te hagan caso tienes que hacerte el duro", pero, al margen de que eso sólo se lo haya oído decir a adolescentes, no tengo claro haberlo visto puesto en práctica jamás. Si un tío no hace nada cuando le gusta una chica es porque piensa que ella no le corresponde o lo que sea, no porque crea que ella tiene que currárselo más. Entonces normal que sean ellos los que en un bar de fiesta vayan a hablar con un grupo de amigas y normal que yo esté tan tranquila leyendo en un parque y me venga un tipo a dar palique a ver si cuela. Para mí es una turra estupenda y el colega no tiene nada que hacer, pero eso él no lo sabe. Y como tenga que esperar a que yo o cualquier fémina del mundo vaya a entrarle a él, buena suerte. En general, si tuviéramos que esperar a que las mujeres mostraran su interés, la especie se habría ido a pique hace mogollón de tiempo.

Cambiar esto está siendo una movida de cuidado, porque no es sólo que las mujeres estén acostumbradas a sentarse en un rincón a esperar a que vengan príncipes a decirles lindezas, hábito difícil de abandonar; es además que a las mujeres que sí toman la iniciativa a menudo se las ve como demasiado atrevidas y muchos hombres lo ven como algo poco femenino y no les gusta. También os digo, si a un tío no le gustas porque tienes iniciativa lo mejor que puedes hacer es envolverlo para regalo y mandárselo por correo a alguien que no te caiga muy bien. Pero entendamos que desafiar estos estándares no es fácil.


Razón 2:  Muchas mujeres son absurdamente crípticas cuando tienen que expresar sentimientos negativos

Algunos hombres lo hacen también, pero las mujeres, madre del amor hermoso.

¿Cuántas veces habéis oído a una novia/amiga/lo que sea, decir que "no le pasa nada", cuando es evidente que se tiene un cabreo tremendo? ¿Cuántos "tú sabrás" habéis escuchado en vuestra vida? Yo esto lo he visto a patadas. Una de mis amigas una vez me mandó un mensaje diciéndome que se sentía muy agradecida por tener gente en la ciudad en la que vivía que la hacía sentirse como en casa. Meses después descubrí hablando con ella que ese mensaje en realidad era una acusación velada en mi contra por no haberle escrito no sé cuándo, haciéndole con ello sentir que no me importaba lo suficiente. No me dijo en su día "de qué vas, por qué no me has escrito", ni me ignoró porque ni por perder el tiempo con alguien que la ha ofendido. No, ella mandó ese mensaje  pasivo-agresivo esperando que yo intuyera lo mucho que había herido sus sentimientos. Claro, cuando por fin me contó esto le eché una bronca de espanto y le dije que si teníamos doce años o qué.

Otra, una pseudoamiga con la que pasaba mucho tiempo en la facultad, me dejó de hablar de la noche a la mañana diciendo, cuando le pregunté, que yo debería saber por qué ella ya no quería saber nada de mí, que yo sabría lo que había hecho. Nunca me dio una explicación y a día de hoy lo único que tengo más o menos claro es que la muchacha estaba como las maracas de Machín.

A otras chicas las he oído comentar cómo iban a esperar un par de días hasta decirles a sus novios por qué no les hablaban, que ellos no tenían ni idea y les iban a hacer sufrir un poco para que espabilaran.

Yo misma, hasta que tuve veintitantos años y me di cuenta de lo sumamente ridícula que es esta actitud, también esperaba que la gente cercana a mí de alguna manera supiera lo que yo estaba pensando y me proporcionara lo que necesitaba en el momento sin aclarar en qué consistía dicha necesidad.

He de decir que hoy día casi todas mis amigas son relativamente claras en estos aspectos, porque obviamente a las que no lo son al quinto drama que me montan las mando a hacer puñetas, pero en otras mujeres (amigas de amigos, novias de, chicas a las que conozco por ahí en un plan común) sigo viendo esta actitud como algo absolutamente normal. Hace como un año un amigo me dijo que yo era una de las pocas chicas que conocía que cuando había algún problema lo hablaba claramente, que esa actitud en mujeres no la veía casi nunca. Y mira, esto no puede ser. Así no llegamos a ningún lado.

Y ojo, que a veces esto está justificado; si tu novia te ha explicado cinco veces que le molesta que llegues tarde cuando quedáis y tú te has disculpado y le has dicho que efectivamente deberías llegar a la hora, normal y corriente que la sexta vez tu pobre novia no tenga ya la energía de explicarte de nuevo cuál es el problema. Si tienes más de cuatro luces deberías saber que si algo le molestó las primeras cinco veces, la sexta tampoco le va a hacer gracia, y ahí sí deberías saber por ti mismo qué es lo que le pasa, porque ella ya estará tan hasta el pie del asunto que no te lo va a volver a explicar.

Pero en las ocasiones en las que el enfado es un poco irracional -y esto es complicado porque primero la persona en cuestión tiene que estar dispuesta a aceptar que su enfado pueda no ser del todo lógico. Buena suerte-, o no está muy clara la causa, o hay cualquier tipo de confusión en cuanto a por qué se ha producido el problema, entonces hay que dejarse de tonterías y explicar qué es lo que va mal. Digo yo.

A lo que iba; el que las mujeres digan constantemente que están bien cuando no lo están, que no hay ningún problema cuando sí lo hay, etc. etc., crea una cultura espantosa que nos da a entender que cuando una mujer dice una cosa no necesariamente la dice de verdad. De ahí vienen luego los paternalismos de esa gente, especialmente hombres, a los que les dices que quieres una cosa y ellos hacen la contraria.


Nota: Esto no es excusa para que una tía te diga que dejes de tocarla y tú la ignores. No me vengas con chorradas.


Obviamente no es que éste sea el origen de todos los males, pero sí me parece que esta actitud ayuda a que en general se considere que a las mujeres a veces no puede uno tomárselas en serio. Así que chicas, por favor, no hagáis esto. De hecho, gente en general, no hagáis esto. Planteaos si tenéis razones para estar enfadados o si simplemente es una rabieta porque las cosas no han salido como teníais previsto, y si realmente tenéis razones para estar ofendidos con alguien, decídselo. O ignoradle para siempre si queréis, que hay gente con la que no merece la pena perder el tiempo explicándoles cosas básicas, pero no digáis de manera sistemática que todo va bien cuando todo va mal.


La presunción de inocencia

Como cuento en este post, las mujeres sufrimos un acoso relativamente constante y relativamente pronunciado en nuestra vida diaria. Es habitual para una chica el estar incómoda, sentirse sexualizada, que un hombre entre en contacto físico con ella sin su consentimiento y el tener miedo cuando va sola por la calle.

Me he extendido con un par de casos un poco llamativos, pero hay mil cosas pequeñas que no voy a contar en detalle porque si lo hago nos pasamos aquí cuatro días yo escribiendo y vosotros leyendo, pero para que os hagáis una idea os dejo unos cuantos casos muy resumidos:

1. A una amiga y a mí una vez nos persiguió un tío masturbándose.

2. Una amiga mía ha estado en juicios porque un desconocido intentó violarla por la calle.

3. Una chica que era mi amiga en años de facultad una noche por la calle se encontró con un tío que le dio una palmada en el culo.

4. Lo de que un desconocido me agarre el culo por la calle también lo he vivido yo. Y en bares de fiesta.

5. Una amiga de aquí de Londres, lo mismo, hace como un mes cuando estaba llegando a su casa. Cuando le dijo al agresor que de qué iba, él se puso a gritarle, agresivo. Mi amiga me lo contó días después del suceso y todavía estaba asustada.

6. La madre de una amiga del colegio tuvo que abrirle la puerta de casa a una vecina que venía huyendo escaleras arriba de un señor que se había escondido en el portal y la estaba persiguiendo.

7. En mis años de instituto, una de mis amigas se fue a dar una vuelta -a enrollarse, vamos- con un chico al que acababa de conocer, y al poco rato nos llamó llorando porque el chaval se había puesto a masturbarse en cuanto se quedaron solos.

8. Cuando estaba en el instituto unos cuantos chicos de mi curso se dedicaron a tirarme los tejos como si no hubiera un mañana; cuando vieron que yo les decía que no hasta cuando me pedían la hora se pasaron el resto del curso llamándome estrecha.

9. Hubo una temporada en la que un violador en serie se dedicó a agredir a chicas en un barrio en concreto de mi ciudad. Al final creo que le pillaron en Francia.

10. Un compañero de trabajo con el que no había cruzado más de tres palabras en mi vida me agarró del culo en una cena de empresa. Cuando me aparté, se marchó e hizo lo mismo con otra compañera.


Ésas son las que se me han ocurrido así, sin pensar mucho. Este tipo de cosas están a la orden del día y es un poco deprimente, la verdad.

Que esto se haya normalizado es una mierda y es necesario que los hombres estén al tanto del impacto negativo que esto tiene en la vida de las mujeres, y además de que a la larga les impacta negativamente a ellos también, ya que este acoso constante genera una enorme desconfianza en las mujeres hacia los hombres porque es imposible saber quién es un colgado y quién no, así que ante la posibilidad de una situación tensa como mínimo y una violación como máximo, un buen porcentaje de mujeres decidimos -me incluyo- no jugárnosla y evitar vernos con hombres en según qué circunstancias a menos que les conozcamos bien.

De nuevo, interiorizad bien ese párrafo de ahí. Leedlo otra vez si hace falta.

Vale, una vez entendido esto, sabed que opino que si una mujer acusa a un hombre de tener un comportamiento inapropiado, creer en ello sin pruebas, antecedentes, ni testigos es una barbaridad.

Ya sé que el acoso y el magreo no dejan pruebas y casi nunca hay testigos, pero las mujeres son personas y también mienten. Esta historia del "hermana, yo sí te creo", que consiste en que cualquier mujer que acuse a un hombre de lo que sea está por defecto diciendo la verdad, es una locura.

Y sí, como comento arriba, a mí me han tocado el culo compañeros de trabajo, me han agarrado desconocidos por la calle, me han perseguido exhibicionistas y un larguísimo etcétera. Entiendo la frustración. Pero si aceptamos como verdad absoluta lo que cualquier mujer tiene que decir en contra de cualquier hombre, entonces si mañana viene una mujer aleatoria y te dice que tu padre, o tu hermano, o tu novio, o tu mejor amigo la ha intentado violar, te lo tienes que creer. Aunque el acusado en cuestión no haya tenido jamás una actitud abusiva contra nadie ni tenga siquiera el más mínimo interés en la mujer que le acusa. Si no estás dispuesta a creer a esa mujer, tampoco puedes creer por defecto a una chica que acusa sin pruebas, porque ese acusado también es, potencialmente, el padre, hermano, novio o mejor amigo de alguien que puede estar pensando que no se están contando las cosas como son.

Dar por sentado que todas las mujeres dicen la verdad y todos los hombres son posibles violadores es generalizar hasta el absurdo. Hay hombres buenos y hombres malos; hay mujeres buenas y mujeres que mienten como unas desgraciadas. No me parece justo que un hombre por el hecho de ser hombre tenga que estar en el punto de mira permanentemente; los hombres también son personas y también tienen derechos. Que últimamente se nos olvida.

Y no, no me vale que como todas las mujeres hemos sufrido acoso y algún tipo de violencia no pasa nada por compensar un poco. Sí pasa. Hay que eliminar esta basura de cultura en la que la superioridad física de los hombres se puede utilizar para amedrentar a las mujeres, no convencer a la población de que todos los hombres son gentuza. Que por cada cretino que me ha gritado una obscenidad, metido mano o asustado con su proximidad física, conozco diez que no podrían estar menos interesados en tocar a una mujer que no quiere que la toquen.


Y ya está. Esto venía yo a contar. En resumen:


A los hombres, que por favor sean conscientes de que la mitad de la población mundial tiene pánico a ir sola de noche por la calle o incluso a estar en según qué sitios públicos aunque sean cerrados. Hay muchas maneras de ayudar a las mujeres a sentirse un poco más seguras; no voy a entrar en ello ahora porque es un tema complejo y este post ya se ha alargado lo suficiente, pero al menos sed conscientes de lo que hay. No ninguneéis a una chica que está nerviosa porque un tipo la ha seguido por la calle o la ha tocado sin conocerla de nada.

A las mujeres, que sean un poco más transparentes, que hablen cuando hay un problema. Y que sean conscientes de que también hay mujeres que mienten y también hay hombres que no se meten con nadie.

Por último, recordatorio de lo que es de verdad una manada, no estos tipejos. Elefantitos majos:

Manada de elefantes

Lobos chachis:
Manada de lobos

Leonas molonas:
Manada de leonas


Ale. Feliz fin de semana a todos.