jueves, marzo 01, 2012

¡Pide un deseo!

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Esta tarde, tomando un café con Fog:

Yo - No, si por querer, quiero apuntarme a inglés, y a alemán, y a danza, pero no tengo dinero para nada. O bueno, lo tengo, pero me quedo a dos velas.
Fog - ¿Ya no le das clases a Molly?
Yo - Llevo meses sin ir porque no le hacen falta; su profesora de ahora no está loca, así que va aprobando sin problema. Me he planteado poner cartelitos para dar a quien aparezca, pero no sé si a estas alturas alguien va a querer clases de inglés, con lo avanzado que está el curso.
Fog - ¿Por qué no? Seguro que aparece gente.
Yo - No sé. A lo mejor lo intento.

Dos horas después. Llego a casa, entro en facebook y tengo un mensaje privado de Molly:

¡Keyyyyyy! Mira a ver si puedes venir un día de la próxima semana para darle un repasillo al inglés, y me ha dicho una vecina que si te interesaría darle clase a dos niñas que van a quinto, me parece. Bueno ya me dirás, un besito.

...

O soy una bellísima persona y el karma me lo está recompensando, o el universo me tiene preparada una broma cósmica de magnitudes catastróficas. 

Voy a volver a quedar con Fog y me voy a poner a recitar cosas como "me he planteado pasear por la calle a ver si me encuentro un Ferrari con mi nombre, pero no sé si a estas alturas alguien podrá dejar un coche de regalo en ninguna parte, con lo mal que está el tema del aparcamiento".

Si resulta que me he convertido en la fuente de los deseos, os aviso y me hacéis una lista de lo que queréis. Yo os lo mando por correo.

Cambio

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Como ya sabemos todos por aquí, soy alérgica al polen. Y este año se me ha olvidado vacunarme -otra vez-, así que necesito desesperadamente píldoras que me ayuden a sobrevivir a la primavera.

Viernes pasado. Farmacia. Le doy un papel a la farmacéutica -Felicia, vamos a llamarla-, que me proporcionará las drogas que necesito para que no me explote la cabeza cuando el primer copo de polen venga a amargarme la existencia. Ya tengo síntomas y no me gustan.

Felicia - Son 4 con 85.

Me miro las manos. Para conseguir la receta he tenido que sacar todo lo que llevaba en los bolsillos, incluyendo un billete de 10 euros que está estríctamente reservado para comprar el regalo de cumpleaños de Iris, y uno de 50. Miro a la chica, que me observa con intención de arrancarme los ojos si le hago darme cambio de 50.

Yo - Esto... pues... te tengo que pagar con 50...
Felicia - ¿No tienes nada más pequeño? - Mira el billete de diez. Me mira a mí.
Yo - Es que... esto está reservado.

Y aquí es cuando los dependientes, al margen de la situación y del gremio al que pertenezcan, empiezan a dramatizar. No falla.

Felicia - Puf... pues no sé si voy a tener cambio... -pone cara de sufrimiento extremo.

Sufre lo que quieras, que no te lo voy a dar.

Felicia - Es que es el cuarto billete de 50 que me llega hoy, y claro, así no hay manera.

Pues dame mis pastillas gratis. Verás qué bien.

Yo - No puedo darte el de diez.
Felicia - Ya... - revuelve la caja registradora - te voy a tener que dar el cambio en billetes de diez.
Yo - Me parece bien. Me gustan los billetes de diez - Me apasionan, si eso va a conseguirme mis medicamentos y una excusa para largarme de aquí.
Felicia - No, si lo digo por mí, que me quedo sin ellos.

Aquí ya llevo un rato preguntandome en qué momento se ha convertido en mi problema el que a una señora a la que no conozco de nada se le esté acabando el cambio.

Yo - Ya ves. - A ésta no le doy mi billete ni aunque se acabe el mundo. Por orgullo. Por honor. Por lo que queráis, me da igual, pero no se lo pienso dar.

Felicia - Um... - Revuelve otra vez la caja registradora y yo empiezo a plantearme las consecuencias legales de darle una bofetada a una farmacéutica. - Nada, está claro que tendré que ir el lunes al banco a cambiar.

¡Uf uf uf que va a tener que ir al banco! No sé por qué llora tanto la gente cuando tenemos aquí a Felicia; ella sí que tiene problemas de verdad y fijáos en lo poco que se queja.

Ya fuera del alcance de la farmacéutica infernal, donde estaban esperándome Cleo, Lilypad y Canaris:

Canaris - Joder, por la cara que traes, a saber qué burrada te ha propuesto la de la farmacia.

Les cuento la turra que me ha dado la muchacha.

Lilypad - ¡Ooooooooooohhh va a tener que hasta el banco! ¡Y todo por tu culpa!
Yo - Ya. No sé cómo voy a dormir por las noches.

Así que nada, desde mañana, en vez de dedicarme a salvar el mundo -que es lo que hago ahora, por supuesto-, voy a ir por las tiendas de Salamanca proporcionando cambio a vendedores desamparados, que es mucho más importante. Lo primero es lo primero.

domingo, febrero 19, 2012

Palabras de sabiduría

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"Te digo yo que lo huelen en el ambiente.
Huelen que estás teniendo un día de mierda
y vienen a tocarte los cojones"

Camino


Que conste que después de oir esto me dio tanto la risa que mi día empezó a ser un poco menos malo. Nada como oír a Camino decir un par de barbaridades por teléfono para animarte el día.

viernes, febrero 17, 2012

Los Descendientes, un aceptable entretenimiento

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Me encanta San Valentín. Hay regalos, hay amor en el aire, hay flores y bombones por todas partes. La considero una fiesta indispensable y me alegro de que a alguien se le ocurriera inventarla.

O, para ser más exactos, San Valentín me parece una idiotez,

¡pero!

¡hay dos por uno en el cine!

No tienes ni que explicarle a la chica de los tickets que ese tío que acabas de conocer en la cola es, sin lugar a dudas, tu amor verdadero; te cobran una sola entrada, te dan dos, y a correr. Así que San Valentín me parece una maravilla de fiesta.

Con esta excusa he ido a ver Los Descendientes (The Descendants, Alexander Payne, 2011), en parte para comprobar que, efectivamente, la interpretación de George Clooney no es para tanto y así confirmarme a mí misma que no entiendo su nominación al oscar; sea como fuere, el caso es que Los Descendientes comienza con un trágico accidente de lancha motora (no uséis esos trastos nunca, son peligrosísimos) que deja en coma a Elizabeth, la mujer de Matt King (Clooney), poniendo, a la fuerza, al hombre a cargo de sus hijas Scottie, de diez años (Amara Miller) y Alex, de 17 (Shailene Woodley), a las que hacía más bien poco caso antes del accidente. Esta extrema coyuntura y un descubrimiento de lo más desagradable acerca de su matrimonio embarcan al padre y sus dos problemáticas hijas en un viaje de lo más surrealista, en el que Matt tendrá que aprender a dominar la situación que se le ha venido encima.


En general, tengo que decir que, para mi gusto, la cinta no alcanza las espectativas. Aunque reconozco que tiene varios puntos a su favor:

Para empezar, un sentido del humor que hace que uno no se arrepienta de haber ido a verla, especialmente gracias a Sid (Nick Krause), un amigo de Alex que se presenta casi al principio de la película y se acopla a la familia sin siquiera pedir permiso; el chico está tan sumamente atontado que hay ganas constantes de que aparezca para ver qué estupidez va a decir esta vez.


Por otra parte, los personajes tienen un gran trasfondo, yendo todos ellos más allá de lo que aparentan en un primer momento; por último, es una historia deprimente (no sé si se puede tener a un personaje en coma y no deprimir al personal), pero, a su manera, muy optimista. Y eso es de agradecer.

En resumen, Los Descendientes cuenta una historia amable y entretenida, pero altamente olvidable. Para pasar el rato no está mal, y da que pensar en ciertos aspectos, pero pasado mañana no me acordaré ni del nombre del protagonista. También es verdad que no me acuerdo de lo que he comido hoy, pero nos entendemos.


Diré para terminar que mi intención era escribir acerca de Moneyball, pero esa película me aburrió tantísimo que no quiero acordarme de ella ni para criticarla.

¡Dulces sueños!


p.d. Estoy estupenda, no me muero ni nada. Que digo que estoy en el hospital haciéndome radiografías, no doy explicaciones, y claro, la gente se pone nerviosa.

sábado, febrero 11, 2012

Rayos x

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Estoy harta de médicos.

Una semana tengo de vacaciones, y me la paso así:

Yo - Hola, vengo a que me hagan una radiografía, pero no sé si estoy en el sitio correc...
Recepcionista - Pasillo a la izquierda, ascensores, planta -2.

¡Un sótano! ¡Qué acogedor!

Recorro el pasillo y encuentro los ascensores. Entro.

Por su aspecto, me atrevo a afirmar que los fines de semana este ascensor lo utilizan para trasladar ganado. Que no me estoy quejando, ¿eh? Pero aquí ha habido vacas en un pasado cercano. Sólo lo comento.

No pasa nada, el sótano no es tan malo, y la chica que me hace la radiografía es más seca que la mojama, pero súper eficiente. Vamos a llamarla Effie. Me lleva a una salita:

Effie - Y ahora nos quitamos la ropa de cintura para arriba.

...

¿Nos quitamos? Si sabía yo que en el hospital éste rodaban películas porno. Que yo vengo tranquilamente a que me den una dosis de radiación controlada, y me acabo enrollando con una enfermera. Lo que me faltaba.

Effie - Y luego nos ponemos una de esas batas.- Cierra la puerta y se va.

¡Se va! Te crean espectativas y luego se largan. Con lo interesante que habría quedado el post.

Total, que, apareciendo por otra puerta, Effie me pone delante del trasto ése de los rayos y me da instrucciones:

Effie - Ahora coge aire, expúlsalo del todo, y no respires.

Vale. Inspiiiiiiiiiiiiiiiiro. Expiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiro. Y no respiro.

No respiro.

No respiro.

Me pregunto si tengo que decidir yo cuándo acaba esto o me avisará ella.

Yo no respiro, por si acaso.

...

¿Effie?

...

¿Effie? Me estoy poniendo azul.

Pero yo no respiro, que soy una mandada.

...

Voy a palmar aquí.

...

Ya veo los titulares: "paciente muere asfixiada por tomarse las instrucciones al pie de la letra. No pudo hacerse nada para evit..."

Effie - Ya está.- ¡Menos mal! Cojo aire como si llevara sin respirar tres meses y me voy de allí, a esperar a que me den mi radiografía.

Mientras deambulo por el rellano, oigo una voz metalizada que grita:

Voz metalizada - CO JA AI RE EX PUL SE EL AI RE. NO RES PI RE.

¡Hala! ¡Yo quejándome de Effie y a esa señora le está haciendo la radiografía Robocop!

Total, que al final sale un hombrito a darme mi radiografía y...

Y son las tres de la mañana. Madre de Dios, qué descontrol de horarios tengo.

Ale, si mañana me sigue pareciendo suficientemente entretenido, os escribo el resto de mis visitas a especialistas varios.

Así tenía yo tanto sueño.

¡Buenas noches!


miércoles, enero 18, 2012

Parámetros

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He intentado cambiar un puto parámetro para modificar la carpeta de destino y ahora no me guarda nada. Que le jodan. Voy a dejar los putos parámetros como estaban y que guarde donde le salga de los cojones.
Cleo

Pues eso... que andamos un poco liados -y tensos- con prácticas por aquí. Pero en cuanto entregue y haga exámenes, me pongo al día con comentarios y demás, lo prometo.

Disfrutad de vuestro tiempo libre por mí. Malditos.

sábado, enero 07, 2012

Gasolina

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¿Qué problema hay con comprar regalos? ¿Qué clase de resorte se dispara en nuestro cerebro para que toda nuestra inteligencia y habilidades sociales se desvanezcan cuando hay que elegir entre libro, DVD o vestido de lentejuelas? No me regaléis nunca un vestido de lentejuelas. Ya lo he vivido, y no salió bien. Bueno, a lo que voy:

Los Reyes son un horror. Os pongo en situación:

Lugar: tienda Alehop.
Misión: comprarle un regalo de Reyes a mi padre.

Tengo que empezar explicando que Alehop es un misterio para mí. Tiene poderes sobrenaturales. Tú entras estando contento con tu vida, siendo feliz con lo que tienes, y de pronto, antes de llegar a la mitad del primer pasillo, no entiendes cómo has podido vivir hasta ahora sin un kit de platos y palillos de comida japonesa. Todo el mundo sabe que tener unos palillos en casa es crucial para la supervivencia humana, y tú has estado perdiendo valiosos años de tu vida utilizando un tenedor. Detecto, como me suele pasar cuando estoy a punto de cometer una estupidez, a mi cerebro revolverse:

Cerebro - No.
Yo - ¿No qué?
Cerebro - Ya sabes qué.
Yo - Pero necesito esa vajilla japonesa. ¿No ves lo bien que quedaría si invito a alguien a cenar?
Cerebro - Tú no cocinas. Y no te gusta el sushi.

Ummmmm a lo mejor no me hace tanta falta... en cualquier caso, juraría que yo estaba aquí por otra razón...

Mi padre. Necesito un regalo para mi padre. Vamos a centrarnos.

Merodeo por los pasillos. Un maletín de fichas de póker, un llavero satánico, una estantería entera de brillos de labios. Y entonces me doy cuenta.

La música.

Villancicos... villancicos raros. Ya los villancicos me parecen terribles, pero esto es especialmente duro de escuchar. Eso es... ¿reggaeton? ¿Reggaeton mezclado con villancicos? ¿En serio?

No pasa nada. No pasa nada, soy fuerte; si llevo semanas escuchando la Danza Kuduro y esa otra cosa que baila Christiano Ronaldo cada vez que salgo de fiesta, puedo con esto.

Además, fíjate en ese tanga hecho de caramelos. ¿Quién no va a querer comprarse un tanga de caramelos?

Intento concentrarme, pero empiezo a remezclar canciones en mi mente, encasquetando el villancico reggeatoniano que tengo puesto de fondo con canciones de reggeaton de verdad:

¡¡A ella le guuusta la gasoliiiiiiina!! ¡¡¡FUN FUN FUN!!!

Uf. Mira, un kit de algo relacionado con el vino... no está mal, pero es muy caro.

¡¡A ella le encaaanta la gasoliiiiiiiina!!
¡¡¡FUN FUN FUN!!!

Que digo yo, si mi padre es feliz con el detalle más que con el regalo como tal, que si le envuelvo una piedra del jardín y le pongo un lazo, él tan contento... YO ME PIRO DE AQUÍ.

Pero no. Ya estoy metida en la tienda. Ya he aguantado dos canciones de este disco infernal, tengo que llegar hasta el final.

Y así fue como, porque soy una valiente, recorrí otra vez los pasillos de la tienda de marras, mientras una niña repelente cantaba de fondo "¡¡qué chula es la navidad!!", compré un estupendo mini jardín zen, y me largué de allí corriendo.

Cuando se acaben la navidad y los villancicos, vuelvo y me compro la vajilla japonesa.