domingo, noviembre 25, 2018

Decálogo para viajar en metro sin ganarse una parcelita en el infierno

Vamos a ver, esto qué es.

Yo no viajo mucho en metro porque voy andando al trabajo, pero las pocas veces que estoy cogiéndolo últimamente me estoy encontrando unos percales que no me parecen normales.

Bajo el ingenuo pero a veces cierto pretexto de que hay menos gentuza de la que parece y muchas más personas empanadas o confusas o tímidas de lo que podría uno pensar inicialmente, hoy traigo una lista de normas de comportamiento para viajar en metro. Yo sufro el de Londres, pero esto es internacional.


REGLA 1: Si estás sano y te encuentras bien, cede tu asiento a la mínima oportunidad. Echa un vistazo a tu alrededor de vez en cuando y mira a ver si a alguien le hace falta. Esto dicho así suena muy fácil, pero no lo es. Analicemos los posibles casos.

1. Personas lesionadas

Éstos son fáciles. A éstos se les cede el asiento siempre. No preguntes; levántate y señala tu sitio para que lo cojan ellos. Escayolas, muletas, bastones, o simplemente gente con una pinta muy obvia de encontrarse mal. Ofréceselo y punto.


2. Mujeres embarazadas

Baby on board! - Chapa del TFL

Éstas son chungas que no veas, porque es muy difícil saber quién está embarazada y quién solo parece que está embarazada. Atiende, esto es importante: es infinitamente mejor no cederle el asiento a una embarazada que darle a entender a una mujer no-embarazada que parece que lo está. Ante la duda, no te levantes. Yo en estos casos solo lo ofrezco si la fémina de turno lleva algún indicador de que viene con crío dentro (en Londres el TFL te da una chapita en la que pone "¡Bebé a bordo!" para que la lleves cuando vas en metro) o si es realmente muy obvio que eso es un bombo y no un exceso de donuts de toda la vida.


3. Adultos con niños

Igual que con los lesionados, a éstos se les da el asiento sin hacerse grandes planteamientos. Tanto los niños como los padres tienen muchas más posibilidades de estar hechos polvo que tú o que cualquier otra persona que va sin chavales. Déjales descansar.


4. Ancianos

Ésta también es una movida. Cuando entra una señora encorvada, con bastón y claras dificultades para caminar, la cosa está clara, pero con un montón de gente que es más de mediana edad que de la tercera, es muy difícil saber cuándo en lugar de ser amable lo que estás haciendo es gritarles que parece que tienen un pie en la tumba. Mi recomendación es la misma que con las embarazadas: ante la duda, no te levantes. El cansancio de un viaje en metro se cura rápido, el trauma de que te recuerden que pareces mayor -o que lo eres- tarda más en desaparecer.


5. Pasajeros con un potencial evidente para estar más incómodos que tú

Esto incluye gente cargada con bolsas de la compra; con tacones; de camino a su clase de contrabajo; que vienen de correr una maratón. Esto no es más que una sugerencia porque aquí no hay una necesidad real y no es tu problema que esa chica de ahí haya decidido ponerse unos tacones de aguja tan finos y tan altos que serían considerados arma blanca en cualquier juicio, así que obviamente tampoco es tu deber como ciudadano el ocuparte de estos casos; pero no sé, tampoco hay necesidad de ser un rancio. Si no te quedan más que dos paradas y no estás cansado tampoco veo por qué no vas a colaborar un poco para que la chica ésa llegue a su fiesta con energía para bailar un rato.

A mí hace poco se me rompieron las gafas y fui medio a tientas con ellas de la mano hasta casa; un chico vio el percal y me cedió su asiento y le vi -aunque borroso- pendiente de mí hasta que llegué a mi estación. Yo no quiero decir nada pero por menos de eso se han organizado bodas.


Nota: Ya no tiene validez ninguna el ser una mujer a la hora de exigir que alguien te ceda un asiento, y hay quien lo encuentra hasta ligeramente ofensivo. A mí me resulta a la par caballeroso y absurdo, así que entiendo las dos vertientes. Quiero decir, si un hombre me cede el asiento cuando es evidente que no formo parte de ninguno de los cinco grupos descritos, en parte voy a pensar "qué detalle" y en parte voy a pensar "¿te das cuenta de que esto no tiene sentido ninguno, que igual estás tú más cansado que yo?". Pero el caso es que ni hay por qué cederle el sitio a una mujer por el hecho de ser una mujer, ni dicha mujer tiene menos responsabilidad que un hombre a la hora de ofrecer su sitio en alguno de los casos mencionados. Ya sé que es un concepto poco intuitivo, pero afortunadamente se puede ser un caballero y una mujer a la vez.


REGLA 2: Los espacios para equipajes y carritos de bebé son, no te lo vas a creer, para pasajeros que llevan equipaje o carritos de bebé (o para el tío del contrabajo de la regla 1.5). Ocúpalos si quieres mientras no los necesite nadie, pero si aparece un matrimonio con sus gemelos recién nacidos o una familia japonesa con tres trolleys y seis mochilas, quítate de ahí y déjales el espacio, que es suyo.


REGLA 3 : Que alguien sea joven y/o que sea un hombre no significa automáticamente que tenga que cederle su asiento a nadie (ver nota en la regla 1).

Puede que ese chico de 30 años que aparenta estar sano como un manzano venga de su primera clase de taekwondo o de ballet y esté genuínamente preocupado pensando que tal vez haya perdido la sensibilidad en sus piernas para siempre. Puede que la adolescente súper esbelta que está ocupando un asiento haya dormido tres horas porque el perro de su vecina no le ha dejado pegar ojo. Hay gente a la que le duelen cosas que no se ven, tiene cansancios que no se ven, ha tenido un día de mierda que no se ve. No juzgues a una persona en concreto por no ceder su asiento, porque a saber lo que hay detrás. Con estas cosas yo odio internamente al colectivo (¿nadie en todo el vagón se encuentra bien y puede cederle su asiento al señor de ciento siete años que acaba de entrar? ¿En serio?), pero nunca a una persona específica.


REGLA 4: No te pongas a ver vídeos o a escuchar música sin auriculares. Y que todavía tengamos que estar explicando esto.

Esto lo digo con el metro pero vale para todo. Usa auriculares, no me des la brasa con tu música o con tu conversación de Skype. Ten en cuenta que no eres dueño de donde sea que estés.


REGLA 5: Llévate tu basura contigo, no dejes el vagón lleno de tus cafés y de tus envoltorios de Twix. Aquí ya entra también el que haya papeleras, que en algunas ciudades parece que te tienes que comer tu basura, pero bueno, hablo en la medida de lo posible.


REGLA 6: Tu espacio vital termina donde empieza el asiento de tu vecino; esto no es tu salón. No pongas tu mochila en el asiento de al lado cuando el vagón va hasta las trancas. No te sientes metiendo tus rodillas en los asientos que te rodean. No saques los codos por fuera del reposabrazos. Compórtate como un adulto, hazme el favor.


REGLA 7: Deja que los pasajeros salgan antes de entrar tú y no bloquees las salidas. Y no sujetes las puertas para que tu amigo que va corriendo detrás de ti llegue a tiempo de entrar, que los que van dentro no tienen por qué esperar por ti. Plantéate también que si el próximo metro viene dentro de un minuto y tú no tienes prisa igual es mejor esperar en vez de coger aire y espachurrarte entre la puerta y ese señor que ya está sujeto más por la presión de los que le rodean que por sus piernas.


REGLA 8: Ten cuidado. Lamento comunicártelo, pero un sitio en el que resbalarte puede acabar contigo debajo de un cacharro que pesa un par de cientos de toneladas es lo que oficialmente se conoce como peligroso que lo flipas. En Londres hay gente saltando a las vías constantemente, de vez en cuando a algún tarado le da por empujar pasajeros cuando viene el tren y en estaciones muy concurridas no entiendo cómo no hay más accidentes, porque aquello se pone hasta la bandera y un empujón mínimo puede acabar con un drama bastante feo. Así que mira por dónde vas, no hagas movimientos bruscos, mantente cerca de la pared cuando puedas, esas cosas. Y si ves algo que te da mal rollo, considera si puede ser necesario avisar a un trabajador. Estamos todos de acuerdo en que hay mucha más psicosis de la necesaria, pero sí hay ataques terroristas y sí hay zumbados por ahí, así que si te encuentras una maleta abandonada en un vagón o alguna otra cosa sospechosa, avisa.


REGLA 9: Por último, no te cortes a la hora de darle a entender a alguien que está siendo un impresentable. Dile a la que tiene sus bolsas de la compra ocupando tres asientos que quite una porque te quieres sentar. Empuja los codos de tu vecino de vuelta a su asiento si te está invadiendo. Las personas se comportan como unas indeseables porque se lo permitimos; incomódales un poco por lo menos.


Ya está. Portaos bien y feliz viaje.


p.d. Escribiendo este post he descubierto que un decálogo no necesariamente contiene diez puntos, así que mis nueve normas siguen siendo un decálogo. Qué cosas.

viernes, octubre 19, 2018

Rojo y Entre dos aguas: qué rollo

He hecho un vídeo hablando de dos de las pelis del 66 Festival de Cine de San Sebastián que ganaron premios: Rojo (Benjamin Naishtat, 2018) y Entre dos aguas (Isaki Lacuesta, 2018).


Si cinco minutos os parece mucho, ya os lo resumo yo: son las dos súper aburridas. Ved otra cosa.

¡Saluditos!

viernes, octubre 05, 2018

Beautiful Boy: una peli floja con un mensaje interesante

Una de las lecciones más horrendas y difíciles que toca aprender en algún momento de la vida es que no puedes ayudar a una persona que no quiere que la ayuden. Y es horroroso, ¿eh? Nos ha pasado a todos: el primo que tiene problemas de corazón y se niega a tomarse la medicación; tu amigo el que va por ahí acostándose con toda la que pilla sin preocuparse de lo que le puedan pegar o de a quién pueda dejar preñada por el camino; tu compañera de colegio de toda la vida, que a base de cometer los mismos errores una y otra vez vas viendo cómo la abandonan, con razón, todos los que alguna vez le tuvieron algún tipo de afecto.

No solo es difícil aprender esto, sino que en seguida se olvida. En cuanto la situación cambia un poco piensas que esta vez sí hay algo que hacer. Al final, tras casos y casos de intentar hacer entrar en razón a personas que no hay forma de que entiendan nada, comprendes que cada uno es dueño y responsable de su propio bienestar y que si les da un ataque al corazón, se quedan completamente solos en el mundo o se cogen sífilis no es culpa ni asunto tuyo. Qué obvio y qué difícil es de aceptar.

Además, digerir esto tiene un problema asociado, y es que si comprendes que la felicidad de los demás es su responsabilidad, te toca entender que tu propia felicidad es efectivamente cosa tuya también. Y eso significa que la inmensa mayoría de los aspectos que te van mal en la vida podrías solucionarlos, o al menos intentarlo. Y qué queréis que os diga, quejarse es mucho menos cansado que tomar cartas en el asunto, así que darse cuenta de esto no hace ninguna gracia.

Y bueno, os cuento todo esto porque es lo único útil que se puede sacar en claro de Beautiful Boy (ID, Felix Van Groeningen, 2018), que cuenta la historia real de como David Sheff (Steve Carell) lidia como puede con el hecho de que su hijo Nic (Timothée Chalamet) se meta todas las drogas del mercado.

Beautiful Boy - Cartel

La peli parece un anuncio largo sobre lo malo que es fumarse hasta la pajita del frappuccino, así que no está mal pero si no la veis no os perdéis nada, pero es un buen recordatorio de todo lo que cuento arriba.

Así que no sé. Ayudad a todo el que podáis, pero no os martiricéis por los fracasos ajenos porque, como digo al principio, no se puede ayudar a quien no quiere que le ayuden.

Y no os droguéis.


p.d. Podéis ver en la rueda de prensa al director y a Chalamet, con su megafalsa imagen de adorable chico tímido (que igual es así de verdad, pero no sé, a mí me ha resultado más falso aquello que el beso de Judas. Juzgad vosotros).

sábado, septiembre 29, 2018

Estrenos: El reino, First Man y La buena esposa

¡Críticas rápidas de cosas que acaban de salir en cine o que se van a estrenar próximamente en España! Traigo tres:


El Reino (ID, Rodrigo Sorogoyen, 2018) - Estreno 28 de septiembre

Bárbara Lennie (Amaia Marín) y Antonio de la Torre (Manuel López-Vidal) - El Reino

El político Manuel López-Vidal (Antonio de la Torre) tendrá que apañárselas cuando, tras años de excesos pagados por los ciudadanos, de pronto ve cómo su nombre se convierte en el centro de una operación anticorrupción.

Es interesante porque apenas cuenta nada pero lo entiendes todo ("nos van a trincar en algo", dice uno de los compañeros de partido); Antonio de la Torre está estupendo, como siempre, y el ritmo es animado aunque a veces resulta algo repetitivo y un pelín hueco. En resumen, El Reino es un buen entretenimiento, bien construido alrededor de un personaje que soporta bastante bien el peso entero de la cinta, pero que se ha centrado en una parte de la corrupción que no es especialmente interesante y que a veces se pierde con tanta huida frenética. La recomiendo, pero creo que podría haber sido mucho mejor.

Podéis ver la rueda de prensa aquí.


First Man - El primer hombre (First Man, Damien Chazelle, 2018) - Estreno 11 de octubre

Ryan Gosling (Neil Armstrong) - First Man


Ryan Gosling es Neil Armstrong en este melancólico biopic que nos recuerda una vez más la absoluta falta de glamour de los años mozos de la Nasa y lo sumamente estresante que debe de ser el ser astronauta, con el prota poniendo la misma cara durante el noventa por ciento del metraje y con poco que destacar al margen de lo logrado de la ambientación. Está muy bien, pero no deja de ser otro biopic más.

Por otra parte, Gosling en persona es majo, está bastante empanado y es muy guapo pero ya está. Si le habéis visto en el cine, le habéis visto en persona. Podéis verle a él y a Claire Foy (su esposa en el film) muy confusos todo el rato en esta rueda de prensa.


La buena esposa (The Wife, Björn Runge, 2017) - Estreno 19 de octubre

Glenn Close(Joan Castleman) y Jonathan Pryce (Joe Castleman) - La buena esposa


Joan Castleman (Glenn Close) y su marido Joe (Jonathan Pryce) se ven obligados a lidiar con ciertos asuntos del pasado cuando Joe gana un premio Nobel de literatura.

De esta película me acuerdo de misericordia porque la vi en el Festival de San Sebastián pero del año pasado; sí recuerdo que era entretenida, que la versión joven de Joan (Annie Starke) era un poco dramas y no me resultaba muy creíble y que en general me pareció suficientemente buena como para recomendaros que la veáis. Y Glenn Close es maja así que la rueda de prensa la podéis ver aquí.


Volveré con más críticas. Ahora id a ver la entrega de premios, que la están poniendo por la tele.

lunes, septiembre 24, 2018

Smallfoot: oda a la ciencia pero con Zendaya canturreando en la nieve

El pasado viernes entré a las diez de la noche a ver la que sería mi cuarta película del día. Yo normalmente no hago eso ni loca porque después de tres pelis mi cerebro se apaga y ahí ya no hay nada que hacer, pero es que al día siguiente venía Danny DeVito a una rueda de prensa y yo qué sé, no me voy a presentar ahí y hacerle preguntas cuando no tengo ni idea de lo que acaba de presentar. Así que, aprovechando que dos de mis sufridos amigos la iban a ver también, me metí en el Teatro Principal de San Sebastián a ver Smallfoot (ID, Karey Kirkpatrick, 2018), en la que DeVito pone voz al padre de Migo (Channing Tatum), un yeti que vive felizmente en un pueblecito en el que el jefe (Stonekeeper, con la voz de Common) utiliza un montón de piedras místicas a modo de tablas de la ley para conseguir que sus ciudadanos no se hagan preguntas y digan a todo que sí aunque no tenga mucho sentido. Lo que viene siendo un combo entre una secta y una dictadura, pero que funciona más o menos bien.

Smallfoot - Cartel

Cuando Migo se encuentra por casualidad con un humano (Percy, interpretado por James Corden) y se empeña en defender la verdad a sabiendas de que contradecir el contenido de las piedras le va a meter en un lío (las piedras mágicas ésas afirman muy rotundamente que los humanos, a los que ellos llaman "smallfoot", no existen), nuestro protagonista se ve sometido a un exilio un poco light en el que conocerá a otros yetis que creen en la existencia de los smallfoot.

Channing Tatum (Migo)

El primer ratito me costó, ¿eh? Todo muy básico y muy obvio, con el claro propósito de empujar a los niños a que se cuestionen todo lo que les rodea y no caigan en la trampa de creer que algo es una verdad absoluta solo porque lo digan sus padres o sus profesores o porque sea lo que todo el mundo piensa. Pero yo qué sé, al cabo de un rato entra el personaje de Corden, que es muy divertido, y Zendaya canta guay y la música es chula y el argumento es entretenido y total, que la vi encantada de la vida y os la recomiendo de sobra siempre que sepáis que vais a ver cine de animación ligerito, que no es Pixar pero hace lo que puede.

Además Danny DeVito es un tío muy simpático. Si os apetece ver su rueda de prensa, la podéis ver aquí.