miércoles, septiembre 23, 2020

Gritos en la noche

No quiero que os aburráis de tanta crítica y os vayáis, así que os voy a contar lo de cuando fui a una boda y convencí sin querer a una chica a la que acababa de conocer de que alguien había entrado en casa a matarnos a las dos.

El mes pasado nuestra estimada Naar decidió rendirse ante la evidencia y casarse con su fabuloso novio.

La ceremonia se tenía que haber celebrado en mayo, pero desafortunadamente en mayo estábamos todos ocupados intentando que el planeta dejara de parecer el set de rodaje de una peli de terror, así que se movió todo el asunto a agosto.

Como afortunadamente atrás quedó la era en la que hacías una amiga por internet y al final resultaba ser un señor de cincuenta años con intenciones de encadenarte en el sótano, tras años de amistad basada en leernos mutuamente y en cafés esporádicos en Madrid, Naar me dice que si voy a ir a su boda o qué pasa aquí.

Y a ver, yo soy muy responsable, en serio, y meterse en una boda durante una pandemia mundial entiendo que no es ideal y bla bla, pero de verdad os digo que a estas alturas estoy TAN HARTA del aislamiento y la falta de contacto humano que rechazar la invitación me resulta equivalente a que me tengan que internar en una habitación blandita.

Así que digo que sí.

Como la celebración es en Madrid y yo ahora mismo vivo en Salamanca (me acabo de volver de Londres), evidentemente voy a tener que encontrar un sitio en el que dormir el viernes y el sábado (la boda es el sábado). Por suerte para mí una amiga de Naar, a la que llamaremos Faerie por consistencia con su cuenta de twitter, ha alquilado un piso para tres personas pero las dos chicas que originalmente iban a quedarse con ella han tenido que cancelar. Así que, suponiendo que Naar no invitaría a su boda a una psicópata, digo corriendo que sí, que yo me quedo en esa casa también.

Estas cosas son una quiniela, ¿vale? Faerie puede convertirse en una amiga instantánea o ser una muchacha insoportable con la que no puedo estar más de tres minutos seguidos, pero HEMOS VENIDO A JUGAR así que después de hablar un par de veces con ella por mensajes me voy a Madrid confiando en que esta chica no me mate mientras duermo.

Tras un montón de gestiones bastante accidentadas con las que a Faerie le toca lidiar, nos cambian de piso por una "avería" en la dirección original y acabamos en un piso bastante cuqui pero minúsculo, en el que ni siquiera hay tres camas de verdad, sino que hay una cama normal, un sofá-cama y una cama supletoria (necesitamos tres camas; otro amigo de la novia se nos va a unir el sábado y dormir con desconocidos en medio de una pandemia parece una idea mejorable), así que, tras irnos a un súper a comprar una cantidad desproporcionada de chocolate, lo primero que hacemos es decidir cuál es la peor cama de las tres para, obviamente, endosársela al pobre incauto que llega mañana.

Tras mucha deliberación, Faerie prefiere la cama supletoria por no sé qué del tipo de colchón, y yo me quedo con la única cama de verdad que tiene el piso, y así podemos compartir habitación y utilizar el sofá-cama como sofá-sofá hasta que llegue el tercer inquilino.

Afortunadamente Faerie está como una cabra pero del tipo divertido y no del tipo no-me-quedaría-sola-con-ella-en-una-habitación-con-cuchillos, nos llevamos estupendamente y la tarde transcurre en un ambiente de lo más entretenido.

Pero a medianoche, ya planteándonos irnos a dormir, nos damos cuenta de que una vecina está dando unas voces espantosas desde el patio.

Nos asomamos por la ventana y vemos a la vecina, borracha como una peonza, cenando con varios amigos suyos que apenas hablan porque no hay forma de conseguir que se calle. Ella habla y habla y ellos asienten.

Faerie y yo discutimos un rato sobre las posibilidades reales de que consigamos dormir con una señora chillando debajo de nuestra ventana y procedemos a:


1. Asomarnos a la ventana a decirle muy amablemente a la señora que por favor cierre el pico para que podamos dormir

2. Ser absolutamente ignoradas por la señora

3. Llamar a la policía

4. Ser absolutamente ignoradas por la policía

5. Rendirnos

6. Llamar por teléfono a Naar en una suerte de despedida de soltera virtual para que nos entretenga, porque decidimos que si nosotras no podemos dormir su responsabilidad como anfitriona es no dormir tampoco


Después de estar en una videollamada un montón de rato, hacia las dos de la madrugada nos damos cuenta de que la señora que chilla ya no chilla.


¿Se ha ido a dormir?


¡¿Podemos irnos a la cama?!


Al fin visualizando la posibilidad de dormir lo suficiente como para no quedarnos fritas en un rincón del restaurante al día siguiente, nos vamos a la cama.


Faerie - Oye por cierto, yo me desvelo en seguida, igual te mueves un poco y me despierto, así que si ves que me he levantado tú no te agobies.


Oh intentaré no hacer ruido entonces.


Nos vamos a dormir.

Y ahora os tengo que explicar una cosa.


De unos cuantos años para acá me pasa una cosa a veces cuando duermo. En algún momento del sueño intento hablar y no puedo. Entonces me pongo nerviosa (en el sueño) e intento hablar con más fuerza. Como sigo sin poder, lo intento más fuerte. Así hasta que al fin lo consigo, cosa que sucede porque estoy hablando de verdad. O sea ya no en el sueño, sino en el mundo de los vivos, estoy diciendo algo. Si lo intento y lo intento y no puedo, el esfuerzo va siendo cada vez mayor hasta que para que cuando lo consigo estoy ya gritando. Esto me suele pasar cuando tengo una pesadilla.


A que no os imagináis qué pasa a continuación.


No sé qué estoy soñando porque la idea se va de mi cabeza en cuanto abro los ojos, pero sé que es una pesadilla súper turbia. Lo estoy pasando fatal. De ahí que intente gritar, no pueda y lo intente más fuerte. Siga sin poder y lo intente más fuerte aún. Total:



5:05 de la mañana



¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH!!!!!!



Incluso medio inconsciente me doy cuenta de que el berrido que acabo de soltar es aterrador, generado por prácticamente el 100% de mi capacidad pulmonar. De lo que no me doy cuenta es de por qué estoy gritando y de que una chica de sueño ligero a la que acabo de conocer está durmiendo a dos metros de mí.

Faerie se despierta en medio de mi alarido y su respuesta es tan inmediata como obvia:





¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH!!!


Y seguimos:


Yo:

¡¡¡AAAAAAAHHHHHH!!!


Faerie:

 ¡¡¡¡AAAAAAAAAAHHHHHHHH!!!!



Las dos:



¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!!!




Me incorporo en la cama todavía gritando y me empiezo a dar cuenta de lo que está pasando, de que no hay peligro real y de que a esta chica le va a dar un ictus por mi culpa.


Yo - IT'S FINE IT'S FINE IT WAS A NIGHTMARE WE'RE FINE


NO ESPERA DÓNDE ESTOY ESE IDIOMA NO ES


Yo - NO PASA NADA ERA UNA PESADILLA LO SIENTO NO PASA NADA


Faerie me mira desde su cama emanando, obviamente, una ola de terror y confusión.


Yo - Uf qué horror madre de dios qué susto LO SIENTO.

Faerie - Nada qué dices, ¿estás bien?


Y nada, tuvimos que estar como quince minutos cogiendo aire antes de poder irnos a dormir otra vez porque NO VEÁIS QUÉ MIEDO. Ahora me acuerdo de las dos gritando por turnos y me parto, pero en el momento lo pasamos fatal.


Por fortuna Faerie es una mujer con clase y no me ha echado en cara este asunto ni una vez. Y también ha creado un hilo colaborativo de gritos en twitter, por si os queréis desahogar.


Y hasta aquí vuestro descanso del 68SSIFF, en breve vuelvo con más críticas.

martes, septiembre 22, 2020

Pelis-sopor del 68SSIFF

Críticas rápidas de dos pelis que acabo de ver, para que si tenéis que verlas os toméis un par de cafés, RedBulls o rayas de cocaína antes de entrar:


Any Crybabies Around? (Nakuko wa ineega, Takuma Sato, 2020)

Any Crybabies Around? - Cartel

Durante la celebración tradicional japonesa Namahage, que consiste en que señores vestidos de monstruos aterrorizan a niños porque aparentemente los japoneses están como una regadera, Tasuku (Taiga Nakano) se pilla una cogorza espantosa y aparece en las noticias borracho y desnudo correteando por las calles de su pueblo. Esto hace que su mujer le abandone y su pueblo poco menos que le exilie, porque de toda la vida se sabe que los japoneses lo del honor se lo toman muy en serio.

La peli es básicamente Tasuku intentando volver a formar parte de la vida de su hija, en un entorno tremendamente deprimente y envuelto en una sordidez totalmente innecesaria. Las conversaciones están llenas de silencios larguísimos y es todo de una lentitud un poco desquiciante.

Solo le concedo que para cuando acaba la película sí entiendes la desesperación de Tasuku por ver a su hija, en un final bien conseguido que hará, en consonancia con el resto del metraje, que quieras tirarte por el puente más cercano.


En la oscuridad - Título en inglés: In the Dusk (Sutemose, Šarūnas Bartas, 2019)

In the Dusk - Cartel

Unte (Marius Povilas Elijas Martynenko) vive en una granja Lituana con su familia, donde intenta sobrevivir mientras ayuda en la lucha contra los soviéticos.

He estado pensando en por qué hay tantísimas películas sobre fascismo y tan pocas sobre comunismo, si en realidad que les cayeras mal a los nazis y que les cayeras mal a los comunistas rusos te garantizaba un futuro aproximadamente igual de chungo, y he llegado a la conclusión de que es porque el fascismo es atroz, mientras que el comunismo soviético es atroz y aburrido

Y Sutemose está aquí para recordárnoslo.

Os diré que hay cosas salvables; los actores hacen un buen trabajo (me dice la directora de casting en la rueda de prensa que en realidad casi nadie era actor sino que más bien fueron recogiendo paisanos por ahí y poniéndolos delante de la cámara) y la atmósfera está bien conseguida, pero en general la peli es lenta, es aburrida y no aporta gran cosa.


Así que ambos títulos si os los saltáis igual sois más felices. A ver si con las próximas tengo más suerte.

domingo, septiembre 20, 2020

Akelarre: las lindezas de la Santa Inquisición

Akelarre (Pablo Agüero, 2020) cuenta el intento por mantenerse con vida de seis amigas que son detenidas por la Santa Inquisición como resultado de haber ido a bailar al bosque y por tanto ser, obviamente, brujas.

Vaya joya era el catolicismo, de verdad.


Akelarre - cartel

He visto gente muy descontenta al salir del cine, pero a mí me parece que Akelarre consigue utilizar la relación entre Ana, líder a la fuerza de su grupo de amigas (Amaia Aberasturi; vino a la rueda de prensa y no veáis qué chica más maja), y el jefe de la cuadrilla inquisidora (Alex Brendemühl) de manera efectiva, además de tener un guión y unas interpretaciones que consiguen generar un montón de tensión. También tiene una estética muy trabajada (hay una escena final que parece un videoclip y está muy bien traída) y es muy entretenida.



Aviso, hay una escena de torturas que creo que es bastante explícita. Digo creo porque en cuanto empezó yo dejé de mirar porque soy una floja, pero el audio dejaba poco lugar a dudas. Lo de tener a señores de cincuenta años sexualizando a muchachas de apenas veinte también es un poco turbio de ver, pero es necesario y en ningún momento se vuelve excesivamente sórdido, así que confío en que ese aspecto no suponga un problema ni para los espectadores más sensibles. Pero yo aviso por si acaso.

En resumen, yo sí la recomiendo. Igual os da un poco de pereza porque está parcialmente rodada en euskera, pero si podéis usar subtítulos para ver Friends en inglés también podéis usar subtítulos para entender cantar a brujas vascas.

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