sábado, febrero 25, 2017

Cómo descongelar tu congelador en setecientos cuarenta sencillos pasos

Vengo con noticias tediosas, de las que conoces, en contra de tu voluntad, cuando te independizas.

Parece ser que las casas no se mantienen solas.

¿Os lo podéis creer? No vale con fregar los platos, cocinar y sacar la basura, también hay que limpiar el horno, aclarar los filtros de la aspiradora y otras cincuenta cosas que cuando vivías con tus padres parecían resolverse por su cuenta.

En algún momento de hace un par de meses, tras encontrar mi comida a medio descongelar varias veces, decidí que era hora de desenchufar mi congelador y dejar que la temperatura ambiente hiciera su trabajo.

Así, tras perseguir a las habitantes de mi piso durante semanas para que despejen su parte del congelador, llegamos a las doce y media de esta mañana.

Venga. Voy a hacerlo. Es desenchufar y fregar de vez en cuando para que no se inunde la casa, tampoco puede ser muy complicado.

Me vienen flashes de cuando los duendes de mantenimiento -mi madre- llevaban a cabo esta misma tarea en la casa de mis padres. Recuerdo periódicos en el suelo. Uhmmmm voy a buscar esto en google, no me esté dejando algún detalle importante y la líe. Así llego a esta página tan eficaz, que me ofrece unas cuantas sugerencias -incluyendo lo del papel de periódico- acerca de cómo conseguir llevar a cabo este proceso sin morir en el intento.

Apago la nevera, y con ella el congelador, y encasqueto papel de periódico en el suelo, donde preveo se va a formar un charco de un momento a otro.

La página dice que saque los cajones, así que yo saco los cajones. Excepto el de arriba del todo, que tiene tal capa de hielo a su alrededor que no hay quien lo mueva.  Saco el cajón del medio y el de abajo, disponiéndome a deshacerme de la comida que, a pesar de llevar advirtiendo un mes de que voy a descongelar hoy, mis compañeras de piso se han olvidado de tirar a la basura.

Pongo uno de los cajones en la mesa y observo su contenido.

Hay cosas que no se pueden describir. Tienes que verlas con tus ojos para hacerte una idea de lo terribles que son. Y efectivamente, ésta es una de ellas. Si habéis cometido el error de seguirme en facebook, os habréis encontrado una imagen de esta repugnancia en vuestro muro. Me disculparía, pero si me seguís sabéis a lo que os exponéis.

Para los demás, os vuelvo a poner aquí la foto.

El repugnante contenido de mi congelador

¿Es eso sangre? Debe de venir de esa hamburguesa que está ahí envuelta en plástico, o más probablemente de meses de carne metida a lo loco entre bolsas de verdura que, obviamente, no se han cerrado nunca, permitiendo así a los guisantes y las zanahorias vagar libremente por nuestro estimado electrodoméstico. El mejunje verde que se ve en los rincones creo que es parte de los batidos hechos con verduras que toma una de mis compañeras.

Sé que esto es  horrible y que probablemente vais a tener pesadillas, así que rápido, mirad esta foto de un bebé burro oliendo flores en un prado:

Un burrito oliendo flores

¿Mejor?

Por supuesto, le mando la foto a Fog, a Albert, a Manzo y a mis padres, incluyendo un montón de referencias a lo cerdas que son mis compañeras. Si yo tengo que sufrir esto, va a sufrir todo el mundo conmigo.

En cualquier caso, me armo de valor y vacío esa atrocidad en el cubo de la basura. Hago lo mismo con el otro cajón, que no tiene mucha mejor pinta, y me llevo ambos cajones al cuarto de baño para ponerlos en remojo.

De vuelta en la cocina me planteo las opciones que he leído en la web de la que he hablado unos párrafos atrás. La más sencilla es dejar que la naturaleza siga su curso y el hielo se derrita solo, pero sabemos todos que no soy popular por mi paciencia, así que decido que lo mejor será utilizar un secador de pelo para acelerar el proceso.

Me voy a mi habitación.

Cojo un secador de pelo que utilizo aproximádamente una vez cada dos meses.

Vuelvo a la cocina.

Conecto el secador en un enchufe que hay al lado de la nevera.

No funciona.

Um.

Activo el interruptor del enchufe -en Inglaterra, todos los enchufes vienen con interruptor-.

No funciona.

Me planteo ir a buscar un alargador y utilizar otro enchufe, pero decido que no merece a pena porque tendría que desenchufar mil cosas y me da pereza. Cambio de planes. Qué más opciones había.

Contenedores con agua caliente. El vapor ayudará a calentar el contenido del congelador y así acabaré con este asunto mucho más deprisa. Y también hay algo sobre espátulas calientes. Enciendo la vitrocerámica, localizo las dos espátulas de metal que hay en mi casa y las pongo cerca del fuego para que se calienten.

Tras posicionar estratégicamente una jarra llena de agua caliente, esgrimo con optimismo una espátula caliente y me pongo a rascar hielo. Debería librarme de esta capa gigante de escarcha en nada de tiempo; tengo metal ardiendo en mi poder, es imposible que esto lleve más de un ratito.

Oye. Que resulta que no.

Que al principio el mencionado metal funciona a las mil maravillas, pero, por incomprensible que parezca, al entrar en contacto con una superficie que está a varios grados bajo cero, pierde su eficacia destructora en menos de diez segundos.

Me viene a la mente, de manera completamente inconexa, que aprobé mi examen de física de selectividad con un cinco raspado.

Utilizo el breve poder del metal caliente alternando espátulas durante un rato. Aún está todo bastante tieso, pero yo creo que no va a haber tanto hielo que quitar. En cuanto se derrita un poco, esto está hecho.



*** DOS HORAS Y MEDIA DESPUÉS ***



Los periódicos ya no absorben más agua y hay un charco en el centro de la cocina, que reduzco como puedo con una mugrienta fregona, saltando con mis botas de lluvia amarillas entre los distintos regueros de agua que se han formado sobre las baldosas. Empecé este asunto en pijama, pero al cabo de un rato me rendí ante la evidencia y fui a ponerme unos vaqueros y calzado impermeable. Tras ver el tamaño de los trozos de hielo que se están desprendiendo de las baldas del congelador me planteo si debería contactar al gobierno de Etiopía para decirles que tengo la solución a sus problemas de sequía o si llamar a James Cameron para recordarle el dineral que ganó con Titanic y que secuelas más absurdas se han visto.

¿Por qué, oh, por qué soy yo la única persona en esta casa que quiere que los electrodomésticos hagan su trabajo? ¿Por qué tengo que ser yo la que se encargue de esta infame tarea? ¿Por qué tienen que ser mis compañeras unas cerdas? Si yo soy buena gente, de verdad. Me merezco una casa decente.

Hace rato que cambié la jarra de agua caliente por platos vacíos en el suelo del congelador, que ahora recogen el agua que gotea como pueden. Es mejor que no poner nada, porque así al menos recojo parte del líquido en lugar de dejar que vaya todo al suelo, pero gran parte se cuela entre los dos platos o entre los platos y las paredes, con lo que acaba escapando más allá incluso de las hojas de periódico, haciendo la mini inundación que se está apoderando de la cocina cada vez más pronunciada.

¡Ojalá tuviera un recipiente que encajara con las medidas exactas del congelador en el que poder recoger el agua!

...

...

...


Ya. No digáis nada.

Me voy al cuarto de baño y recupero el tercer cajón, que devuelvo a su lugar original en el suelo del congelador, y observo felizmente como el agua y los trozos de hielo lo van llenando.

Y poco más. Una vez totalmente descongelado, he limpiado las paredes y las baldas con una esponja, me he deshecho de los periódicos, lo he secado todo y he escrito a mis compañeras para decirles que me he tirado cuatro horas limpiando el congelador y que si lo llenan de mierda las mato.

No ser un completo cerdo es muy duro. Voy a empezar a plantearme vivir en la inmundicia.

sábado, enero 14, 2017

Pasajeros: Pastel espacial

¡Chris Pratt!

Mejor, ¡Chris Pratt en la ducha!

¡Y Jennifer Lawrence!

Mejor, ¡Jennifer Lawrence en bañador!

Sé que estas razones son más que suficientes para ver Pasajeros (Passengers, Morten Tyldum, 2016), pero por si no,

¡¡También hay naves espaciales!!

Pasajeros - Cartel

Entiendo que tras daros tan sólidos argumentos os pueda sorprender mi opinión, pero ahí va:

Pasajeros es mala. Maaaalaaaaa. Mala mala mala.

Os cuento de qué va:

Jim Preston (Chris Pratt) es uno de los pasajeros de la nave Avalon, que transporta a sus afortunados ocupantes a un planeta llamado Colonia Homestead. El viaje dura 120 años, por lo que las más de cinco mil personas que van a bordo de la nave van metidas en cápsulas en la que irán roques hasta que falten cuatro meses para llegar a su destino, momento en el que despertarán para disfrutar del resto del viaje en lo que viene siendo este crucero espacial. Pues bien, en lo que parece ser algún tipo de problema relacionado con el suministro eléctrico de la nave, Jim tiene la malísima suerte de despertarse por error, encontrándose con que es la única persona consciente en una nave a la que le faltan casi noventa años para llegar a su destino, y lo que es peor, para que el resto de humanos a bordo se despierten.

Jennifer Lawrence (Aurora Lane) y Chris Pratt (Jim Preston)

Con esta interesante premisa y el eslogan de los carteles ("Hay una razón por la cual despertaron"), tenía esperanzas de encontrarme un drama futurista con conspiraciones, acción y romance. Lo que me he encontrado es un drama futurista con romance, romance y más romance. Hay un pelín de acción, pero poca cosa. Y el eslogan ése no es más que una trampa, os lo advierto. Me siento estafada.

Chris Pratt (Jim Preston) y Jennifer Lawrence (Aurora Lane)

Que conste que es entretenida, ¿vale? Jennifer Laurence y Chris Pratt no aburren ni aunque se queden ahí parados mirando al infinito, así que si queréis pasar el rato, pues cumple. Al menos yo no me aburrí, y mis acompañantes también se lo pasaron relativamente bien. Pero es un empalague, en serio.

Jennifer Lawrence (Aurora Lane)

Por otra parte, más vale que vayáis con las neuronas científicas apagadas, porque en Pasajeros no se cumplen las leyes de la física (¿explosiones que hacen ruido en el espacio? ¿a estas alturas?), ni las de la robótica, ni las del sentido común en general. Concretamente las lagunas en la lógica del personaje de Chris Pratt se hacen bastante molestas


SPOILER SPOILER SPOILER (selecciona el texto para verlo mejor)

                               Si estás atrapado solo en una nave espacial y sabes despertar a la gente que va                                      frita a bordo, despierta a todos los ingenieros, médicos y cualquiera que te pueda                                  ayudar a volver a la hibernación, y más cuando ves que el sistema energético del                                  cacharro en el que vas está fallando estrepitosamente y ahí va a palmar todo el                                      mundo. Colega.

FIN DEL SPOILER


y llega un punto en el que las fantasmadas son imposibles de ignorar.

Chris Pratt (Jim Preston) y Jennifer Lawrence (Aurora Lane)

En general Pasajeros es un entretenido y edulcorado producto comercial cuyo único reclamo son sus actores protagonistas y lo chulo de la ambientación, donde el escenario, la acción, y hasta los -muy interesantes, he de decir- dilemas morales que plantea son simplemente una excusa para ensalzar la historia de amor entre Jim y Aurora (Lawrence).

La recomiendo si te apetece ver algo blandito y quieres pasar un rato entretenido, pero Pasajeros es sencillamente mala.

Eso sí, vaya piscina tiene la nave ésa. Quién pudiera.

lunes, diciembre 05, 2016

Prioridades


"Ayer, en clase...

Yo: Si pudierais conseguir un libro
que cuenta vuestro propio futuro, ¿lo leeríais?

Alumno: Puffff... si es muy largo, me espero a la película."


Conversación entre Paulaner y uno de sus alumnos



Tal y como está la industria me imagino que la película del futuro del chaval será un remake o una adaptación de un cómic, pero en fin. Puede estar bien.

sábado, noviembre 26, 2016

Autoconocimiento

Post escrito en diciembre de 2015 y publicado cuando ya no corro el riesgo de encontrarme en el trabajo con gente de la que hablo aquí. Releyéndolo estoy viendo que es largo y bastante densito, así que mis disculpas y buena suerte:


Hay un concepto llamado autoconocimiento (self-awareness en inglés, que se traduciría por algo así como "estar al tanto de uno mismo") que creo que la gente no conoce mucho a pesar de que multiplica la felicidad y tranquilidad de espíritu de quien lo practica como en un mil millones por cien.

Normalmente esto me daría igual, pero personas infelices son personas que se comportan como idiotas resentidos a los que tengo que aguantar yo también, y eso ya me da menos igual. Así que vengo a explicaros lo que es este concepto.

El autoconocimiento, según describe este tío al que deberíais leer todos si entendéis algo de inglés, es la habilidad de reflexionar sobre tus propias opiniones, sentimientos y comportamientos y juzgarlos de manera racional.

Esto es difícil de explicar, así que os voy a contar lo que me pasó el otro día, para que lo entendáis.

Una compañera de trabajo va a volver a Francia tras cuatro meses de trabajar aquí en Londres. Como se va, el otro día organizó una mini despedida para poder ver a todos los de la empresa con la que se lleva bien. Pues bien, uno de los compañeros, al que yo no conocía de nada, llevó a su novia. La chica, llamémosla Julia, tiene rasgos profundamente mediterráneos y un claro acento italiano (estamos hablando en inglés, se entiende).

Pasado un rato me encuentro en una conversación con los dos miembros de la pareja, entre otros. Estamos hablando de cosas relacionadas con España, y Julia me quita la razón muy categóricamente acerca de datos que sé más o menos a ciencia cierta. No tiene razón y además me está llevando la contraria con una petulancia muy cargante, sin preguntarme siquiera por qué opino así o de dónde he sacado la información. Pero ése no es el caso; el caso es que en algún momento me doy cuenta de que, tal y como habla, esa chica tiene que ser española o haber vivido mucho tiempo en España.

Yo - Pero espera, ¿tú de dónde eres?
Julia - De Lleida.

¡De Lleida!

Yo - ¡No fastidies! ¡Y yo convencida de que eras italiana!

Julia pone la misma cara que si le hubiera preguntado cuánto cobra su madre por noche.

Julia - ¿¡Italiana!?
Yo - Sí... además es que me ha parecido tan evidente que ni me había planteado otra posibilidad, así que me confunde un montón que seas española.

Esta chica no es lo mío, pero todo esto, obviamente, lo estoy diciendo con toda la inocencia del mundo. El acento italiano mola y no lo veo en absoluto como algo negativo, pero Julia se está enfadando y yo no entiendo nada.

Julia - Me suelen decir que no saben de dónde soy, y eso me parece bien, ¿pero italiana? Me está sentando fatal.

Lo dice en serio. No es que me esté gritando ni nada, pero todo esto me lo está diciendo con una sonrisa de ésas que te salen cuando estás muy indignado y luchando por mantener la compostura. De ésas que vienen en el pack con la ira y el desprecio.

Inmediatamente la chica deja de gustarme por completo; cinco minutos de conversación y ya me desagrada profundamente su presencia, y aunque hay más detalles, la razón principal es el que se haya enfadado tanto por algo tan ridículo como que le haya dicho que tiene acento italiano.

En el momento esto es lo que pienso y nada más. Intento -sin éxito- no tener que hablar más con ella, pero no le doy muchas más vueltas.

No es hasta el día siguiente, hablando con Kest de la situación, cuando me planteo el significado de esa escena.

Kest - ¡Así que fuiste tú la que se lo dijo!
Yo - ¿Tan mal le sentó que te lo fue a contar? -Kest sonríe, divertidísimo por la situación- Qué tontería, de verdad. Cómo me enerva la gente que se ofende por bobadas así.
Kest - ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Cómo que por qué?

Yo - Pues... porque esta chica está acostumbrada a que todo el mundo alabe su maravilloso acento y el día que alguien le recuerda que no cuela como nativa, se enfada. Y esa gente me pone de los nervios.
Kest - Ya, ¿pero por qué? Si yo me hubiera visto en tu situación, me habría dado igual, no me enfadaría ni me parecería tan tonta.

Ummmm interesante. Me pongo a pensar en por qué me sienta esto tan mal, porque lo que está diciendo Kest tiene su lógica. Llego a varias conclusiones.

1. La gente engreída me pone mala. Ya sé que eso es algo que no le gusta a nadie, pero tal vez a mí me pongan especialmente de mala leche. Esta chica es una persona con un acento considerablemente más pulido que el del español medio, que escuchará encantada los halagos a su nivel de inglés cada vez que alguien le oye decir algo en el idioma, y que, por supuesto, se enfada cuando no le recuerdas lo estupenda que es.

Aquí es importante destacar la intención. Yo no pretendía decirle que no parecía nativa, simplemente expresé en voz alta algo que me parecía evidente y en absoluto negativo. En ningún momento he pretendido hacer sentir mal a esta chica.


2. Yo he estado en la misma situación que Julia y no me he enfadado. Todo esto me cabrea espectacularmente porque yo lo he sufrido y no he reaccionado como una niña de seis años. Y si yo puedo hacerlo, los demás también. Me explico:

Hubo una época en la que yo tenía un marcado y pretencioso acento británico. No lo hacía adrede, ni siquiera me gustaba; sería culpa de Juego de tronos, o vete a saber. El caso es que, allá por cuando estuve en Nueva York unas semanas, hablar en inglés me resultaba prácticamente igual de natural que hablar español y además tenía un acento que daba bien el pego. Durante varios años los británicos me decían que tenía acento estadounidense y los estadounidenses, que tenía acento británico. Mi aceptablemente digna pronunciación hace que la gente se olvide de la infinidad de errores garrafales que cometo al hablar, de que no sé escribir tres párrafos seguidos sin poner una falta de ortografía y de que si mi interlocutor no tiene el acento más estándar del mundo es probable que no le entienda ni una palabra. Todo eso da igual; la gente oye un acento decente y todo lo demás no importa, asumen que eres súper-ultra-bilingüe y que puedes escribir cartas en inglés antiguo y recitar a Shakespeare.

De ahí que, a pesar de mis muchas lagunas con el idioma, lleve años escuchando cuán maravillosamente pulcro es mi acento cuando hablo en inglés.

Pues bien, paradójicamente, desde que vivo en Londres mi nivel en general y mi acento en particular han caído en picado.

En mi día a día apenas hablo con británicos; todo el mundo es italiano, español, griego, indio. De donde sea, menos de Inglaterra. Hay algún canadiense, algún irlandés, pero son una minoría. Así que mi acento es un popurrí nada agradable al oído.

En los últimos meses la gente me ha dicho que sueno francesa -dos veces-, estadounidense, ucraniana (!!) y de otros tropecientos sitios que no recuerdo. Esto, claro, las veces que no se dan cuenta de que soy española.

El tema es que cuando me dijeron que tenía acento ucraniano no pensé "menudo imbécil, me dice que tengo acento ucraniano en vez de detectar mis matices de Oxford, qué patán". Lo que pensé fue "yo creo que no sueno ucraniana en absoluto, pero este tío es inglés así que algo sabrá. Igual debería trabajar en ello porque no creo que el acento ucraniano suene muy bien. Aunque si voy a sonar como esos rusos mafiosos de las pelis a lo mejor tiene su encanto". Y esto me lleva al siguiente punto:


3. A lo mejor sí que es ofensivo decirle a alguien que tiene un acento u otro.

Decirle a alguien que tiene un acento no nativo es, aunque se haga sin ninguna maldad, decirle que su idioma no está al 100%. Parece ridículo que esto sea ofensivo, porque es algo evidente y no es malo; la mayor parte de la gente nunca alcanza ese 100%. Pero no todas las cosas evidentes son fáciles de digerir. Yo no quiero que alguien venga y me diga "eh, oye, no estás tan buena como Scarlet Johansson". O "¿sabes? No eres tan inteligente como Einstein y todo indica que no vas a serlo nunca". Aunque estas afirmaciones estuvieran en un contexto válido, no querría escucharlas. No es que sea exactamente lo mismo, pero me entendéis.


4. Por último, el punto más importante. El enfado de Julia, incomprensible para mí en el momento, me ha puesto en una situación incómoda, en la que he tenido que plantearme si he dicho algo ofensivo. Esto no sólo me provoca un problema de conciencia durante el rato que tardo en decidir si he hecho algo reprochable o no, sino que ha hecho que me cuestione mis habilidades sociales, ya que he disgustado a alguien sin que fuera mi intención y sin saber siquiera cómo lo he hecho.

Esta situación ha dejado al descubierto lo poco hábil que puedo llegar a ser con la gente cuando no presto atención. En los cinco minutos de conversación que había tenido con Julia, ella dio un dato, yo lo rebatí con toda la amabilidad del mundo y ella me llevó la contraria otras tres o cuatro veces, sin dar información válida cuando le preguntaba y sin intentar siquiera entender por qué yo estaba argumentando algo que no cuadraba con su idea. Simplemente decía que su aportación era la correcta, sin tener ninguna intención de escuchar a nadie que no le diera la razón.

Basándome en esto, la sensación que me da Julia es la de ser una persona con delirios de grandeza, que disfruta dando verdades absolutas que dejen clara su superioridad en el tema que se esté tratando. Este comportamiento suele significar que la persona es narcisista e infantil. Esa información no es algo que esté deduciendo ahora, sino algo que ya sabía tras esos cinco minutos de conversación, y por tanto algo que podía haber utilizado para medir la situación.

Cuando una persona es narcisista en infantil, cuestionar la opinión que tiene de sí misma suele salir mal. Y dar cosas por sentadas y decirlas en voz alta fácilmente va a dar lugar a ese cuestionamiento que tanto queremos evitar.

No me entendáis mal, la opinión de esta chica me da igual; pero en esta situación no me interesaba crear conflictos porque mi contacto con Julia iba a ser mínimo y probablemente sólo coincida con ella una vez cada no sé cuántos meses. Con esa coyuntura lo más inteligente es tolerar alguna tontería, evitar a la persona en la medida de lo posible y no armar escándalos.

No suelo contar por ahí estos razonamientos porque suelen decirme, con una condescendencia infinita, que le doy muchas vueltas a las cosas. Esto también quiero aclararlo.

Si te ves en una situación desagradable y después te pasas días mortificándote al respecto -que inútil soy, ahora la persona estará enfadada, va a ser incómodo cuando volvamos a vernos, qué inútil soy otra vez- y sin llegar a ninguna conclusión, entonces le estás dando demasiadas vueltas a esa situación.

Yo no hago eso -o no mucho-. Yo analizo el origen de la mencionada situación desagradable para aprender de la gente y de su comportamiento y así mejorar mi capacidad para tratar con las personas.

En resumen, darle vueltas a las cosas saca problemas de donde no los hay. Analizar las cosas detecta problemas que sí existen.

Seguro que aún así muchos estáis pensando "esa tía es imbécil, déjala que se enfade por la chorrada del acento italiano y que se fastidie", y no es que os falte razón; el problema es que estas incomodidades suelen derivar en otras tensiones mayores y que afectan a más gente.

He vuelto a ver a Julia en una fiesta; me ha ignorado absolutamente, respondiendo lacónicamente las pocas veces que yo le hablaba y no dirigiéndome la palabra a pesar de estar a mi lado. A mí esto no me llega al alma pero tampoco me resulta agradable. Además, su novio tampoco me habla, si he catalogado bien a Julia, porque sabe que si habla conmigo luego tiene bronca en casa. Además varios de mis amigos, que saben que esta chica me odia, están ligeramente estresados porque el mal rollo entre nosotras es bastante tangible.

Total, que estar a malas con Julia no me aporta nada bueno pero sí me aporta un montón de cosas malas. Si hubiera utilizado el cerebro en esa primera conversación con ella, habría omitido mis pensamientos sobre su acento italiano y aceptado la respuesta sobre su nacionalidad disimulando mi sorpresa. Después, sabiendo ya que esa muchacha es tonta, habría evitado hablar con ella en la medida de lo posible, y ahora podríamos vernos en fiestas, fingir que no nos llevamos mal y ahorrarle lo violento del percal a todo el mundo. Y así yo estaría más relajada en la celebración de turno.


Pues bien, toda esta historia que he contado es autoconocimiento. Te puede parecer tediosísimo pensar en los orígenes de cada cosa desagradable que te pasa, cuando precisamente lo que te apetece es enterrarlo muy profundo y no volver a pensar en ello, pero sin ejercicios de autoconocimiento estás condenado a meter la pata en las mismas tonterías una y otra vez. Yo podía haberme quedado en el "qué tía más tonta, paso de ella", y entonces no habría aprendido nada de esa situación de mierda. Pero lo analicé y ahora sé varias cosas que antes no sabía:

1. Dar cosas por sentadas acerca de personas a las que acabas de conocer puede no ser una gran idea. Es imposible no asumir ciertas cosas cuando nos presentan a alguien, pero hay que recordar que esas ideas ni tienen por qué ser ciertas ni deben ser expresadas en voz alta. Nos entendemos, tú puedes pensar y decir lo que te dé la gana, pero es posible que en este caso eso te lleve a una situación poco agradable. Si te da igual ya es asunto tuyo.


2. Si hablas con alguien en un idioma que no es el suyo, es posible que decirles que tienen un acento no nativo no les haga gracia. Si vas a decirlo, que sea porque sabes que la persona es abierta y relajada y no se lo va a tomar como una crítica. O si es una persona como Julia, díselo para molestar y mándale un beso de mi parte.


3. Exijo que la gente sea coherente en todas las situaciones en las que yo soy coherente. Quiero decir, si yo veo una cucaracha corriendo por mi pared y a pesar de estar muriéndome por dentro de la aprensión no me pongo a chillar como una loca, entonces no tolero que tú te pongas a chillar como un tarado cuando ves una rata, porque yo he sentido esa misma aprensión que tú y he sabido comportarme. Hace tiempo que sé que pienso así, pero es ahora cuando me planteo que tal vez no tenga razón al respecto. La gente es diferente y reacciona de maneras distintas a unas cosas u otras. Esto no quiere decir que no vaya a juzgar muy fuerte a la gente que se pone tonta por lo que a mí me parecen bobadas, sólo digo que tal vez deba plantearme aflojar un poco lo que espero de la gente.

Eso sí, esta situación no tiene perdón, porque, como he dicho antes, he visto a Julia otra vez y no me habla. Perdonaría de sobra el enfado si hubiera sido un pronto mal llevado, pero si no me habla es porque realmente está ofendida y no me puede ni ver. Queda claro que esta tía es imbécil.


4. Hay una diferencia entre ser un engreído y no estar dispuesto a escuchar cosas negativas de manera gratuita. A lo mejor Julia lleva tres años intentando obtener un acento británico y he venido yo a decirle que no está ni medio cerca. Y eso cabrea un montón.


Lo curioso es que probablemente ni sea cierto que esta chica tiene acento italiano; igual era sólo esa noche, o yo escuché lo que no era porque estábamos en un pub con música, vete a saber. Pero una persona así va a encontrar una excusa para ofenderse, así que el que tenga o no acento al final es lo de menos.

Total, que mi mensaje del día es que pensar en las cosas está bien. Y que si le vais a dar vueltas a algo, será mejor que saquéis alguna conclusión al respecto. Yo he alcanzado un relativo nivel de tranquilidad cuando lidio con la gente gracias a esto, así que os lo recomiendo.

domingo, noviembre 20, 2016

American Pastoral: a McGregor casi mejor le dejamos actuando

Ahora Ewan McGregor dirige cosas.

Supongo que llega un punto en que los actores se cansan de ser tan ricos y guapos y de recibir premios por todo y quieren probar cosas nuevas. Tiene sentido, la verdad.

El caso es que el hombre éste ha decidido rodar American Pastoral (ID, 2016), que se presentó en la Sección Oficial del último SSIFF y que cuenta cómo la estabilidad de una familia relativamente ideal se va a pique cuando la insoportable adolescente de la casa se radicaliza políticamente y empieza a comportarse como una tarada.

El argumento está bien, a que sí. Y el póster, el póster mola millones, mirad:

American Pastoral - Cartel

Y sale Ewan McGregor haciendo de padre (Swede Levov), Jennifer Connelly de madre (Dawn Levov) y Dakota Fanning de hija chunga radical (Merry Levov); esto tiene que estar bien a la fuerza.

Pero no. Para nada. De verdad.

La niña que hace de Merry de joven (Ocean James) es repelente a tope y tiene un tartamudeo absurdo que no resulta nada creíble. El comportamiento de Merry a lo largo de la película no tiene sentido ninguno -o yo no se lo veo-, y algún otro personaje que sale también es ridículamente inconsistente. La mitad de las cosas que hacen ni tienen lógica ni se explican en ningún momento, así que al final te encuentras viendo que lo que empezó como un argumento decente y bien construido acaba siendo ver a un par de adolescentes pseudo revolucionarios que se quejan por todo mientras hacen cosas que no parecen tener ninguna coherencia. Que los adolescentes son así en la vida real, ya lo sé, pero en una peli esto resulta una pérdida de tiempo bastante tediosa.

Ewan McGregor (Swede Levov) y Dakota Fanning (Merry Levov)

Lo único que le puedo conceder es que hace pensar acerca de cómo cada familia tiene sus dramas y sobre cómo las personas se vuelven medio locas cuando lo están pasando mal, pero estos detalles no son ni de lejos suficiente para que merezca la pena emplear energía en ver esta historia.

Ewan McGregor (Swede Levov) y Jennifer Connolly (Dawn Levov)

Con la tranquilidad que me proporciona el saber que este blog lo leéis tres gatos (os quiero) y que el propio McGregor dijo en la rueda de prensa que él no lee las críticas ni cuando actúa, ni tampoco ahora que dirige porque cuando son malas lo pasa fatal, os puedo decir que esta peli no hay por dónde cogerla y que no paguéis por ver el jaleo inconsistente que es American Pastoral. No la recomiendo para nada.

Eso sí, Ewan McGregor y Jennifer Connelly en persona son guapísimos. Algo es algo.