domingo, marzo 03, 2019

Vacas y abstracción - VÍDEO

¡He hecho un vídeo explicando lo que es la abstracción! La abstracción es algo utilizado en desarrollo de software para no volverse majareta a la hora de resolver un problema, pero también es muy útil para no-informáticos, así que le podéis echar un vistazo aquí:


¡Saluditos!

domingo, febrero 17, 2019

Descubre con Green Book si eres un humano decente o un despojo de la sociedad

El otro día vi Green Book (ID, Peter Farrelli, 2018). Es muy bonita y las interpretaciones están guays, así que deberíais verla todos. Pero hoy vengo a hablar en particular de lo nítidamente que se las ha apañado el director para representar con su porrón de personajes casi todos los roles que se pueden adoptar ante una situación injusta.

Green Book - Cartel


La injusticia retratada en Green Book es el racismo. El de verdad, el que había en EEUU hace sesenta años, no el de ahora en el que retiran jerseys del mercado porque son de color negro y por tanto hay gente que se enfada.

En esta peli Vigo Mortensen es Tony, un italo-americano de buen corazón aunque más bruto que un arado que no para de comer y que cree que los negros son poco menos que tóxicos, pero que por una cuestión de necesidad acaba trabajando para Dr. Don Shirley (Mahershala Ali), un pianista clásico de raza negra que es considerado una eminencia y que si es un poco más guapo y elegante el hombre se muere.

Para mí casi hasta saber quién es el director de una peli es un spoiler, así que obviamente si aún no habéis visto Green Book os recomiendo que vayáis primero al cine y luego ya sigáis leyendo. Si no os apetece, sabed que en este caso es difícil hacer spoilers porque si os soy sincera apenas hay argumento, pero sí voy a dar mucha información de quién aparece y por qué y eso puede empeorar la experiencia cuando veáis la película.

Pues bien, de entre la infinidad de personajes principales y secundarios disponibles veamos, cual test de la SuperPop, con cuál de los doce siguientes te identificas más y a cuántos eres capaz de reconocer en la oficina o en una cena con tus amigos del colegio:


1. Tony

Tony es un racista de mucho cuidado, pero lo es por inercia. Casi todo lo que tiene alrededor le da a entender que los negros son inferiores a los blancos, así que él se lo cree sin cuestionarse gran cosa. Esto, sin embargo, no le supone un impedimento a la hora de trabajar para alguien negro. Esto es porque Tony es más práctico que racista. Luego ya con el tiempo va viendo que en realidad los negros pues son de otro color pero no va más allá la cosa.

En el grupo Tony está toda esa gente que se comporta como una payasa de tomo y lomo más porque nadie se ha parado a explicarles las cosas y porque igual tampoco son muy listos que porque sean malas personas. De estos hay por todas partes.


2. Shirley

Dr. Don Shirley es un genio que ha nacido en una mala época para ser negro. Sabe que es una víctima y está amargado de la vida pero también se mete en la América profunda de los 60 cuando no tiene por qué, a sabiendas de lo peligroso que puede ponerse el asunto. Esto lo hace porque está cabreado y porque sabe que su poder, aunque pequeñito, le puede permitir mejorar un poco las cosas.

En el grupo Shirley está esa chica que nació en una familia con padres inteligentes pero dentro de un pueblecito rancio en algún país en el que la igualdad de género se estila regular, que dudaba entre ser pastelera o mecánica y decidió ser mecánica solo para que las otras niñas vieran que esas cosas se pueden hacer. También está el señor que les habla del novio de su hijo a sus colegas homófobos en cuanto puede para ver si así se van acostumbrando a los nuevos tiempos. Y los hombres que cuando ven a una chica sufriendo un acoso y derribo por parte de algún cenutrio más fuerte que ellas se meten a la gresca para intentar ayudar, arriesgándose a que les partan la cara. En este grupo están todos esos bellos seres que no tienen por qué plantar cara ni contribuir a mejorar el sistema pero deciden hacerlo igualmente a pesar de que inevitablemente va a haber consecuencias incómodas para ellos. No son directamente la víctima pero tampoco suelen estar totalmente libres de la injusticia de turno, así que aprovechan su privilegio relativo para actuar. Ni que decir tiene que éstos son una maravilla y que sin ellos estaríamos perdidos.


3. Dolores

La esposa de Tony es un amor de mujer que trata bien a todo el que se le pone por delante. Es la única en toda la película a la que genuínamente se la trae al fresco que la persona con la que está hablando sea blanca, negra o de color magenta.

En el grupo Dolores está toda esa gente que sabe de sobra que hay un problema pero se niega a entrar al trapo y escoge actuar con sentido común y sin dramas al margen de lo que esté bien o mal visto. Éstos son una joya y en función de la situación pueden ser hasta más útiles que los del grupo Shirley, porque no hay manera de cabrearles. Si dices una barbaridad o actúas como un desgraciado lo más probable es que no empleen tiempo ni en responderte, y en general si no te comportas con dos dedos de frente es fácil que se limiten a ignorarte.


4. El policía cenutrio

Este señor es una de esas personas débiles y mediocres que aprovechan cualquier situación en la que puedan utilizar su superioridad para amedrentar a los demás. En la peli a Toni lo detienen porque se pone agresivo (aunque se pone agresivo con razón), y a Shirley lo encierran porque como está allí y es negro pues yo qué sé, tú mételo en el calabozo y ya se nos ocurrirá algo. Este señor está en la comisaría vigilando la celda y se pone gallito a la menor, pero en seguida se achanta cuando alguien más poderoso que él entra en escena.

El grupo policía cenutrio incluye a todos esos personajes que no valen absolutamente para nada y necesitan ser crueles a la mínima oportunidad para sentir que no son un absoluto desperdicio de espacio. Éstos son malos más porque son infelices que porque sean unos psicópatas. La inmensa mayoría de las personas que dan la sensación de ser puramente malvadas pertenecen en realidad a este grupo. Gente mala de verdad hay muy poca. En el conjunto global, de éstos no hay muchos -menos mal- pero si te cruzas con alguno más vale que le salpiques con agua bendita y salgas corriendo, porque rara vez quieren aprender, les incomoda la inteligencia y la bondad de otros e intentarán llevarte al fango con ellos por todos los medios. Huir es lo más saludable.


5. El poli flojito

En el arresto mencionado hay otro agente más joven, que no se atreve a decir gran cosa porque sabe que todos sus compañeros de trabajo combinados tienen como seis neuronas y la cosa le puede salir cara, pero que ve claro que ese maltrato no tiene mucho sentido y está incómodo con la situación. Hace un intento de comportarse amablemente con Shirley pero otro poli imbécil que está con él le corta el rollo. Ya en comisaría y una vez ha visto hasta qué punto está fatal el percal, dice con la boca chica que el señor éste también tiene derechos aunque sea de colorines. Lo dice así como a medio gas, pero eso consigue que Shirley haga una llamada de teléfono que sacará a nuestros dos protagonistas del lío.

En el grupo poli flojito están las personas que tienen sentido común y no tienen ninguna maldad, pero a las que les da mucho miedo o mucha pereza entrar en enfrentamientos. Éstos son bastante neutros hacia el lado positivo; nunca contribuyen a crear malos rollos, cosa que es muy útil porque  evita el perpetuar comportamientos de mierda, y cuando la cosa es muy flagrante a veces hasta intentan ayudar. Muy útiles en esos contextos en los que todo es un desastre pero todo el mundo está tan acostumbrado al caos reinante que los comportamientos nocivos pasan desapercibidos y solo empeoran. A veces solo hace falta que alguien diga en bajito "oye, que no hace falta ponerse así" para que la cosa mejore.


6. Los negros trabajando en el campo

En algún momento de la peli Tony y Shirley se quedan tirados en medio de la carretera, situación que les deja a la vista de un montón de trabajadores del campo que les observan con una cara de cabreo bastante espectacular. Lo que ellos, explotados miserablemente, ven es a un negro con pinta de rico que tiene un chófer blanco, y lo que entiendo yo de esa escena es que los trabajadores (no son esclavos porque a esas alturas la esclavitud se había abolido ya, pero la esencia va por ahí) ven a Shirley como una persona que debería ser de los suyos pero que ha elegido pasarse al otro bando porque es un sucio traidor que ha olvidado sus raíces.

En el grupo negros trabajando en el campo se incluye a todas esas víctimas que odian su condición pero tienen más interés en quejarse que en encontrar soluciones. Es difícil juzgarles porque suficiente tienen con lo suyo, pero el caso es que no ayudan en absoluto a mejorar la situación y cuando se encuentran con alguien que pertenece a su misma comunidad de víctimas pero que ha conseguido salir adelante mejor que ellos, en lugar de verlo como un rayo de esperanza y preguntarse qué pueden hacer para seguir sus pasos, o como mínimo sentir admiración, se enfadan porque no son ellos los que se las han apañado para salir del marrón. En este grupo encontramos a tu prima la que siempre está pelada de pasta y odia a las personas que tienen mucho dinero aunque ese dinero se haya generado de manera totalmente legítima, esté creando miles de puestos de trabajos y quien lo posee sea una bellísima persona. También está ese chico que detesta su trabajo en el que le explotan descaradamente y que odia con toda su alma a ese ex-compañero de equipo que se fue de la empresa y ahora trabaja en algo que sí le gusta porque se pasó cinco años estudiando magisterio como pudo mientras trabajaba.


7. Los blancos que acuden a las actuaciones de Shirley

Shirley está súper cotizado y -virtualmente- la totalidad de su público es blanco. Pero estamos en EEUU en los 60 y los negros se consideran humanos de segunda; ¿cómo es que los blancos creen que un negro es inferior pero luego van a su concierto y aplauden encantados de la vida? Este comportamiento tan antiintuitivo se da porque su interés en lo que Shirley tiene que ofrecer es mayor que su racismo.

Este club es más complicado de definir porque tiene subcategorías en la vida real (en la peli no se ahonda más en esto):

El grupo público blanco hipócrita es el conformado por esas personas que realmente tienen unas normas morales bastante lamentables pero aplicarlas a veces les viene mal. En general comportarse como un ignorante abusivo es poco práctico, a menos que tu sueño sea montar una secta en la que todo el mundo diga que sí a todas tus ideas por ridículas que sean. El racismo en general funciona mal porque si se decide que un colectivo no sirve para hacer esto o lo otro en base a de qué color son sus integrantes eso lo que va a conseguir es que los miembros con talento de dicho colectivo sean ignorados, y el talento da mogollón de pasta. Este grupo es lo peor, porque los individuos que lo conforman son gentuza pero no lo aceptan, buscando excusas absurdas para defender su comportamiento. Aquí tenemos a ese señor que es un magnate millonario en Oriente Medio cuyo segundo nombre es las-mujeres-no-son-suficientemente-inteligentes-como-para-ir-a-la-universidad-excepto-si-son-ingenieras-petrolíferas-que-me-vienen-bien-a-mí.

El grupo público blanco pragmático consiste en todas esas personas que deciden centrarse únicamente en la tarea que tienen delante en ese momento, ignorando cualquier elemento que no tenga algún uso práctico para dicha tarea. En el ejemplo que nos ocupa puede que no les gusten los negros, pero lo que importa en el momento es la música, al margen de quién la toque. Eso les permite ignorar momentáneamente su racismo -si existe. Con éstos a veces ni llegas a saber si tienen el prejuicio de turno o no porque, como menciono, para ellos es irrelevante así que no te lo van a venir a contar- para centrarse en el arte. Estas personas están muy mal vistas por la sociedad pero son extraordinariamente útiles para que la vida diaria siga funcionando sin que vayamos todos por ahí clavando hachas en cráneos ajenos. Aquí encontramos a tu compañero de trabajo homófobo que trata a los gays con amabilidad porque sabe que lo contrario dificultaría el trabajo en equipo, y a todos esos espectadores que eligen un título de la cartelera independientemente de si el director o el actor protagonista son de los que se han pasado metiendo mano a actores y actrices en Hollywood hasta que les han pillado.


8. El maître del restaurante

El jefecillo de uno de los restaurantes en los que la banda tiene que tocar es un señor blanco que le dice a Shirley que ahí no puede cenar. Evidentemente, Shirley le mira en plan "cómo que soy el entretenimiento principal pero no puedo comer aquí, sois todos imbéciles o me estáis vacilando o qué pasa aquí". El maître se comporta como si para él no fuera un problema en absoluto su presencia, pero que como son normas de siempre pues ya sabes, estas cosas hay que cumplirlas.

En el grupo maître encontramos a todos los personajes que se agarran al esto-toda-la-vida-se-ha-hecho-así para continuar teniendo un comportamiento de mierda. La inmensa mayoría de las veces es solo una excusa y están totalmente de acuerdo con esas normas, pero son demasiado cobardes como para reconocerlo y fingen tener que acatar las reglas bajo el pretexto de no querer meterse en líos. Ejemplos de jugadores estrella de este equipo son "no deberías dejar que tu hijo jugara con muñecas porque se van a reír de él en el colegio" y "es que eso en mi religión no se puede hacer".


9. El camarero del restaurante

En la cena del párrafo anterior Shirley ya se cansa de tanta chorrada y le dice al maître que como no le den una mesa él se larga aunque no le paguen, que ya le da todo igual. Cuando ve que no va a llegar a ninguna parte y decide marcharse, un camarero negro muy joven sonríe de oreja a oreja. Este chico es lo opuesto a los trabajadores del campo.

En el grupo camarero del restaurante están todas esas personas que se encuentran en una situación muy mala de la que aún no han encontrado la manera de salir -si es que pueden salir-, pero ver cómo otros sí lo han conseguido no solo no les molesta en absoluto sino que les hace sentir esperanza y orgullo. En función de la fortaleza de la persona en cuestión esto puede que se quede en nada, pero quiero creer que a menudo sí saben utilizar una inspiración de este tipo para tomar cartas en el asunto e intentar mejorar su propia coyuntura. Aquí está el señor que vio lo del que estudió magisterio de tres grupos atrás y como vio que se podía, empezó un ciclo formativo tras veinticinco años en un trabajo que odia y ahora está un poco más cerca de poder vivir de algo que le gusta.


10. El anfitrión que prepara comida especial para Shirley

En una de las actuaciones de Shirley, al acabar, la banda es invitada a cenar. El anfitrión les explica que ha pedido ayuda a su servicio (a los negros de la casa, vaya) para que le ayudaran a elegir qué servir. La elección es pollo frito.


INCISO

Para el que no lo sepa, hay un cliché relacionado con los negros que afirma que a todos les encanta el pollo frito. Y digo yo que a quién no le gusta el pollo frito. Pero qué sabre yo.

FIN DEL INCISO


El grupo anfitrión es el conformado por esas personas a las que la injusticia que se está tratando no es que no les afecte, es que la cabeza ni siquiera les da para entender la magnitud de lo que está sucediendo. Tampoco se molestan en entender bien qué pasa ahí y su posición de privilegio les sitúa tan, tan lejos de la realidad que para ellos el atropello de turno no es más que un problemilla lejano que en realidad no es para tanto. Su empatía es tan superficial como fugaz y ven, desde la más absoluta condescendencia, a las víctimas como personajes de ficción que sufren de una manera dramática y fascinante. Les encanta hacer amago de involucrarse y sentir que ayudan, aunque rara vez hacen nada que realmente mejore la situación y se dan mucha prisa en juzgar a quien, desde su punto de vista, no está concienciado con la tragedia. A veces echan una mano si ello les permite subir luego fotos chulas a Instagram.

Aquí encontramos a tu cuñada la que se pasó un mes dando clases de inglés en Guatemala a niños desfavorecidos hace siete años y no hay persona sobre la faz de la Tierra que no se haya enterado. También tu vecino el que vio quince minutos de un documental sobre granjas la semana pasada y ahora es vegano y te da charlas en el ascensor explicándote por qué ese pollo asado que acabas de comprar te convierte en un asesino. Encontramos también aquí a todas las personas que van a leer este post y se van a ofender porque digo "negros" en vez de "personas de color".


11. Los garrulos del bar

En un momento poco lúcido Shirley se pilla una cogorza fabulosa y acaba atrapado por tres blancos racistas que le dan una paliza y se lo pasan bien mientras lo hacen.

Ésta es fácil. En el grupo garrulos del bar está la gentuza infame y estúpida que disfruta con el mal ajeno. La gente mala de verdad. El profesor que te humillaba en clase por pura diversión. El compañero de trabajo que empezó un rumor para dañar tu reputación aunque no iba a ganar nada con ello. Como comento arriba de éstos hay poquísimos pero ojalá fuera legal tirarlos a todos al río.


12. El dueño del bar con escopeta

En la pelea que os acabo de contar, la cosa se soluciona porque el dueño del local saca una escopeta y amenaza con liarse a tiros con todo el bar. A este señor el racismo y las injusticias le dan igual, pero él no quiere líos.

El grupo dueño del bar con escopeta es el conformado por personas individualistas hasta el extremo, que no tienen la más mínima intención de ayudar a resolver el problema ni tampoco de empeorarlo siempre y cuando a ellos no les afecte; pero como la movida les vaya a meter a ellos en un jaleo lo mismo te demandan que te rompen las costillas con un palo.

Aquí está tu vecina la que llamó a la policía cuando vio que estaban pegando a un chico en la puerta de casa, no porque el chico le importara lo más mínimo sino porque al lado estaba su coche y con el follón igual se lo rallaban o le daban un golpe. Esta gente a veces es útil pero es por pura casualidad, y como personas son bastante indeseables.


Ya está.

Hay más personajes, pero reflejan comportamientos muy similares a los mencionados. Creo que con los que he explicado os hacéis una idea. Estaría bien saber si creéis que me he dejado alguno importante o si os parece que he malinterpretado alguno de los roles. Ya me diréis.

Besitos en especial a los Shirley y a los Dolores. Las civilizaciones decentes avanzan gracias a vosotros.

jueves, enero 31, 2019

Lo de cuando pensé que el vecino estaba muerto

Os voy a contar la historia de cuando pensé que había un cadáver en el piso de abajo.

Agosto pasado, en mi antiguo piso. Mi compañero Nero está en su habitación mientras yo veo una peli en el salón. Mi otra compañera está en Portugal.

Se termina la peli y decido irme a dormir. Apago la tele y el silencio me permite darme cuenta de que se oye un pitido que estaba sonando ya antes de que empezara la película, hace dos horas.



PI PI PI PI



Mmmmm. Ese sonido me resulta familiar.



PI PI PI PI



¿No es ésa la alarma que avisa de que los niveles de monóxido de carbono están un poco por las nubes y que lo mismo te mueres?



PI PI PI PI



Compruebo que no es ninguno de los dos detectores que hay en casa y llamo a la puerta de Nero.

Yo - ¿Oyes eso?

Nero se quita los auriculares.

Nero - ¿Una alarma?
Yo - Sí, pero no sé de dónde viene. Creo que es la del monóxido. Lleva sonando horas y me estoy planteando ya que pueda haber un escape de verdad.

Me mira con su mejor cara de "creo que quieres que haga algo, pero no veo claro qué". Nero es bastante majo. Proactivo ya un poco menos.

Yo - Voy a salir a ver.

Abro la puerta de entrada y el pitido suena más fuerte. Lo sigo y el sonido me lleva a la planta -1. La alarma viene claramente del otro lado de una de las puertas.



PI PI PI PI



Me planteo por un momento qué hacer, porque son más de las doce de la noche y si resulta que estoy equivocada voy a ser para siempre la vecina paranoica que se piensa todo el rato que hay gente inconsciente por ahí.

Subo las escaleras y me meto en casa. Nero viene a ver cómo va el tema.

Yo - Viene del piso que tenemos debajo -abro el portátil y busco "alarma cuatro pitidos"-.

Google me dice bien claro que efectivamente eso es la alarma del monóxido de carbono.

Yo - Pues sí que es. Los vecinos deben de tener un escape.


INCISO

Para el que no lo sepa, el monóxido de carbono es ese gas que no huele a nada, con el que te vas quedando dormido y simplemente ya no te despiertas. Si hay un escape mientras duermes en un sitio sin mucha ventilación y no te avisa una alarma, de ahí no sales.

FIN DEL INCISO


Yo - Voy a bajar con mi alarma, a ver si salta también.


En el año y poco que conviví con Nero nuestras conversaciones fueron básicamente yo diciendo cosas y él asintiendo, así que no os sorprendáis mucho si parece que estoy hablando sola.

Cojo el detector que hay en mi cuarto y bajo las escaleras otra vez. No se activa, pero al otro lado de la puerta el ruidito sigue sonando.


PI PI PI PI


Nero asoma la cabeza por la barandilla desde la planta cero, expectante. Yo me planteo durante tres segundos que igual ser la vecina loca es mejor que ser la vecina que deja que la gente se muera por miedo a la opinión pública.

Yo - Voy a llamar -Nero me indica con una total ausencia de feedback que le parece bien-.

Golpeo la puerta suavemente con los nudillos.


Toc toc toc


Nada.


TOC TOC TOC


Pues no.

Cierro el puño y aporreo la puerta como si estuviéramos en la edad media y el posadero se hubiera quedado con mis caballos.


POM POM POM


Nada.

Cojo mi teléfono y llamo al 112, no sin antes abrir la ranura del correo y gritar "HELLOOOOOOO?? ANYBODY THEEEEEREEEE??".

Sabed que el 112 es el número de emergencias europeo, así que estéis donde estéis en Europa (¿en la UE? ¿Será distinto en Suiza? ¿Y si al final sucede el Brexit qué pasa con Reino Unido?) funciona de maravilla.

112 - ¿Necesita una ambulancia, policía o bomberos?
Yo - No lo sé. La alarma de monóxido de carbono de mi vecino lleva sonando horas y me preocupa que haya alguien inconsciente.
112 - ¿Ha llamado a la puerta?
Yo - Sí. No contestan.
112 - Mmmm ya, bueno, probablemente sea que el detector se está quedando sin pilas y no pase nada.

Bueno, a ver, he dicho "de maravilla" pero me refería a la parte logística. La parte del sentido común de quien coge el teléfono igual va un poco peor.

Yo - Ehm... ¿vale?
112 - No merece la pena mandar a nadie, probablemente no sea nada.

...

Yo - Vale... Gracias.
112 - De nada.

Clic.

Vaya.

Sé que me estaréis juzgando muy fuerte por no insistir, pero en estas situaciones la presión es poderosa, ¿vale? De un edificio con decenas de personas yo soy la única que está preocupada -incluyendo a mi no demasiado heroico compañero de piso-, y en este país hay alarmas por todas partes, así que oír una y que al final no sea nada tampoco es raro. Si insisto para que vengan y luego eran las dichosas pilas, el revuelo y el desdén me los llevo yo.

Subo a casa de nuevo sin saber muy bien qué hacer, pero afortunadamente Nero decide, al fin, colaborar un poco.

Nero - El apartamento está en el sótano, ¿a lo mejor da al patio interior y podemos mirar por la ventana?
Yo - Oye, eso es buena idea. Vamos.

Bajamos de nuevo a la planta -1 y salimos al patio. Hay luz en la ventana del dormitorio, aunque no se ve lo que hay dentro porque las cortinas están corridas. Las ventanas de la cocina están abiertas.

Yo - Esto pinta fatal. Aquí hay gente.

Me planteo por un momento el susto que le voy a pegar a quien esté en la habitación y, tras un breve y dubitativo momento, llamo a la ventana.


TOC TOC TOC


Nada. Uf.



TOC TOC TOC TOC



Miro de nuevo a Nero, que a estas alturas ya está visiblemente agobiado. Y si Nero está agobiado más vale que hagas algo, porque este chico tiene sangre en las venas de misericordia y si exterioriza su angustia es que básicamente ha llegado el fin del mundo.

Nero - Igual deberíamos llamar otra vez por teléfono -"deberíamos llamar" significando "llama tú", pero el caso es que tiene razón-.

Saco el móvil.

112 - ¿Necesita una ambulancia, policía o bomberos?
Yo - Hola, acabo de llamar porque la alarma de monóxido de carbono de mi vecino no para de sonar. Me habéis dicho que en principio no ibais a mandar a nadie, pero es que hay luz en la ventana, estoy llamando y aquí no contesta nadie. Creo de verdad que puede haber alguien inconsciente dentro.
112 - Vale, te mando a los bomberos.
Yo - Gracias.

Le doy nombre, dirección y demás datos y cuelgo.

Yo - Ahora vienen.

A estas alturas ya es la una de la madrugada. Nero y yo nos sentamos en el salón a esperar a que aparezcan los bomberos. Pasa menos de media hora y vemos las luces de la sirena, así que salgo a recibirles y les cuento el percal. Los bomberos bajan las escaleras, llaman a la puerta de mi potencialmente muerto vecino, saludan a gritos a través de la ranura del correo y entonces sacan un ariete. Un ariete. Desafortunadamente tengo que salir al patio a decirle a otro bombero cuáles son las ventanas del piso y me pierdo cómo dos hombres muy grandes derriban una puerta. Para cuando vuelvo aquello ya está abierto de par en par y los señores apagafuegos corretean por la casa a sus anchas. Yo no me quiero asomar mucho porque las posibilidades de que haya un cadáver en el suelo son bastante realistas a estas alturas.

Pero, como habréis deducido por el título de este post, dentro de la casa no hay nadie.

?!

Las luces dadas, las ventanas de la cocina abiertas, y ahí no hay nadie. La gente es muy rara.

Respiro aliviada mientras intento ignorar a la decepcionada fan de C.S.I. que hay en mí y subo a despedirme de los otros bomberos. Me dicen que parece haber algún problema con la caldera, que van a llamar a los del gas para que se encarguen y que durmamos con las ventanas abiertas porque la situación muy segura tampoco es. Me meto en casa.

Y esto que viene ahora es lo que realmente quería yo contar.

Después de hora y media de yo estar corriendo arriba y abajo con Nero por el edificio, salir al patio, aporrear la puerta y las ventanas repetidas veces y hasta llamar a voces a los inquilinos de la casa, y después de que haya llegado un camión lleno de bomberos, de que media docena de ellos estén ocupando el pasillo, las escaleras y de que hayan abierto una puerta a golpes, ahora empiezan a salir los vecinos de sus casas.

Desde dentro de mi piso se oye a uno decir que él llevaba oyendo la alarma desde las nueve de la noche. TRES HORAS Y MEDIA OYENDO UNA ALARMA DE UN GAS LETAL Y NO SE LE OCURRE IR A LLAMAR A LA PUERTA A VER QUÉ PASA AHÍ.

Y yo solo cuento esta historia para deciros que por favor no seáis como mis ex-vecinos. No seáis esa persona que está dispuesta a que el señor del tercero estire la pata e incluso a poner en peligro su propia vida (el gas no es famoso por quedarse tranquilamente encerrado en una habitación) con tal de no salir por la puerta y ver si hay algún problema. Que estas cosas solo las ves por la tele hasta que efectivamente pasan en tu casa y hay tragedia porque eres un pusilánime incapaz de coger un teléfono y llamar a la policía.

De verdad, no cabe en un post todo el desprecio que siento por este tipo de personas; de las cuales, por cierto, está Londres hasta la bandera. Hasta el moño estoy.

Pero bueno, eso, al final no se murió nadie, cosa que siempre está bien, y ya no vivo ni con Nero ni en el mismo edificio, así que confío en que si pasa algo mis posibilidades de supervivencia sean un pelín más altas. Por lo menos aquí tengo portero.

Besitos y reponed las pilas de vuestros detectores.

viernes, enero 25, 2019

Mi desastroso 2018 o cómo me apunté a clases de canto - VÍDEO

2018 ha sido para mí un año deleznable, horrendo, absolutamente deprimente, donde prácticamente todo lo que podía ir mal ha ido mal y en el que ha habido más palos que en doce partidos de golf combinados.

Sorprendentemente, resulta que lo lamentable de dicho año me ha llevado a ver ciertas cosas con perspectiva y a hacer algo que para mí representaba el nivel máximo de terror existente: cantar delante de gente.

Ya sé que no tiene mucho sentido tenerle miedo a cantar, pero cada uno tiene lo suyo, DEJADME.

Bueno, pues eso, que a lo mejor un mal año tiene hasta consecuencias positivas. Si queréis ver la explicación en vídeo, aquí está:




Saluditos y a ver si 2019 viene un poco más tranquilo.

domingo, noviembre 25, 2018

Decálogo para viajar en metro sin ganarse una parcelita en el infierno

Vamos a ver, esto qué es.

Yo no viajo mucho en metro porque voy andando al trabajo, pero las pocas veces que estoy cogiéndolo últimamente me estoy encontrando unos percales que no me parecen normales.

Bajo el ingenuo pero a veces cierto pretexto de que hay menos gentuza de la que parece y muchas más personas empanadas o confusas o tímidas de lo que podría uno pensar inicialmente, hoy traigo una lista de normas de comportamiento para viajar en metro. Yo sufro el de Londres, pero esto es internacional.


REGLA 1: Si estás sano y te encuentras bien, cede tu asiento a la mínima oportunidad. Echa un vistazo a tu alrededor de vez en cuando y mira a ver si a alguien le hace falta. Esto dicho así suena muy fácil, pero no lo es. Analicemos los posibles casos.

1. Personas lesionadas

Éstos son fáciles. A éstos se les cede el asiento siempre. No preguntes; levántate y señala tu sitio para que lo cojan ellos. Escayolas, muletas, bastones, o simplemente gente con una pinta muy obvia de encontrarse mal. Ofréceselo y punto.


2. Mujeres embarazadas

Baby on board! - Chapa del TFL

Éstas son chungas que no veas, porque es muy difícil saber quién está embarazada y quién solo parece que está embarazada. Atiende, esto es importante: es infinitamente mejor no cederle el asiento a una embarazada que darle a entender a una mujer no-embarazada que parece que lo está. Ante la duda, no te levantes. Yo en estos casos solo lo ofrezco si la fémina de turno lleva algún indicador de que viene con crío dentro (en Londres el TFL te da una chapita en la que pone "¡Bebé a bordo!" para que la lleves cuando vas en metro) o si es realmente muy obvio que eso es un bombo y no un exceso de donuts de toda la vida.


3. Adultos con niños

Igual que con los lesionados, a éstos se les da el asiento sin hacerse grandes planteamientos. Tanto los niños como los padres tienen muchas más posibilidades de estar hechos polvo que tú o que cualquier otra persona que va sin chavales. Déjales descansar.


4. Ancianos

Ésta también es una movida. Cuando entra una señora encorvada, con bastón y claras dificultades para caminar, la cosa está clara, pero con un montón de gente que es más de mediana edad que de la tercera, es muy difícil saber cuándo en lugar de ser amable lo que estás haciendo es gritarles que parece que tienen un pie en la tumba. Mi recomendación es la misma que con las embarazadas: ante la duda, no te levantes. El cansancio de un viaje en metro se cura rápido, el trauma de que te recuerden que pareces mayor -o que lo eres- tarda más en desaparecer.


5. Pasajeros con un potencial evidente para estar más incómodos que tú

Esto incluye gente cargada con bolsas de la compra; con tacones; de camino a su clase de contrabajo; que vienen de correr una maratón. Esto no es más que una sugerencia porque aquí no hay una necesidad real y no es tu problema que esa chica de ahí haya decidido ponerse unos tacones de aguja tan finos y tan altos que serían considerados arma blanca en cualquier juicio, así que obviamente tampoco es tu deber como ciudadano el ocuparte de estos casos; pero no sé, tampoco hay necesidad de ser un rancio. Si no te quedan más que dos paradas y no estás cansado tampoco veo por qué no vas a colaborar un poco para que la chica ésa llegue a su fiesta con energía para bailar un rato.

A mí hace poco se me rompieron las gafas y fui medio a tientas con ellas de la mano hasta casa; un chico vio el percal y me cedió su asiento y le vi -aunque borroso- pendiente de mí hasta que llegué a mi estación. Yo no quiero decir nada pero por menos de eso se han organizado bodas.


Nota: Ya no tiene validez ninguna el ser una mujer a la hora de exigir que alguien te ceda un asiento, y hay quien lo encuentra hasta ligeramente ofensivo. A mí me resulta a la par caballeroso y absurdo, así que entiendo las dos vertientes. Quiero decir, si un hombre me cede el asiento cuando es evidente que no formo parte de ninguno de los cinco grupos descritos, en parte voy a pensar "qué detalle" y en parte voy a pensar "¿te das cuenta de que esto no tiene sentido ninguno, que igual estás tú más cansado que yo?". Pero el caso es que ni hay por qué cederle el sitio a una mujer por el hecho de ser una mujer, ni dicha mujer tiene menos responsabilidad que un hombre a la hora de ofrecer su sitio en alguno de los casos mencionados. Ya sé que es un concepto poco intuitivo, pero afortunadamente se puede ser un caballero y una mujer a la vez.


REGLA 2: Los espacios para equipajes y carritos de bebé son, no te lo vas a creer, para pasajeros que llevan equipaje o carritos de bebé (o para el tío del contrabajo de la regla 1.5). Ocúpalos si quieres mientras no los necesite nadie, pero si aparece un matrimonio con sus gemelos recién nacidos o una familia japonesa con tres trolleys y seis mochilas, quítate de ahí y déjales el espacio, que es suyo.


REGLA 3 : Que alguien sea joven y/o que sea un hombre no significa automáticamente que tenga que cederle su asiento a nadie (ver nota en la regla 1).

Puede que ese chico de 30 años que aparenta estar sano como un manzano venga de su primera clase de taekwondo o de ballet y esté genuínamente preocupado pensando que tal vez haya perdido la sensibilidad en sus piernas para siempre. Puede que la adolescente súper esbelta que está ocupando un asiento haya dormido tres horas porque el perro de su vecina no le ha dejado pegar ojo. Hay gente a la que le duelen cosas que no se ven, tiene cansancios que no se ven, ha tenido un día de mierda que no se ve. No juzgues a una persona en concreto por no ceder su asiento, porque a saber lo que hay detrás. Con estas cosas yo odio internamente al colectivo (¿nadie en todo el vagón se encuentra bien y puede cederle su asiento al señor de ciento siete años que acaba de entrar? ¿En serio?), pero nunca a una persona específica.


REGLA 4: No te pongas a ver vídeos o a escuchar música sin auriculares. Y que todavía tengamos que estar explicando esto.

Esto lo digo con el metro pero vale para todo. Usa auriculares, no me des la brasa con tu música o con tu conversación de Skype. Ten en cuenta que no eres dueño de donde sea que estés.


REGLA 5: Llévate tu basura contigo, no dejes el vagón lleno de tus cafés y de tus envoltorios de Twix. Aquí ya entra también el que haya papeleras, que en algunas ciudades parece que te tienes que comer tu basura, pero bueno, hablo en la medida de lo posible.


REGLA 6: Tu espacio vital termina donde empieza el asiento de tu vecino; esto no es tu salón. No pongas tu mochila en el asiento de al lado cuando el vagón va hasta las trancas. No te sientes metiendo tus rodillas en los asientos que te rodean. No saques los codos por fuera del reposabrazos. Compórtate como un adulto, hazme el favor.


REGLA 7: Deja que los pasajeros salgan antes de entrar tú y no bloquees las salidas. Y no sujetes las puertas para que tu amigo que va corriendo detrás de ti llegue a tiempo de entrar, que los que van dentro no tienen por qué esperar por ti. Plantéate también que si el próximo metro viene dentro de un minuto y tú no tienes prisa igual es mejor esperar en vez de coger aire y espachurrarte entre la puerta y ese señor que ya está sujeto más por la presión de los que le rodean que por sus piernas.


REGLA 8: Ten cuidado. Lamento comunicártelo, pero un sitio en el que resbalarte puede acabar contigo debajo de un cacharro que pesa un par de cientos de toneladas es lo que oficialmente se conoce como peligroso que lo flipas. En Londres hay gente saltando a las vías constantemente, de vez en cuando a algún tarado le da por empujar pasajeros cuando viene el tren y en estaciones muy concurridas no entiendo cómo no hay más accidentes, porque aquello se pone hasta la bandera y un empujón mínimo puede acabar con un drama bastante feo. Así que mira por dónde vas, no hagas movimientos bruscos, mantente cerca de la pared cuando puedas, esas cosas. Y si ves algo que te da mal rollo, considera si puede ser necesario avisar a un trabajador. Estamos todos de acuerdo en que hay mucha más psicosis de la necesaria, pero sí hay ataques terroristas y sí hay zumbados por ahí, así que si te encuentras una maleta abandonada en un vagón o alguna otra cosa sospechosa, avisa.


REGLA 9: Por último, no te cortes a la hora de darle a entender a alguien que está siendo un impresentable. Dile a la que tiene sus bolsas de la compra ocupando tres asientos que quite una porque te quieres sentar. Empuja los codos de tu vecino de vuelta a su asiento si te está invadiendo. Las personas se comportan como unas indeseables porque se lo permitimos; incomódales un poco por lo menos.


Ya está. Portaos bien y feliz viaje.


p.d. Escribiendo este post he descubierto que un decálogo no necesariamente contiene diez puntos, así que mis nueve normas siguen siendo un decálogo. Qué cosas.