jueves, enero 31, 2019

Lo de cuando pensé que el vecino estaba muerto

Os voy a contar la historia de cuando pensé que había un cadáver en el piso de abajo.

Agosto pasado, en mi antiguo piso. Mi compañero Nero está en su habitación mientras yo veo una peli en el salón. Mi otra compañera está en Portugal.

Se termina la peli y decido irme a dormir. Apago la tele y el silencio me permite darme cuenta de que se oye un pitido que estaba sonando ya antes de que empezara la película, hace dos horas.



PI PI PI PI



Mmmmm. Ese sonido me resulta familiar.



PI PI PI PI



¿No es ésa la alarma que avisa de que los niveles de monóxido de carbono están un poco por las nubes y que lo mismo te mueres?



PI PI PI PI



Compruebo que no es ninguno de los dos detectores que hay en casa y llamo a la puerta de Nero.

Yo - ¿Oyes eso?

Nero se quita los auriculares.

Nero - ¿Una alarma?
Yo - Sí, pero no sé de dónde viene. Creo que es la del monóxido. Lleva sonando horas y me estoy planteando ya que pueda haber un escape de verdad.

Me mira con su mejor cara de "creo que quieres que haga algo, pero no veo claro qué". Nero es bastante majo. Proactivo ya un poco menos.

Yo - Voy a salir a ver.

Abro la puerta de entrada y el pitido suena más fuerte. Lo sigo y el sonido me lleva a la planta -1. La alarma viene claramente del otro lado de una de las puertas.



PI PI PI PI



Me planteo por un momento qué hacer, porque son más de las doce de la noche y si resulta que estoy equivocada voy a ser para siempre la vecina paranoica que se piensa todo el rato que hay gente inconsciente por ahí.

Subo las escaleras y me meto en casa. Nero viene a ver cómo va el tema.

Yo - Viene del piso que tenemos debajo -abro el portátil y busco "alarma cuatro pitidos"-.

Google me dice bien claro que efectivamente eso es la alarma del monóxido de carbono.

Yo - Pues sí que es. Los vecinos deben de tener un escape.


INCISO

Para el que no lo sepa, el monóxido de carbono es ese gas que no huele a nada, con el que te vas quedando dormido y simplemente ya no te despiertas. Si hay un escape mientras duermes en un sitio sin mucha ventilación y no te avisa una alarma, de ahí no sales.

FIN DEL INCISO


Yo - Voy a bajar con mi alarma, a ver si salta también.


En el año y poco que conviví con Nero nuestras conversaciones fueron básicamente yo diciendo cosas y él asintiendo, así que no os sorprendáis mucho si parece que estoy hablando sola.

Cojo el detector que hay en mi cuarto y bajo las escaleras otra vez. No se activa, pero al otro lado de la puerta el ruidito sigue sonando.


PI PI PI PI


Nero asoma la cabeza por la barandilla desde la planta cero, expectante. Yo me planteo durante tres segundos que igual ser la vecina loca es mejor que ser la vecina que deja que la gente se muera por miedo a la opinión pública.

Yo - Voy a llamar -Nero me indica con una total ausencia de feedback que le parece bien-.

Golpeo la puerta suavemente con los nudillos.


Toc toc toc


Nada.


TOC TOC TOC


Pues no.

Cierro el puño y aporreo la puerta como si estuviéramos en la edad media y el posadero se hubiera quedado con mis caballos.


POM POM POM


Nada.

Cojo mi teléfono y llamo al 112, no sin antes abrir la ranura del correo y gritar "HELLOOOOOOO?? ANYBODY THEEEEEREEEE??".

Sabed que el 112 es el número de emergencias europeo, así que estéis donde estéis en Europa (¿en la UE? ¿Será distinto en Suiza? ¿Y si al final sucede el Brexit qué pasa con Reino Unido?) funciona de maravilla.

112 - ¿Necesita una ambulancia, policía o bomberos?
Yo - No lo sé. La alarma de monóxido de carbono de mi vecino lleva sonando horas y me preocupa que haya alguien inconsciente.
112 - ¿Ha llamado a la puerta?
Yo - Sí. No contestan.
112 - Mmmm ya, bueno, probablemente sea que el detector se está quedando sin pilas y no pase nada.

Bueno, a ver, he dicho "de maravilla" pero me refería a la parte logística. La parte del sentido común de quien coge el teléfono igual va un poco peor.

Yo - Ehm... ¿vale?
112 - No merece la pena mandar a nadie, probablemente no sea nada.

...

Yo - Vale... Gracias.
112 - De nada.

Clic.

Vaya.

Sé que me estaréis juzgando muy fuerte por no insistir, pero en estas situaciones la presión es poderosa, ¿vale? De un edificio con decenas de personas yo soy la única que está preocupada -incluyendo a mi no demasiado heroico compañero de piso-, y en este país hay alarmas por todas partes, así que oír una y que al final no sea nada tampoco es raro. Si insisto para que vengan y luego eran las dichosas pilas, el revuelo y el desdén me los llevo yo.

Subo a casa de nuevo sin saber muy bien qué hacer, pero afortunadamente Nero decide, al fin, colaborar un poco.

Nero - El apartamento está en el sótano, ¿a lo mejor da al patio interior y podemos mirar por la ventana?
Yo - Oye, eso es buena idea. Vamos.

Bajamos de nuevo a la planta -1 y salimos al patio. Hay luz en la ventana del dormitorio, aunque no se ve lo que hay dentro porque las cortinas están corridas. Las ventanas de la cocina están abiertas.

Yo - Esto pinta fatal. Aquí hay gente.

Me planteo por un momento el susto que le voy a pegar a quien esté en la habitación y, tras un breve y dubitativo momento, llamo a la ventana.


TOC TOC TOC


Nada. Uf.



TOC TOC TOC TOC



Miro de nuevo a Nero, que a estas alturas ya está visiblemente agobiado. Y si Nero está agobiado más vale que hagas algo, porque este chico tiene sangre en las venas de misericordia y si exterioriza su angustia es que básicamente ha llegado el fin del mundo.

Nero - Igual deberíamos llamar otra vez por teléfono -"deberíamos llamar" significando "llama tú", pero el caso es que tiene razón-.

Saco el móvil.

112 - ¿Necesita una ambulancia, policía o bomberos?
Yo - Hola, acabo de llamar porque la alarma de monóxido de carbono de mi vecino no para de sonar. Me habéis dicho que en principio no ibais a mandar a nadie, pero es que hay luz en la ventana, estoy llamando y aquí no contesta nadie. Creo de verdad que puede haber alguien inconsciente dentro.
112 - Vale, te mando a los bomberos.
Yo - Gracias.

Le doy nombre, dirección y demás datos y cuelgo.

Yo - Ahora vienen.

A estas alturas ya es la una de la madrugada. Nero y yo nos sentamos en el salón a esperar a que aparezcan los bomberos. Pasa menos de media hora y vemos las luces de la sirena, así que salgo a recibirles y les cuento el percal. Los bomberos bajan las escaleras, llaman a la puerta de mi potencialmente muerto vecino, saludan a gritos a través de la ranura del correo y entonces sacan un ariete. Un ariete. Desafortunadamente tengo que salir al patio a decirle a otro bombero cuáles son las ventanas del piso y me pierdo cómo dos hombres muy grandes derriban una puerta. Para cuando vuelvo aquello ya está abierto de par en par y los señores apagafuegos corretean por la casa a sus anchas. Yo no me quiero asomar mucho porque las posibilidades de que haya un cadáver en el suelo son bastante realistas a estas alturas.

Pero, como habréis deducido por el título de este post, dentro de la casa no hay nadie.

?!

Las luces dadas, las ventanas de la cocina abiertas, y ahí no hay nadie. La gente es muy rara.

Respiro aliviada mientras intento ignorar a la decepcionada fan de C.S.I. que hay en mí y subo a despedirme de los otros bomberos. Me dicen que parece haber algún problema con la caldera, que van a llamar a los del gas para que se encarguen y que durmamos con las ventanas abiertas porque la situación muy segura tampoco es. Me meto en casa.

Y esto que viene ahora es lo que realmente quería yo contar.

Después de hora y media de yo estar corriendo arriba y abajo con Nero por el edificio, salir al patio, aporrear la puerta y las ventanas repetidas veces y hasta llamar a voces a los inquilinos de la casa, y después de que haya llegado un camión lleno de bomberos, de que media docena de ellos estén ocupando el pasillo, las escaleras y de que hayan abierto una puerta a golpes, ahora empiezan a salir los vecinos de sus casas.

Desde dentro de mi piso se oye a uno decir que él llevaba oyendo la alarma desde las nueve de la noche. TRES HORAS Y MEDIA OYENDO UNA ALARMA DE UN GAS LETAL Y NO SE LE OCURRE IR A LLAMAR A LA PUERTA A VER QUÉ PASA AHÍ.

Y yo solo cuento esta historia para deciros que por favor no seáis como mis ex-vecinos. No seáis esa persona que está dispuesta a que el señor del tercero estire la pata e incluso a poner en peligro su propia vida (el gas no es famoso por quedarse tranquilamente encerrado en una habitación) con tal de no salir por la puerta y ver si hay algún problema. Que estas cosas solo las ves por la tele hasta que efectivamente pasan en tu casa y hay tragedia porque eres un pusilánime incapaz de coger un teléfono y llamar a la policía.

De verdad, no cabe en un post todo el desprecio que siento por este tipo de personas; de las cuales, por cierto, está Londres hasta la bandera. Hasta el moño estoy.

Pero bueno, eso, al final no se murió nadie, cosa que siempre está bien, y ya no vivo ni con Nero ni en el mismo edificio, así que confío en que si pasa algo mis posibilidades de supervivencia sean un pelín más altas. Por lo menos aquí tengo portero.

Besitos y reponed las pilas de vuestros detectores.

viernes, enero 25, 2019

Mi desastroso 2018 o cómo me apunté a clases de canto - VÍDEO

2018 ha sido para mí un año deleznable, horrendo, absolutamente deprimente, donde prácticamente todo lo que podía ir mal ha ido mal y en el que ha habido más palos que en doce partidos de golf combinados.

Sorprendentemente, resulta que lo lamentable de dicho año me ha llevado a ver ciertas cosas con perspectiva y a hacer algo que para mí representaba el nivel máximo de terror existente: cantar delante de gente.

Ya sé que no tiene mucho sentido tenerle miedo a cantar, pero cada uno tiene lo suyo, DEJADME.

Bueno, pues eso, que a lo mejor un mal año tiene hasta consecuencias positivas. Si queréis ver la explicación en vídeo, aquí está:




Saluditos y a ver si 2019 viene un poco más tranquilo.