viernes, enero 31, 2020

Por qué la homeopatía no funciona - VÍDEO

En 1796 un señor alemán llamado Samuel Hahnemann inventó la homeopatía.

La cosa funciona así, imagínate que te duele la cabeza:

1. Coges una sustancia que provoque dolor de cabeza

2. La diluyes en agua

3. Agitas

4. Repites los pasos 2 y 3 hasta que en la disolución ya no quede ninguna partícula de la sustancia que se supone que te tiene que curar

5. Haces pastillas con eso y te las tomas


Ya sé que no tiene mucho sentido pero yo qué sé, era 1796, tampoco le vamos a pedir peras al olmo eh, que estaba la cosa muy difícil para los médicos de la época.

Lo malo es que ahora se sigue utilizando esta movida a pesar de que no tiene ningún sentido porque te estás tomando una pastilla que no contiene nada (los homeópatas dicen que funciona por una cosa llamada "la memoria del agua", que es una invención como una casa, claro), y todos los organismos médicos que tienen un mínimo de credibilidad dicen que no funciona, y la inmensa mayoría de la gente sabe que no funciona, y los farmacéuticos saben que no funciona pero te lo venden igual, y los gobiernos no acaban de prohibir esta gaita y claro, gente mayor o que no sabe mucho de ciencia o que simplemente no se lo ha planteado, se cree que esto hace algo y a veces hasta renuncia a tratamientos de verdad y se decanta por un tratamiento homeopático y claro eso es un desastre.

Si queréis saber más, he hecho este vídeo:


Un besito a todas las farmacias que no venden productos homeopáticos, vosotros sois los verdaderos héroes.

martes, enero 28, 2020

El escándalo: El caso Weinstein pero en la tele

El 7 de febrero se estrena en España El escándalo (Bombshell, Ray Roach, 2019), que relata el caso real de como la presentadora de Fox News Gretchen Carlson (Nicole Kidman) se cansó en 2016 de ocultar que el CEO de la cadena (Roger Ailes, interpretado por John Lithgow) era un desgraciado que la estaba acosando sexualmente y presentó una denuncia, desencadenando el evidente caos que va unido a este tipo de situaciones. Charlize Theron -difícil de reconocer por la caracterización- interpreta a la competente y polémica presentadora Megyn Kelly, y Margot Robbie es Kayla Pospisil, una joven e ingenua periodista que se encuentra con que el percal en Fox News es como para empezar a correr y no parar nunca.

El escándalo (Bombshell) - Cartel

Hace diez años esta película habría sido un drama bien hecho que en el mejor de los casos habría llevado a los espectadores a un escéptico debate sobre el desastre que era -y sospecho que sigue siendo- Fox News. Creo que se habría tratado como una excepción en el mundo real, algo más próximo a la ficción que otra cosa.

Margot Robbie (Kayla Pospisil)

Ahora eso es más complicado, porque desde que salió a la luz toda la deleznable situación protagonizada por el amigo Weinstein en Hollywood y se popularizó el movimiento #meToo, es de sobra conocido por todos que estas cosas pasan a menudo -aunque no con este nivel de descaro, espero-. Sinceramente la película habría sido estupenda también aún siendo pura ficción, pero al estar basada en hechos reales y estar todo este tema tan candente, el impacto es aún mayor. Entre otras cosas porque no me puedo creer que un caso que se saldó con veintitrés alegaciones de acoso sexual sea algo de lo que yo ni había oído hablar.

Charlize Theron (Megyn Kelly), Nicole Kidman (Gretchen Carlson) y Margot Robbie (Kayla Pospisil)

Bombshell es un estupendo entretenimiento lleno de actrices maravillosas, que da que pensar con respecto a cómo es posible que este tipo de acoso tan obvio y continuo haya sucedido durante tantísimo tiempo sin salir a la luz. A destacar, lo bien que se cubren un montón de comportamientos que ayudan a perpetuar que un acosador se salga con la suya: la esposa que pone excusas para defender a un marido depravado, la amiga que prefiere no saber lo que ha pasado, el compañero que no quiere entender la magnitud del problema y señala la injusticia de que su trabajo pueda estar en peligro si una víctima decide denunciar. Todo bien atado en un desenlace que indica que el problema no es una persona sino algo mucho más grande en lo que todos los implicados tienen parte de culpa. Vedla todos.

Solo comentar que afortunadamente Ailes está muerto ya, pero que después de abandonar Fox News por la pila de testimonios de mujeres en su contra, Trump le contrató como asesor. El cine está bien, pero nada como ver las noticias para flipar en colorines.

miércoles, enero 22, 2020

Embarazadas en el metro

Aquí vengo con una Historia Del Metro de ésas que te hacen entender un poco mejor cómo funciona el cerebro de la gente.

Me subo en un vagón, con un libro de la mano porque he quedado en la otra punta de la ciudad y tengo un largo, largo camino por delante. Puedo sentarme si maniobro un poco -un señor tiene una maleta gigante ocupando un montón de espacio- pero sé que el tren se va a llenar y que me voy a acabar levantando para que se siente un señor de setecientos años o algún pobre desgraciado con el brazo en cabestrillo, así que total, me quedo de pie.

Avanzamos unas cuantas paradas. Los pocos asientos que había libres ahora están, efectivamente, ocupados. Solo hay uno vacío, bastante lejos del rellano en el que yo voy de pie.

Se abren las puertas y entra una familia compuesta por:

1. Niña1, que tendrá como mucho seis años, llamémosla Elsa
2. Niña2, que es más pequeña que su hermana, llamémosla Anna
3. Bebé, en un carrito. Llamémosle/la Yodie
4. Padre. Harto de todo; llamémosle Adgar
5. Madre. MEGA embarazada; llamémosla Idun

Nada más entrar, Adgar le hace una seña a su mujer para hacerle saber que hay un sitio libre -el que os digo que está lejos-. Idun dice inmediatamente que no pasa nada, que se queda donde está. Está muy embarazada, ¿vale? Pero pasa lo siguiente:

Idun no puede ir a sentarse sin separarse de las visiblemente cansadas y estresadas niñas -esto es la línea Piccadilly, cuyos trenes sacados de una película de la posguerra tienen unos pasillos estrechísimos y si el vagón va lleno moverse dos metros es una odisea-. Por esa misma razón no tiene sentido mandar a una de las dos niñas a sentarse, ya que es evidente que no quieren separarse de sus padres. Adgar no puede coger el sitio tampoco porque está encargándose del carrito. En cualquier caso Elsa + Anna + Yodi no es algo que pueda quedar a cargo de solo uno de los dos progenitores.

Es como el juego ése del lobo, la oveja y la col pero con un montón de críos.

Les oigo hablar de a dónde van. Leicester Square, que está a seis paradas. Eso son como quince minutos. Me planteo qué hacer.

El rebaño que está ocupando los asientos, todos con pinta de estar en absoluta plena forma, lee o se las apaña como puede para fingir que no está viendo que hay una familia entera que está hecha polvo y necesita sentarse, y yo tengo más o menos la misma paciencia que un cachorro de golden retriever así que es bastante obvio que no voy a estar quince minutos observando este lamentable percal.

Lo primero que pienso es que los padres deberían pedir que les dejaran los asientos, no yo. Pero los dos parecen muy cansados y no me parece justo tampoco pedirles que encima se metan en grescas, porque suficiente tienen con lo suyo.

¿Sabéis quién tiene energía ahora mismo para meterse en una gresca?

Yo. A tope de gresca-energía estoy hoy.

Hago un intento por esperar y ver si se soluciona el tema sin que sea necesaria mi intervención, pero entonces Elsa empieza a llorar de lo que parece puro agotamiento -en serio, parecen todos cansadísimos-, Idun se pone en cuclillas para darle un abrazo, y tras un segundo y medio de intentar calcular lo difícil que tiene que ser para una mujer embarazada de ocho meses ponerse en cuclillas (¿le será físicamente posible levantarse después? ¿Vive ahora Idun en el suelo de un vagón de metro?) mi capacidad de resignación termina de caer en picado y me doy cuenta de que quedarme ahí sin decir nada ya no es un escenario realista porque igual me sale una úlcera de estómago.

Lo que quiero hacer es decirle a esa panda de cobardes que se levanten todos ahora mismo, pero sé que no suele ser buena idea pelear batallas de otros sin avisar porque a veces la gente se siente mal al respecto o se enfada, así que le doy un toquecito en el hombro a Adgar, que sujeta el carrito de Yodie dándome la espalda.

Se gira y me mira.

Yo - ¡Hola! ¿Te libero un par de asientos? -Señalo a la panda de despojos que sigue fingiendo no estar enterándose de la escena. Adgar duda- Esta gente es lo peor pero si les digo que se levanten, se levantan -esto es Londres; la gente no soporta la incomodidad social, así que si les expongo como los pusilánimes que son estoy segura de que la inmensa mayoría se muere de vergüenza y se levanta-.
Adgar - Están todos haciendo como que no nos ven.
Yo - Ya, es lamentable. Te saco un par de sitios.

Adgar no está convencido pero finalmente inclina ligeramente la cabeza y parpadea durante medio segundo más de lo necesario, señal internacional de "venga vale".

Me agarro a la barra vertical que marca el inicio de los asientos y asomo la cabeza como buenamente puedo en el limitado espacio del vagón. Hay un chico joven ocupando el asiento prioritario (!) y una chica igual de joven en el asiento de al lado. Los dos son asiáticos y es posible que vayan juntos, pero no estoy segura.

Yo - ¡Hola! ¿Os podéis levantar? -sonrío-. A esta familia le hacen falta los asientos -señalo al enorme clan, que es imposible no ver, detrás de mí-.
Chico - Sí, claro... -se levanta- pero es que antes ha dicho que no se quería sentar -señala a Idun y su barriga gigante-.

Ahora, esto es lo que quería yo estudiar, porque tiene tela.

Idun ha dicho, efectivamente, que no se quería sentar, y eso ha pasado por lo que explico arriba de que solo había un asiento y no era viable que lo ocupara ningún miembro de la familia. El lobo y la col y eso. Esto es lo que este inepto joven está utilizando como razón para no haberse levantado antes. Entonces, pues a ver, que aquí hay muchas cosas que aprender:


1. El problema que tiene este chaval es que no tiene sangre en las venas. No parece que tenga maldad ninguna ni necesariamente que le dé igual que aquí la tribu de los Brady lo esté pasando fatal; la impresión que me da es más bien que le da vergüenza interactuar o meterse en una conversación que no sabe muy bien cómo va a salir. Como comento arriba, en Londres el miedo a la propia ineptitud social -una conversación que no sea fluida, un silencio incómodo aunque sea de un segundo, la posibilidad de que haya un malentendido- domina las interacciones humanas hasta un extremo un poco enfermizo. Aquí ya os digo yo que mucha gente del vagón no ha dicho nada porque les da pánico entablar una conversación con un desconocido, aunque sea para cederles un asiento. Esta gente tiene un problema con esto.


2. Una vez se ha establecido que ese asiento hay que cederlo y no hay escapatoria, porque tienes a una chica mirándote a la cara y ordenándote amablemente que te levantes, una persona con clase aceptará la derrota, tal vez explicando por qué no se levantó por su cuenta, pero no farfullando excusas. Aquí había tres opciones y este chico escogió la única que no funciona:

Opción 1 (bien): Cuánto lo siento, es verdad, aquí está el asiento

Opción 2 (bien también): He entendido antes que no quería el asiento, culpa mía. Aquí lo tiene

Opción 3 (mal): Pero es que ha dicho antes que no quería sentarse

En serio, ojalá la gente hablando con claridad, que no pasa nada. Pero musitar quejas a medio gas es la señal de anticarisma definitiva.


3. No sé si esto me pasa solo a mí, pero pelear por los demás me resulta mucho más fácil que pelear por mí misma. Si a mí me duele un tobillo y necesito desesperadamente un asiento pues lo voy a pedir, no me entendáis mal, pero me supone un esfuerzo mucho más grande y me cuestiono la situación muchísimo más que si veo a otra persona con el tobillo hecho trizas y tengo que echar a alguien a patadas para que esa persona se siente. Por tanto, aunque creo que cada uno debería exigir lo que le corresponde cuando la situación lo requiere, os animo a que seáis generosos a la hora de defender a los demás. Os vais a llevar malas caras pero es gratificante ayudar a la gente y a la vez poner a algún personaje en su sitio. A mí me parece que merece la pena.


Ya está. Solo decir que la chica asiática se levantó también y que después hablé con el chico, le di las gracias por ceder el asiento y le dije que a veces en estas situaciones no sabe uno muy bien qué hacer y que no se preocupara. Y luego le pregunté qué estaba leyendo y hablé con él un rato. Era un chico majo pero muy tímido y sinceramente creo que no tenía malas intenciones con todo esto.

Pero. Un pelín de liderazgo. Un poco de valentía ante los conflictos menores de la vida. Una persona que no es capaz de lidiar con una situación tan simple e inofensiva como es levantarse por iniciativa propia cuando una embarazada tiene que sentarse no sé cómo pretende apañarse cuando aparezcan los problemas de verdad. Podría ser todo muy fácil y no lo es  porque todo el mundo es un flojo de cuidado.

Ceded vuestro asiento cuando vayáis en trasporte público y recordad el decálogo de las normas del metro.


p.d. Ya lo he comentado en un vídeo, pero para el que no lo haya visto, he mandado a mi empresa a hacer puñetas y ahora tengo tiempo libre en lo que me entran ganas de buscar otro trabajo, así que si me veis diciendo en twitter que acabo de salir del cine a las cuatro de la tarde o publicar cosas a las doce de la mañana es porque estoy de vacaciones indefinidas hasta que cambie de opinión.

martes, enero 14, 2020

¿Te pones guapa para ti o para los demás?

Hay una discusión más vieja que las montañas, de la que es imposible escapar en cualquier caso pero especialmente si eres una mujer, que es la que intenta explicar por qué las personas empleamos tiempo en mejorar nuestro aspecto físico.

Esta conversación suele empezar porque alguien, por ejemplo tu amiga Patricia, dice algo así como

"yo no me maquillo para gustarles a los demás sino para gustarme a mí"

Y eso en principio está muy bien, pero resulta que todo el mundo sabe que tu amiga Patricia antes muerta que sin maquillar pero luego si no queda con nadie se puede pasar cuatro días sin ducharse.

Que eso también está bien, faltaría más, pero la incongruencia es bastante evidente y suele dar lugar a discusión.

¿Le da a Patricia vergüenza admitir que le importa la opinión de los demás? ¿Está mintiéndose a sí misma tal vez? ¿Hay alguna laguna en su lógica que se nos está escapando?

Tras ser testigo de este tipo de conversación incontables veces, la última en esta encuesta de twitter:




me he planteado cuál era mi opinión al respecto y he visto que la cosa es más complicada de lo que parece.

Mi concepto de "aumentar mi atractivo"  consiste básicamente en llevar ropa que me quede bien y que combine entre sí, y últimamente en llevar dosis mínimas de maquillaje. Mi estilo oscila sin lógica detectable entre parecer una indigente o un miembro de la alta sociedad -pero en barato, que toda mi ropa es de H&M-, tanto cuando socializo como cuando voy al trabajo -en todas las oficinas en las que he trabajado estaba perfectamente permitido ir hecho unos zorros-, así que a simple vista no es fácil entender cuándo estoy intentando impresionar a los demás. Lo único que suele ser estable es que cuando me pongo un conjunto extravagante o más trabajado de lo habitual suelo hacerlo cuando no va a verme nadie conocido, porque me molesta que la gente piense que estoy haciendo un gran esfuerzo por tener buen aspecto.


INCISO

Esto es una tara personal que tengo, muy negativa. Igual de malo es tirarte tres horas maquillándote, peinándote y eligiendo ropa por miedo a no gustarles a los demás, como evitar ponerte guapo para que la sociedad no crea que te has rendido ante sus normas. Las dos cosas son una tontería y estoy trabajando en lo mío.

FIN DEL INCISO


Esto podría dar a entender que no me pongo guapa para los demás, ya que en ese caso lo haría cuando quedara con cuanta más gente mejor, ¿no?

¿Y entonces por qué estoy escribiendo esto en un pijama de los Aristogatos y una camiseta que compré hace veinte años?

Tengo una respuesta a ésta pregunta y al título del post, pero antes veamos qué opciones hay, para que tengáis ventaja la próxima vez que os veáis involucrados en esta discusión.


1. Me pongo guapa para los demás

Ésta es fácil. Inviertes tiempo en este asunto porque quieres ligarte a alguien, o que ciertas personas tengan una imagen mejor de ti, o porque quieres tener mejor pinta que alguien que te cae mal. Miles de opciones pero la base es la misma en todas y se entiende de sobra.

Éste pasa mucho pero se acepta poco. Lo que nos lleva a la opción 2,


2: Me pongo guapa para los demás pero no quiero admitirlo

Como indico en el primer inciso de por ahí arriba, me molesta mucho que las personas que me acompañan piensen que estoy intentando impresionarlas con mi físico, cosa que me imagino le pasa a más gente. La belleza, aunque yo soy muy fan porque le da alegría a la vida, es algo superfluo que distrae de otras cosas que sí son importantes, y darle un peso excesivo suele ser síntoma de poca inteligencia o de tener las prioridades muy mal establecidas.

Además, y esto es importante, si no te esfuerzas por estar guapo y tu aspecto es malo tienes un pase. Pero si te esfuerzas por estar guapo y tu aspecto es malo, entonces el ridículo es inevitable. He visto, probablemente igual que vosotros, a chicas yendo a la peluquería porque después iban a ver al chico que les gustaba, y caer en la más absoluta desolación cuando dicho chico no les ha prestado la más mínima atención. Ese golpe es duro en cualquier caso pero cuando ha habido un esfuerzo extra para estar atractivo la humillación es mucho mayor.

Creo que esta opción está increíblemente extendida. La cantidad de personas que se esfuerzan por parecerse a una estrella de Hollywood pero se niegan a admitir que ello tenga nada que ver con la percepción que tienen los demás de ellos es enorme, creo que por la mezcla que explico de no querer parecer superficial y de no sufrir una caída muy dura si el resultado no es el esperado.

Una vez eres consciente de estar en este grupo ya no puedes pertenecer a él, así que aunque creo que ésta ha sido mi situación en algunos casos en el pasado, hoy por hoy me parece que apenas me pasa. Sigamos.


3. Me pongo guapa para mí y me da igual cómo me vean los demás

Si os digo la verdad creo que esto es mentira en el 99.99% de los casos.

Estoy segura de que hay alguien (ese 0.01%) que lleva máscara de pestañas en casa y se pone camisas de seda aunque no vaya a salir ni a bajar la basura. Son la excepción, no mienten a nadie y su existencia queda anotada. Ahora los demás.

La inmensa mayoría de la gente que afirma no tener en cuenta la opinión de los demás en estos temas luego, al igual que nuestra amiga Patricia, no se molesta ni en lavarse los dientes si no va a tener compañía. Esto, por más que yo intente entenderlo, me da la sensación de ser una mentira absoluta, dirigida más al que la dice que a los que escuchan. Cuando hablo con una persona de este grupo suelo escuchar cosas del tipo "si salgo de casa sin corrector de ojeras me veo horrorosa", lo que desde su perspectiva significa que ella misma sufre por su mal aspecto y eso no tiene nada que ver con los demás. Lo que falla aquí es que ese sufrimiento viene de que otras personas le van a ver pinta de yonki y van a tener una mala opinión de su calidad como potencial pareja o como amenaza si son del mismo sexo o lo que sea. Esto tiene toda la pinta de ser una de esas actitudes de autoengaño que no vienen de una mala intención sino de una falta de introspección. Quiero decir, esta chica no es que se esté mintiendo a sí misma de manera activa, sino que probablemente no se ha parado a pensar qué hay detrás de su aprensión a dejar el antiojeras en casa.

Esta opción, salvo en contadas excepciones, me parece una ilusión y no me creo casi nada.


4. Me pongo guapa porque no me queda más remedio

Esto incluye ir de traje a una entrevista aunque no te guste llevar corbata, no salir de fiesta en deportivas para que te dejen entrar en los clubes pijos, maquillarte para que tu cuñada no te pregunte si te encuentras mal en una cena familiar, esas cosas.

Esto es fácil y nos pasa a todos cuando hay un propósito claro, pero también sucede que esta sensación de obligación social pasa a ser el motivo principal por el que algunas personas emplean tiempo en mejorar su aspecto en el día a día.

Esto tiene dos posibilidades.

4.1: percepción distorsionada de la realidad

Esto pasa tanto, tantísimo. Personas que creen que los demás viven para observarles desde lejos y sacarles defectos. Si salen de casa con cierta ropa entonces sus compañeros de clase se reirán de ellos a sus espaldas, así que deben ir con algo más caro e incómodo de lo que les gustaría. Si tienen manchas en la piel obviamente todo el mundo se va a dar cuenta y nadie pensará en otra cosa durante todo el día. Si llevan demasiado escote habrá quien opine que van provocando porque quieren atención, así que será mejor llevar algo más discreto aunque estemos a cuarenta grados.

No me voy a extender más con esto porque seguro que me entendéis todos, pero para el que no,



BREAKING NEWS


A NADIE LE IMPORTAS.
NI TÚ, NI TU ASPECTO. LA GENTE TIENE COSAS QUE HACER. DEDICA TU ENERGÍA A OTRA COSA.


Pasemos a la siguiente sub-opción.


4.2: La dependencia de las mejoras físicas es tan habitual que renunciar a ellas sí tiene consecuencias

Me explico; si hasta al gimnasio vas con corrector y sombra de ojos y la raya del ojo pintada y base de maquillaje o lo que sea que llevas pues entonces efectivamente el día que no lo llevas sí parece que estés enferma. No es que la gente quiera ser ofensiva -o no todos-, es que tu aspecto dista tanto del habitual que parece que algo pasa. Luego pues también he visto a universitarios reírse de una amiga por no llevar el pelo planchado un día, pero bueno tiene que haber de todo en la viña del señor.

Ésta es una de las razones por las que, como comento arriba, mi estilo varía tan salvajemente. Como me incomoda tanto el que la gente me pregunte si tengo una entrevista o una cita porque voy especialmente bien vestida, lo que hago es que de manera aleatoria me pongo un conjunto encantador y así nadie me da la chapa el día que visto especialmente bien, porque ya están acostumbrados. Lo opuesto en mi caso es más fácil porque hecha una mierda voy más a menudo, pero el concepto es el mismo.

Aquí cada uno que haga lo que quiera, evidentemente, pero mi consejo no solicitado es que no os hagáis esto a vosotros mismos. Que si vais sin maquillar o sin afeitar o en general hechos unos pordioseros de vez en cuando -siempre que oláis bien- no pasa nada. La belleza es un añadido estupendo pero no es crucial; no merece la pena estar sometido de esta forma. Los demás lo superarán.


5. Me pongo guapa porque cuanta más belleza en el mundo, mejor

Le tuve que dar muchas vueltas a esta cuestión para darme cuenta de que ésta era la descripción que mejor reflejaba mi caso, que ya expliqué parcialmente en este otro artículo sobre los actores de Hollywood y las inseguridades del ciudadano medio.

Básicamente la explicación de esto es que las cosas, los animales, las personas, los sitios, cuanto más bonitos mejor. Prefiero ver edificios elegantes, calles limpias y cuidadas, jardines verdes y coches que brillan. Si los edificios se caen a trozos, las calles tienen adoquines levantados y los coches necesitan una mano de pintura pues tampoco pasa nada, pero las cosas que son cuquis a la vista tienden a alegrarme el día, por lo que tiene lógica que me guste ver personas que me resultan estéticamente agradables. Y si a mí me gusta ver personas con vestidos bonitos y barbas bien recortadas lo justo es que yo contribuya en lo posible y de vez en cuando trate de aportar algo de belleza a los demás.

Obviamente si como efecto secundario algún joven arrebatador se enamora de mí pues qué le vamos a hacer, pero digamos que no es en lo que voy pensando cuando me pongo una falda bonita.


Así que ése es el resumen. Me pongo guapa porque quiero que el mundo sea más bonito.

Aunque mi pijama de los Aristogatos también está bien.


p.d. Hablo en femenino en los títulos porque el ejemplo soy yo, pero todo esto, por más que se empeñe todo el mundo en que afecta a las mujeres más que a los hombres, vale para cualquiera.

domingo, enero 12, 2020

Cómo decir "de nada" en inglés sin quedar como un pedante - VÍDEO

¡Aprendamos inglés!

He hecho un vídeo, pero por si no os apetece verlo os voy a dejar aquí el resumen a ver si os puedo enseñar algo.

En todos mis años estudiando inglés a mí me dijeron que para responder a "gracias" había dos opciones:

1. You're welcome!

2. Not at all!

Esto resulta que cuando te vienes a vivir a Inglaterra es una mentira como una casa, y aunque "you're welcome" es una buena opción y funciona en un montón de situaciones, resulta que "not at all" queda pedante y ridículo y en una conversación del día a día es algo que no utiliza nadie.

Lo que sí utiliza la gente pero nadie me contó en el colegio ni en ninguna otra parte es:

1. No problem!

2. Sure!

3. Of course!

4. It's OK!

5. No worries!

6. Anytime!

7. That's alright!

8. It's fine!

9. Don't mention it!

Todas estas opciones se utilizan más o menos en función de la situación, el tamaño del favor que se haya hecho y la relación con la persona, siendo 6 (anytime) y 9 (don't mention it) probablemente las que se refieren a favores más grandes, pero ya os digo que depende de muchas cosas (y además yo no soy nativa así que todo esto os lo cuento según mi experiencia pero se me escaparán muchas cosas).

Si no sabéis qué decir, decid "no problem", que vale en prácticamente todas las situaciones que os podáis imaginar.

Si todavía queréis ver el vídeo (deberíais, vedlo todos, venga que es muy corto, y dadle a like, y suscribíos, vamos), es éste:


Feliz año nuevo y dejad de decir "not at all".

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