jueves, diciembre 28, 2017

The Disaster Artist y The Room: por razones distintas, pero deberíais ver las dos

The Disaster Artist (ID, James Franco, 2017) cuenta cómo Tommy Wiseau (interpretado por James Franco) creó la que a día de hoy es considerada la peor película de la historia. Os voy a contar de qué va este asunto, porque esta peli y su origen no son normales:

The Disaster Artist - Cartel

En 2003 los aspirantes a actores Tommy Wiseau y Greg Sestero (autor del libro en el que se basa The Disaster Artist) se hicieron amigos un poco por casualidad, y tras recibir un rechazo detrás de otro en Los Angeles, ambos decidieron hacer su propia película. Esto fue posible, entre otras cosas, porque nadie sabe a qué se dedicaba Wiseau en la vida, pero aparentemente tenía una cuenta bancaria prácticamente sin fondo que le permitió pagar la producción entera (!). Dicha producción, llamada La habitación (The Room, Tommy Wiseau, 2003) es probablemente el producto más horroroso que veréis en vuestra vida, hasta el punto de que tengo que recomendaros que la veáis, no sólo porque es un referente que hay que conocer en el mundo del cine, sino porque es tan mala que te lo acabas pasando bien. Yo convencí a uno de mis compañeros de piso para que la viera conmigo y no veáis qué risa.

The Room - Cartel

La habitación no tiene argumento ninguno más allá de que Johnny (Wiseau) tiene una novia (Juliette Danielle interpretando a Lisa) que le pone los cuernos con su mejor amigo (Sestero en el papel de Mark). Los diálogos no tienen ningún sentido, las interpretaciones son lo menos creíble de este mundo (YOU´RE TEARING ME APART, LISA!!!) y la total ausencia de calidad cinematográfica sumada a la absurda cantidad de -horrendas- escenas de sexo hacen que a ratos no tengas claro si estás o no viendo una porno.

Greg Sestero (Mark) y Tommy Wiseau (Johnny) - The Room

Vedla con alguien, y vedla en un ambiente en el que podáis preguntar de vez en cuando, en medio de la enorme confusión en la que os prometo vais a estar sumidos, qué puñetas está pasando en pantalla y de quién fue la idea de ver eso. Ummm vale que técnicamente la idea ha sido mía, pero nos entendemos. Dejadme.

Dicho esto, The Disaster Artist, que era de lo que venía yo a hablar, es supuestamente una comedia y os vais a echar unas risas (probablemente más si habéis visto ya The Room, aunque conozco gente que fue sabiendo poca cosa de ella y también se lo pasaron en grande), pero la extrema soledad que motiva a Wiseau a comportarse como lo hace y el hecho de que una persona vea su sueño convertido en un hazmerreír (aunque a día de hoy Wiseau se lo toma con humor), hace que no pueda considerar este título como una comedia sin más.

James Franco (Tommy Wiseau) - The Disaster Artist

En cualquier caso, ganó la Concha de Oro a mejor película en el pasado Festival de Cine de San Sebastián, está nominada a un par de Globos de Oro gordos y, aunque creo que se está sobrevalorando un pelín, la recomiendo de sobra. La he visto dos veces, con lo poco que hago yo eso, y no me he aburrido ni un poco.

Dave Franco (Greg Sestero) - Rueda de prensa de The Disaster Artist

Por último, la rueda de prensa fue muy interesante, por si queréis saber más. Los hermanos Franco son majísimos, aunque Dave no habló mucho porque James no se calla ni debajo del agua. Pero vamos, que estuvo muy bien; si tenéis un rato echadle un ojo.

domingo, diciembre 17, 2017

Tener la regla es una mierda

AVISO

Este post contiene descripciones bastante gráficas y potencialmente muy desagradables relacionadas, entre otros temas, con tener la regla. Si esto te incomoda infinito, mejor vete a leer otra cosa.

FIN DEL AVISO


Hace unas semanas, en una cafetería de Londres que contiene a Manzo tomándose un zumo de naranja:

Yo - Pf he tardado tres mil horas porque sólo hay dos baños abiertos y había gente esperando -me siento enfrente de él tras lo que iba a ser una corta ausencia para ir al servicio y han acabado siendo diez minutos de cola que incluyen a una señora persiguiendo a la camarera para conseguir papel higiénico-. Que por cierto, aquí también son unisex. Cada vez lo veo más, ya era hora.

En Londres es habitual encontrarse cuartos de baño que son independientes entre sí, que contienen lavabo, secamanos y en muchos casos, mesa para cambiar pañales, y en cuyas puertas aparecen los simbolitos para ambos géneros, indicando que ahí entra quien quiera.

Manzo - ¿Tú crees que es buena idea?
Yo - Sí, yo creo que sí. Antes no me convencía la idea, pero ahora que veo estos baños en un montón de sitios y los uso más, la alternativa me parece una ridiculez. Igual en algún caso en particular pues sí, pero en general ya no le veo sentido a separarlos por género, la verdad -explico que me refiero los que tienen todo en la misma habitación, como he contado arriba-.
Manzo - ¿Por qué?
Yo - Pues mira, primero, porque separar a la gente por cosas que no les diferencian en absoluto no tiene lógica. Tanta igualdad y tanta historia pero luego mandas a un chico y a una chica que van a hacer exactamente lo mismo a baños separados por sexo. Es absurdo -por no mencionar que te ahorras situaciones complicadas relacionadas con transexuales, por ejemplo-.
Manzo - ¿Y lo de... - hace un gesto con la mano, como recorriendo una pared imaginaria de arriba a abajo un par de veces. La representación internacional para referirse a "esos cacharros que se usan para que los tíos hagan pis de pie y que no sé cómo se llaman"-?
Yo - La cosa ésa -copio el movimiento que ha hecho Manzo porque yo tampoco me sé el nombre- antes de nada habría que ver si merece la pena tenerla; pero si los dueños del local deciden que los quieren, por comodidad para sus clientes o lo que sea, pues que los pongan. Las chicas no los usan y ya está. Igual que habría papeleras para las compresas y demás y los hombres no las utilizarían y listo. Y así además se normalizaría lo de tener la regla, que no sé en qué año estamos que la gente todavía se pone nerviosa con el tema. Parece que seguimos en el colegio todos.
Manzo - Y así podríamos averiguar cosas relacionadas con quién es más guarro. Veríamos si los baños siguen hechos un asco o si mejoran o empeoran.
Yo - Ah, eso de que las chicas son más limpias es la madre de todos los mitos. Deberías ver los baños de las tías.
Manzo - Pero vosotras no tenéis que apuntar. Lo nuestro es un puto desastre.
Yo - Bueno eso es lo de siempre, no es el cristo que armes, es que tengas el sentido común de limpiar lo que ensucias. Pero al margen de eso, crees que haciendo pis se puede armar un apocalipsis de espanto porque no lidias con gente que tiene la regla -podría entrar en lo habitual que es encontrarse fluidos por todos lados y cómo por consiguiente sí que hay que apuntar porque antes muerta que entrar en contacto con esa taza, pero decido que mejor una queja por día-.
Manzo - ¡No jodas! ¿Sangre por todas partes o qué?
Yo - Lo de ver sangre en las paredes no es que sea normal, pero de vez en cuando te lo encuentras. Y tener compresas asomando por la puertecilla de la papelera está a la orden del día. Y si subes de nivel ya te metes en aplicadores de tampones por el suelo.
Manzo - Espera espera. Cómo que sangre en las paredes. Cómo se consigue eso.

Ya sé la respuesta porque Manzo es un amante del conocimiento y de las cosas repugnantes a partes iguales, pero en fin, yo pregunto por si acaso:

Yo - Si quieres te lo explico, pero es un asco.
Manzo - Dale dale.
Yo - Pues mira, las compresas no suelen ser un drama, pero los tampones. Madre del amor.
Manzo - ¿Te quitas uno y aquello sale a chorro o cómo?
Yo - No es tanto eso, no, aunque supongo que habrá a quien le pase, el problema es... -me organizo mentalmente, porque la verdad es que la física del conflicto en cuestión no es fácil de explicar- uhmmm... mira, tú cuando te quitas un tampón lo que haces es tirar de un cordel. Si el tampón no está lleno del todo eso es horroroso, por cierto, pero bueno, si está lleno, pues tú tiras y el tampón sale.
Manzo - Aham.
Yo - La cosa es que claro, el cordel tiene una cierta longitud. Lo que significa que cuando has sacado el tampón, éste oscila porque tú estás agarrando la cuerda, no el tampón como tal. Y estás hablando de un cacharro de algodón que está saturado de sangre.
Manzo - Ah espérate, claro, entonces eso es como un péndulo -Manzo mira al techo pensando muy fuerte mientras hace gestos con las manos reproduciendo la situación que acabo de describir. Para cuando acabemos esta conversación va a tener un doctorado-.
Yo - Eso. Entonces es fácil que salpique aquello por todas partes. Luego le coges el tranquillo y ya no, porque aprendes a sacarlo sin preparar un desastre, pero hasta que dominas el asunto es fácil que la líes. Bueno y con la copa menstrual ya ni te cuento.
Manzo - La copa ésa es la de silicona, ¿no?


INCISO

Para el que no lo sepa, la copa menstrual es un cacharro de silicona que se utiliza como alternativa a compresas y tampones. No genera basura así que es ecológica a tope, te la puedes poner durante más tiempo que todas sus alternativas (doce horas, pero si la dejas más tiempo no pasa nada), teniendo en cuenta los años que dura es virtualmente gratis y, sobre todo, te permite realizar ciertas actividades que de otra forma serían imposibles. Yo no la uso de manera exclusiva porque quitarla y sobre todo ponerla me resulta incómodo y extremadamente invasivo, pero ya no tengo problemas del tipo "quiero ir a la piscina pero se me está terminando la regla y ya no da para un tampón" o "tengo que ir a una sesión de depilación láser/al médico pero la ropa interior se va a tener que quedar puesta porque hay compresas/tampones de por medio". Con la copa ésta puedes ir por ahí desnuda y no se entera nadie de que tienes la regla. Podéis leer maravillas al respecto en internet, por ejemplo aquí. Comprad una. De verdad.

FIN DEL INCISO


Yo - Sí. Ésa cuando está llena quitarla sin que parezca aquello la matanza de Texas se pone complicado.


Y bueno, todo esto era el preámbulo, porque yo de lo que vengo a despotricar hoy es de lo que menciono un poco más arriba; ¿cómo es que la mitad de la población mundial -casi literalmente- tiene la regla pero a estas alturas a todo el mundo le sigue dando vergüenza hablar del tema? ¿Estamos tontos?

Ojo, que no digo hablar por hablar. No me vengáis ahora con que tener la regla es hermoso porque es el origen de la vida y miau miau, porque la regla es un asco. La sangre en general es un asco; no porque sean las paredes de mi útero va a ser menos repugnante. Y de hecho si tiráis las compresas a una papelera normal, al cabo de nada aquello huele a rayos -cosa que no pasa con la copa menstrual, por cierto, así que creo que es más la combinación de la sangre con las mierdas que tenga la compresa que la sangre como tal-. La regla es una guarrería. Eso es así.

Preveo que la gente se me va a poner cansina, así que ilustremos mi punto de vista con algunos paralelismos acerca de otras funciones igualmente hermosas y naturales del cuerpo humano:


Paralelismo#1: Has comido pollo en mal estado y estás vomitando como un descosido.

Bien: Decir que te has pillado una gastroenteritis de espanto y que te has pasado la noche vomitando cuando alguien te pregunta que por qué faltaste ayer a clase.

No tan bien: Explicar que tu vómito tenía aún trozos de pollo.


Paralelismo#2: Te has ido de viaje a Egipto, has cometido el error de beber agua del grifo y ahora estás descubriendo que tu cuerpo puede contener cantidades de excrementos que sobrepasan los límites de la imaginación.

Bien: Contarles a tus amigos que has estado cuatro días en el baño agotando las existencias de Fortasec y que por favor no cometan ellos el mismo error que cometiste tú. En Egipto hay que usar agua mineral hasta para lavarse los dientes.

Menos bien: Dar datos acerca del color y textura de tu caca.


Por tanto y de manera equivalente:


Bien: Decir que hoy no sales porque tienes la regla y tus piernas te están matando.

Un poco menos bien: Contarle a ese compañero de trabajo al que conociste la semana pasada, y que no te ha preguntado, cómo a veces la sangre de la regla se coagula y hacer pis se convierte en un espectáculo.


Por supuesto todas las opciones "menos buenas" pueden ser perfectamente válidas si la conversación la estás manteniendo con alguien con quien tienes confianza o simplemente si sale el tema. Yo me refiero a que dar detalles escatológicos porque sí a lo mejor no es siempre el mejor enfoque. Pero vamos, eso es en función del nivel de glamour que quieras aplicar a tu vida, malo  obviamente tampoco es.

En resumen, lo que estoy diciendo es que no necesariamente hay que hacer público cuándo se tiene la regla y cuándo no ni dar datos al respecto sin que venga a cuento de nada, pero andar haciendo malabarismos para esconder una compresa cuando vas al baño es ridículo. Y que tengas un dolor de ovarios que te estés muriendo y no digas nada porque no está igual de aceptado que decir que te duele la cabeza me parece otra idiotez como la copa de un pino.


OTRO INCISO

Para los hombres del mundo que aún no lo sepan y para las mujeres suficientemente afortunadas como para no sufrir en exceso con torturas menstruales, os informo: para algunas personas el dolor de ovarios es atroz. A. TROZ. Yo sólo recuerdo un dolor peor, y fue uno de estómago proveniente de una gastroenteritis que me mandó al hospital. Sin medicamentos de por medio estamos hablando de fácilmente cinco horas seguidas de lo que viene siendo un dolor constante y bastante insoportable. El día que me pille este asunto en una isla desierta sin ibuprofeno y sea un mal mes, pues no sé. Me moriré allí, supongo. Me desmayaré en plena agonía y me comerán los osos o algo.

FIN DEL OTRO INCISO


Pues eso, suficiente tengo con estar en el trabajo atendiendo a una reunión mientras les rezo a los dioses de los antiinflamatorios para que las drogas hagan efecto deprisa como para encima andar empleando energía en ocultar tonterías.

Esto, que conste, es culpa de casi todo el mundo, incluida yo. Soy, creo, relativamente abierta de mente e intento no avergonzarme por estupideces, y aún así me incomoda el que en la oficina me vean ir al baño con un tampón de la mano. ¿Solución? Lo hago igual y ya se me pasará la tontería. Y os urjo a que hagáis lo mismo. Menos decir que estás en esos días del mes (¿en serio?) y más decir que tienes la regla. Si alguien te pregunta que por qué te estás tomando un ibuprofeno, que si estás bien, dile que te están matando los ovarios, que no pasa nada. En general creo que estamos haciendo un trabajo de mierda educando a la población en este aspecto, así que igual podíamos empezar a popularizar el asunto.

Por otra parte, los hombres que conozco reaccionan bien cuando sale el tema, en general, así que no tengo grandes quejas al respecto -aunque algunos sí que se ponen un poco nerviosos; cosa que por otra parte es lógica si soy yo la primera mujer que les habla abiertamente del asunto-, aunque sí echo en falta ver más cosas del estilo del chaval aquél que llevaba compresas a clase en solidaridad con sus compañeras o en general gente como Manzo, que quiere saber cómo funciona el tema por curiosidad científica.

Y el problema con esto, como con todas las situaciones de este tipo, es que el no hablar de las cosas hace que todo el mundo sea un ignorante al respecto, y eso siempre tiene malas consecuencias. Ejemplo: si hay tres chicas y dos chicos de palique en un bar y una de las chicas se ha comprado una copa de silicona de las que menciono arriba, en un porcentaje muy alto de los casos (o eso creo) la chica no les contará a sus amigas el invento que es el trasto ése, porque

a) le dará vergüenza contarlo delante de hombres (excepto a lo mejor si son muy cercanos)

b) si el punto a le da igual, probablemente pensará que los chicos no van a estar interesados en el tema

Y esto nos lleva a dos mujeres que podrían estar mejorando su calidad de vida pero no lo hacen porque la tercera amiga cree que está fuera de lugar hablar de algo relacionado con la regla delante de chicos. ¿Veis el problema?

Total, que igual podíamos dejar de tratar como indecente algo que no lo es. Reservemos la vergüenza para razones válidas, como que tu peli favorita no es El Club de la Lucha sino Dirty Dancing dos.

Besos y que la bondad del ibuprofeno esté siempre con vosotros.

martes, diciembre 12, 2017

Morir: Sorprendentemente inspiradora

Dando por sentado que lo que estaba a punto de ver en pantalla iba a provocarme una depresión profunda, en algún momento del 65SSIFF me metí en la proyección de Morir (ID, Fernando Franco, 2017), que cuenta el desalentador proceso por el que pasa Marta (Marian Álvarez) al enterarse de que su novio Luis (Andrés Gertrúdix) está enfermo y le quedan tres telediarios.

Alegre el asunto, a que sí.

Morir - Cartel

Pues no os lo vais a creer pero, aunque sí que es un pelín lenta, Morir no es sólo una cinta interesante y bien elaborada, sino que cuanto más hablo de ella más me gusta.

Con un argumento de este tipo parece que todo va a girar en torno a lo dura que es la vida y lo triste que es el que alguien a quien quieres esté a punto de estirar la pata, pero en realidad lo que intenta hacernos entender esta película es cómo el ver la muerte de cerca puede cambiar a las personas hasta el extremo -Luis se vuelve cada vez más egoísta y desagradecido según va evolucionando su enfermedad-, y la cantidad de conflictos que surgen en torno a una coyuntura de este tipo.

Andrés Gertrúdix (Luis)

En Morir, Luis es prácticamente un accesorio para mostrar el desarrollo del personaje de Marta, que es la que importa en toda esta historia. El deterioro del vínculo entre ambos transmite de manera clara y -afortunadamente- muy poco lacrimógena lo angustioso que es estar atrapado en una relación de dependencia en la que tener poco tiempo de vida por delante parece razón suficiente para hacer lo que a uno le dé la gana, incluyendo maltratar psicológicamente y sin piedad a quien haya alrededor.

Marian Álvarez (Marta)

Hay que verlo estando contento porque obviamente la temática ligera no es, pero este drama te obliga a plantearte ideas en las que probablemente no habías pensado nunca y, lo que es más importante, lo hace sin caer en chantajes emocionales, ya que Marta es un personaje suficientemente fuerte como para que el espectador sea consciente en todo momento de que la situación no va a acabar con ella.

Marian Álvarez (Marta), Fernando Franco y Andrés Gertrúdix (Luis) - Rueda de prensa de Morir

Total, que la recomiendo mucho. Y si queréis saber más del proceso de creación, también podéis ver la rueda de prensa, que fue bastante interesante.