domingo, noviembre 25, 2018

Decálogo para viajar en metro sin ganarse una parcelita en el infierno

Vamos a ver, esto qué es.

Yo no viajo mucho en metro porque voy andando al trabajo, pero las pocas veces que estoy cogiéndolo últimamente me estoy encontrando unos percales que no me parecen normales.

Bajo el ingenuo pero a veces cierto pretexto de que hay menos gentuza de la que parece y muchas más personas empanadas o confusas o tímidas de lo que podría uno pensar inicialmente, hoy traigo una lista de normas de comportamiento para viajar en metro. Yo sufro el de Londres, pero esto es internacional.


REGLA 1: Si estás sano y te encuentras bien, cede tu asiento a la mínima oportunidad. Echa un vistazo a tu alrededor de vez en cuando y mira a ver si a alguien le hace falta. Esto dicho así suena muy fácil, pero no lo es. Analicemos los posibles casos.

1. Personas lesionadas

Éstos son fáciles. A éstos se les cede el asiento siempre. No preguntes; levántate y señala tu sitio para que lo cojan ellos. Escayolas, muletas, bastones, o simplemente gente con una pinta muy obvia de encontrarse mal. Ofréceselo y punto.


2. Mujeres embarazadas

Baby on board! - Chapa del TFL

Éstas son chungas que no veas, porque es muy difícil saber quién está embarazada y quién solo parece que está embarazada. Atiende, esto es importante: es infinitamente mejor no cederle el asiento a una embarazada que darle a entender a una mujer no-embarazada que parece que lo está. Ante la duda, no te levantes. Yo en estos casos solo lo ofrezco si la fémina de turno lleva algún indicador de que viene con crío dentro (en Londres el TFL te da una chapita en la que pone "¡Bebé a bordo!" para que la lleves cuando vas en metro) o si es realmente muy obvio que eso es un bombo y no un exceso de donuts de toda la vida.


3. Adultos con niños

Igual que con los lesionados, a éstos se les da el asiento sin hacerse grandes planteamientos. Tanto los niños como los padres tienen muchas más posibilidades de estar hechos polvo que tú o que cualquier otra persona que va sin chavales. Déjales descansar.


4. Ancianos

Ésta también es una movida. Cuando entra una señora encorvada, con bastón y claras dificultades para caminar, la cosa está clara, pero con un montón de gente que es más de mediana edad que de la tercera, es muy difícil saber cuándo en lugar de ser amable lo que estás haciendo es gritarles que parece que tienen un pie en la tumba. Mi recomendación es la misma que con las embarazadas: ante la duda, no te levantes. El cansancio de un viaje en metro se cura rápido, el trauma de que te recuerden que pareces mayor -o que lo eres- tarda más en desaparecer.


5. Pasajeros con un potencial evidente para estar más incómodos que tú

Esto incluye gente cargada con bolsas de la compra; con tacones; de camino a su clase de contrabajo; que vienen de correr una maratón. Esto no es más que una sugerencia porque aquí no hay una necesidad real y no es tu problema que esa chica de ahí haya decidido ponerse unos tacones de aguja tan finos y tan altos que serían considerados arma blanca en cualquier juicio, así que obviamente tampoco es tu deber como ciudadano el ocuparte de estos casos; pero no sé, tampoco hay necesidad de ser un rancio. Si no te quedan más que dos paradas y no estás cansado tampoco veo por qué no vas a colaborar un poco para que la chica ésa llegue a su fiesta con energía para bailar un rato.

A mí hace poco se me rompieron las gafas y fui medio a tientas con ellas de la mano hasta casa; un chico vio el percal y me cedió su asiento y le vi -aunque borroso- pendiente de mí hasta que llegué a mi estación. Yo no quiero decir nada pero por menos de eso se han organizado bodas.


Nota: Ya no tiene validez ninguna el ser una mujer a la hora de exigir que alguien te ceda un asiento, y hay quien lo encuentra hasta ligeramente ofensivo. A mí me resulta a la par caballeroso y absurdo, así que entiendo las dos vertientes. Quiero decir, si un hombre me cede el asiento cuando es evidente que no formo parte de ninguno de los cinco grupos descritos, en parte voy a pensar "qué detalle" y en parte voy a pensar "¿te das cuenta de que esto no tiene sentido ninguno, que igual estás tú más cansado que yo?". Pero el caso es que ni hay por qué cederle el sitio a una mujer por el hecho de ser una mujer, ni dicha mujer tiene menos responsabilidad que un hombre a la hora de ofrecer su sitio en alguno de los casos mencionados. Ya sé que es un concepto poco intuitivo, pero afortunadamente se puede ser un caballero y una mujer a la vez.


REGLA 2: Los espacios para equipajes y carritos de bebé son, no te lo vas a creer, para pasajeros que llevan equipaje o carritos de bebé (o para el tío del contrabajo de la regla 1.5). Ocúpalos si quieres mientras no los necesite nadie, pero si aparece un matrimonio con sus gemelos recién nacidos o una familia japonesa con tres trolleys y seis mochilas, quítate de ahí y déjales el espacio, que es suyo.


REGLA 3 : Que alguien sea joven y/o que sea un hombre no significa automáticamente que tenga que cederle su asiento a nadie (ver nota en la regla 1).

Puede que ese chico de 30 años que aparenta estar sano como un manzano venga de su primera clase de taekwondo o de ballet y esté genuínamente preocupado pensando que tal vez haya perdido la sensibilidad en sus piernas para siempre. Puede que la adolescente súper esbelta que está ocupando un asiento haya dormido tres horas porque el perro de su vecina no le ha dejado pegar ojo. Hay gente a la que le duelen cosas que no se ven, tiene cansancios que no se ven, ha tenido un día de mierda que no se ve. No juzgues a una persona en concreto por no ceder su asiento, porque a saber lo que hay detrás. Con estas cosas yo odio internamente al colectivo (¿nadie en todo el vagón se encuentra bien y puede cederle su asiento al señor de ciento siete años que acaba de entrar? ¿En serio?), pero nunca a una persona específica.


REGLA 4: No te pongas a ver vídeos o a escuchar música sin auriculares. Y que todavía tengamos que estar explicando esto.

Esto lo digo con el metro pero vale para todo. Usa auriculares, no me des la brasa con tu música o con tu conversación de Skype. Ten en cuenta que no eres dueño de donde sea que estés.


REGLA 5: Llévate tu basura contigo, no dejes el vagón lleno de tus cafés y de tus envoltorios de Twix. Aquí ya entra también el que haya papeleras, que en algunas ciudades parece que te tienes que comer tu basura, pero bueno, hablo en la medida de lo posible.


REGLA 6: Tu espacio vital termina donde empieza el asiento de tu vecino; esto no es tu salón. No pongas tu mochila en el asiento de al lado cuando el vagón va hasta las trancas. No te sientes metiendo tus rodillas en los asientos que te rodean. No saques los codos por fuera del reposabrazos. Compórtate como un adulto, hazme el favor.


REGLA 7: Deja que los pasajeros salgan antes de entrar tú y no bloquees las salidas. Y no sujetes las puertas para que tu amigo que va corriendo detrás de ti llegue a tiempo de entrar, que los que van dentro no tienen por qué esperar por ti. Plantéate también que si el próximo metro viene dentro de un minuto y tú no tienes prisa igual es mejor esperar en vez de coger aire y espachurrarte entre la puerta y ese señor que ya está sujeto más por la presión de los que le rodean que por sus piernas.


REGLA 8: Ten cuidado. Lamento comunicártelo, pero un sitio en el que resbalarte puede acabar contigo debajo de un cacharro que pesa un par de cientos de toneladas es lo que oficialmente se conoce como peligroso que lo flipas. En Londres hay gente saltando a las vías constantemente, de vez en cuando a algún tarado le da por empujar pasajeros cuando viene el tren y en estaciones muy concurridas no entiendo cómo no hay más accidentes, porque aquello se pone hasta la bandera y un empujón mínimo puede acabar con un drama bastante feo. Así que mira por dónde vas, no hagas movimientos bruscos, mantente cerca de la pared cuando puedas, esas cosas. Y si ves algo que te da mal rollo, considera si puede ser necesario avisar a un trabajador. Estamos todos de acuerdo en que hay mucha más psicosis de la necesaria, pero sí hay ataques terroristas y sí hay zumbados por ahí, así que si te encuentras una maleta abandonada en un vagón o alguna otra cosa sospechosa, avisa.


REGLA 9: Por último, no te cortes a la hora de darle a entender a alguien que está siendo un impresentable. Dile a la que tiene sus bolsas de la compra ocupando tres asientos que quite una porque te quieres sentar. Empuja los codos de tu vecino de vuelta a su asiento si te está invadiendo. Las personas se comportan como unas indeseables porque se lo permitimos; incomódales un poco por lo menos.


Ya está. Portaos bien y feliz viaje.


p.d. Escribiendo este post he descubierto que un decálogo no necesariamente contiene diez puntos, así que mis nueve normas siguen siendo un decálogo. Qué cosas.

viernes, octubre 19, 2018

Rojo y Entre dos aguas: qué rollo

He hecho un vídeo hablando de dos de las pelis del 66 Festival de Cine de San Sebastián que ganaron premios: Rojo (Benjamin Naishtat, 2018) y Entre dos aguas (Isaki Lacuesta, 2018).


Si cinco minutos os parece mucho, ya os lo resumo yo: son las dos súper aburridas. Ved otra cosa.

¡Saluditos!

viernes, octubre 05, 2018

Beautiful Boy: una peli floja con un mensaje interesante

Una de las lecciones más horrendas y difíciles que toca aprender en algún momento de la vida es que no puedes ayudar a una persona que no quiere que la ayuden. Y es horroroso, ¿eh? Nos ha pasado a todos: el primo que tiene problemas de corazón y se niega a tomarse la medicación; tu amigo el que va por ahí acostándose con toda la que pilla sin preocuparse de lo que le puedan pegar o de a quién pueda dejar preñada por el camino; tu compañera de colegio de toda la vida, que a base de cometer los mismos errores una y otra vez vas viendo cómo la abandonan, con razón, todos los que alguna vez le tuvieron algún tipo de afecto.

No solo es difícil aprender esto, sino que en seguida se olvida. En cuanto la situación cambia un poco piensas que esta vez sí hay algo que hacer. Al final, tras casos y casos de intentar hacer entrar en razón a personas que no hay forma de que entiendan nada, comprendes que cada uno es dueño y responsable de su propio bienestar y que si les da un ataque al corazón, se quedan completamente solos en el mundo o se cogen sífilis no es culpa ni asunto tuyo. Qué obvio y qué difícil es de aceptar.

Además, digerir esto tiene un problema asociado, y es que si comprendes que la felicidad de los demás es su responsabilidad, te toca entender que tu propia felicidad es efectivamente cosa tuya también. Y eso significa que la inmensa mayoría de los aspectos que te van mal en la vida podrías solucionarlos, o al menos intentarlo. Y qué queréis que os diga, quejarse es mucho menos cansado que tomar cartas en el asunto, así que darse cuenta de esto no hace ninguna gracia.

Y bueno, os cuento todo esto porque es lo único útil que se puede sacar en claro de Beautiful Boy (ID, Felix Van Groeningen, 2018), que cuenta la historia real de como David Sheff (Steve Carell) lidia como puede con el hecho de que su hijo Nic (Timothée Chalamet) se meta todas las drogas del mercado.

Beautiful Boy - Cartel

La peli parece un anuncio largo sobre lo malo que es fumarse hasta la pajita del frappuccino, así que no está mal pero si no la veis no os perdéis nada, pero es un buen recordatorio de todo lo que cuento arriba.

Así que no sé. Ayudad a todo el que podáis, pero no os martiricéis por los fracasos ajenos porque, como digo al principio, no se puede ayudar a quien no quiere que le ayuden.

Y no os droguéis.


p.d. Podéis ver en la rueda de prensa al director y a Chalamet, con su megafalsa imagen de adorable chico tímido (que igual es así de verdad, pero no sé, a mí me ha resultado más falso aquello que el beso de Judas. Juzgad vosotros).

sábado, septiembre 29, 2018

Estrenos: El reino, First Man y La buena esposa

¡Críticas rápidas de cosas que acaban de salir en cine o que se van a estrenar próximamente en España! Traigo tres:


El Reino (ID, Rodrigo Sorogoyen, 2018) - Estreno 28 de septiembre

Bárbara Lennie (Amaia Marín) y Antonio de la Torre (Manuel López-Vidal) - El Reino

El político Manuel López-Vidal (Antonio de la Torre) tendrá que apañárselas cuando, tras años de excesos pagados por los ciudadanos, de pronto ve cómo su nombre se convierte en el centro de una operación anticorrupción.

Es interesante porque apenas cuenta nada pero lo entiendes todo ("nos van a trincar en algo", dice uno de los compañeros de partido); Antonio de la Torre está estupendo, como siempre, y el ritmo es animado aunque a veces resulta algo repetitivo y un pelín hueco. En resumen, El Reino es un buen entretenimiento, bien construido alrededor de un personaje que soporta bastante bien el peso entero de la cinta, pero que se ha centrado en una parte de la corrupción que no es especialmente interesante y que a veces se pierde con tanta huida frenética. La recomiendo, pero creo que podría haber sido mucho mejor.

Podéis ver la rueda de prensa aquí.


First Man - El primer hombre (First Man, Damien Chazelle, 2018) - Estreno 11 de octubre

Ryan Gosling (Neil Armstrong) - First Man


Ryan Gosling es Neil Armstrong en este melancólico biopic que nos recuerda una vez más la absoluta falta de glamour de los años mozos de la Nasa y lo sumamente estresante que debe de ser el ser astronauta, con el prota poniendo la misma cara durante el noventa por ciento del metraje y con poco que destacar al margen de lo logrado de la ambientación. Está muy bien, pero no deja de ser otro biopic más.

Por otra parte, Gosling en persona es majo, está bastante empanado y es muy guapo pero ya está. Si le habéis visto en el cine, le habéis visto en persona. Podéis verle a él y a Claire Foy (su esposa en el film) muy confusos todo el rato en esta rueda de prensa.


La buena esposa (The Wife, Björn Runge, 2017) - Estreno 19 de octubre

Glenn Close(Joan Castleman) y Jonathan Pryce (Joe Castleman) - La buena esposa


Joan Castleman (Glenn Close) y su marido Joe (Jonathan Pryce) se ven obligados a lidiar con ciertos asuntos del pasado cuando Joe gana un premio Nobel de literatura.

De esta película me acuerdo de misericordia porque la vi en el Festival de San Sebastián pero del año pasado; sí recuerdo que era entretenida, que la versión joven de Joan (Annie Starke) era un poco dramas y no me resultaba muy creíble y que en general me pareció suficientemente buena como para recomendaros que la veáis. Y Glenn Close es maja así que la rueda de prensa la podéis ver aquí.


Volveré con más críticas. Ahora id a ver la entrega de premios, que la están poniendo por la tele.

lunes, septiembre 24, 2018

Smallfoot: oda a la ciencia pero con Zendaya canturreando en la nieve

El pasado viernes entré a las diez de la noche a ver la que sería mi cuarta película del día. Yo normalmente no hago eso ni loca porque después de tres pelis mi cerebro se apaga y ahí ya no hay nada que hacer, pero es que al día siguiente venía Danny DeVito a una rueda de prensa y yo qué sé, no me voy a presentar ahí y hacerle preguntas cuando no tengo ni idea de lo que acaba de presentar. Así que, aprovechando que dos de mis sufridos amigos la iban a ver también, me metí en el Teatro Principal de San Sebastián a ver Smallfoot (ID, Karey Kirkpatrick, 2018), en la que DeVito pone voz al padre de Migo (Channing Tatum), un yeti que vive felizmente en un pueblecito en el que el jefe (Stonekeeper, con la voz de Common) utiliza un montón de piedras místicas a modo de tablas de la ley para conseguir que sus ciudadanos no se hagan preguntas y digan a todo que sí aunque no tenga mucho sentido. Lo que viene siendo un combo entre una secta y una dictadura, pero que funciona más o menos bien.

Smallfoot - Cartel

Cuando Migo se encuentra por casualidad con un humano (Percy, interpretado por James Corden) y se empeña en defender la verdad a sabiendas de que contradecir el contenido de las piedras le va a meter en un lío (las piedras mágicas ésas afirman muy rotundamente que los humanos, a los que ellos llaman "smallfoot", no existen), nuestro protagonista se ve sometido a un exilio un poco light en el que conocerá a otros yetis que creen en la existencia de los smallfoot.

Channing Tatum (Migo)

El primer ratito me costó, ¿eh? Todo muy básico y muy obvio, con el claro propósito de empujar a los niños a que se cuestionen todo lo que les rodea y no caigan en la trampa de creer que algo es una verdad absoluta solo porque lo digan sus padres o sus profesores o porque sea lo que todo el mundo piensa. Pero yo qué sé, al cabo de un rato entra el personaje de Corden, que es muy divertido, y Zendaya canta guay y la música es chula y el argumento es entretenido y total, que la vi encantada de la vida y os la recomiendo de sobra siempre que sepáis que vais a ver cine de animación ligerito, que no es Pixar pero hace lo que puede.

Además Danny DeVito es un tío muy simpático. Si os apetece ver su rueda de prensa, la podéis ver aquí.

sábado, septiembre 22, 2018

El amor menos pensado: crisis de pareja pero con dosis bajita de drama

¡Ignoremos mi parón creativo como escritora de contenido cutre en internet y hablemos de cine!

Estoy en el 66SSIFF y estoy viendo muchas cosas, así que de momento os cuento qué me ha parecido la peli inaugural. Me perdí diez minutos porque estaba aquello al borde del overbooking y tardaron tres mil años en dejarme entrar, pero creo que aún así tengo una idea clara del asunto.

El amor menos pensado - Cartel


El amor menos pensado (ID, Juan Vera, 2018) nos habla de un matrimonio que lleva felizmente casado 25 años (Ricardo Darín como Marcos y Mercedes Morán como Ana) y que se encuentra atravesando una crisis de pareja de las que se superan regular, lo que lleva a los protagonistas a plantearse la durabilidad del amor, si la libertad compensa la falta de compañía y en general todas esas cosas que se le vienen a uno a la mente cuando está buscando en google recomendaciones de abogados expertos en divorcios.

Mercedes Morán (Ana) y Ricardo Darín (Marcos)


Suena un poco rollo, pero al final es una comedia romántica con Darín, que siempre está bien, Morán hace un buen trabajo dentro de un papel que tampoco es muy complicado y hay una serie de personajes secundarios que están como unas auténticas maracas y que animan el asunto bastante (Luis Rubio como amigo impresentable de Marcos, y Andrea Politti y Juan Minujín como fugaces reclamos románticos que están los pobre como para mandarlos a que los vea un especialista).

Ricardo Darín (Marcos) y Andrea Politti

A mí me ha resultado divertida, a ratos haciéndose un poco larga pero sin que eso fuera un gran problema, y la recomiendo si queréis pasar un rato entretenido. Ahora bien, si llevas ocho meses acostándote con el hermano de tu novio mejor no la veas como plan de pareja porque la cosa se va a poner tensa. Ah, y a mí me ha gustado, pero la inmensa mayoría de mis critiamigos opina que es una bazofia. Lo aviso por si acaso.

miércoles, septiembre 19, 2018

La delgada línea que separa al crítico de cine del imbécil integral - VÍDEO

Ahora que llega el 66 Festival Internacional de Cine de San Sebastián me he vuelto a plantear cómo de ético es destruir en internet a un director de cine porque su peli me haya parecido un espanto. Si os interesa, os lo cuento aquí:


Sigo con cero inspiración escritora, pero apareceré con críticas igualmente. Y tengo ideas para estructurar el contenido del blog. Estoy trabajando en ello, entre otras cosas porque me imagino que estaréis sufriendo una angustia vital espantosa al no leer mis muy relevantes posts.

Sed felices y nos vemos pronto con críticas de pelis intensitas. Seguro que hay un montón de cosas aburridas, pero voy a ver a Ryan Gosling así que yo qué sé. Yo firmo.

martes, agosto 14, 2018

De bodas y coreografías

Hacer vídeos es díver y sigo sin querer escribir, así que aquí me tenéis hablando de bodas y de ese gran aporte para la cultura popular que fue el Saturday Night.


¡Saluditos!

lunes, julio 16, 2018

Literalmente y en vídeo

Ya os dije en la entrada anterior que no me apetecía escribir, así que he grabado un vídeo. Es sobre cuándo utilizar la palabra "literalmente". Por si no os apetece ver mi cara, os lo resumo: Nunca. Todo el mundo la usa mal.

Por si sí os apetece ver mi cara, el vídeo es éste:


Es el primer vídeo que hago, así que tened piedad.

Besitos.

martes, julio 10, 2018

Encuesta

Hola, gente.

Últimamente no me apetece escribir. Probablemente se me pasará pronto, pero de momento estoy investigando otros formatos (ahora escribo algo más en twitter, por ejemplo) y os quería preguntar una cosa:

¿Por qué leéis felizmente todos mis posts? ¿O por qué antes os interesaba leer lo que escribía y ahora no? ¿O por qué antes os parecía un rollo y ahora os encanta? ¿Os gustaría que hablara de algún tema en concreto? Sea cual sea vuestra posición, me sería muy útil que me dijerais qué es lo que os gusta de este blog, lo que no, lo que ha mejorado o empeorado o lo que sea. Luego probablemente siga haciendo lo que me dé la gana, pero yo qué sé, estaría bien saber opiniones para orientarme un poco.

Podéis dejarme un comentario aquí, en twitter, facebook, o mandarme un email a zapatoalacabeza@gmail.com. O mandarme al trabajo una paloma mensajera. Anda que no estaría guay eso.

Besitos.

sábado, junio 23, 2018

Deberías sentirte halagada

Con lo del #meToo, el #cuéntalo y ahora lo de los cenutrios de La Manada por ahí tan campantes, he pensado que quería daros mi opinión acerca de algo relacionado con el feminismo, la violencia de género y todo eso.

Antes de nada, demos contexto, para el que no me conozca. Algo que los lectores habituales estaréis ya aburridos de escuchar pero que es importante saber para que lo que vengo a contar hoy tenga credibilidad:


TROZO QUE TE PUEDES SALTAR SI ERES UN LECTOR HABITUAL

El feminismo que tenemos hoy día en occidente, en general, me saca de quicio un poco.


No me siento oprimida por la sociedad como mujer. No me siento ninguneada por mis compañeros de gremio (soy ingeniera informática así que muchas compañeras no tengo), no siento que mi género esté coartando mis oportunidades de crecimiento en la vida ni necesito "espacios seguros" en los que poder expresarme con tranquilidad, porque no siento que la presencia de uno ni mil hombres me impida hablar y comportarme con total libertad, así como no me siento más poderosa y segura de mi misma por que haya más representación femenina en un evento al que asisto.


Opino que la inmensa mayoría de las quejas feministas de hoy en día están, en el mejor de los casos, muy exageradas y sacadas de contexto, y en el peor de los casos sencillamente inventadas. Creo que la problemática asociada a la ausencia femenina en ciencia y tecnología está sesgada y mal enfocada. No encuentro mensajes misóginos en el cine y otras artes. No veo todo ese machismo del que la gente no para de hablar.


Por otra parte, opino que los hombres en general son gente normal; algunos buenos, otros malos, otros a medio camino. También opino que las mujeres en general son gente normal; algunas buenas, otras malas, otras a medio camino. Creo que hay hombres que maltratan a sus parejas y hombres que no. Creo que hay mujeres que maltratan a sus parejas y mujeres que no. Creo en la igualdad, para bien y para mal. Creo que un asesino es un asesino y le quiero en la cárcel tanto si ha matado a su novia como si ha matado al vecino del quinto. Creo que un imbécil es un imbécil y espero que le despidan tanto si le hace la vida imposible a sus compañeros de trabajo porque son mujeres, como si es porque son indios, pelirrojos, o porque sí.


No quiero pertenecer a un grupo de víctimas y estoy hasta el mismísimo moño de que todo lo que soy se vea reducido a que soy una mujer, dando a entender que cuando hago las cosas bien es porque soy una guerrera fuerte y válida, y cuando hago algo estúpido es porque esta sociedad heteropatriarcal en la que vivimos me ha lavado el cerebro para que me comporte como ellos quieren.


Soy una persona con hobbies y criterios y un trabajo, con amigos y defectos y cualidades, y resulta que, entre todas esas cosas y de manera enormemente irrelevante, también soy una mujer.


¿Queda claro esto? No formo parte del movimiento feminista que lo invade todo últimamente, ni ganas. No tengo grandes quejas contra los hombres. Tengo quejas contra las personas en general, pero no contra los hombres en particular. Interiorizad eso.


Interiorizadlo un poco más.


Un poco más.


Bien.


FIN DEL TROZO QUE TE PUEDES SALTAR SI ERES UN LECTOR HABITUAL



Os he contado ahí media vida porque entiendo que últimamente el feminismo sirve para quejarse de todo incluso cuando algunas de esas quejas no tienen ni pies ni cabeza y cuesta mucho creerse nada que se reivindique en nombre de la igualdad de género porque llevamos un par de años en los que parece que ser una mujer te da derecho a hacer lo que te dé la gana y ser un hombre está ligado a que algo malo habrás hecho o estarás a punto de hacer. Así que he pensado que sería útil hablar del problema que traigo hoy, explicado por alguien que no está de acuerdo con cómo se está demonizando a todos los hombres y victimizando a todas las mujeres.

Dicho esto, lo que vengo a contaros hoy es que una mujer sola por la calle de noche es sinónimo de ir zurrada de miedo y pensando que cualquier día te sale un tío de una esquina y te viola en un portal.

Ya. GIRO INESPERADO. Qué pasa.

No es una manera de hablar, esto es lo que yo pienso cada vez que voy sola de noche por una calle poco transitada.

En serio, cada vez.

Este tema lo expongo aquí hoy porque en los últimos años he hablado con algunos amigos, hombres, que son gente totalmente decente y que ni le pondrían la mano encima a una chica en contra de su voluntad ni tienen las más mínimas ganas de hacer tal cosa, y resulta que no sabían nada de esto de que vamos todas con miedo por la calle.

Y eso es muy chungo, de verdad, porque para las mujeres esto es el pan nuestro de cada día y condiciona nuestras vidas de una manera bastante dramática, y resulta que muchos tíos ni siquiera conocen el problema. Así que vengo a escribir esto a ver si por lo menos informo a unos cuantos.

Igual es que soy una trágica y todo me da miedo, estaréis pensando, así que os voy a contar un par de experiencias a lo largo de este post (ya he contado algunas en twitter. Deberíais seguirme), a ver si consigo que entendáis la angustia vital que se lleva una chica estándar encima cada vez que está en la situación descrita. Eso sí, me veo en la obligación de decir que también he leído a mujeres decir que ellas no se plantean la posibilidad de una agresión en la calle y que nunca se sienten amenazadas. Por mi experiencia creo que son una minoría muy muy pequeña, pero las hay.


INCISO

Tengo pocas normas autoimpuestas en este blog, pero una de las pocas es que ni me invento nada, ni exagero. Esto lo decidí cuando empecé a escribir, porque no me considero con capacidad para darme cuenta de cuándo lo que estoy contando está demasiado inflado y ya no es creíble, así que cuento todo exactamente tal y como es (hasta donde me da la memoria) por si hacer lo contrario se me va de las manos y no cuela. Y los que me conocéis en persona sabéis que no soy yo mucho de manipular hechos, o por lo menos intento no hacerlo. Todo lo que cuento hoy lo sé porque o bien me ha pasado a mí o le ha pasado a alguien que conozco y sé con certeza que me ha contado la verdad.


FIN DEL INCISO



El porqué del acoso

Primero entendamos el problema, ¿cómo es posible que con lo avanzados que estamos en occidente a estas alturas aún sea normal que las mujeres vayan por la calle muertas de miedo pensando en potenciales violadores? Pues vete tú a saber, pero yo creo que detrás de esto hay dos razones.


1. Los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres


Vaya novedad, a que sí. Pero lo tengo que decir, porque el problema que parece haber hoy en día con la distinción entre hombres y mujeres es que estamos tan empeñados en demostrar que no existe, que estamos pasando por alto algunas diferencias obvias que no se pueden evitar.

Una de estas diferencias (tal vez la única que está clara) es la superioridad física del hombre.

En un entorno civilizado si alguien me falta al respeto suelo ponerme bastante desagradable al margen de que el ofensor sea hombre o mujer; tampoco me interesa su edad, estatus social o cualquier otra característica. Sólo me corto un poco si me puede despedir, arrestar, o cosas así, y tampoco mucho (cosa que, por cierto, me ha metido en unos cuantos follones). En un entorno civilizado puedo defenderme y tengo miedo de muy pocas cosas, y con la poca paciencia que tengo a menudo que alguien se me ponga tonto porque sí acaba en algún tipo de bronca.

En un entorno incivilizado, en cambio, no tengo nada que hacer. Nada en absoluto. Y no creo que los hombres sean conscientes de hasta qué punto esto es así. Mido 1.70 y peso menos de 50kg, ¿vale?, si un tío me quiere pegar, o inmovilizar, o coger, o cualquier otra variante de contacto físico que vaya en contra de mi voluntad, yo no tengo defensa posible.

Eso no quiere decir que no lo intente, claro, ni que no consiga defenderme a pesar de mi evidente inferioridad física, pero esto es así sólo porque en general los hombres que me ponen en una situación de este tipo están actuando así porque son idiotas y no se dan cuenta de lo desagradable de la escena, más que porque tengan genuinamente malas intenciones. E incluso los que tienen malas intenciones se echan atrás en cuanto ven agresividad real por mi parte.

Así uno de mis vecinos tuvo una cicatriz con la forma de mis uñas durante un tiempo respetable porque me cogió e hizo amago de tirarme a la piscina (yo no sabía nadar y él no estaba al tanto. Era un tío majísimo y probablemente nunca tuvo intención de tirarme de verdad, pero yo me vi muriendo ahogada sin remedio y me entró el pánico). También le clavé las uñas, esta vez en el hombro, a un francés encantador al que acababa de conocer, el cual decidió que sería divertido cogerme en brazos en una discoteca y ponerse a dar vueltas como loco. También he dado guantazos y patadas a personas que han aprovechado su fuerza para hacer algo -inofensivo y sin mala intención pero muy desagradable para mí, y ellos lo sabían- que escapaba a mi control.

Todos estos casos son ejemplos de personas normales, a menudo de amigos cercanos a los que aprecio mucho, por cierto, que no son conscientes de que están haciendo algo que no deben. Por lo que sólo puedo recomendaros que ante la duda no toquéis, ni mucho menos cojáis en brazos a una persona con la que no tengáis muchísima confianza. Respetad el espacio vital de la gente, hacedme el favor. Y que tenga que explicar esto por escrito, tiene tela. Pero en fin.

La tercera persona a la que le clavé las zarpas conforma nuestra...


Historia lamentable para que entiendas lo acosadas que estamos las mujeres #1: el tipejo del cole


Cuando estaba en el colegio, 14 años tendría, había un tío guapísimo en un curso inmediatamente superior al mío que tenía a todas las alumnas del cole detrás y estaba más que feliz con ello. Un día, sabiendo el efecto que tenía en las niñas y porque por lo que se decía ya lo había hecho un montón de veces con otras compañeras, me dijo que estaba enamorado de mí, o algo por el estilo.


Esto creo que lo dijo sólo para que yo me ruborizara y me pusiera nerviosa, supongo, pero como a mí esas cosas de siempre me han dado una pereza espantosa, lo que hice fue tirarle un beso y decirle que yo encantada de la vida. Esto lo hice creyendo, de manera totalmente equivocada faltaría más, que ambos éramos seres equivalentes con cierto nivel de sentido del humor y aunque fuera un poco de madurez (tampoco mucho, que con los adolescentes ya se sabe, pero yo que sé, lo básico por lo menos).


Mi reacción dio lugar a tener a este chaval esperándome en la puerta de clase cada día, declarándose de manera exagerada y burlona (o esa impresión me daba a mí), hasta que, harto de que yo siempre respondiera con una sonrisa y lanzándole besos pero sin hacerle ningún caso más allá, un día al volver del recreo sus amigos formaron un pasillo a mi alrededor y él me agarró por detrás y se puso a hacer movimientos obscenos conmigo sujeta.


Ya os he dicho que no tengo mucha paciencia y además creo que lo de que la violencia nunca es la solución es una bobada, así que, supongo que para sorpresa de nadie a estas alturas, le hundí todas las uñas en la mano que estaba utilizando para sujetarme hasta que no le quedó más remedio que soltarme con un grito de dolor.


No volví a tener ningún problema. Magia.


Y una vez contado esto, comento: si ahora estás pensando "culpa tuya por seguirle el juego", te digo con la conciencia tranquila que eres un completo gilipollas y además una parte gorda del problema. Y sé de lo que hablo porque yo solía ser esa persona. Yo antes pensaba que si alguien te maltrataba o te acosaba era porque no habías sabido encontrar la manera adecuada de gestionar la situación. Con el tiempo aprendí que, aunque en según qué situación esto puede ser al menos relativamente cierto, a menudo la realidad es que los tipejos no atienden a razones; algunos, si los ignoras, se envalentonan porque no les has dicho claramente que no; otros, si te enfadas, se ponen agresivos; otros -como éste-, si te lo tomas con sentido del humor lo interpretan como un incentivo para seguir o bien se cabrean y te acosan más (creo que en este caso era esto último). Yo no tengo superpoderes para saber qué tengo que hacer para que me dejen en paz.




Y todo esto a qué venía. Ah sí, lo de la superioridad física: el indeseable éste que me acosaba en el cole me soltó cuando me defendí, supongo que porque no se lo esperaba y le di un poco de miedo. Pero si ese tío me espera al acabar las clases y me quiere agredir, yo estoy totalmente vendida. Sin un arma con la que defenderme este chaval podía haber hecho lo que le hubiera dado la gana. Luego pues ya está nuestra justicia de mierda para condenarle a diez minutos de cárcel, que acabarán reducidos a cinco por buen comportamiento ya que dentro de la cárcel no hay mujeres desarmadas a las que agredir, y a lo mejor si no le apetece lo de los juicios y la cárcel y eso pues no me hace nada, pero si al gaitas éste o a cualquier otro se le cruza el cable y le dan igual las consecuencias o piensa que no le van a pillar os podéis imaginar que la hemos liado.


Así que bueno, ya tenemos en mi cerebro y con tan sólo catorce años una buena base establecida que me dice que si una persona tiene, o finge tener, un interés sexual o romántico en mí y yo reacciono "de manera equivocada", me puedo meter en un lío de acosos muy desagradable. Porque, por cierto, yo sonreía y tiraba besos más como defensa que porque estuviera relajada con la situación. No sabía qué hacer y reaccionaba de esa forma, mitad para aislarme del problema, mitad para molestarle. Pero cada vez que salía de clase estaba bastante angustiada por no saber si el tío éste iba a estar esperándome o no, ni cómo iba a reaccionar él ese día. Tampoco lo recuerdo como un trauma, pero sí como una época bastante tensa. Menos mal que duró poco.



Así que el primer motivo detrás de este pavor que llevamos todas cuando estamos de camino a casa es el evidente: de media y en igualdad de condiciones somos físicamente mucho más débiles que los hombres.

Pero en la historia del acosador éste que os he contado hay otro problema obvio, que es el segundo motivo del que quería yo hablar:


2. Algunos hombres se creen con derecho a acosar a las mujeres porque sí

Hay un montón de tíos normales por ahí, pero hay otro montón considerable que piensa no sólo que está en su derecho de gritarle a una chica barbaridades por la calle, forzar una conversación que ella claramente no quiere mantener o a veces incluso tocarla, sino que opina que la chica debería sentirse halagada ante estos comportamientos. Ojalá patadas voladoras en nuestro día a día.

Y no, no estoy hablando de un cumplido amable.


SECCIÓN EN LA QUE CUENTO PIROPOS QUE ME HAN SOLTADO. SI QUEDO COMO UNA ENGREÍDA YA LO SUPERARÉIS


Os explico lo siguiente para que comprendáis que no necesariamente me molesta que desconocidos me digan cosas por la calle. Necesito hacer esto, de nuevo, para que lo que viene después tenga cierta credibilidad.


Una vez dos señores en la puerta de un bar me vieron pasar y uno le dijo al otro, claramente para que yo lo oyera, "mira qué chica más guapa". Le sonreí y le dije que muchas gracias, y el que todavía no había dicho nada le dijo a su amigo "y además es simpática".


Fíjate qué drama. Qué acoso y derribo. Qué horror.


Otra vez, en el que sigue siendo mi piropo favorito de todos los tiempos, pasé por delante de un grupo de lo que creo que eran estudiantes de teología o algo por el estilo, no sé, pero eran curas o proyecto de curas que no tendrían ni veinticinco años, que estaban en el descanso de una conferencia o algo así. Cuando me vieron pasar dejaron todos de hablar y una vez ya los había dejado atrás oí a uno decir "todos al confesionario".


Aquí en Londres un día estaba viendo ropa en un centro comercial y un chico vino a decirme que tenía una pinta adorable con el vestido que llevaba puesto. Otro día un rubio enorme estaba tomando café con su amigo en una terraza y me dijo que chocara esos cinco. Cuando efectivamente lo hice, le oí decirle a su amigo "qué tía más sexy".

Todas estas cosas lo que hicieron fue ponerme de buen humor, no agobiarme y hacerme sentir acosada ni sexualizada ni nada por el estilo. Considero el flirteo una parte divertida de la vida, siempre que nadie invada mi espacio vital ni se sobrepase. ¿Queda claro esto? No considero que un piropo sea algo negativo si se hace con un poco de clase. Interiorizad esto también antes de seguir leyendo.

FIN DE LA SECCIÓN EN LA QUE CUENTO PIROPOS QUE ME HAN SOLTADO. QUE NOS LOS DICEN A TODAS, NO OS EMOCIONÉIS, QUE NO ESTOY TAN BUENA



Una vez aclarado lo que yo considero es piropear con estilo, pasemos al área decadente del cortejo.

Recuerdo estar de fiesta un viernes, con 17 años o así, y tener a un indeseable con su brazo por encima de mis hombros (amigo de un amigo. Yo no sabía ni su nombre) y cómo le dije tres veces que me soltara y él las tres se rió y siguió a lo suyo. Al final a base de ignorarle se marchó, pero estuve un rato con este tipejo enganchado a mis hombros negándose a soltarme.

Ya que este post lo escribo mayormente para que los hombres que lo lean se den cuenta de lo desesperante que es ser una chica en estas circunstancias, y como estoy bastante segura de que muchos de los que lean esto pensarán que no es para tanto, que el chico tampoco me estaba metiendo mano al fin y al cabo, vamos a hacer una cosa. Un ejercicio de imaginación. Las chicas ya saben lo que es esto, pero para los chicos que no entiendan el malestar del que hablo, quiero que os imaginéis que estáis en un bar de copas y que un hombre al que no conocéis de nada se acerca y os pone un brazo por encima de los hombros con gesto cariñoso. Un hombre he dicho. Ahora imaginaos que ese hombre os saca una cabeza y media y pesa el doble que vosotros, y que sois conscientes de que no tenéis ningún poder físico sobre él. Si no os quiere soltar, no tenéis manera de obligarle. Tampoco podéis montar una escena ni gritar para que alguien os quite a este señor de encima porque la música está a todo trapo. Y le decís que os suelte, y no os suelta. Y no podéis salir de ahí.

¿Cómo? ¿Que no es lo mismo porque el equivalente es que os pasara esto con una mujer? Resulta que no. Lo increíblemente desagradable que te resulta a ti como hombre el que otro hombre no se te quite de encima, así de horroroso me resulta a mí como mujer. O así me lo imagino, obviamente no estoy en el cerebro de un chico para saber lo que hay ahí, pero el tipo de rechazo que pueda sentir yo en esta situación como mujer es difícil de superar. Es mi cima de la incomodidad mental. Por encima de que esto me suceda con una lesbiana de dos metros, probablemente. Además, he pedido muchas opiniones al respecto y tras hablar con muchos hombres acerca de este tipo de situaciones os aseguro que la equivalencia más correcta es ésta.

Y esto me lleva a otro punto interesante.


Dónde está el listón

La inmensa mayoría de los hombres con los que he hablado tienen grandes dificultades para entender el que yo pueda sentir repulsión extrema cuando un tío que no me interesa me pone la mano encima. Y esto suele venir de que en general a ellos les parece bien que una chica les toque.

Esto también me hace pensar. Creo que no viene sólo de que la superioridad en fuerza del hombre le da la tranquilidad de saber que puede romper el contacto físico cuando él quiera, que es un poder que el sector femenino no tiene. Es también que buena parte de los hombres parece tener el listón mucho, mucho más bajo que las mujeres a la hora de encontrar aceptablemente atractiva a una persona del sexo opuesto. Que hay de todo, por supuesto, pero sí que suelo encontrarme esta tendencia a menudo.

Esto no lo entiendo, la verdad. ¿Tienen los hombres una necesidad más pronunciada que las mujeres de cepillarse a alguien y por eso hacen más concesiones? Lo dudo. ¿Son los hombres más flexibles que las mujeres en lo que interpretan como belleza? Lo dudo más. Y esto lo dejo aquí porque de verdad que no tengo respuestas, pero a lo que yo voy es a que los hombres tienen tal facilidad para encontrar a una mujer suficientemente atractiva como para que el contacto físico no les incomode -de nuevo, he visto de todo, pero hablo en general-, que les cuesta un mundo ver por qué las mujeres se ponen tan nerviosas cuando les pasa a ellas. Así que ya sabéis, cuando no lo entendáis, pensad en el maromo que os saca dos cuerpos haciendoos carantoñas. Y ya no os digo nada si os imagináis siendo la víctima de una violación, que es algo que desafortunadamente creo que todas las mujeres nos hemos imaginado alguna vez, y que los hombres, por lo que me cuentan amigos con los que hablo, ni se plantean. Creo que esa es una razón importante detrás de la extraordinaria falta de empatía de los hombres para con el pánico femenino en tema de agresiones sexuales.

A lo mejor pensáis que los casos similares a lo del tío que no me soltaba en el bar se cuentan con los dedos de una mano, que lo que explico me pasó porque los que me rodeaban eran adolescentes hormonados al fin y al cabo, así que dejadme que os cuente la...


Historia lamentable para que entiendas lo acosadas que estamos las mujeres #2: el colgado de la ambulancia

Os voy a contar ésta porque me pasó hace relativamente poco, el pasado septiembre, en Londres.


Un día después del trabajo estaba de camino a casa y una ambulancia paró cerca de mí. O bueno, luego me enteré de que no era una ambulancia sino un coche medicalizado o algo así. Lo llamo ambulancia para abreviar. Cuando pasé por al lado, el conductor me llamó. Yo, al ver que era una ambulancia, fui tan tranquila a ver qué pasaba. La conversación fue más o menos así:


Yo - Dime.

Conductor - Estoy intentando entrar en el hospital, pero no sé dónde está la entrada -de camino a casa paso por un hospital-.
Yo - Creo que eso de ahí es sólo salida -señalo a una verja con ambulancias aparcadas-, pero si das la vuelta por ahí me parece que puedes entrar.
Conductor - Vale, ¿y tú dónde vives?


???!!



Yo - ¿Que dónde vivo?


Aquí yo todavía estoy con la guardia baja, porque de una ambulancia me fío por defecto. No se me ocurre que el que va dentro sea un cerdo o un tarado. Pero obviamente la pregunta me sale de ojo.


Conductor - Sí.

Yo - Por aquí cerca.
Conductor - ¿Dónde?

Creo que lo que el tipo me quiere ofrecer es llevarme a casa, pero no lo tengo claro.


Yo - ¿Para qué quieres saber dónde vivo?


Aquí van unas cuantas frases que no entiendo bien porque el conductor da vueltas alrededor de no saber cómo entrar en el hospital sin decir realmente nada consistente.

Yo - Venga, que tengas un buen día.


Sigo caminando hacia casa.


La ambulancia me sigue, me adelanta y para unos metros por delante de mí. Cuando paso por su lado el conductor me vuelve a llamar.


Yo - Qué quieres.

Conductor - ¿Dónde vives?
Yo - Que no te voy a decir dónde vivo. Que me dejes en paz.

Me alejo caminando y el tío vuelve a hacer la misma: me sigue, me adelanta, pero cuando va a parar de nuevo para esperarme un coche llega por detrás de él y se ve obligado a seguir avanzando. Esto es ya bastante cerca de mi casa y a estas alturas ya me preocupa que este atontado vea dónde vivo así que, aprovechando que no puede detenerse aún, me meto por una calle perpendicular y doy un rodeo hasta que le pierdo de vista.


Resumen: me toca fingir que mi camino a casa es otro porque un capullo en una ambulancia me está siguiendo.

De nuevo, las chicas que estén leyendo esto estarán tristemente familiarizadas con la sensación, pero probablemente para los chicos sea complicado empatizar. Parece que bueno, le perdí de vista así que no va a ningún lado, cuando en realidad esto me tuvo nerviosa tres días, agobiada por si me volvía a encontrar al tipo y sobre todo porque no sé qué intenciones tenía. Con estas cosas ése es el problema principal; es muy difícil distinguir quién es un inepto que no sabe cómo tirar los tejos y quién es un desequilibrado que a saber hasta dónde está dispuesto a llegar.



Por qué algunos hombres se creen con derecho a perseguir a las mujeres

Contado esto, hablemos de las posibles causas por las que muchos hombres se sienten con este derecho a perseguir a las mujeres porque sí. Como me imagino que alguna chica habrá leyendo esto, os advierto desde ya de que os vais a cabrear, porque creo que parte de esta culpa la tienen las mujeres.


Razón 1: La sociedad espera que sean siempre los hombres los que tomen la iniciativa en el campo de las relaciones sentimentales

Chicas incluidas. La de veces que he oído a una mujer hablar de que le gusta alguien pero que va a esperar a que él haga algo. Esto a los chicos no se lo he visto hacer en la vida. Sí recuerdo algún chaval diciendo "si quieres que las tías te hagan caso tienes que hacerte el duro", pero, al margen de que eso sólo se lo haya oído decir a adolescentes, no tengo claro haberlo visto puesto en práctica jamás. Si un tío no hace nada cuando le gusta una chica es porque piensa que ella no le corresponde o lo que sea, no porque crea que ella tiene que currárselo más. Entonces normal que sean ellos los que en un bar de fiesta vayan a hablar con un grupo de amigas y normal que yo esté tan tranquila leyendo en un parque y me venga un tipo a dar palique a ver si cuela. Para mí es una turra estupenda y el colega no tiene nada que hacer, pero eso él no lo sabe. Y como tenga que esperar a que yo o cualquier fémina del mundo vaya a entrarle a él, buena suerte. En general, si tuviéramos que esperar a que las mujeres mostraran su interés, la especie se habría ido a pique hace mogollón de tiempo.

Cambiar esto está siendo una movida de cuidado, porque no es sólo que las mujeres estén acostumbradas a sentarse en un rincón a esperar a que vengan príncipes a decirles lindezas, hábito difícil de abandonar; es además que a las mujeres que sí toman la iniciativa a menudo se las ve como demasiado atrevidas y muchos hombres lo ven como algo poco femenino y no les gusta. También os digo, si a un tío no le gustas porque tienes iniciativa lo mejor que puedes hacer es envolverlo para regalo y mandárselo por correo a alguien que no te caiga muy bien. Pero entendamos que desafiar estos estándares no es fácil.


Razón 2:  Muchas mujeres son absurdamente crípticas cuando tienen que expresar sentimientos negativos

Algunos hombres lo hacen también, pero las mujeres, madre del amor hermoso.

¿Cuántas veces habéis oído a una novia/amiga/lo que sea, decir que "no le pasa nada", cuando es evidente que se tiene un cabreo tremendo? ¿Cuántos "tú sabrás" habéis escuchado en vuestra vida? Yo esto lo he visto a patadas. Una de mis amigas una vez me mandó un mensaje diciéndome que se sentía muy agradecida por tener gente en la ciudad en la que vivía que la hacía sentirse como en casa. Meses después descubrí hablando con ella que ese mensaje en realidad era una acusación velada en mi contra por no haberle escrito no sé cuándo, haciéndole con ello sentir que no me importaba lo suficiente. No me dijo en su día "de qué vas, por qué no me has escrito", ni me ignoró porque ni por perder el tiempo con alguien que la ha ofendido. No, ella mandó ese mensaje  pasivo-agresivo esperando que yo intuyera lo mucho que había herido sus sentimientos. Claro, cuando por fin me contó esto le eché una bronca de espanto y le dije que si teníamos doce años o qué.

Otra, una pseudoamiga con la que pasaba mucho tiempo en la facultad, me dejó de hablar de la noche a la mañana diciendo, cuando le pregunté, que yo debería saber por qué ella ya no quería saber nada de mí, que yo sabría lo que había hecho. Nunca me dio una explicación y a día de hoy lo único que tengo más o menos claro es que la muchacha estaba como las maracas de Machín.

A otras chicas las he oído comentar cómo iban a esperar un par de días hasta decirles a sus novios por qué no les hablaban, que ellos no tenían ni idea y les iban a hacer sufrir un poco para que espabilaran.

Yo misma, hasta que tuve veintitantos años y me di cuenta de lo sumamente ridícula que es esta actitud, también esperaba que la gente cercana a mí de alguna manera supiera lo que yo estaba pensando y me proporcionara lo que necesitaba en el momento sin aclarar en qué consistía dicha necesidad.

He de decir que hoy día casi todas mis amigas son relativamente claras en estos aspectos, porque obviamente a las que no lo son al quinto drama que me montan las mando a hacer puñetas, pero en otras mujeres (amigas de amigos, novias de, chicas a las que conozco por ahí en un plan común) sigo viendo esta actitud como algo absolutamente normal. Hace como un año un amigo me dijo que yo era una de las pocas chicas que conocía que cuando había algún problema lo hablaba claramente, que esa actitud en mujeres no la veía casi nunca. Y mira, esto no puede ser. Así no llegamos a ningún lado.

Y ojo, que a veces esto está justificado; si tu novia te ha explicado cinco veces que le molesta que llegues tarde cuando quedáis y tú te has disculpado y le has dicho que efectivamente deberías llegar a la hora, normal y corriente que la sexta vez tu pobre novia no tenga ya la energía de explicarte de nuevo cuál es el problema. Si tienes más de cuatro luces deberías saber que si algo le molestó las primeras cinco veces, la sexta tampoco le va a hacer gracia, y ahí sí deberías saber por ti mismo qué es lo que le pasa, porque ella ya estará tan hasta el pie del asunto que no te lo va a volver a explicar.

Pero en las ocasiones en las que el enfado es un poco irracional -y esto es complicado porque primero la persona en cuestión tiene que estar dispuesta a aceptar que su enfado pueda no ser del todo lógico. Buena suerte-, o no está muy clara la causa, o hay cualquier tipo de confusión en cuanto a por qué se ha producido el problema, entonces hay que dejarse de tonterías y explicar qué es lo que va mal. Digo yo.

A lo que iba; el que las mujeres digan constantemente que están bien cuando no lo están, que no hay ningún problema cuando sí lo hay, etc. etc., crea una cultura espantosa que nos da a entender que cuando una mujer dice una cosa no necesariamente la dice de verdad. De ahí vienen luego los paternalismos de esa gente, especialmente hombres, a los que les dices que quieres una cosa y ellos hacen la contraria.


Nota: Esto no es excusa para que una tía te diga que dejes de tocarla y tú la ignores. No me vengas con chorradas.


Obviamente no es que éste sea el origen de todos los males, pero sí me parece que esta actitud ayuda a que en general se considere que a las mujeres a veces no puede uno tomárselas en serio. Así que chicas, por favor, no hagáis esto. De hecho, gente en general, no hagáis esto. Planteaos si tenéis razones para estar enfadados o si simplemente es una rabieta porque las cosas no han salido como teníais previsto, y si realmente tenéis razones para estar ofendidos con alguien, decídselo. O ignoradle para siempre si queréis, que hay gente con la que no merece la pena perder el tiempo explicándoles cosas básicas, pero no digáis de manera sistemática que todo va bien cuando todo va mal.


La presunción de inocencia

Como cuento en este post, las mujeres sufrimos un acoso relativamente constante y relativamente pronunciado en nuestra vida diaria. Es habitual para una chica el estar incómoda, sentirse sexualizada, que un hombre entre en contacto físico con ella sin su consentimiento y el tener miedo cuando va sola por la calle.

Me he extendido con un par de casos un poco llamativos, pero hay mil cosas pequeñas que no voy a contar en detalle porque si lo hago nos pasamos aquí cuatro días yo escribiendo y vosotros leyendo, pero para que os hagáis una idea os dejo unos cuantos casos muy resumidos:

1. A una amiga y a mí una vez nos persiguió un tío masturbándose.

2. Una amiga mía ha estado en juicios porque un desconocido intentó violarla por la calle.

3. Una chica que era mi amiga en años de facultad una noche por la calle se encontró con un tío que le dio una palmada en el culo.

4. Lo de que un desconocido me agarre el culo por la calle también lo he vivido yo. Y en bares de fiesta.

5. Una amiga de aquí de Londres, lo mismo, hace como un mes cuando estaba llegando a su casa. Cuando le dijo al agresor que de qué iba, él se puso a gritarle, agresivo. Mi amiga me lo contó días después del suceso y todavía estaba asustada.

6. La madre de una amiga del colegio tuvo que abrirle la puerta de casa a una vecina que venía huyendo escaleras arriba de un señor que se había escondido en el portal y la estaba persiguiendo.

7. En mis años de instituto, una de mis amigas se fue a dar una vuelta -a enrollarse, vamos- con un chico al que acababa de conocer, y al poco rato nos llamó llorando porque el chaval se había puesto a masturbarse en cuanto se quedaron solos.

8. Cuando estaba en el instituto unos cuantos chicos de mi curso se dedicaron a tirarme los tejos como si no hubiera un mañana; cuando vieron que yo les decía que no hasta cuando me pedían la hora se pasaron el resto del curso llamándome estrecha.

9. Hubo una temporada en la que un violador en serie se dedicó a agredir a chicas en un barrio en concreto de mi ciudad. Al final creo que le pillaron en Francia.

10. Un compañero de trabajo con el que no había cruzado más de tres palabras en mi vida me agarró del culo en una cena de empresa. Cuando me aparté, se marchó e hizo lo mismo con otra compañera.


Ésas son las que se me han ocurrido así, sin pensar mucho. Este tipo de cosas están a la orden del día y es un poco deprimente, la verdad.

Que esto se haya normalizado es una mierda y es necesario que los hombres estén al tanto del impacto negativo que esto tiene en la vida de las mujeres, y además de que a la larga les impacta negativamente a ellos también, ya que este acoso constante genera una enorme desconfianza en las mujeres hacia los hombres porque es imposible saber quién es un colgado y quién no, así que ante la posibilidad de una situación tensa como mínimo y una violación como máximo, un buen porcentaje de mujeres decidimos -me incluyo- no jugárnosla y evitar vernos con hombres en según qué circunstancias a menos que les conozcamos bien.

De nuevo, interiorizad bien ese párrafo de ahí. Leedlo otra vez si hace falta.

Vale, una vez entendido esto, sabed que opino que si una mujer acusa a un hombre de tener un comportamiento inapropiado, creer en ello sin pruebas, antecedentes, ni testigos es una barbaridad.

Ya sé que el acoso y el magreo no dejan pruebas y casi nunca hay testigos, pero las mujeres son personas y también mienten. Esta historia del "hermana, yo sí te creo", que consiste en que cualquier mujer que acuse a un hombre de lo que sea está por defecto diciendo la verdad, es una locura.

Y sí, como comento arriba, a mí me han tocado el culo compañeros de trabajo, me han agarrado desconocidos por la calle, me han perseguido exhibicionistas y un larguísimo etcétera. Entiendo la frustración. Pero si aceptamos como verdad absoluta lo que cualquier mujer tiene que decir en contra de cualquier hombre, entonces si mañana viene una mujer aleatoria y te dice que tu padre, o tu hermano, o tu novio, o tu mejor amigo la ha intentado violar, te lo tienes que creer. Aunque el acusado en cuestión no haya tenido jamás una actitud abusiva contra nadie ni tenga siquiera el más mínimo interés en la mujer que le acusa. Si no estás dispuesta a creer a esa mujer, tampoco puedes creer por defecto a una chica que acusa sin pruebas, porque ese acusado también es, potencialmente, el padre, hermano, novio o mejor amigo de alguien que puede estar pensando que no se están contando las cosas como son.

Dar por sentado que todas las mujeres dicen la verdad y todos los hombres son posibles violadores es generalizar hasta el absurdo. Hay hombres buenos y hombres malos; hay mujeres buenas y mujeres que mienten como unas desgraciadas. No me parece justo que un hombre por el hecho de ser hombre tenga que estar en el punto de mira permanentemente; los hombres también son personas y también tienen derechos. Que últimamente se nos olvida.

Y no, no me vale que como todas las mujeres hemos sufrido acoso y algún tipo de violencia no pasa nada por compensar un poco. Sí pasa. Hay que eliminar esta basura de cultura en la que la superioridad física de los hombres se puede utilizar para amedrentar a las mujeres, no convencer a la población de que todos los hombres son gentuza. Que por cada cretino que me ha gritado una obscenidad, metido mano o asustado con su proximidad física, conozco diez que no podrían estar menos interesados en tocar a una mujer que no quiere que la toquen.


Y ya está. Esto venía yo a contar. En resumen:


A los hombres, que por favor sean conscientes de que la mitad de la población mundial tiene pánico a ir sola de noche por la calle o incluso a estar en según qué sitios públicos aunque sean cerrados. Hay muchas maneras de ayudar a las mujeres a sentirse un poco más seguras; no voy a entrar en ello ahora porque es un tema complejo y este post ya se ha alargado lo suficiente, pero al menos sed conscientes de lo que hay. No ninguneéis a una chica que está nerviosa porque un tipo la ha seguido por la calle o la ha tocado sin conocerla de nada.

A las mujeres, que sean un poco más transparentes, que hablen cuando hay un problema. Y que sean conscientes de que también hay mujeres que mienten y también hay hombres que no se meten con nadie.

Por último, recordatorio de lo que es de verdad una manada, no estos tipejos. Elefantitos majos:

Manada de elefantes

Lobos chachis:
Manada de lobos

Leonas molonas:
Manada de leonas


Ale. Feliz fin de semana a todos.

miércoles, junio 06, 2018

Yo quiero vivir en un avión

El otro día volé en primera clase.

No, perdón, primera clase no. Business. Que es un poco menos, pero nos vale.

Mi empresa me ha mandado a Boston unos días para enseñar a un montón de médicos a utilizar el software que he programado para un estudio clínico (a eso me dedico ahora mismo. Programo software para estudios clínicos) y, como las compañías farmacéuticas por lo general están forradas de pasta y además creo que para vuelos largos están legalmente obligados a subirme de nivel -creo. No lo tengo claro-, en el avión me han mandado a la clase business. Que creo que en español se llama clase ejecutiva, pero eso no se lo he oído usar a nadie en la vida, así que quedémonos con business.

Les estaba contando el otro día por Skype a mis padres en qué consiste este asunto, y al acabar la conversación me di cuenta de que esto tenía que dejarlo por escrito, mitad para ilustrar al paisano común que no tienen ni idea de cómo va el asunto (a.k.a. yo cuando me tengo que pagar los vuelos), mitad para acordarme de esto en un futuro porque, dado que ni programar estudios clínicos ni escribir chorradas en un blog tienen pinta de ser el camino para hacerme millonaria, me da que no voy a volver a viajar así en la vida.

El vuelo Londres - Boston fue de día y duró algo más de siete horas.

Las clases pijas que yo conocía consistían en asientos más grandes y más mulliditos de lo habitual, con una plaza libre en medio de cada dos para no tener que pelear por los reposabrazos, en los que te dan comida todo el rato y los auxiliares de vuelo son especialmente amables. Esto lo sé porque hace años, yendo con mis padres y mi hermana a Austria, un overbooking estupendo hizo que no hubiera hueco para todos, así que nos informaron de que uno de nosotros iba a ser enviado sin coste adicional a la sección de la gente pudiente. Porque mis padres son gente maja y supongo que para el horror de mi hermana -que no se quejó nada, he de decir-, se decidió, no recuerdo muy bien cómo, que la afortunada iba a ser yo.

Así que creía estar preparada para lo que me iba a encontrar, pero resulta que, como os conté hace poco, volar ha cambiado mogollón en los últimos años, y ahora en algunas aerolíneas este tipo de viajes tienen una pinta diferente (o igual fue así siempre y yo no me he enterado porque soy una simple plebeya y no me veo a menudo en este tipo de situaciones. A saber).

Lo primero que tengo que decir es que todo esto pasa en un avión de dos pisos, siendo mi sección, faltaría más, la de arriba. No voy a ir abajo con los pobres. Mi plaza es tal que así:

British Airways Clase Business

Esto es si vuelas con British Airways (y ni siquiera sé si en todos sus aviones es igual), aunque mi compañero voló con Aer Lingus y por lo que he visto en fotos es por el estilo.

Os explico lo que veis en la foto para que entendáis luego a qué me refiero con cada cosa:

1. El asiento se reclina hasta ponerse en posición casi horizontal.

2. El cacharro negro que veis en la pared curva de la izquierda es una banqueta que se despliega para que puedas poner los pies y quedarte frito.

3. La pantalla muestra pelis, juegos, música y un chat para hablar con otros pasajeros. Esto se controla con un mando a distancia que hay enganchado a la pared (pegado al asiento), y es igual para todos los pasajeros del avión, estén en la clase en la que estén.

4. Lo que hay a la altura del suelo es un cajón para que puedas guardar tus cosas.

5. La lámina ondulada vertical semitransparente es una pared que se sube y se baja en función de si quieres verle o no el careto a tu vecino. Como se intuye en la foto, los pasajeros están uno enfrente del otro, compartiendo lateral de la cápsula en la que se encuentra cada uno, así que si la pared no está desplegada puedes con total comodidad meterle un dedo en el ojo a tu compañero de vuelo. Esta pared tiene que estar bajada hasta completar el despegue.


Llego a mi sitio decidida a fingir que yo cojo vuelos de éstos como el ciudadano de a pie coge autobuses.

No me ha dado tiempo a sentarme y ya tengo allí a una auxiliar de vuelo muy maja que viene a traerme una botella de agua.

La primera cosa que mola de volar en este plan es que no hay agobios por si te van a cobrar esto o lo otro. Aquí es gratis todo. Aunque con lo que has pagado por el billete, sólo faltaba, ahora que lo pienso.

Cojo la botella y doy las gracias, mirando a mi asiento lleno de cosas -mi mochila, mi gabardina, mi pañuelo, una almohada y una bolsa de lona que aún no sé qué contiene. Mi trolley no, porque ya lo he metido en el compartimento para equipajes que hay encima de mi sitio y que es para mí sola-. Azafata detecta mi desorientación e intenta ayudarme.

Azafata - Puede poner el agua en el cajón si quiere.*


Qué cajón, señora, de qué me está usted hablando.

Yo - Mmmmm perdona, ¿qué cajón dices?


Azafata señala al cajón que describo en el punto 4 de la lista sonriendo como si señalar cajones fuera su pasión en la vida.

Yo - ¡Aaaahh gracias!

Azafata - Y si me da su abrigo lo puedo guardar -levanta una percha que lleva en la mano-.


GUARDARROPA, COLEGAS. EN UN AVIÓN.


Le doy mi gabardina a Azafata, meto el agua en el cajón, despejo mi asiento para poder sentarme y me pongo a coger lo que me hace falta de mi mochila.

Noto una presencia.

Levanto la vista.

¡Tengo un vecino!

Uy, parece un poco mustio, ¿no?

Mmmm muy mustio, de hecho.

Un hombre de mediana edad me observa con una palpable combinación de desprecio y desidia, su cara diciendo "otra simple campesina a la que han mandado con la élite porque le han vendido su billete a otros dos o tres campesinos a la vez".

Yo empeñada en mimetizarme con el entorno y este señor en menos de cinco minutos ya tiene claro que comparada con ellos soy más pobre que las ratas. A este hombre vamos a llamarle Mr. Curmudgeon. Curmy para abreviar.

Yo - ¡Hola!
Curmy - Hola.

Cojo la bolsa de lona que menciono arriba, que está precintada, y la levanto a la altura de mi cara para que Curmy la vea.

Yo - ¿Qué es esto?

Curmy parece que intenta, sin éxito, ocultar el infinito desdén que mi persona le genera, y me dice, con el desparpajo que le caracteriza:

Curmy - Mantas.


Mantas. En plural.

Yo - ¡Gracias!


Pido ayuda a Azafata, que rompe el precinto a lo burro y me devuelve mi bolsa. Dentro hay una colcha para poner sobre el asiento, una manta y un edredón. También me dan un neceser con cepillo y pasta de dientes, jabón y un boli.

Todo muy guay, pero resulta que hay un pasajero que no aparece y su equipaje va a bordo, así que no podemos despegar.


INCISO

Por si no lo sabéis, un vuelo no puede despegar si contiene una maleta sin dueño. O sea, al final despega, pero esperan todo lo posible y, si realmente no aparece el pasajero, tienen que meterse a buscar el equipaje huérfano y sacarlo de ahí, así que obviamente hacen lo posible por retrasar la salida. Así que si algún día tenéis un miembro del grupo que no va a llegar a tiempo para el despegue, facturad una maleta y no os subáis al avión QUIÉN HA DICHO ESO YO NO ES UN CONSEJO TERRIBLE NO LO HAGÁIS ES SÚPER INMORAL (y si lo hacéis la culpa es de mi amiga Lily, que fue la que me contó este asunto).


No, en serio, si hacéis esto y os pillan es más que probable que la aerolínea os ponga en una lista negra de por vida (sí, lo de las listas negras existe, aquí tenéis un ejemplo sacado directamente de la página de Delta Airlines).


FIN DEL INCISO



Aprovecho el tiempo de espera para leer un rato y para hablar con Nero, mi compañero de piso italiano del que habréis oído hablar en facebook de vez en cuando porque a veces hace cosas muy de italiano y me veo en la obligación de publicarlas. A este tío le pirran los EEUU, así que cuando supe que me iba a Boston le dije que se viniera. Y ahí estamos, yo en la planta de arriba, él en la planta de abajo, hablando por telegram y por el chat del avión, que por cierto es una mierda de sistema e incomodísimo de utilizar -el chat, no telegram. Telegram está bien-.

Le mando una foto del menú. Porque me han dado un menú, del cual tengo que elegir un plato principal. Elijo pato, más por ir acorde con el pijerío general que por otra cosa.

Menú de la clase business de British Airways

Aparece el pasajero perdido, despegamos después de ver el muy entretenido vídeo de seguridad de British Airways y, en cuanto estamos estables, un montón de auxiliares empiezan a revolotear entre los pasajeros ofreciendo bebidas. Un azafato se pone nervioso cuando le digo por tercera vez que con la botella de agua que me dieron al principio estoy cubierta y me ofrece, angustiado, una copa de champán. Le digo que el champán no es lo mío y me dice que lo suyo tampoco, pero que se lo toma por cumplir en celebraciones varias. Me cae bien.

Una vez consigo que dejen de ofrecerme cosas me levanto para lavarme las manos. Recorro los tres metros que me separan del final de la cabina y entro en el baño.

El baño, atención, tiene bancos de cuero, un espejo de cuerpo entero y es más o menos igual de grande que el cuarto de baño que tengo yo en casa. Sólo le falta una ducha.

Cuarto de baño de la clase business de British Airways

Deambulo por el habitáculo mientras me seco las manos, aún flipando bastante, y aquí me doy cuenta de una de las dos razones por la cual, en contra de lo que yo pensaba hasta este día, volar en business no es una pomposidad innecesaria sino, según el caso, una muy buena inversión:

Razón 1: Este baño, que como comento tiene un espejo de cuerpo entero, además de una percha, asientos y espacio suficiente como para cambiarse de ropa cómodamente y arreglarse en condiciones, puede ser la diferencia entre aparecer hecho una piltrafa o con una pinta fabulosa si se tiene una reunión o una entrevista de trabajo esperando a media hora del aeropuerto de destino, cosa que según el día que estés teniendo se puede traducir en cerrar o no un trato o en conseguir o no un empleo.

También os digo, en mi vuelo de vuelta fui en business otra vez y el baño era uno de los cutres de toda la vida, así que parece ser que tampoco se puede uno fiar de poder contar con esto. Pero si se tiene puede ser realmente muy útil.

Al salir del baño, Curmy está peleándose con nuestro separador ondulado.

Yo - Qué, ¿no funciona?
Curmy - No -presiona frenéticamente el botón que debería estar levantando la barrera, pero nada-. Vamos, que tampoco me importa que se quede bajado, ¿eh?

Mira, Curmy, tienes ahora mismo tantas ganas de levantar ese muro que en cuanto quites el modo avión del móvil vas a tener siete llamadas perdidas de la Casa Blanca ofreciéndote un puesto en el gobierno.

Yo - No claro, si se queda bajado no pasa nada, pero como estoy todo el rato con el mando del chat, que hace un ruido que no veas, si lo subimos, mejor, y así no te molesto.

Me dedica otra mirada desdeñosa antes de rendirse y dejar el separador bajado. No me digas que voy a tener que ver la amarga expresión del amigo Curmy durante seis horas y media, porque me puede dar algo.

Afortunadamente, al cabo de un rato aparece el auxiliar que toma champán en fiestas por cumplir y activa la pared que me otorgará unas cuantas horas de muy apreciada privacidad.

Después de esto me traen espárragos, mi pato, un montón de postres. Delicioso todo y además con las manos bien limpias porque los auxiliares han tenido a bien traernos a todos toallas húmedas calientes antes de cenar.

Del resto del vuelo tengo poco más que contar; leí un rato, me aburrí soberanamente viendo Call Me by your Name, recorrí todo el avión -qué cosa más grande- para ir a visitar a Nero un rato, dormí como una hora, merendé bizcochos y ya está. Aterricé en Boston fresca como una lechuga.

Y no tengo nada más que contar de ese trayecto, pero es que luego estuvo el vuelo de vuelta. Esto añade un par de detalles a este asunto, porque era un vuelo nocturno y eso significa que, además de todo lo que he mencionado ya, me dan también un par de calcetines (!), crema hidratante, bálsamo labial y un antifaz de ésos que llevan para dormir las señoras ricas en las películas. Aquí me dieron otro menú, pero comí muy poco porque esta gente me había dado de cenar ya en el aeropuerto. Y esto me lleva a la sala VIP.

La sala VIP es un área dentro del aeropuerto en la que te puedes sentar a esperar a que salga tu vuelo; tienen un buffet con comida y bebida, periódicos, y te avisan cuando tienes que embarcar, pasando al avión por una entrada especial que te evita hacer cola.

A mí de esta sala nadie me dijo nada en el vuelo de ida, pero sé que Heathrow, que es el aeropuerto del que salí, tiene una, así que no tengo muy claro cómo funciona esto. El caso es que antes de despegar pude cenar sopa y probar un par de postres. Luego salí y esperé en la cola con el resto de los mortales porque no era cuestión de dejar a Nero por ahí abandonado, pero sabed que la sala ésa mola lo suyo.

Por último, en vuelos nocturnos te preguntan qué quieres hacer por la mañana con respecto a despertarte y desayunar. Hay tres opciones:

a) Te despiertan una hora y cuarto antes del aterrizaje y te dan un desayuno a lo bruto, en el que puedes elegir un plato caliente y bebidas varias. A mí me hicieron un batido y me trajeron croissants y napolitanas porque lo que tenían caliente no me iba mucho.

b) Te despiertan cincuenta minutos antes del aterrizaje y te dan té o café, y bollos.

c) Te despiertan cuarenta minutos antes del aterrizaje y te dan café o té pero nada más porque no da tiempo, y te recuerdan que tienes una sala VIP estupenda en la terminal de llegada en la que puedes desayunar a todo trapo y darte una ducha.

Yo elegí la opción a porque en este caso prefería comer a dormir, y aún así pude estar frita durante unas tres horas del tirón. Esto lo conseguí porque mi butaca, una vez reclinada y con el cacharro para los pies en su sitio, era prácticamente una cama. Mi vuelo salió como a las once de la noche de Boston y llegó a Londres hacia las diez de la mañana, hora británica. Las tres horas que dormí me permitieron permanecer despierta el resto del día, con lo que esa noche me fui a dormir a una hora más o menos normal. Y esto me lleva al segundo motivo por el cual viajar así no es ninguna tontería:

Razón 2: La posibilidad de dormir que te da volar en business puede ahorrarte estar una semana con un jet lag que te mueres. No sé si habéis sufrido esto, pero es horroroso. Estás medio dormido por el día, por la noche no te entra sueño ni a tiros, tienes hambre cuando no es; un desastre. Ahorrártelo es una maravilla.

Al final, ir en business convierte lo que normalmente sería tirar un día a la basura y acabar reventado, en un día más o menos normal, en el que además comes bien y puedes descansar. No te ahorras el follón del antes y el después del vuelo, pero desde luego en salud ganas una barbaridad.

Una pena que esté un pelín fuera de mi poder adquisitivo:

Precios Londres-Boston, ida y vuelta (día al azar)

A ver si cuela y la empresa me manda a otro sitio en este plan. O a ver si me hago rica y me puedo pagar estas cosas yo, ya que estamos.


*1 En inglés no existe eso de hablar de usted (a mí me parece una pérdida de tiempo también, así que bien por los ingleses), pero estoy segura hasta el infinito de que un auxiliar de vuelo business le habla de usted hasta al gato, así que así lo traduzco.