miércoles, junio 06, 2018

Yo quiero vivir en un avión

El otro día volé en primera clase.

No, perdón, primera clase no. Business. Que es un poco menos, pero nos vale.

Mi empresa me ha mandado a Boston unos días para enseñar a un montón de médicos a utilizar el software que he programado para un estudio clínico (a eso me dedico ahora mismo. Programo software para estudios clínicos) y, como las compañías farmacéuticas por lo general están forradas de pasta y además creo que para vuelos largos están legalmente obligados a subirme de nivel -creo. No lo tengo claro-, en el avión me han mandado a la clase business. Que creo que en español se llama clase ejecutiva, pero eso no se lo he oído usar a nadie en la vida, así que quedémonos con business.

Les estaba contando el otro día por Skype a mis padres en qué consiste este asunto, y al acabar la conversación me di cuenta de que esto tenía que dejarlo por escrito, mitad para ilustrar al paisano común que no tienen ni idea de cómo va el asunto (a.k.a. yo cuando me tengo que pagar los vuelos), mitad para acordarme de esto en un futuro porque, dado que ni programar estudios clínicos ni escribir chorradas en un blog tienen pinta de ser el camino para hacerme millonaria, me da que no voy a volver a viajar así en la vida.

El vuelo Londres - Boston fue de día y duró algo más de siete horas.

Las clases pijas que yo conocía consistían en asientos más grandes y más mulliditos de lo habitual, con una plaza libre en medio de cada dos para no tener que pelear por los reposabrazos, en los que te dan comida todo el rato y los auxiliares de vuelo son especialmente amables. Esto lo sé porque hace años, yendo con mis padres y mi hermana a Austria, un overbooking estupendo hizo que no hubiera hueco para todos, así que nos informaron de que uno de nosotros iba a ser enviado sin coste adicional a la sección de la gente pudiente. Porque mis padres son gente maja y supongo que para el horror de mi hermana -que no se quejó nada, he de decir-, se decidió, no recuerdo muy bien cómo, que la afortunada iba a ser yo.

Así que creía estar preparada para lo que me iba a encontrar, pero resulta que, como os conté hace poco, volar ha cambiado mogollón en los últimos años, y ahora en algunas aerolíneas este tipo de viajes tienen una pinta diferente (o igual fue así siempre y yo no me he enterado porque soy una simple plebeya y no me veo a menudo en este tipo de situaciones. A saber).

Lo primero que tengo que decir es que todo esto pasa en un avión de dos pisos, siendo mi sección, faltaría más, la de arriba. No voy a ir abajo con los pobres. Mi plaza es tal que así:

British Airways Clase Business

Esto es si vuelas con British Airways (y ni siquiera sé si en todos sus aviones es igual), aunque mi compañero voló con Aer Lingus y por lo que he visto en fotos es por el estilo.

Os explico lo que veis en la foto para que entendáis luego a qué me refiero con cada cosa:

1. El asiento se reclina hasta ponerse en posición casi horizontal.

2. El cacharro negro que veis en la pared curva de la izquierda es una banqueta que se despliega para que puedas poner los pies y quedarte frito.

3. La pantalla muestra pelis, juegos, música y un chat para hablar con otros pasajeros. Esto se controla con un mando a distancia que hay enganchado a la pared (pegado al asiento), y es igual para todos los pasajeros del avión, estén en la clase en la que estén.

4. Lo que hay a la altura del suelo es un cajón para que puedas guardar tus cosas.

5. La lámina ondulada vertical semitransparente es una pared que se sube y se baja en función de si quieres verle o no el careto a tu vecino. Como se intuye en la foto, los pasajeros están uno enfrente del otro, compartiendo lateral de la cápsula en la que se encuentra cada uno, así que si la pared no está desplegada puedes con total comodidad meterle un dedo en el ojo a tu compañero de vuelo. Esta pared tiene que estar bajada hasta completar el despegue.


Llego a mi sitio decidida a fingir que yo cojo vuelos de éstos como el ciudadano de a pie coge autobuses.

No me ha dado tiempo a sentarme y ya tengo allí a una auxiliar de vuelo muy maja que viene a traerme una botella de agua.

La primera cosa que mola de volar en este plan es que no hay agobios por si te van a cobrar esto o lo otro. Aquí es gratis todo. Aunque con lo que has pagado por el billete, sólo faltaba, ahora que lo pienso.

Cojo la botella y doy las gracias, mirando a mi asiento lleno de cosas -mi mochila, mi gabardina, mi pañuelo, una almohada y una bolsa de lona que aún no sé qué contiene. Mi trolley no, porque ya lo he metido en el compartimento para equipajes que hay encima de mi sitio y que es para mí sola-. Azafata detecta mi desorientación e intenta ayudarme.

Azafata - Puede poner el agua en el cajón si quiere.*

Qué cajón, señora, de qué me está usted hablando.

Yo - Mmmmm perdona, ¿qué cajón dices?

Azafata señala al cajón que describo en el punto 4 de la lista sonriendo como si señalar cajones fuera su pasión en la vida.

Yo - ¡Aaaahh gracias!
Azafata - Y si me da su abrigo lo puedo guardar -levanta una percha que lleva en la mano-.


GUARDARROPA, COLEGAS. EN UN AVIÓN.


Le doy mi gabardina a Azafata, meto el agua en el cajón, despejo mi asiento para poder sentarme y me pongo a coger lo que me hace falta de mi mochila.

Noto una presencia.

Levanto la vista.

¡Tengo un vecino!

Uy, parece un poco mustio, ¿no?

Mmmm muy mustio, de hecho.

Un hombre de mediana edad me observa con una palpable combinación de desprecio y desidia, su cara diciendo "otra simple campesina a la que han mandado con la élite porque le han vendido su billete a otros dos o tres campesinos a la vez".

Yo empeñada en mimetizarme con el entorno y este señor en menos de cinco minutos ya tiene claro que comparada con ellos soy más pobre que las ratas. A este hombre vamos a llamarle Mr. Curmudgeon. Curmy para abreviar.

Yo - ¡Hola!
Curmy - Hola.

Cojo la bolsa de lona que menciono arriba, que está precintada, y la levanto a la altura de mi cara para que Curmy la vea.

Yo - ¿Qué es esto?

Curmy parece que intenta, sin éxito, ocultar el infinito desdén que mi persona le genera, y me dice, con el desparpajo que le caracteriza:

Curmy - Mantas.

Mantas. En plural.

Yo - ¡Gracias!

Pido ayuda a Azafata, que rompe el precinto a lo burro y me devuelve mi bolsa. Dentro hay una colcha para poner sobre el asiento, una manta y un edredón. También me dan un neceser con cepillo y pasta de dientes, jabón y un boli.

Todo muy guay, pero resulta que hay un pasajero que no aparece y su equipaje va a bordo, así que no podemos despegar.


INCISO

Por si no lo sabéis, un vuelo no puede despegar si contiene una maleta sin dueño. O sea, al final despega, pero esperan todo lo posible y, si realmente no aparece el pasajero, tienen que meterse a buscar el equipaje huérfano y sacarlo de ahí, así que obviamente hacen lo posible por retrasar la salida. Así que si algún día tenéis un miembro del grupo que no va a llegar a tiempo para el despegue, facturad una maleta y no os subáis al avión QUIÉN HA DICHO ESO YO NO ES UN CONSEJO TERRIBLE NO LO HAGÁIS ES SÚPER INMORAL (y si lo hacéis la culpa es de mi amiga Lily, que fue la que me contó este asunto).

No, en serio, si hacéis esto y os pillan es más que probable que la aerolínea os ponga en una lista negra de por vida (sí, lo de las listas negras existe, aquí tenéis un ejemplo sacado directamente de la página de Delta Airlines).


FIN DEL INCISO


Aprovecho el tiempo de espera para leer un rato y para hablar con Nero, mi compañero de piso italiano del que habréis oído hablar en facebook de vez en cuando porque a veces hace cosas muy de italiano y me veo en la obligación de publicarlas. A este tío le pirran los EEUU, así que cuando supe que me iba a Boston le dije que se viniera. Y ahí estamos, yo en la planta de arriba, él en la planta de abajo, hablando por telegram y por el chat del avión, que por cierto es una mierda de sistema e incomodísimo de utilizar -el chat, no telegram. Telegram está bien-.

Le mando una foto del menú. Porque me han dado un menú, del cual tengo que elegir un plato principal. Elijo pato, más por ir acorde con el pijerío general que por otra cosa.

Menú de la clase business de British Airways

Aparece el pasajero perdido, despegamos después de ver el muy entretenido vídeo de seguridad de British Airways y, en cuanto estamos estables, un montón de auxiliares empiezan a revolotear entre los pasajeros ofreciendo bebidas. Un azafato se pone nervioso cuando le digo por tercera vez que con la botella de agua que me dieron al principio estoy cubierta y me ofrece, angustiado, una copa de champán. Le digo que el champán no es lo mío y me dice que lo suyo tampoco, pero que se lo toma por cumplir en celebraciones varias. Me cae bien.

Una vez consigo que dejen de ofrecerme cosas me levanto para lavarme las manos. Recorro los tres metros que me separan del final de la cabina y entro en el baño.

El baño, atención, tiene bancos de cuero, un espejo de cuerpo entero y es más o menos igual de grande que el cuarto de baño que tengo yo en casa. Sólo le falta una ducha.

Cuarto de baño de la clase business de British Airways

Deambulo por el habitáculo mientras me seco las manos, aún flipando bastante, y aquí me doy cuenta de una de las dos razones por la cual, en contra de lo que yo pensaba hasta este día, volar en business no es una pomposidad innecesaria sino, según el caso, una muy buena inversión:

Razón 1: Este baño, que como comento tiene un espejo de cuerpo entero, además de una percha, asientos y espacio suficiente como para cambiarse de ropa cómodamente y arreglarse en condiciones, puede ser la diferencia entre aparecer hecho una piltrafa o con una pinta fabulosa si se tiene una reunión o una entrevista de trabajo esperando a media hora del aeropuerto de destino, cosa que según el día que estés teniendo se puede traducir en cerrar o no un trato o en conseguir o no un empleo.

También os digo, en mi vuelo de vuelta fui en business otra vez y el baño era uno de los cutres de toda la vida, así que parece ser que tampoco se puede uno fiar de poder contar con esto. Pero si se tiene puede ser realmente muy útil.

Al salir del baño, Curmy está peleándose con nuestro separador ondulado.

Yo - Qué, ¿no funciona?
Curmy - No -presiona frenéticamente el botón que debería estar levantando la barrera, pero nada-. Vamos, que tampoco me importa que se quede bajado, ¿eh?

Mira, Curmy, tienes ahora mismo tantas ganas de levantar ese muro que en cuanto quites el modo avión del móvil vas a tener siete llamadas perdidas de la Casa Blanca ofreciéndote un puesto en el gobierno.

Yo - No claro, si se queda bajado no pasa nada, pero como estoy todo el rato con el mando del chat, que hace un ruido que no veas, si lo subimos, mejor, y así no te molesto.

Me dedica otra mirada desdeñosa antes de rendirse y dejar el separador bajado. No me digas que voy a tener que ver la amarga expresión del amigo Curmy durante seis horas y media, porque me puede dar algo.

Afortunadamente, al cabo de un rato aparece el auxiliar que toma champán en fiestas por cumplir y activa la pared que me otorgará unas cuantas horas de muy apreciada privacidad.

Después de esto me traen espárragos, mi pato, un montón de postres. Delicioso todo y además con las manos bien limpias porque los auxiliares han tenido a bien traernos a todos toallas húmedas calientes antes de cenar.

Del resto del vuelo tengo poco más que contar; leí un rato, me aburrí soberanamente viendo Call Me by your Name, recorrí todo el avión -qué cosa más grande- para ir a visitar a Nero un rato, dormí como una hora, merendé bizcochos y ya está. Aterricé en Boston fresca como una lechuga.

Y no tengo nada más que contar de ese trayecto, pero es que luego estuvo el vuelo de vuelta. Esto añade un par de detalles a este asunto, porque era un vuelo nocturno y eso significa que, además de todo lo que he mencionado ya, me dan también un par de calcetines (!), crema hidratante, bálsamo labial y un antifaz de ésos que llevan para dormir las señoras ricas en las películas. Aquí me dieron otro menú, pero comí muy poco porque esta gente me había dado de cenar ya en el aeropuerto. Y esto me lleva a la sala VIP.

La sala VIP es un área dentro del aeropuerto en la que te puedes sentar a esperar por tu vuelo; tienen un buffet con comida y bebida, periódicos, y te avisan cuando tienes que embarcar, pasando al avión por una entrada especial que te evita hacer cola.

A mí de esta sala nadie me dijo nada en el vuelo de ida, pero sé que Heathrow, que es el aeropuerto del que salí, tiene una, así que no tengo muy claro cómo funciona esto. El caso es que antes de despegar pude cenar sopa y probar un par de postres. Luego salí y esperé en la cola con el resto de los mortales porque no era cuestión de dejar a Nero por ahí abandonado, pero sabed que la sala ésa mola lo suyo.

Por último, en vuelos nocturnos te preguntan qué quieres hacer por la mañana con respecto a despertarte y desayunar. Hay tres opciones:

a) Te despiertan una hora y cuarto antes del aterrizaje y te dan un desayuno a lo bruto, en el que puedes elegir un plato caliente y bebidas varias. A mí me hicieron un batido y me trajeron croissants y napolitanas porque lo que tenían caliente no me iba mucho.

b) Te despiertan cincuenta minutos antes del aterrizaje y te dan té o café, y bollos.

c) Te despiertan cuarenta minutos antes del aterrizaje y te dan café o té pero nada más porque no da tiempo, y te recuerdan que tienes una sala VIP estupenda en la terminal de llegada en la que puedes desayunar a todo trapo y darte una ducha.

Yo elegí la opción a porque en este caso prefería comer a dormir, y aún así pude estar frita durante unas tres horas del tirón. Esto lo conseguí porque mi butaca, una vez reclinada y con el cacharro para los pies en su sitio, era prácticamente una cama. Mi vuelo salió como a las once de la noche de Boston y llegó a Londres hacia las diez de la mañana, hora británica. Las tres horas que dormí me permitieron permanecer despierta el resto del día, con lo que esa noche me fui a dormir a una hora más o menos normal. Y esto me lleva al segundo motivo por el cual viajar así no es ninguna tontería:

Razón 2: La posibilidad de dormir que te da volar en business puede ahorrarte estar una semana con un jet lag que te mueres. No sé si habéis sufrido esto, pero es horroroso. Estás medio dormido por el día, por la noche no te entra sueño ni a tiros, tienes hambre cuando no es; un desastre. Ahorrártelo es una maravilla.

Al final, ir en business convierte lo que normalmente sería tirar un día a la basura y acabar reventado, en un día más o menos normal, en el que además comes bien y puedes descansar. No te ahorras el follón del antes y el después del vuelo, pero desde luego en salud ganas una barbaridad.

Una pena que esté un pelín fuera de mi poder adquisitivo:

Precios Londres-Boston, ida y vuelta (día al azar)

A ver si cuela y la empresa me manda a otro sitio en este plan. O a ver si me hago rica y me puedo pagar estas cosas yo, ya que estamos.


*1 En inglés no existe eso de hablar de usted (a mí me parece una pérdida de tiempo también, así que bien por los ingleses), pero estoy segura hasta el infinito de que un auxiliar de vuelo business le habla de usted hasta al gato, así que así lo traduzco.

domingo, mayo 27, 2018

Deadpool 2: Lo esperable

Últimamente casi no sacan pelis de superhéroes, ¿no? O sea, en el último año sólo hemos tenido una de Guardianes de la Galaxia, otra de Thor, la que hizo Cumberbatch, otro reboot the Spiderman, ésa en la que todos eran negros, la de los Avengers y la otra que era como los Avengers pero de DC así que no la vio nadie. No sé, me parece que le están prestando poca atención al género, así que he decidido ir a ver Deadpool 2 (ID, David Leitch, 2018) para mostrar mi apoyo.

Deadpool 2 - Cartel

Esto va de Deadpool (Ryan Reynolds) decidiendo, por razones que no vienen al caso, que su misión vital es proteger a un adolescente (Firefist, interpretado por Julian Dennison) -que también es un mutante y que en mi opinión se tiene un guantazo importante- del villano Cable (Josh Brolin), que además de ser muy malo puede viajar en el tiempo.

Josh Brolin (Cable)

La peli es totalmente lo que promete: es divertida, tiene cuarenta mil referencias a otras películas, Ryan Reynolds es muy carismático el hombre y, a pesar de venir cargadita a nivel emocional, es un entretenimiento ideal para vaciar el cerebro.

Ryan Reynolds (Deadpool)

A nivel de guión en mi opinión es un poco desastre porque el hilo conductor de la película, que es la relación entre Deadpool y Firefist me resulta forzadísimo y no le encuentro ningún sentido. Al principio sí que parece que se puede desarrollar una amistad creíble, pero en muy poco tiempo aquello deja de provocar empatía por completo. Entonces la idea es salvar a Firefist tanto de Cable como de sí mismo pero yo lo que quería es que alguien lo matara de una vez.

Por otra parte, a ratos estaba un poco perdida con el argumento, no sé si porque es un poco confuso o porque a veces lo que veía en pantalla no conseguía retener mi atención y desconectaba un pelín.

Julian Dennison (Firefist)

Así que eso, da lo que promete; te echas unas risas, es muy entretenida y poco más. La recomiendo siempre que vayas teniendo en cuenta que es otra peli más de superhéroes, sólo que con más humor.

A ver si consigo aguantar hasta que saquen otra de Marvel. Van a ser un par de semanas súper angustiosas.

domingo, abril 08, 2018

Tus problemas de autoestima no son culpa de Hollywood

En estos últimos años vengo oyendo muchas quejas referentes a cómo las revistas de moda, el cine y en general cualquier cosa que tenga que ver con el mundo del espectáculo y sus irreales estándares de belleza están destruyendo la autoestima de buena parte de la población.

Y yo creo que no.

No despotriquéis, que ahora me explico. Y coged un café, que vamos a estar aquí un rato.


Tus complejos no los crean los famosos ni la sociedad; tus complejos te los creas tú

La premisa de la que se suele partir es la de que el maquillaje de la tele, el photoshop de las revistas y sobre todo la exclusiva selección de jóvenes macizos a la que suelen limitarse los repartos Hollywoodienses están consiguiendo que el ciudadano de a pie se compare con lo que ve en pantalla y piense que lo mejor que puede hacer es envolverse en una manta y no volver a ver la luz del sol.

Esto pasa, es verdad. Las chicas quieren estar súper delgadas como Natalie Portman y tener los labios mega sexys de Scarlett Johansson. La mitad de los chicos que ves en el gimnasio venderían su alma al diablo por tener las abdominales de Hugh Jackman. De estas cosas no se libra casi nadie.

Todos ponemos la tele y queremos parecernos a esa gente; no lo voy a negar porque es evidente que es cierto.

PERO.

La queja no es lo guapos que son los famosos; la queja es que esos famosos están a un nivel de belleza irreal que la sociedad está imponiendo como representativa de la población media aún a sabiendas de que eso no es verdad, obligando así al mortal común a dejarse la piel y la autoestima intentando ser como las estrellas de la tele.

Poniéndolo de manera más sencilla, el resumen del supuesto problema es el siguiente:

1. Los actores son guapísimos
2. La sociedad me convence de que yo debería tener esa pinta también
3. Yo no soy tan guapa como esos actores a pesar de matarme de hambre y tirarme tres horas maquillándome antes de salir de casa cada día
4. Todas las noches lloro antes de irme a dormir

Y yo creo que esto está un pelín distorsionado. Os cuento:

La epidemia de inseguridades que infecta a la inmensa mayoría de la población occidental no viene de ver Sr. y Sra. Smith y quedarse uno empanado valorando si tiene una pinta más absolutamente fabulosa Angelina Jolie o Brad Pitt, sino de plantearse cuál de los dos es más guapo y entonces decidir que ése es el estándar de belleza que hay que alcanzar y que todo lo que está por debajo no vale para nada. Y ese planteamiento no es culpa de la peli, ese planteamiento es culpa tuya. ¿Por qué? Por dos razones. La primera:

     1. La belleza de Hollywood no es real y lo sabes de sobra

     Si empleas medio segundo en plantearte las cosas usando la cabeza te darás cuenta de que sí eres consciente de que Angelina no está fantástica cuando se está pillando un catarro o cuando uno de sus treinta y siete hijos lleva una semana sin dejarla dormir seis horas del tirón. También sabes que Brad tiene sus días de pelo desafortunado y sus fotos de hacer un mal gesto y parecer un indigente.

En general sabemos todos perfectamente que estas estrellas no tienen en absoluto ese look impecable cuando se acaban de levantar, pero decidimos centrarnos en cuando sí están buenísimas por razones que explicaré dentro de un rato. Y utilizo la palabra "decidir" porque es importante recordar que esta situación de mierda te la estás fabricando tú solo. Mucha gaita con cómo ciertos personajes públicos y su imagen nos obligan a intentar alcanzar niveles de atractivo que no rozaríamos ni en sueños, pero bien que nos tiran a la cara exclusivas de celebridades sin maquillaje que han visto días mejores, o el antes y el después de los muy excesivos trabajos de photoshop de las revistas, y a eso no le hacemos ni caso.

Utiliza la información que tienes en las manos; sé consciente de que lo que ves en la pantalla es una persona que sí, es muy atractiva, pero también tiene una estilista, un maquillador y un peluquero persiguiéndole todo el día, que se encargan de que veas una versión muy mejorada del producto original. Si nosotros tuviéramos a toda esa gente corriendo detrás de nosotros para ponernos guapos también estaríamos bastante buenos (todavía más).


     2. El atractivo de los personajes que ves en el cine no viene tanto de su físico como de su personalidad

        De esto cuesta un poco más darse cuenta, pero en el fondo también lo sabías ya.

No te gusta Ryan Gosling en Drive porque sea Ryan Gosling; te gusta porque sí, está bueno, pero también es valiente y una bellísima persona pero sin dejar de ser un tío duro y respetable y elegante y básicamente el 100% de las cosas que se buscan hoy día en un hombre. Luego pues el tío está tremendo pero, aunque considerable, eso es sólo una parte del conjunto.

Veo venir las lecturas sesgadas de ese párrafo que acabo de escribir, así que dejadme que explique esto en más detalle.


El físico es crucial, pero sólo las partes que puedes controlar
Claro que si pones a un tipo con una apariencia horrenda en el papel mencionado por mucho que el personaje sea una maravilla el poder de seducción global no va a ser algo grandioso. Yo lo que digo es que un tío guapísimo si es un pánfilo no te va a sugerir nada de nada. El encanto arrebatador de los héroes del cine está ayudado por un buen físico, pero está mucho más basado en cómo se comportan, y esto pasa en todos los ámbitos que te puedas imaginar (véase la cantante ésa a la que ves en fotos y meh pero se pone a cantar y si pudieras le arrancabas la ropa a mordiscos).

Haciendo referencia a esa apariencia horrenda de la que hablo, maticemos a qué me refiero con "horrenda", porque creo que ésta es otra fuente de innecesaria e inacabable agonía en personas con inseguridades

Que seas bajo no condena tus posibilidades de procreación. Que tengas una nariz gigante no hace que de repente nadie quiera estar contigo. Que tengas orejas de soplillo no va a hacer que envejezcas triste y sola.

Cuando digo que una persona tiene una apariencia horrenda estoy hablando de otras cosas. Veamos algunos ejemplos de aspectos físicos que modifican drásticamente los niveles de atractivo de una persona:


1. Higiene

Si al hombrecillo de Drive le pones un pelo grasiento que se ve a la legua lleva sin oler el dulce aroma de la gama Pantene tres semanas, ya puede ser Gosling o Paul Newman reencarnado, que no vas a querer tocarle ni con un palo. ¿Por qué? Porque vale que no tienes que oler ese tupé deleznable desde tu butaca del cine, pero tu cerebro te está gritando que una persona que no cuida su higiene
a) no tiene consideración por la gente que tiene alrededor y
b) no valora ni los peldaños más básicos de lo que significa tener un aspecto decente.
No es el pelo asqueroso, es lo que significa.


2. Características físicas que parecen cosa de estar bueno pero en realidad son más de estar sano

Ejemplos clásicos de esto son el peso y el estado de la piel. Hablo de esa persona cuya dieta está basada en chocolate y que bebe como medio vaso de agua al día y que por tanto tiene la piel hecha unos auténticos zorros. O esa otra que está 25 kilos por encima de su peso porque lleva sin moverse del sofá desde la primavera del 2014.
Ojo, que no hablo de cualquier persona con un desastre de piel o con un peso inadecuado. Aunque no siempre, a menudo este tipo de características tienen una pinta cuando haces las cosas bien pero tu genética es medio imbécil y otra muy distinta cuando te has abandonado por completo y tu cuerpo está lidiando como puede con tus hábitos de mierda. Probablemente hayáis visto más de una persona que está rellenita pero tiene una pinta estupenda, igual que habréis visto a otras que están delgadas pero tienen un aspecto súper poco saludable y dan como un poco de mal rollo.
Pues bien, porque una de las cosas hermosas que tiene la naturaleza es que cuando no te molestas en cuidar de tu cuerpo acabas teniendo una pinta deplorable, estas personas están de nuevo mandando un mensaje con esto: que no están dispuestas a emplear la energía y el tiempo necesarios para cuidar de su salud. ¿Sabéis lo que significa eso? que
a) tarde o temprano te traerán por el camino de la amargura porque se negarán a cuidarse incluso cuando su salud se resienta -os prometo que no queréis esto. Las personas que no están dispuestas a trabajar por conservar su propia salud son LO PEOR DE ESTE MUNDO. No he visto mayor causa de angustia y sensación de impotencia que la originada por gente que está destruyendo su salud y no entra en razón al respecto por más que se lo expliques. Huid de ellos si podéis- y
b) si no saben cuidar de sí mismos es arriesgado suponer que van a saber cuidar de otra persona, incluyéndote a ti.

Merece la pena mencionar también los aspectos que no todo el mundo puede cambiar porque hay mucha pasta involucrada. Esto puede incluir cosas como hacerte la depilación láser para evitar que la piel de tus piernas sea un absoluto desastre (como era mi caso, por ejemplo) o ponerte aparato para que tu cristo de dentadura tenga un aspecto decente y así además evitar futuras jaquecas porque tus muelas hacen presión donde no deben, o caries porque tus muy apilados piños no te permiten acceder  lo suficiente como para limpiar todo en condiciones.


Esto es complicado porque no todo el mundo se lo puede permitir, pero los niveles de atractivo también se ven condicionados por esto; tus desastre de boca te va a restar gracia en general, pero si además te gastas mil euros en un iPhone nuevo cada año y medio, entonces estás diciendo bien claro que prefieres comprarte cosas que no necesitas por encima de solucionar problemas que están afectando negativamente a tu salud y a tu apariencia, y eso es lo que va a conseguir que tu encanto se vaya a pique.


3. Postura

Al margen de que estar sentado delante de tu ordenador como si fueras Gollum deja bien claro que eres lo suficientemente vago como para no molestarte ni en mantener tu espalda de una pieza y eso envía señales muy negativas (ver punto anterior), una buena postura te hace parecer más alto, más delgado, más esbelto y más seguro de ti mismo. Es cansado que te mueres, soy plenamente consciente, pero hace que tu imagen sea permanentemente su mejor versión posible y además evita lesiones, que si os digo la verdad al final es lo que importa.


Esto es chungo porque, para empezar, a nadie le enseñan en qué consiste tener una buena postura; pero yo qué sé, búscate un tutorial en youtube o apúntate un mes a clases de ballet, que ahí aprendes a todo trapo. Y bueno, lo básico te lo sabes. Espalda recta pero sin hundir las lumbares, cuello largo, saca pecho. No seas vago, maldita sea.


Otros aspectos aparte de los tres mencionados incluyen vestir de manera aceptable (esto va en gustos, pero me refiero sobre todo a que te esfuerces un poco en averiguar qué te sienta mejor o peor a la hora de comprar ropa y a que no lleves sandalias con calcetines por la calle y cosas por el estilo), elegir corte de pelo con un poco de cuidado, cosas así.

Me estaré dejando mil cosas, pero creo que os hacéis una idea de a qué me refiero. Todos estos factores que están en cierta medida en manos de la persona que los posee son los que puede ser complicado ignorar en caso de que sean negativos. Las cosas que no se pueden controlar (sin cirugía, se entiende) rara vez suponen un problema real a la hora de encontrar físicamente agradable a una persona, siempre que dicha persona exhiba sus "defectos" con tranquilidad y transmitiendo seguridad en sí misma. A ver, si quieres impresionar a alguien que es más superficial que la tensión del agua pues entonces vale, pero para la gente que tiene más de tres neuronas este tipo de cosas suelen estar muy lejos de ser problemáticas. Si no a ver cómo se explica que un tío tan alejado de los estándares de belleza actuales como es Benedict Cumberbatch se haya establecido como un sex symbol, o que Lupita Nyong'o no tenga nada de pecho y a la vez sea considerada una de las mujeres más bellas del mundo.

Y no me entendáis mal, no es que haya que intentar pulir todos estos aspectos todos los días y a todas horas; no pasa nada porque de vez en cuando destiles cero glamour -de vez en cuando, o a menudo, o siempre, cada uno que haga lo que le dé la gana-, pero sé consciente de que tu nivel de atractivo ese día va a ser más bajo porque a ti no te apetece emplear tiempo en mejorarlo, no porque la vida sea injusta y todo el mundo sea más guapo que tú. Y además hay que recordar que puedes tener una pinta espantosa un día o un mes y tampoco pasa nada.


¿Por qué decidimos tener esta visión sesgada de los famosos?

Entonces vemos todos que hay datos de sobra para pensar que estamos endiosando a las estrellas y que igual nos estamos columpiando un poco con este tema. ¿Por qué puñetas ignoramos esta información? Si está bien claro lo que hay. Pues ni idea, obviamente, pero tengo una teoría compuesta por dos razones:

     1. La belleza está bastante guay

     Yo qué sé, es verdad. Yo no soy fan de emplear a diario un tiempo infinito en arreglarse -qué expresión más horrible, por cierto- para estar ideal, más que nada porque creo que hay cosas mejores para hacer con el tiempo, pero es verdad que cuando me encuentro con alguien que es una obra de arte andante sí que me alegra un poco el día. Y no me refiero sólo a un tío con los ojos más azules de este mundo o a una mujer con las medidas perfectas; hablo de un chico que lleva un traje que le queda como un guante o de una chica con una postura impecable que hacen que parezca híper fuerte y poderosa. O en general lo que sea que a cada uno le resulte bonito de ver, mola encontrárselo por ahí. Y la belleza, que es algo estupendo y para nada negativo, en la pantalla del cine se ve a raudales. Todo es bonito. Todo el mundo es guapo. Todo es glamour. Normal que nos guste.


     2. Si las estrellas de cine son perfectas y no hay nada que podamos hacer para ser como ellas, podemos no esforzarnos en mejorar sin sentirnos culpables

     Cuando digo "mejorar", me refiero tanto a nuestro aspecto físico como al baremo utilizado para asignar valor a las personas. Y esto es malo. Es malísimo. Me imagino que entendéis de qué hablo, pero expliquémoslo por si acaso porque, como viene siendo habitual, en realidad todo lo que habéis leído hasta ahora era una excusa para contaros esta conclusión.


Los problemas reales derivados de toda esta historia

Parece evidente que el inconveniente generado por que en la tele todo el mundo tenga una pinta mucho más espectacular que la tuya es que te sientes fatal contigo mismo y acabas creyendo que eres un troll que no merece ser visto por la especie humana.

Pero no.

O sea, eso es malo, obviamente, pero el problema de verdad no es ése. Los problemas de verdad son los siguientes:

     1. Al tener en tan alta estima a la gente por su buen aspecto físico estás poniendo el peso de la calidad humana en el sitio que no es

   Valorar a una persona mayormente por su físico significa que estás utilizando un patrón inadecuado y espantosamente dañino a la hora de decidir a quién encuentras atractivo y a quién no, y efectivamente a la hora de decidir si tú mismo eres atractivo. Si todo lo que te interesa de alguien es que tenga una silueta fantástica y un pelo híper sedoso, deducirás que todo lo que le interesa de ti a los demás son esas mismas cosas, y eso hará que te sientas fatal si tus características estéticas no están a la altura de tus expectativas mentales.


     2. Culpar a los famosos y a la sociedad de tus inseguridades deriva el control de lidiar con tu basura interior a algo que no depende de ti y por tanto te exime de toda responsabilidad

     No te lo vas a creer, pero esas dos líneas de ahí son el origen como del 90% de los problemas que hay en tu vida.

Deja de culpar tu falta de disciplina a que tus padres no te pusieron normas cuando eras pequeño; deja de atribuir el caer en una patraña de relación romántica tras otra a ese primer novio que te manipuló miserablemente; para ya con deshacerte de tus responsabilidades escudándote en agentes ajenos a ti. La gente y los factores externos pueden, por supuesto, ser origen de infinidad de dramas, pero al cabo de un tiempo y una vez te has repuesto del golpe inicial, está en tus manos tomar medidas para mejorar la situación. Endosarle la responsabilidad de tus tragedias a elementos sobre los que no tienes control es el enfoque más cobarde y vago que hay y, aunque a corto plazo te permite sentirte medio bien contigo mismo, a la larga es una perspectiva desastrosa que hará que tu vida esté estancada constantemente en los mismos obstáculos.


Esfuérzate en mejorar tu salud y observa felizmente como el estar bueno viene en forma de efecto secundario. Elige ropa que te quede bien. Ponte en forma. Contribuye a que el mundo sea un poco más bonito. Y si no te apetece hacerlo, pues no lo hagas, que tampoco se va a morir nadie.

La sociedad te va a proporcionar toneladas de material nocivo para que tu vida sea una miseria, así que desarrolla tu sentido crítico y decide en qué merece la pena creer.

Y siéntate bien, que te estoy viendo.

domingo, marzo 25, 2018

Guía rápida para no perder tu vuelo

Desde posiblemente uno de los dos peores asientos -última fila, asiento del medio- del avión que me llevará a Málaga si no nos chocamos contra una montaña por el camino, estoy aquí hoy para hacer una guía rápida de cómo coger vuelos cada dos por tres sin ponerse de los nervios.

Y esto se me ocurre contarlo hoy porque no he perdido este vuelo de milagro.

Escribo esta lista de consejos sobre todo porque en estos tiempos de vivir a hacer puñetas de tu pueblo porque resulta que en tu pueblo el mercado laboral es una mierda, tenemos gente a patadas (yo incluida) que está venga a trotar por aeropuertos aunque sólo sea para visitar a familia y amigos de vez en cuando.

Y volar ha cambiado en los últimos años. Ha cambiado un montón.

La primera vez que me subí a un avión debía de tener como once años y me pasé metida en el cacharro volador no sé cuántas horas porque el viaje era a EEUU. Tanto en ese viaje como en los muchos que siguieron hasta que me fui a vivir a Londres, mi paso por los aeropuertos se limitó a seguir a mis padres o a quien estuviera viajando conmigo, sin tener ni idea de lo que estaba sucediendo a mi alrededor y confiando en que mis acompañantes no me abandonaran a mi suerte. Si creéis que estoy exagerando, podéis leer lo de la vez aquélla que me fui al cuarto de baño y no sabía volver a la puerta de embarque.

Después me fui con los ingleses porque, entre otras cosas, mi caso era uno de los de tener una basura de mercado laboral como he comentado arriba, y entre que como mínimo voy a mi ciudad por navidad, otra vez en marzo, a la playa una vez al año para no olvidar de qué color es el sol y otra a San Sebastián para el SSIFF, al final estoy todo el día metida en un avión.

Pues bien, mi plan suele ser el siguiente:

Si no ha habido recientemente ningún ataque terrorista que haga que esté todo el mundo revolucionado, llego al aeropuerto una hora antes de que salga el vuelo -nunca facturo equipaje-, lo que me da media hora para pasar el control de seguridad e ir a la puerta de embarque treinta minutos antes del despegue.


Consejo número 1: Sea cual sea tu plan, si ha habido recientemente un ataque terrorista donde sea (dentro de occidente, eso sí), añade quince minutos de margen.

A veces no pasa nada, pero a menudo los controles son más exhaustivos y te piden pijadas fuera de lo habitual, con lo que tardas más tiempo en pasar el control y haces más cola porque todos los pasajeros anteriores están cumpliendo con esas mismas pijadas. Por ejemplo a mí hace no tanto me pidieron poner cables de portátiles en una bandeja aparte; cables que estaban metidos en lo más profundo de mi maleta porque esto no se pide nunca así que no me preocupo de dónde van. Abrí la maleta en medio de la cola, el de seguridad me dijo que muy mal, le dije que si se sacaban normas de la manga de un día para otro no esperase que yo viniera con ello sabido de casa y el hombre se enfurruñó más. Estuvimos discutiendo hasta que acabó el control y obviamente como tuve que encontrar los dichosos cables tardé más de lo habitual en salir de ahí.


Consejo número 2: No factures equipaje

Rarísima vez os va a hacer falta. Sólo acordaos de llevar puesto lo que más ocupa (vaqueros, botas, esas cosas). A ver, si el viaje son tres semanas a Ucrania pues entonces sí, pero para un puente de cuatro días o incluso para viajes más largos en los que el plan no incluye ir a tres fiestas de gala ni cambiarse de ropa dos veces al día, con equipaje de mano da de sobra. Ésta es una de esas cosas que antes no eran así. Desde hace unos años se permite llevar un trolley en cabina (preguntad por las medidas permitidas cuando lo compréis, no os den uno ligéramente más grande de la cuenta y tengáis un problema), y creo que ya todas las aerolíneas asumen que el equipaje de mano incluye dicho trolley y también un bolso/mochila/maletín de portátil. Hasta hace poco empresas como Vueling o Ryanair aceptaban exclusivamente un bulto, pero que yo sepa incluso ellos ya permiten dos. Ahí entran mogollón de cosas, en serio. Y si os preocupan los líquidos -no se pueden llevar líquidos en cantidades "grandes" desde que hace unos años no sé quién intentó volar un avión en Londres llevando explosivos líquidos-, para eso hay sets de viaje en los que llevar todo lo que haga falta en dosis pequeñitas. Además, los contenedores pueden ser de máximo 100ml, que es más de lo que estáis pensando. Por ejemplo yo llevo las cremas que uso para la cara en su tarro original y no hay problema, aunque lo malo es que tiene que ir todo en una bolsa transparente y el espacio no es infinito. Recomiendo llevar un neceser transparente desde casa con lo que sea dentro ya organizado, paro si no lo habéis hecho nunca y no tenéis ni idea del tamaño aceptado, antes del control de seguridad os darán una bolsa de plástico con este fin.

Así que no merece la pena facturar, de verdad. Te ahorras una hora de hacer check in antes del vuelo y fácilmente media hora de recuperar tu equipaje al llegar, además de evitar que tu maleta sea, como es de sobra sabido, maltratada despiadadamente por el personal de la línea aérea que la maneje. Aunque a veces ni por ésas se puede evitar esto. Lo que me recuerda:


Consejo número 3: Si tienes que llevar algo delicado o medicamentos que necesitas durante el vuelo, guárdalos en tu bolso/maletín/mochila y no en el trolley

Esto lo digo porque, debido a lo que comento en el Consejo número 2, todo cristo lleva un trolley en cabina, y eso hace que se acabe el espacio en los compartimentos y la tripulación tenga que facturar maletas que supuestamente son de mano. Esto en vuelos cortos pasa todo el tiempo. No recuerdo la última vez que volé y no le facturaron a nadie su trolley de mano. Así que no deis por supuesto que vuestra mini maleta con ruedas va a ir con vosotros en cabina porque igual os obligan a facturarla. Aún así os darán la oportunidad de sacar lo que necesitéis, así que tampoco es un drama si se da el caso.

¿Y entonces qué gano con no facturar equipaje? os estaréis preguntando. Pues ganas a) no perder tiempo con el check in porque la maleta te la facturan in situ según estás entrando por la puerta de embarque o incluso del avión y b) no pagas facturación, ya que tú has cumplido con las normas y aún así van a mandar tu maleta a la bodega por razones que están fuera de tu control, así que la compañía aérea lo cubre.


Volviendo a lo de que llego al aeropuerto a una hora de que salga el avión, ya sé que está ajustado, pero al séptimo vuelo te cansas de estar otra vez cuarenta minutos paseando por los Duty Free, así que al final éste es el horario que yo me tengo montado.

No funciona. No lo hagáis.

Bueno, a ver, no estoy siendo justa, me llevaba funcionando dos años, pero el asunto es que esto va bien sólo si no hay ningún contratiempo gordo. Si realmente llegas una hora antes al aeropuerto, las posibilidades de que estés más de media hora en el control son suficientemente bajas como para merezca la pena asumir el riesgo.

Lo malo es cuando se te junta el no llegar a tiempo al aeropuerto con que se complique la cosa en el control. Como a mí hoy.

Antes de nada, tengamos en cuenta que el vuelo de marras sale a las 9.15 y yo vivo a una hora del aeropuerto que me toca hoy (vuelo desde Gatwick o desde Heathrow dependiendo de los vuelos disponibles. Hoy es Gatwick). Esto significa que si me ajusto mucho a mi plan tengo que salir a las 7.15 de casa. LAS SIETE Y CUARTO, ¿VALE? Eso para mí es súper temprano, así que no voy a andar tirando minutos en el aeropuerto.

¿Es hoy uno de esos días en los que mi arrogancia la voy a pagar cara? Efectivamente sí. O bueno, por lo menos llevarme un sustito.

Ya os he explicado lo de no tirar minutos y eso, así que salgo de casa a las 7.13 de la mañana (por lo menos salgo a la hora prevista), sabiendo ya que me he pasado y que como se me tuerza un poco el plan la he liado.

Porque soy todo bondad y el universo lo sabe, no espero más que unos segundos por el metro, que me suelta en menos de quince minutos en una estación de tren del centro de Londres. Una vez fuera del vagón de metro, corro al andén 17, donde sé que hay un tren que me va a dejar en Gatwick en el tiempo más optimizado posible. Y esto lo sé porque lo dice mi móvil.



Consejo número 4: Usa una aplicación para llegar al aeropuerto en el tiempo mínimo


A menos que la ruta no cambie y te la sepas de memoria, utiliza la tecnología, que para algo está. E incluso si te sabes el camino, no está de más que internet te avise si hay retrasos o atascos.

Hoy he ido directamente a un andén en el que ya había un tren esperándome porque tengo esa bella aplicación de móvil que es citymapper, que me tenía la información preparada desde antes de salir de casa.

La gente se queja de que estamos enganchados a los móviles y dependemos de la tecnología, pero eso está sesgado que no veas. Antes de google maps y citymapper y tarifa de datos en el móvil yo habría estado cinco minutos buscando mi tren en los paneles, lo que habría provocado que perdiera el primer tren y tuviera que esperar veinte minutos por el siguiente.


INCISO

Por una vez esto no es porque yo sea un desastre, realmente coger trenes en Londres es un follón; me lo ha dicho un montón de gente y lo comparto. Hay distintas rutas para llegar al mismo sitio y tardan tiempos radicalmente distintos, con lo que no te puedes subir a cualquier tren o te arriesgas a tardar media hora más de lo previsto. También dividen algunos trenes a medio camino y si te has subido donde no es tienes que cambiar de vagón a la mitad del recorrido. Además tienes que ir con la compañía adecuada o te cobran una pasta. Así que a menos que estés muy curtido -y ni eso, porque yo he hecho esto mil veces y aún así no le cojo el tranquillo-, encontrar tu tren puede llevar un ratito.


FIN DEL INCISO



Como comento, en esos cinco minutos mi tren se habría ido sin mí y yo habría perdido el vuelo. Y en general, aunque no vayas con la hora pegada, ¿para qué vas a esperar en la estación treinta minutos si puedes subirte en un trasto que sale en dos? Usad aplicaciones. De verdad.



Consejo número 5: Guarda tu tarjeta de embarque en el móvil


En la línea de la tecnología, recordad también que podéis hacer el check in online el día antes del vuelo, recibir la tarjeta de embarque en vuestro móvil y por tanto no imprimir nada de nada. Un papel se te puede olvidar en casa, pero sabe dios que si estás lejos de tu móvil durante más de diez minutos te da un ataque de ansiedad, así que las posibilidades de olvido son mínimas. Eso sí, aseguraos de tener batería y de guardar una captura de pantalla del billete, por si al llegar al control hay problemas de conectividad y no podéis acceder al email que lo contiene -me ha pasado-, y si viajáis con alguien no está de más que os mandéis un email con las tarjetas de embarque los unos de los otros, por si algún móvil palma.


***


Me pedí un brownie en el vuelo y tuve que dejar de escribir porque no tenía espacio para la comida y el portátil. Y luego aterrizamos y demás, así que continúo escribiendo ya desde España. Sigamos con mi día del vuelo.


Mi tren se retrasa, porque en Londres todos los trenes se retrasan, y en lugar de llegar al aeropuerto a las 8.20 como habían prometido los señores que anuncian los horarios, llego a las 8.35.

Recordemos que mi vuelo sale a las 9.15.

Que soy lo peor. Si lo sé.

El caso es que voy trotando al control de seguridad, pensando que no debería tardar más de diez minutos en pasarlo porque normalmente ése es el tiempo que lleva, y oh sorpresa, me encuentro con que la cola es como muchísimo más densa de lo habitual y con que diez minutos igual es lo que tardo en conseguir que me hagan el control.

Vale, bueno, no pasa nada, ¿no? No hay problema, mi maleta va a pasar a la primera y en quince minutos estoy al otro lado buscando mi puerta de embarque. En estos momentos dicha puerta no estará ni anunciada aún así que tampoco es para tanto.

Sí era para tanto.

La razón de que la cola sea tan densa es que casi la mitad de las maletas están siendo derivadas a la cinta en la que te revisan el contenido porque han visto algo raro.

Esto no tiene ningún sentido; no me creo que la mitad de los equipajes sean sospechosas, así que me imagino que andarán en alerta por alguna movida de drogas o de terrorismo o de esas mierdas que ya ni me agobian porque estoy de ellas hasta el pie y luego nunca pasa nada.

Pero el caso es que mi maletín del portátil es derivado a la cinta de los terroristas.

Muy bien.

Recupero mi trolley, mis portátiles, mis móviles, mis botas. Uy, lo de las botas, que se me olvida:

Consejo número 6: Si vas con prisa, ponte calzado que no te cubra los tobillos.

Esto entra en conflicto con lo que digo en el Consejo número 2 de llevar puesto lo que más ocupa, así que valora qué te interesa más. La cosa es que cualquier calzado que te cubra los tobillos te van a obligar a quitártelo, lo que supone quitarse las botas, esperar a que pasen el control, recuperar las botas, ponerse las botas. Es una bobada pero si vas con el tiempo justo o con calzado de ése que es un incordio y tiene setecientas correas/cremalleras/botones/cordones es un poco rollo. Y eso sí, si les da la neura te van a hacerte descalzar lleves lo que lleves, que con estas cosas dependes del día que tengan.


El caso, que recupero mis trastos pero veo que mi maletín del portátil no está. La cantidad de maletas a revisar es tal que los equipajes problemáticos se están apilando y ahí no hay movimiento ninguno. Y a mí me faltan 25 minutos para que salga mi vuelo.

Habéis de saber, por si no voláis jamás y no estáis familiarizados con estas cosas, que la puerta de embarque de un vuelo se abre aproximadamente media hora antes de cuando debería ser el despegue -digo "debería ser" porque casi todos los vuelos salen con retraso-, momento en el cual se anuncia dicha puerta en los monitores del aeropuerto. O sea, salir del control antes de esa hora te sirve de poco porque no vas a saber a dónde ir. Por otra parte, que el vuelo salga a las 9.15 no quiere decir que puedas llegar a las 9.10 a la puerta de embarque. La puerta se cierra cuando ha cruzado todo el mundo y ahí te quedas, y eso pasa antes de la hora de despegue.

Así que, calculo, si no estoy fuera de ahí en menos de diez minutos voy a perder mi avión. Además, las posibilidades de que un vuelo se retrase son directamente proporcionales a lo avanzado que esté el día, porque el mismo avión cubre varios viajes seguidos de ida y vuelta, así que los retrasos de cada vuelo se van acumulando. Esto hace que las posibilidades de un retraso gordo a primera hora de la mañana sean bajas, y las posibilidades de que tu vuelo doméstico de las once de la noche salga efectivamente a las once de la noche son casi inexistentes.

Diez minutos tengo, y ni sé dónde está mi maletín. Barajo por un segundo abandonarlo ahí y salir corriendo con las cosas que sí he recuperado, pero a) No me van a dejar subir al avión con dos portátiles en brazos y doscientos cacharros sueltos, b) Es el maletín que me ha dado mi empresa y me parece un poco sucio decir que lo he perdido y que quiero otro y c) No estoy segura al 100% de lo que contiene. Me estoy dando cuenta según escribo esto de que, entre otras cosas, ahí dentro estaba mi pasaporte (que no necesito para volar porque tengo el DNI, pero es un tema), así que menos mal que no tiré por esa opción.

Corro de lado a lado del control buscando mi maletín y lo visualizo en uno de los cajones que están esperando para ser analizados.

Avance. Al menos sé dónde está. Vuelvo al lado donde están realizando inspecciones, para ver con desesperación que los agentes se tiran tres mil años con cada maleta. Y mi maletín no es siquiera el primero de la cola.

A estas alturas estoy un poco de los nervios ya.

Vuelvo al área de los cajones en espera y veo que mi maletín no está.

NO ESTÁ.

DÓNDE ESTÁ MI MALETÍN.

A cinco minutos de perder mi vuelo, decido que esto ya no puede esperar más y que voy a tener que perseguir empleados. Me acerco a una de las mujeres que está estudiando un bote de crema hidratante como si estuviera hecho con ácido sulfúrico y le digo:

Yo - ¡Hola! Perdona, mi maletín del portátil estaba en esa cola de ahí pero ya no lo veo, ¿me puedes ayudar?

La mujer me hace una seña de que espere a que acabe con el equipaje que tiene entre manos y yo espero. Qué remedio. Al fin, la agente termina su análisis de lociones corporales y otros materiales peligrosos y me pide detalles acerca de mi equipaje perdido. Le doy una descripción y le digo que estoy a punto de perder mi vuelo. Tras desaparecer e involucrar a otra trabajadora, mi maletín es analizado para descubrir un bálsamo labial y un tubo de pasta de dientes de viaje, que son los productos que han hecho que el problemático trasto fuera derivado a carril de los delincuentes.



Consejo número 7: Sigue las normas


Pasa una cosa con los aeropuertos, y es que las reglas son unas pero luego lo que se exige en realidad suele ser bastante distinto. Yo llevaba lo de los labios y la pasta de dientes fuera de la bolsa de plástico de los líquidos porque es lo que hago casi cada vez que vuelo y nunca me han dicho nada. Y de hecho mi desodorante iba en el sitio que no era y eso no lo detectaron. Así que si necesitáis llevar algo pero no os cabe en la bolsa, o es algo que puede que no lo acepten por considerarse peligroso, merece la pena intentar colarlo, porque sale bien muy a menudo. A ver, me refiero a una botella de perfume o algo así, no a una garrafa de cerveza o de uranio enriquecido.

Ahora bien, no te pillan hasta que te pillan. Y entonces te arriesgas a que se queden con tus cosas los de seguridad y también a tirarte allí veinte minutos esperando a pasar el control. De nuevo, si vas con tiempo de sobra no tendrás mucho problema, pero si vas pillado esto puede ser un follón.


Así que meten mis dos mortíferos cosméticos en una bolsita de plástico, guardo mis portátiles en el maletín y salgo corriendo como una loca a buscar mi puerta de embarque. Son casi las 9.05.

Llego al hall y busco mi vuelo en los monitores. Lo localizo con horror:



Departures


09:15          Malaga        D85001       Gate Closed        2





PUERTA CERRADA. ¡AAAAAAAAAHHHHH!


¡¡AAAAAAAAHHHHHHHH!!



Aquí hay dos cosas que es importante saber. La primera es que los aeropuertos están a partes iguales llenos de aviones y de mentiras. Tu vuelo no va a salir a la hora. El control de drogas que te están haciendo no es aleatorio. Tu asiento se lo han vendido a otro tío con la esperanza de que uno de los dos no se presente. Los aeropuertos son una mentira dividida en terminales.

Lo segundo que tenéis que recordar es que la esperanza no se pierde hasta que el avión despega.

Por estas dos cosas que os cuento y porque una vez el tren que me llevaba a Gatwick atropelló a un señor, me soltaron en medio de la nada, llegué a mi puerta cuando todo el mundo estaba ya embarcado y las dos maravillosas empleadas de la aerolínea me dejaron entrar igualmente, hoy en vez de dar mi vuelo por perdido lo que hago es correr.

Y efectivamente, lo de puerta de embarque cerrada era otra mentira. Cuando llego a la puerta 2 aún hay unas diez personas a las que no les han pedido aún el pasaporte y la tarjeta de embarque, así que espero un par de minutos a que sea mi turno y entro sin problemas.

Así que al final no perdí el vuelo, pero qué estrés más tonto. La próxima vez salgo antes.

Y al margen de todos estos consejos, os recuerdo un par de cosas también:


Recordatorion número 1: Pedir comida en el avión es una posibilidad

Es caro pero ya no es como antes, que te cobraban cinco euros por un café. En mi vuelo podías pedir unos noodles de ésos instantáneos por 3.50, y yo compré un café con muffin por 4.50 (euros). Que sí, es caro, pero no es una barbaridad.



Recordatorion número 2: Los aviones no se caen


Por si os agobia volar, os recuerdo que hay millones de vuelos al año. "Millones" no es una manera de hablar, es literal. ¿Cuántos accidentes mortales de aviones comerciales veis por la tele? Cada vez que hay uno se tiran meses con el tema en el telediario porque no pasa nunca. Tan bajo es el índice de mortalidad en vuelos de pasajeros que hasta digo tonterías relacionadas con chocarse contra montañas al principio de este post -con accidentes de coche no me atrevo a hacer chistes-. A mí me estresa volar porque la sensación de vacío en el estómago la llevo mal, y eso se da a menudo en los vuelos -si tenéis el mismo problema, sabed que la Biodramina funciona bastante bien al respecto. No quita la sensación por completo, pero la atenúa mucho-, pero en cuanto a temer por mi vida os aseguro que voy más pancha que otra cosa.

Así que quitad los pies del salpicadero cuando vayáis de copiloto en el coche, poneos casco en la moto aunque vayáis a la vuelta de la esquina y llevad ropa reflectante cuando vayáis en bici, pero en un avión os podéis montar con toda la tranquilidad del mundo. Eso sí, hacedme el favor de prestar atención a las instrucciones de seguridad, para que si estáis en ese improbabilísimo accidente aéreo -accidentes de poca monta donde no palma nadie a veces sí hay- no provoquéis que otra gente sufra daños porque vosotros seáis unos vagos y no queráis atender durante tres minutos.


Espero que mi avión de vuelta a Londres no acabe en el mar o voy a perder toda la credibilidad.

domingo, enero 28, 2018

Bonnie y el lavavajillas

Qué pocas cosas os conté sobre mi excompañera de piso Bonnie, ¿no? Qué mal. Arreglemoslo ahora mismo.

Si no sabéis de quién estoy hablando, haríais bien en ir a leer el incidente de la alarma antiincendios, o si no os apetece leer podéis ver la pinta que tenía nuestro cubo de basura cuando ella vivía en la casa.

No es que tuviera que soportar a este pintoresco personaje mucho tiempo porque, afortunadamente, para cuando yo me mudé a ella sólo le quedaban como un par de meses en el piso, pero os alegraréis de saber que uno de los múltiples superpoderes de mierda de Bonnie es que tiene la capacidad de amargarte la existencia incluso cuando ya no está presente en tu vida, lo que me permite estar aquí hoy, más de un año después de verla por última vez, contándoos la historia del lavavajillas.

El relato que nos ocupa sucede en mayo del año pasado. Bonnie se ha mudado a otra casa hace ocho meses.

Ocho meses, ¿vale? Dejad que la idea se asiente en vuestra mente. En ocho meses te da tiempo a dar la vuelta al mundo; a escribir una novela; a que nazca un bebé si no te pones muy quisquilloso con la idea de usar una incubadora. Ocho meses es mogollón de tiempo.

Pues bien, un día de mayo cualquiera, después de pensarlo muchas veces pero no llegar nunca a hacerlo, decido que si tenemos un lavavajillas a nuestra disposición no tiene mucho sentido no usarlo.

Ya, os estaréis preguntando cómo es posible que lleve más de medio año en un piso y no se me haya ocurrido usar ese bello invento que es un lavavajillas, pero es que en ese momento yo vivo con una chica con la que me llevo bien pero sin más, y con otra a la que no veo nunca. Ésta última es Abbie, la que entra a trabajar de madrugada y que hace todo lo posible para no tener que interactuar con nadie en la casa. Véase, se espera a que yo me vaya de la cocina para entrar ella. Esas cosas.

Pues bien, en un piso en el que nadie habla con nadie, una actividad tan sencilla como poner un lavavajillas puede desatar el caos. Los lavavajillas para funcionar necesitan a partes iguales electricidad y comunicación entre sus usuarios.

Quiero decir, si no hay un poco de organización lo que acaba pasando es que siempre se come la misma el marrón de vaciarlo, que alguien habrá que no aclare los platos antes de meterlos y atasque el cacharro de marras, que varios compren cápsulas de jabón y aparezcan allí trescientas de golpe, etc. De ahí que no hubiera hecho mucho hincapié en explotar su existencia.

Pero el caso es que, en uno de estos días en los que cocino y tengo ochenta utensilios para fregar, decido que estarme tres horas lavando cazuelas no me parece la manera óptima de pasar la tarde, así que opto por coger una de las pastillas de detergente que hay por ahí acumulada en un armario de la cocina y abro el lavavajillas.

 A que sabéis lo que viene ahora.

Venga, que sí. Ya sé que suena increíblemente repugnante, pero estáis imaginando bien.

Efectivamente.

El lavavajillas está lleno de platos sucios.

Antes de nada, recordemos el dato con el que inicié esta historia: Bonnie se fue del piso hace ocho meses.

Ahora estaréis pensando que, qué cosas tengo, ésa no ha sido Bonnie; ésas son mis compañeras de piso, que llevan medio año sin fregar a mano y simplemente yo no me he enterado. Así que os voy a explicar por qué sé que esto es obra de esta chica:

1) Una vez me he recuperado del shock inicial, cojo el móvil y mando un mensaje al grupo que tengo con mis dos compañeras (la falta de comunicación es tal que incluso estando todo el mundo en casa nos escribimos por whatsapp), preguntando si alguien está utilizando el lavavajillas. Las dos candidatas me dicen que ellas no han usado eso en la vida.

2) Pienso que a lo mejor esto viene, oh dios mío, de la inquilina anterior a mí. Durante un rato dejo que el desasosiego se apodere de mí mientras calculo los meses o los años que puede llevar eso ahí. Pero entonces, tras reunir valor suficiente, abro la puerta y me asomo para echar un vistazo al mencionado cúmulo de platos sucios, lo que me permite visualizar una tabla de cortar súper específica que recuerdo haber visto usar mil veces a mi horrenda excompañera de piso.

Ojalá pena de cárcel para este tipo de persona.

Esta situación tiene tela, porque cuando me mudé recuerdo específicamente preguntarle a este híbrido entre humano y pieza de ganado acerca del lavavajillas, y de forma igualmente nítida recuerdo cómo me contestó "ah, sí; aquí el lavavajillas no lo usa nadie nunca, pero si quieres utilizarlo, adelante".

Así que este ser sabía perfectérrimamente que en esa casa, a menos que ella nos lo advirtiera, esa caja mágica que friega cosas no se iba a abrir jamás. Y aún así decidió meter toda su basura dentro, no decir nada al respecto y huir de la casa para siempre.

Qué.

Asco.

De mujer.


Muchos de esos platos fueron a la basura porque no me atrevía a usarlos, pero la historia tiene final feliz y ahora utilizamos el lavavajillas en casa de manera habitual y con sólo una pequeña reminiscencia de este traumático episodio.

De vez en cuando les pongo velitas a los dioses de la limpieza para que no se lleven a mis dos actuales y muy higiénicos compañeros de piso. Me los merezco, ya he sufrido bastante.

sábado, enero 20, 2018

Festival de Cine de San Sebastián: Cómo funciona V - Deuvedé

¿Os gustan los podcasts?

¡Da igual la respuesta; éste lo tenéis que escuchar igual porque salgo yo! Sledge y Markru me invitaron en año nuevo a su programa para que les contara cómo funciona el Festival de Cine de San Sebastián, así que nos juntamos en casa de Sledge y estuvimos allí un rato hablando entre otras cosas de las broncas que me han caído en ruedas de prensa en la última edición y de pelis terribles. Yo no sé hacer radio pero ellos parece que sí, así que podéis escuchar el capítulo en su página haciendo clic aquí, o podéis descargarlo desde vuestro gestor de podcasts habitual (yo utilizo Podcast Addict).

Con infinita reticencia en el episodio digo mi nombre real, pero no os acostumbréis.

¡Feliz año nuevo!


p.d. ¿Se puede decir feliz año nuevo a estas alturas? Mmmmm.
p.d.2 En general el podcast de estos dos es entretenido (de verdad), así que si os interesa les podéis seguir en twitter y/o facebook.