lunes, diciembre 05, 2016

Prioridades


"Ayer, en clase...

Yo: Si pudierais conseguir un libro
que cuenta vuestro propio futuro, ¿lo leeríais?

Alumno: Puffff... si es muy largo, me espero a la película."


Conversación entre Paulaner y uno de sus alumnos



Tal y como está la industria me imagino que la película del futuro del chaval será un remake o una adaptación de un cómic, pero en fin. Puede estar bien.

sábado, noviembre 26, 2016

Autoconocimiento

Post escrito en diciembre de 2015 y publicado cuando ya no corro el riesgo de encontrarme en el trabajo con gente de la que hablo aquí. Releyéndolo estoy viendo que es largo y bastante densito, así que mis disculpas y buena suerte:


Hay un concepto llamado autoconocimiento (self-awareness en inglés, que se traduciría por algo así como "estar al tanto de uno mismo") que creo que la gente no conoce mucho a pesar de que multiplica la felicidad y tranquilidad de espíritu de quien lo practica como en un mil millones por cien.

Normalmente esto me daría igual, pero personas infelices son personas que se comportan como idiotas resentidos a los que tengo que aguantar yo también, y eso ya me da menos igual. Así que vengo a explicaros lo que es este concepto.

El autoconocimiento, según describe este tío al que deberíais leer todos si entendéis algo de inglés, es la habilidad de reflexionar sobre tus propias opiniones, sentimientos y comportamientos y juzgarlos de manera racional.

Esto es difícil de explicar, así que os voy a contar lo que me pasó el otro día, para que lo entendáis.

Una compañera de trabajo va a volver a Francia tras cuatro meses de trabajar aquí en Londres. Como se va, el otro día organizó una mini despedida para poder ver a todos los de la empresa con la que se lleva bien. Pues bien, uno de los compañeros, al que yo no conocía de nada, llevó a su novia. La chica, llamémosla Julia, tiene rasgos profundamente mediterráneos y un claro acento italiano (estamos hablando en inglés, se entiende).

Pasado un rato me encuentro en una conversación con los dos miembros de la pareja, entre otros. Estamos hablando de cosas relacionadas con España, y Julia me quita la razón muy categóricamente acerca de datos que sé más o menos a ciencia cierta. No tiene razón y además me está llevando la contraria con una petulancia muy cargante, sin preguntarme siquiera por qué opino así o de dónde he sacado la información. Pero ése no es el caso; el caso es que en algún momento me doy cuenta de que, tal y como habla, esa chica tiene que ser española o haber vivido mucho tiempo en España.

Yo - Pero espera, ¿tú de dónde eres?
Julia - De Lleida.

¡De Lleida!

Yo - ¡No fastidies! ¡Y yo convencida de que eras italiana!

Julia pone la misma cara que si le hubiera preguntado cuánto cobra su madre por noche.

Julia - ¿¡Italiana!?
Yo - Sí... además es que me ha parecido tan evidente que ni me había planteado otra posibilidad, así que me confunde un montón que seas española.

Esta chica no es lo mío, pero todo esto, obviamente, lo estoy diciendo con toda la inocencia del mundo. El acento italiano mola y no lo veo en absoluto como algo negativo, pero Julia se está enfadando y yo no entiendo nada.

Julia - Me suelen decir que no saben de dónde soy, y eso me parece bien, ¿pero italiana? Me está sentando fatal.

Lo dice en serio. No es que me esté gritando ni nada, pero todo esto me lo está diciendo con una sonrisa de ésas que te salen cuando estás muy indignado y luchando por mantener la compostura. De ésas que vienen en el pack con la ira y el desprecio.

Inmediatamente la chica deja de gustarme por completo; cinco minutos de conversación y ya me desagrada profundamente su presencia, y aunque hay más detalles, la razón principal es el que se haya enfadado tanto por algo tan ridículo como que le haya dicho que tiene acento italiano.

En el momento esto es lo que pienso y nada más. Intento -sin éxito- no tener que hablar más con ella, pero no le doy muchas más vueltas.

No es hasta el día siguiente, hablando con Kest de la situación, cuando me planteo el significado de esa escena.

Kest - ¡Así que fuiste tú la que se lo dijo!
Yo - ¿Tan mal le sentó que te lo fue a contar? -Kest sonríe, divertidísimo por la situación- Qué tontería, de verdad. Cómo me enerva la gente que se ofende por bobadas así.
Kest - ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Cómo que por qué?

Yo - Pues... porque esta chica está acostumbrada a que todo el mundo alabe su maravilloso acento y el día que alguien le recuerda que no cuela como nativa, se enfada. Y esa gente me pone de los nervios.
Kest - Ya, ¿pero por qué? Si yo me hubiera visto en tu situación, me habría dado igual, no me enfadaría ni me parecería tan tonta.

Ummmm interesante. Me pongo a pensar en por qué me sienta esto tan mal, porque lo que está diciendo Kest tiene su lógica. Llego a varias conclusiones.

1. La gente engreída me pone mala. Ya sé que eso es algo que no le gusta a nadie, pero tal vez a mí me pongan especialmente de mala leche. Esta chica es una persona con un acento considerablemente más pulido que el del español medio, que escuchará encantada los halagos a su nivel de inglés cada vez que alguien le oye decir algo en el idioma, y que, por supuesto, se enfada cuando no le recuerdas lo estupenda que es.

Aquí es importante destacar la intención. Yo no pretendía decirle que no parecía nativa, simplemente expresé en voz alta algo que me parecía evidente y en absoluto negativo. En ningún momento he pretendido hacer sentir mal a esta chica.


2. Yo he estado en la misma situación que Julia y no me he enfadado. Todo esto me cabrea espectacularmente porque yo lo he sufrido y no he reaccionado como una niña de seis años. Y si yo puedo hacerlo, los demás también. Me explico:

Hubo una época en la que yo tenía un marcado y pretencioso acento británico. No lo hacía adrede, ni siquiera me gustaba; sería culpa de Juego de tronos, o vete a saber. El caso es que, allá por cuando estuve en Nueva York unas semanas, hablar en inglés me resultaba prácticamente igual de natural que hablar español y además tenía un acento que daba bien el pego. Durante varios años los británicos me decían que tenía acento estadounidense y los estadounidenses, que tenía acento británico. Mi aceptablemente digna pronunciación hace que la gente se olvide de la infinidad de errores garrafales que cometo al hablar, de que no sé escribir tres párrafos seguidos sin poner una falta de ortografía y de que si mi interlocutor no tiene el acento más estándar del mundo es probable que no le entienda ni una palabra. Todo eso da igual; la gente oye un acento decente y todo lo demás no importa, asumen que eres súper-ultra-bilingüe y que puedes escribir cartas en inglés antiguo y recitar a Shakespeare.

De ahí que, a pesar de mis muchas lagunas con el idioma, lleve años escuchando cuán maravillosamente pulcro es mi acento cuando hablo en inglés.

Pues bien, paradójicamente, desde que vivo en Londres mi nivel en general y mi acento en particular han caído en picado.

En mi día a día apenas hablo con británicos; todo el mundo es italiano, español, griego, indio. De donde sea, menos de Inglaterra. Hay algún canadiense, algún irlandés, pero son una minoría. Así que mi acento es un popurrí nada agradable al oído.

En los últimos meses la gente me ha dicho que sueno francesa -dos veces-, estadounidense, ucraniana (!!) y de otros tropecientos sitios que no recuerdo. Esto, claro, las veces que no se dan cuenta de que soy española.

El tema es que cuando me dijeron que tenía acento ucraniano no pensé "menudo imbécil, me dice que tengo acento ucraniano en vez de detectar mis matices de Oxford, qué patán". Lo que pensé fue "yo creo que no sueno ucraniana en absoluto, pero este tío es inglés así que algo sabrá. Igual debería trabajar en ello porque no creo que el acento ucraniano suene muy bien. Aunque si voy a sonar como esos rusos mafiosos de las pelis a lo mejor tiene su encanto". Y esto me lleva al siguiente punto:


3. A lo mejor sí que es ofensivo decirle a alguien que tiene un acento u otro.

Decirle a alguien que tiene un acento no nativo es, aunque se haga sin ninguna maldad, decirle que su idioma no está al 100%. Parece ridículo que esto sea ofensivo, porque es algo evidente y no es malo; la mayor parte de la gente nunca alcanza ese 100%. Pero no todas las cosas evidentes son fáciles de digerir. Yo no quiero que alguien venga y me diga "eh, oye, no estás tan buena como Scarlet Johansson". O "¿sabes? No eres tan inteligente como Einstein y todo indica que no vas a serlo nunca". Aunque estas afirmaciones estuvieran en un contexto válido, no querría escucharlas. No es que sea exactamente lo mismo, pero me entendéis.


4. Por último, el punto más importante. El enfado de Julia, incomprensible para mí en el momento, me ha puesto en una situación incómoda, en la que he tenido que plantearme si he dicho algo ofensivo. Esto no sólo me provoca un problema de conciencia durante el rato que tardo en decidir si he hecho algo reprochable o no, sino que ha hecho que me cuestione mis habilidades sociales, ya que he disgustado a alguien sin que fuera mi intención y sin saber siquiera cómo lo he hecho.

Esta situación ha dejado al descubierto lo poco hábil que puedo llegar a ser con la gente cuando no presto atención. En los cinco minutos de conversación que había tenido con Julia, ella dio un dato, yo lo rebatí con toda la amabilidad del mundo y ella me llevó la contraria otras tres o cuatro veces, sin dar información válida cuando le preguntaba y sin intentar siquiera entender por qué yo estaba argumentando algo que no cuadraba con su idea. Simplemente decía que su aportación era la correcta, sin tener ninguna intención de escuchar a nadie que no le diera la razón.

Basándome en esto, la sensación que me da Julia es la de ser una persona con delirios de grandeza, que disfruta dando verdades absolutas que dejen clara su superioridad en el tema que se esté tratando. Este comportamiento suele significar que la persona es narcisista e infantil. Esa información no es algo que esté deduciendo ahora, sino algo que ya sabía tras esos cinco minutos de conversación, y por tanto algo que podía haber utilizado para medir la situación.

Cuando una persona es narcisista en infantil, cuestionar la opinión que tiene de sí misma suele salir mal. Y dar cosas por sentadas y decirlas en voz alta fácilmente va a dar lugar a ese cuestionamiento que tanto queremos evitar.

No me entendáis mal, la opinión de esta chica me da igual; pero en esta situación no me interesaba crear conflictos porque mi contacto con Julia iba a ser mínimo y probablemente sólo coincida con ella una vez cada no sé cuántos meses. Con esa coyuntura lo más inteligente es tolerar alguna tontería, evitar a la persona en la medida de lo posible y no armar escándalos.

No suelo contar por ahí estos razonamientos porque suelen decirme, con una condescendencia infinita, que le doy muchas vueltas a las cosas. Esto también quiero aclararlo.

Si te ves en una situación desagradable y después te pasas días mortificándote al respecto -que inútil soy, ahora la persona estará enfadada, va a ser incómodo cuando volvamos a vernos, qué inútil soy otra vez- y sin llegar a ninguna conclusión, entonces le estás dando demasiadas vueltas a esa situación.

Yo no hago eso -o no mucho-. Yo analizo el origen de la mencionada situación desagradable para aprender de la gente y de su comportamiento y así mejorar mi capacidad para tratar con las personas.

En resumen, darle vueltas a las cosas saca problemas de donde no los hay. Analizar las cosas detecta problemas que sí existen.

Seguro que aún así muchos estáis pensando "esa tía es imbécil, déjala que se enfade por la chorrada del acento italiano y que se fastidie", y no es que os falte razón; el problema es que estas incomodidades suelen derivar en otras tensiones mayores y que afectan a más gente.

He vuelto a ver a Julia en una fiesta; me ha ignorado absolutamente, respondiendo lacónicamente las pocas veces que yo le hablaba y no dirigiéndome la palabra a pesar de estar a mi lado. A mí esto no me llega al alma pero tampoco me resulta agradable. Además, su novio tampoco me habla, si he catalogado bien a Julia, porque sabe que si habla conmigo luego tiene bronca en casa. Además varios de mis amigos, que saben que esta chica me odia, están ligeramente estresados porque el mal rollo entre nosotras es bastante tangible.

Total, que estar a malas con Julia no me aporta nada bueno pero sí me aporta un montón de cosas malas. Si hubiera utilizado el cerebro en esa primera conversación con ella, habría omitido mis pensamientos sobre su acento italiano y aceptado la respuesta sobre su nacionalidad disimulando mi sorpresa. Después, sabiendo ya que esa muchacha es tonta, habría evitado hablar con ella en la medida de lo posible, y ahora podríamos vernos en fiestas, fingir que no nos llevamos mal y ahorrarle lo violento del percal a todo el mundo. Y así yo estaría más relajada en la celebración de turno.


Pues bien, toda esta historia que he contado es autoconocimiento. Te puede parecer tediosísimo pensar en los orígenes de cada cosa desagradable que te pasa, cuando precisamente lo que te apetece es enterrarlo muy profundo y no volver a pensar en ello, pero sin ejercicios de autoconocimiento estás condenado a meter la pata en las mismas tonterías una y otra vez. Yo podía haberme quedado en el "qué tía más tonta, paso de ella", y entonces no habría aprendido nada de esa situación de mierda. Pero lo analicé y ahora sé varias cosas que antes no sabía:

1. Dar cosas por sentadas acerca de personas a las que acabas de conocer puede no ser una gran idea. Es imposible no asumir ciertas cosas cuando nos presentan a alguien, pero hay que recordar que esas ideas ni tienen por qué ser ciertas ni deben ser expresadas en voz alta. Nos entendemos, tú puedes pensar y decir lo que te dé la gana, pero es posible que en este caso eso te lleve a una situación poco agradable. Si te da igual ya es asunto tuyo.


2. Si hablas con alguien en un idioma que no es el suyo, es posible que decirles que tienen un acento no nativo no les haga gracia. Si vas a decirlo, que sea porque sabes que la persona es abierta y relajada y no se lo va a tomar como una crítica. O si es una persona como Julia, díselo para molestar y mándale un beso de mi parte.


3. Exijo que la gente sea coherente en todas las situaciones en las que yo soy coherente. Quiero decir, si yo veo una cucaracha corriendo por mi pared y a pesar de estar muriéndome por dentro de la aprensión no me pongo a chillar como una loca, entonces no tolero que tú te pongas a chillar como un tarado cuando ves una rata, porque yo he sentido esa misma aprensión que tú y he sabido comportarme. Hace tiempo que sé que pienso así, pero es ahora cuando me planteo que tal vez no tenga razón al respecto. La gente es diferente y reacciona de maneras distintas a unas cosas u otras. Esto no quiere decir que no vaya a juzgar muy fuerte a la gente que se pone tonta por lo que a mí me parecen bobadas, sólo digo que tal vez deba plantearme aflojar un poco lo que espero de la gente.

Eso sí, esta situación no tiene perdón, porque, como he dicho antes, he visto a Julia otra vez y no me habla. Perdonaría de sobra el enfado si hubiera sido un pronto mal llevado, pero si no me habla es porque realmente está ofendida y no me puede ni ver. Queda claro que esta tía es imbécil.


4. Hay una diferencia entre ser un engreído y no estar dispuesto a escuchar cosas negativas de manera gratuita. A lo mejor Julia lleva tres años intentando obtener un acento británico y he venido yo a decirle que no está ni medio cerca. Y eso cabrea un montón.


Lo curioso es que probablemente ni sea cierto que esta chica tiene acento italiano; igual era sólo esa noche, o yo escuché lo que no era porque estábamos en un pub con música, vete a saber. Pero una persona así va a encontrar una excusa para ofenderse, así que el que tenga o no acento al final es lo de menos.

Total, que mi mensaje del día es que pensar en las cosas está bien. Y que si le vais a dar vueltas a algo, será mejor que saquéis alguna conclusión al respecto. Yo he alcanzado un relativo nivel de tranquilidad cuando lidio con la gente gracias a esto, así que os lo recomiendo.

domingo, noviembre 20, 2016

American Pastoral: a McGregor casi mejor le dejamos actuando

Ahora Ewan McGregor dirige cosas.

Supongo que llega un punto en que los actores se cansan de ser tan ricos y guapos y de recibir premios por todo y quieren probar cosas nuevas. Tiene sentido, la verdad.

El caso es que el hombre éste ha decidido rodar American Pastoral (ID, 2016), que se presentó en la Sección Oficial del último SSIFF y que cuenta cómo la estabilidad de una familia relativamente ideal se va a pique cuando la insoportable adolescente de la casa se radicaliza políticamente y empieza a comportarse como una tarada.

El argumento está bien, a que sí. Y el póster, el póster mola millones, mirad:

American Pastoral - Cartel

Y sale Ewan McGregor haciendo de padre (Swede Levov), Jennifer Connelly de madre (Dawn Levov) y Dakota Fanning de hija chunga radical (Merry Levov); esto tiene que estar bien a la fuerza.

Pero no. Para nada. De verdad.

La niña que hace de Merry de joven (Ocean James) es repelente a tope y tiene un tartamudeo absurdo que no resulta nada creíble. El comportamiento de Merry a lo largo de la película no tiene sentido ninguno -o yo no se lo veo-, y algún otro personaje que sale también es ridículamente inconsistente. La mitad de las cosas que hacen ni tienen lógica ni se explican en ningún momento, así que al final te encuentras viendo que lo que empezó como un argumento decente y bien construido acaba siendo ver a un par de adolescentes pseudo revolucionarios que se quejan por todo mientras hacen cosas que no parecen tener ninguna coherencia. Que los adolescentes son así en la vida real, ya lo sé, pero en una peli esto resulta una pérdida de tiempo bastante tediosa.

Ewan McGregor (Swede Levov) y Dakota Fanning (Merry Levov)

Lo único que le puedo conceder es que hace pensar acerca de cómo cada familia tiene sus dramas y sobre cómo las personas se vuelven medio locas cuando lo están pasando mal, pero estos detalles no son ni de lejos suficiente para que merezca la pena emplear energía en ver esta historia.

Ewan McGregor (Swede Levov) y Jennifer Connolly (Dawn Levov)

Con la tranquilidad que me proporciona el saber que este blog lo leéis tres gatos (os quiero) y que el propio McGregor dijo en la rueda de prensa que él no lee las críticas ni cuando actúa, ni tampoco ahora que dirige porque cuando son malas lo pasa fatal, os puedo decir que esta peli no hay por dónde cogerla y que no paguéis por ver el jaleo inconsistente que es American Pastoral. No la recomiendo para nada.

Eso sí, Ewan McGregor y Jennifer Connelly en persona son guapísimos. Algo es algo.

viernes, noviembre 04, 2016

Belleza acechadora

Hace unas semanas me invitaron a una fiesta de Halloween.

Como no puede ser de otra manera, el día anterior al evento yo aún no tengo nada que ponerme, así que me encuentro deambulando por una tienda gigante que vende todos los disfraces de este mundo.

Atravieso un pasillo lleno de pelucas, sorteo la balda de gorros de bruja y bajo al sótano, donde se supone que hay más material de Halloween para chicas. Vago un poco por la zona hasta que oigo una voz detrás de mí.

- ¡Buenas tardes!

Me giro esperando ver a un empleado, pero en su lugar me encuentro al anfitrión de la fiesta.

Yo - ¡Gadder! ¡Hola!
Gadder - ¡Qué tal! -Sonríe y me da un abrazo de oso. Este hombre siempre te saluda como si no te hubiera visto en ocho meses, aunque hayas estado con él anteayer- ¿Qué tal en Madrid?
Yo - Muy bien, la verdad, me lo he pasado genial -el fin de semana pasado fui a Madrid a cenar con mis compañeros de la facultad y ya de paso a tomar cafés varios con gente que tengo allí-. Oye, la fiesta es mañana y nosotros aquí el día antes, somos un desastre.

Gadder se encoge de hombros y agita las dos cajitas que lleva en la mano. Sangre de mentira y unos colmillos.

Yo - Hombre. Un clásico.
Gadder - Tengo una capa en casa, así que con esto voy bien. ¿Tú qué estás buscando?
Yo - No lo tengo claro. He visto un disfraz de fantasma en internet que está bien, y otro de Eduardo Manostijeras para chica que me gusta, pero me da que tiene buena pinta online y luego va a ser de putón.

Oye, hablemos de este asunto.

¿Por qué todos los disfraces de Halloween parecen estar hechos para que te los quites mientras das vueltas en una barra americana? Perdón, todos no, sólo los de chica, que es lo malo. Si fuera todo el mundo medio en bolas me cabrearía menos el asunto, pero es que encima son sólo los de mi sección. Que no pasa nada porque haya montones de disfraces diseñados exclusivamente para no poder quitarte al pulpo de turno de encima en toda la noche, yo sólo digo que dar algunas opciones para las que queremos ir vestidas tampoco estaría de más.

Gadder me mira con cara de no tener claro cuál es el problema.

Yo - ¿Me ayudas a buscar? ¿O tienes que comprar más cosas?
Gadder - No, creo que con esto estoy; te ayudo.

Vagamos por los pasillos observando el deprimente festival de minifaldas y complementos horteras que nos rodea. Bueno, deprimente para mí. A Gadder todo le parece bien.

Yo - No voy a encontrar disfraz en la vida -Señalo hacia la imagen de una modelo embutida en un minivestido de látex-.
Gadder - Ése. Yo lo veo. Cómpratelo.
Yo - Que no me voy a comprar eso; ayúdame a encontrar algo con lo que vaya medio vestida por lo menos -Gadder despotrica un poco pero me sigue por el pasillo. Decido pedir ayuda a un trabajador porque no veo que esto vaya a ninguna parte-. Hola, perdona, estoy buscando un disfraz de fantasma. Vamos, de espíritu. Un vestido.

Dependiente - Fantasma tenemos uno.

¡Bien!

Yo - ¡Guay! ¿Dónde?
Dependiente - Estaba ahí -señala al fondo del pasillo-. Estaba yo antes guardando unas cajas y de repente he oído un ruido.

No. No, no, por favor. Un dependiente gracioso no, que la fiesta es mañana y yo tengo mucha prisa.

Yo - ¡Ah! Jaja muy bien, ¿y aparte de fantasmas de verdad, tenéis alguno de mentira que me pueda poner?
Dependiente - Lo digo de verdad. He oído un ruido, pero cuando he mirado, no había nadie.

No, en serio. No.

Dependienta - Deja de hacer perder el tiempo a la chica y enséñale los disfraces -esta eficiente joven. Si la venden me llevo tres-.
Dependiente - Bueno... -farfulla algo, pero tiene un acento escocés, o irlandés, o de donde sea, muy fuerte y sólo entiendo como el cuarenta por ciento de lo que dice-. Mira, tienes a esta pirata espectral... este espíritu de época... ¿Te gusta alguno?
Yo - Si pudiéramos encontrar uno con el que no pareciera una estríper estaría genial -percibo un par de miradas de reproche por parte de postadolescentes que es evidente entienden mejor el espíritu festivo de Halloween que yo-.

El tipo me mira y parpadea un par de veces, confuso. Y entonces se le iluminan los ojos.

Dependiente - De cazafantasmas -Sonríe de oreja a oreja y señala la foto de muestra que hay pegada en una caja. La mujer que aparece en la imagen, lejos de llevar ese mono tan guay que llevaba Bill Murray en su día, está metida con calzador en el vestido más ridículamente pequeño de la historia. Qué asco de tío-.
Yo - Ya veo. No.
Dependiente - Que sí. ¿A quién vas a llamar?

A la policía. A la policía voy a llamar.

Yo - Muy bien. Mira, ése está bien -señalo un vestido de espíritu que parece medio decente-. Anda, y tenéis el de Manostijeras de chica, me lo voy a probar.
Dependiente - Vale ¿Una S? ¿O una M?
Yo - Una S, yo creo. Si no entro te pido la siguiente.

Nuestro decadente amigo me da el vestido y huyo al fondo del pasillo, donde he visto antes a otros clientes probándose ropa en un cuarto de baño que tienen por ahí escondido. Una vez en el baño me meto en el tutú gótico lleno de hebillas que es mi disfraz y por unos segundos me emociono, porque es mi talla exacta y eso significa que a lo mejor me puedo largar ya de este sitio. Sólo que... um... ahora que me doy cuenta...

Gadder grita desde el otro lado de la puerta.

Gadder - ¡¿QUÉ TAAAAAL?!

Abro la puerta y asomo la cabeza.

Yo - Mal.
Gadder - A ver.

Abro más la puerta, no sin antes cerciorarme de que detrás de mí no hay ningún espejo.

Gadder me mira en silencio. Otro chico que está por allí estudiando estantes deja de buscar lo que sea que está buscando y me mira también.

Gadder - Madre mía. Cómpratelo. Cómpratelo cómpratelo. Ahora mismo.
Yo - No, verás, es que por delante muy bien todo, pero no puedo darme la vuelta porque se me ve el alma.
Gadder - Creo que debería echar un vistazo para comprobar si tienes razón.
Yo - GADDER QUE HABLO EN SERIO.
Chica desconocida - Oye qué bien queda eso. Yo quiero uno -Observa el tutú, maravillada, claramente imaginando lo fantástica que va a quedar en las fotos-.
Yo - Pero que os lo digo en serio -me estoy dirigiendo a Gadder, la chica, su amiga y el que estaba allí buscando algo, que sigue mirándome fijamente. Un ratito en una tienda de disfraces y ya tengo un montón de amigos nuevos, qué guay-, que si me giro se me ve el culo. Tal cual.
Chica desconocida - Bueno, pero no te mueves mucho y ya está.
Yo - A ver, si no parpadeas, pues igual sí -vuelvo a hablar con Gadder, pero no tengo claro que me esté escuchando en absoluto-. No puedo ir con esto.
Gadder - MADRE MÍA KEY QUÉ BUENA ESTÁS.

No os asustéis. Este tío es italiano, y valga el cliché, los italianos son así. No entienden que hay ciertas cosas que está mal visto en sociedad decir en alto, por mucho que sean positivas. No es el primer italiano que me suelta una de éstas y sospecho que no será el último. Y nos lo dicen a todas, así que no os emocionéis, que no estoy tan buena como la situación sugiere.

Yo - Gracias por tu sinceridad, Gadder, ¿me traes una M? Con esto puesto no puedo salir de aquí -le lleno los brazos de complementos y le empujo suavemente en dirección a donde debería estar el dependiente.

Gadder desaparece por el pasillo, murmurando "madre mía". Pasan un par de minutos y vuelve con la otra talla.

Cabemos cuatro en el vestido.

Yo - Nada, que no. Mi talla era la otra. Me voy a probar el de fantasma que hemos visto antes.

Aquí vienen unos quince minutos tediosísimos que incluyen como yo me pruebo el vestido, me queda enorme, Gadder propone que me compre el de Manostijeras que es mi talla y me lo ponga con unos pantalones o leggins híper tupidos, yo me doy cuenta de que en realidad ésa es una idea bastante aceptable y decido hacerle caso, Gadder se va a la planta de arriba a buscar más complementos para su disfraz mientras yo me quedo con el dependiente pesado, que se pasa un montón de rato buscando mi vestido, y al final, tras lo que ha sido cerca de hora y media de buscar y probarme ropa incómoda en un cuarto de baño cochambroso...

Gadder - ¿Ya lo tienes?
Yo - No.
Gadder - ¿No? ¿Cómo que no?
Yo - ¿Ves la chica que me dijo que el disfraz quedaba muy bien?
Gadder - Sí.
Yo - Se ha llevado el último.
Gadder - NO.
Yo - Sí. Odio Halloween.


Pero bueno, total, sólo tuve que recorrer otras dos tiendas de éstas al día siguiente, viaje de metro incluido, por supuesto, hacer cola para entrar en las tiendas, para pagar, y para respirar casi, gastarme un pastizal en un vestido de ánima al que han llamado "belleza acechadora" -vaya tela-, que tenía cadenas y todo porque los disfraces en este país se los curran un montón, y conseguí ir a la fiesta sin aparentar ser la protagonista de mi propia franquicia de películas porno, cosa que en este tipo de celebraciones es un logro extraordinario. Además nos lo pasamos todos bien, conocí a un porrón de gente, incluida una chica vestida de calabaza que no podía tener una pinta más fabulosa y a un tío que se disfrazó de Brexit porque "qué puede haber más aterrador en una fiesta que está llena de europeos viviendo en Londres" y, salvo el vino que acabó en las paredes, hubo pocos altercados. Así que en general estuvo bien.

Espero que tuviérais un Halloween interesante vosotros también. Si no, avisadme y os mando al dependiente pegajoso para que os anime el año que viene.

sábado, octubre 08, 2016

Un monstruo viene a verme: llorar por llorar

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls, J.A. Bayona, 2016) adapta a la gran pantalla la novela homónima de Patrick Ness -que no he leído-, en la que el joven Conor (Lewis MacDougall) pide ayuda (o la recibe sin pedirla, no sé) a un árbol/monstruo gigante (Liam Neeson) para lidiar con su muy deprimente situación familiar.

Un monstruo viene a verme - Cartel
O eso es lo que dicen las sinopsis que he leído por ahí y lo que se acaba entendiendo después de un buen rato de peli, porque si os digo la verdad me pasé medio metraje sin tener ni idea de lo que estaba viendo. Que a ver, la madre del crío es Felicity Jones, la abuela es Sigourney Weaver (qué tía más maja; podéis ver su rueda de prensa aquí) y tanto ellas como el muchacho actúan muy bien, así que partimos de una base decente, pero poco más tiene este asunto que ofrecer.

Lewis MacDougall (Conor) y Sigourney Weaver (abuela de Conor)

Creo que el problema principal es que parece un producto diseñado para que el espectador llore como si le hubieran obligado a picar cebollas durante tres horas seguidas, con un montón de escenas emotivas de amor maternal y de un adorable niño sufriendo infinitamente, con el añadido de que "la historia final", que te pasas toda la peli esperando y que se supone te va a dejar de un aire, es un concepto trillado y obvio como el solo y que no sorprende nada.

Lewis MacDougall (Conor) y Felicity Jones (madre de Conor)


Por otra parte, Bayona ha elegido utilizar unas preciosas historias animadas como separación de los capítulos de la película, y, aunque artísticamente hablando son una maravilla, no aportan nada al hilo argumental (de las tres que ponen sólo la primera puede asociarse a lo que está pasando de alguna manera) ni parecen tener propósito alguno al margen de darle una excusa al monstruo para aparecer en pantalla. Monstruo que mola mucho, por cierto; está estupendamente hecho y la voz y los movimientos son de Liam Neeson, que siempre está bien.

Lewis MacDougall (Conor) y Liam Neeson (Árbol)


Como resumen, y sabiendo que esto sólo lo voy a decir yo (las críticas la están poniendo por las nubes y casi todo el mundo salió encantado de la sala el día que la vi yo), Un monstruo viene a verme me ha parecido una ñoñez insulsa que sólo se medio salva porque tiene partes visualmente muy atractivas. No la recomiendo.


p.d. La rueda de prensa de la película no estuvo mal; Bayona contó algunas cosas interesantes sobre el rodaje y la música, por si queréis saber más. La tenéis aquí.

sábado, septiembre 24, 2016

Florence Foster Jenkins: Entrañable Meryl

La sección Perlas del Festival de cine de San Sebastián trae cada año unos cuantos títulos que por unas razones o por otras ya se sabe que son buenos -han ganado en otro festival o vienen recomendados por alguien que sabe de estas cosas, por ejemplo-. En esta categoría ha llegado Florence Foster Jenkins (ID, Stephen Frears, 2016), para contarnos la historia real de una neoyorquina de los años 40 cuyo sueño era ser cantante de ópera.

Florence Foster Jenkins - Cartel

Esta película está enteramente sostenida por los personajes de Florence (Meryl Streep), su marido St. Clair Bayfield (Hugh Grant) y el pianista al que contratan para acompañar a la protagonista en sus clases de canto, Cosmé McMoon (Simon Helberg), y tengo que decir que los tres me han parecido maravillosos -sobre todo ellos-. Florence es todo ingenuidad y dan ganas de ir a darle un abrazo cada diez minutos, Hugh Grant consigue transmitir perfectamente el extraordinario afecto que siente St. Clair por su mujer y Simon Helberg me ha parecido encantador y gracioso a más no poder.

También tengo que decir que me he reído a carcajadas, cosa que rara vez consigo con ninguna película, pero que las mismas escenas que a mí me tenían llorando de la risa a otros espectadores les han resultado ridículas, así que hay de todo.

Meryl Streep (Florence Foster Jenkins) y Hugh Grant (St. Clair Bayfield)

Algo que sí me ha echado para atrás es que en esta historia es imposible no sentir lástima de vez en cuando, y eso es algo que yo suelo llevar fatal. La lástima me parece un sentimiento horrendo y barato que en el mejor de los casos te conduce a hacer algo bueno por unas razones completamente equivocadas. Así que lo de presentar a un personaje adorable al que todo el mundo tiene en palmitas para no herir sus sentimientos es algo que me pone muy nerviosa.

Simon Helberg (Cosmé McMoon)

En cualquier caso, Florence Foster Jenkins habla de amistad, amor, devoción y sueños por cumplir, de una forma bonita y a veces muy muy graciosa. Recomendada, aunque por lo que vi al salir de la sala creo que las opiniones van a estar muy divididas, así que a saber lo que os parece a vosotros.


p.d. Casi me olvido; Hugh Grant dio una rueda de prensa entretenidísima en la que me respondió algunas cosas interesantes sobre la importancia de mentir como un bellaco a todo el mundo, entre otras cosas. A otro periodista le dijo que vino a San Sebastián a finales de los 80 pero que debió de pasarse borracho todo el festival porque no se acuerda de nada. No tiene desperdicio; si os apetece verla la tenéis aquí.

viernes, septiembre 23, 2016

Equipaje de mano

El Industry Club es una sala del Kursaal en la que te dejan sentarte a escribir en los ratos en los que no estás viendo pelis ni persiguiendo actores. Se supone que está hecha para que los profesionales de la industria del cine puedan entrevistarse y hacer contactos, entre otras cosas, pero yo no tengo contactos que hacer así que la uso para escribir. Y para que los de Nespresso me den café, ya de paso.

El otro día estaba en uno de los sofás con Almond y su amigo Dannell, hablando de las cosas guays que dejan las productoras en la mesa del Industry Club para que te las lleves como propaganda. Hay revistas y chapas y cosas así:

Mesa del Industry Club


Yo - ...y si quieres más merchandising, puedes ir a la mesa que hay fuera. Ahí siempre hay mil cosas.
Dannell -¿Qué mesa dices?
Yo - Es igual que ésta -señalo a lo que veis en la imagen de arriba-; está en el rellano, donde acaban los casilleros.

Dannell medita un segundo.

Dannell - ¿Donde el bol de condones?
Almond - Ahí.


INCISO

Todos los años en el SSIFF dejan un bol lleno de preservativos en una de las áreas comunes del Kursaal. Como cuando vas al banco y hay un cuenco con caramelos. Pues igual.

FIN DEL INCISO


Yo - Sí. Que por cierto, me sigue inquietando por qué regalan condones en el festival. Que vamos, cosas gratis nunca sobran y los condones bien están en todas partes, pero no veo la relación como para ponerlos precisamente en un festival de cine.
Almond - Ya, bueno, pero por qué no los van a poner, ¿sabes?
Yo - Que sí, si lo veo bien, pero yo que sé, que vayas a un bar de fiesta y salgas de ahí con alguien para cepillártelo en tu casa lo veo más o menos plausible, pero que salgas de una rueda de prensa con la misma intención me parece como poco probable.

No me da tiempo a comer entre peli y peli, me va a dar tiempo a ligarme a un fotógrafo. Seguro que sí.

Almond - Anda, que tengo yo una historia relacionada con condones... -resopla y se ríe, que es lo único que se puede hacer cuando acabas de decir algo como "tengo yo una historia relacionada con condones", la verdad-.
Yo - Por favor.
Almond - Pues mira, yo hace tiempo me fui a Nicaragua con una ONG, y uno de los grupos de gente con los que trabajábamos eran prostitutas. Y claro, queríamos llevarles un montón de condones, mejorar el tema de la educación sexual y tal.
Yo - Sí.
Almond - Bueno, pues todo mi equipaje de mano eran condones.
Yo - Cómo que tu equipaje de mano eran condones.
Almond - Que eran condones. O sea, yo tenía mi mochila con mis cosas, pero mi maleta de mano estaba llena de condones. Sólo condones.

...

Yo - Una maleta llena de condones. Literalmente, me estás diciendo.
Almond - Que sí.

Me imagino un adorable trolley con rueditas llena con trescientos, o mil condones, o yo qué sé, los que quepan, y no sé si es que yo soy muy infantil o si este percal es genuinamente gracioso, pero a mí me da la risa tanto que casi me ahogo. Y me doy cuenta de que, tal y como funciona el universo, esta historia sólo puede tomar una dirección.

Yo - Y te tocó control en el aeropuerto, claro.
Almond - Me tocó, efectivamente -me vuelve a dar la risa. Menos mal que estamos en un sofá y hay poco riesgo de que me caiga al suelo-. Me abrieron la maleta, los de seguridad flipando, y yo enseñándoles la carta que explicaba todo el asunto: "mira, que vamos con una ONG y tal...".
Yo - QUE TENÍAS UNA CARTA.
Almond - Claro. Explicando todo el tema.

Una carta explicativa de por qué alguien lleva cuatro trillones de preservativos en su equipaje de mano. Una de esas cosas que nunca imaginé que existirían y sin embargo aquí me tenéis, escribiendo este post. Qué bello es vivir.

Yo - Ésta tiene que ser mi historia favorita de todos los tiempos.
Almond - Y calla, que tengo foto ¿eh? -Almond agita un dedo amenazante primero hacia Dannell y luego hacia mí- Que os pensaréis que me lo estoy inventando, pero tengo pruebas.

Y yo pensando que esta historia había tocado techo.

Yo - MÁNDAMELA. Y por favor, déjame compartir esto con el mundo. Es lo justo.
Almond - Ah sí, ya ves, cuéntalo donde quieras. Ahora te la mando.

Dos minutos después recibo un email en mi bandeja de entrada.

Yo - ¿Has llamado al email "asuntos sucios"?
Almond - Me ha parecido apropiado.

Y bueno, he cortado al amigo de Almond para que el pobre hombre no se vea atado a esta historia en internet hasta el fin de sus días, así que la imagen me ha quedado un poco desastre, pero creo que os podéis hacer una idea:

La maleta de los tropecientosmil condones de Almond

En serio, me encanta esta historia. Para escucharla más que para vivirla, pero aún así.

lunes, septiembre 19, 2016

Los siete magníficos: para pasárselo bien

Hay cosas en la vida por las que hay que estar agradecido. Puedes estar agradecido por tener amigos, por un trabajo que te gusta, por la vecina entrañable que te hace galletas de vez en cuando. Yo, cada septiembre, estoy agradecida por el puñado de películas palomiteras que aparecen en el festival de cine de San Sebastián. Os puede parecer una idiotez, pero cuando acabas de ver una película china en la que violan a la protagonista y otra danesa que explora las incertidumbres de una mujer con una enfermedad terminal, que te pongan una comedia tonta es lo que puede evitar que tires tu acreditación al río y te vayas corriendo a buscar un terapeuta.

Los siete magníficos - cartel

Esta vez mis agradecimientos van concretamente para Los siete magníficos (The Magnificent Seven, Antoine Fuqua, 2016), remake del popular western -que yo no he visto porque mi cultura cinematográfica deja un poco que desear, dejadme- que cuenta esta vez con Denzel Washington como protagonista interpretando al duro justiciero Chisolm y su pintoresco equipo, conformado por los actores Chris Pratt (Josh Faraday), Ethan Hawke (Goodnight Robicheaux), Vincent D'Onofrio (Jack Horne), Byung-hun Lee (Billy Rocks), Manuel García-Rulfo (Vasquez) y Martin Sensmeier (Red Harvest), que intentarán, contratados por la muy cabreada viuda Emma Cullen (Haley Bennett), acabar con la opresión impuesta por el malvadérrimo Bartholomew Bogue (Peter Sarsgaard).

Vincent D'Onofrio (Jack Horne), Martin Sensmeier (Red Harvest), Manuel García-Rulfo (Vasquez), Ethan Hawke (Goodnight Robicheaux), Denzel Washington (Chisolm), Chris Pratt (Josh Faraday) y Byung-hun Lee (Billy Rocks)

Esta peli os va a dar exactamente lo que promete: acción, tiros, caballos, chistes de vez en cuando, peleas y más tiros. Cine de entretenimiento puro y duro, bastante superficial -el único personaje que parece tener algo de fondo es el de Ethan Hawke-, con el que os sorprenderéis poco pero os lo pasaréis en grande. Recomendada.

También he de decir que Ethan Hawke me ha parecido un tío súper inteligente en la rueda de prensa. La tenéis aquí, por si sois muy fans y la queréis ver.

Tengo más críticas. Cine holandés y sueco-danés. Tan divertido como suena; os va a encantar.

sábado, septiembre 17, 2016

La fille de Brest: el cine europeo que no te da ganas de pegarte un tiro

¡Ya estoy en San Sebastián! Estoy segura de que estáis todos impacientes por escuchar mi opinión acerca de películas bielorrusas en blanco y negro que no vais a ver jamás, así que en los próximos días veréis que escribo muchas cosas relacionadas con cine y muy poco de todo lo demás. Como siempre y por falta de tiempo, cuando acabe el festival me encargaré de los comentarios. Recordad también que los títulos de las películas pueden ser algo confusos porque muchas aún no están traducidas al español y aparecen con el título original y a veces además con el título en inglés. Cuando lleguen a salas comerciales puede que algunos nombres cambien, pero al menos para buscar información éstos deberían valeros.

Dicho esto, la peli inaugural del 64 Festival internacional de cine de San Sebastián ha sido, no tengo ni idea de por qué ya que no la conoce nadie, La doctora de Brest (La Fille de Brest / 150 Milligrams, Emmanuelle Bercot, 2016), que cuenta la historia real de cómo la médico Irène Frachon (Sidse Babett Knudsen) tuvo que enfrentarse prácticamente por su cuenta a una poderosa empresa farmacéutica cuando se dio cuenta de que un fármaco llamado Mediator, utilizado como saciante para adelgazar y que llevaba años siendo recetado por cardiólogos franceses, estaba provocando la muerte de un montón de pacientes.

Sidse Babett Knudsen (Irène Frachon) y Benoît Magimel (Antoine le Bihan)


Centrada casi exclusivamente en su protagonista, valiente y bruta a más no poder, la historia es ágil y aceptablemente emocionante, con el pequeño problema de que parece más una sucesión de miniepisodios bastante similares entre sí que un producto total. De hecho hablando con otros espectadores al salir estábamos todos de acuerdo en que se hace un pelín repetitiva. En cualquier caso es un mal menor; a nivel general La doctora de Brest es una película que os puedo recomendar de sobra, especialmente por lo bien escogido que está el reparto, cuyas interpretaciones son estupendas. Además siempre es interesante conocer una historia real tan agresiva como ésta. La Irène Frachon de la vida real, que por cierto es una mujer súper maja, dio más datos al respecto en la rueda de prensa, incluyendo una mención a cómo España pasó por exactamente este mismo problema pero puso remedio en seguida en vez de mirar para otro lado (qué cosas).

Irène Frachon

Un detalle a agradecer es que la película no cae en los cuarentamil clichés esperados en una cinta de este tipo: no hay historia romántica paralela para compensar un matrimonio frustrado, no hay escena de sexo metida con calzador sin venir a cuento de nada, esas cosas. Lo único en lo que sí caen es en pintar a las empresas farmacéuticas como si fueran la mayor gentuza del universo. Que igual es verdad, yo qué sé, pero queda un poco trillado que exageren tanto lo malos que son.

Como dato informativo, sólo comentar que salen imágenes muy gráficas de quirófano y no es nada agradable de ver. A mí Anatomía de Grey y CSI me han curtido bien, pero en una escena en la que hacen una autopsia ha habido gente que se ha ido de la sala. Os lo digo para ahorraros el mal rato, aunque sabed también que no son más de dos o tres minutos de metraje en los que simplemente tenéis que mirar para otro lado. E ignorar el crujido de las costillas, ahora que lo pienso.

Sidse Babett Knudsen (Irène Frachon)

Volviendo a la rueda de prensa, que por cierto estuvo muy bien y que podéis ver aquí, lo que me ha parecido más curioso es que la médico que nos ocupa afirma no haber sido perseguida por las farmacéuticas a pesar de haberla liado pardísima con el tema del Mediator, pero que ya casi no va a conferencias de medicina porque sabe que los médicos no la pueden ni ver. Quién lo iba a decir.

Por otra parte, varios periodistas han hecho preguntas relacionadas con el feminismo, ya que, oh, la peli que inaugura San Sebastián está conformada exclusivamente por mujeres, que orgullo, miau, miau, y estoy viendo por ahí que se están sacando de contexto frases dichas por la directora para que parezca que está de alguna manera molesta con el supuesto machismo en el cine (ejemplos aquí y aquí), cuando en realidad lo que han dicho tanto ella como la productora es que no sólo no han tenido nunca ningún problema en su campo por ser mujeres, sino que en ese aspecto en Francia las cosas están cada vez más fáciles. Lo aclaro porque ya sabéis que el machismo inventado es un tema que me pone un poco de los nervios y veo que unos cuantos medios se están aprovechando de que la gente no ve las ruedas de prensa para seleccionar sólo lo que les interesa y así dar a entender lo que a ellos les da la gana.

Me voy a buscar comida y a ver más pelis. Volveré con más críticas en breve.

sábado, septiembre 03, 2016

Bonnie y el detector de humos

Me he mudado. Otra vez. Dejadme.

Mi nueva casa no está nada mal. En mi habitación hace frío y la moqueta es un asco, pero no hay nada traumático. La casa está bien. Es habitable.

El problema es que dentro de la casa hay gente.

Podría contar muchas cosas, pero el resumen es que tengo dos compañeras de piso: una que es una cerda y una que no. A la primera vamos a llamarla Bonnie por ninguna razón en particular y a la segunda llamémosla Abby.

Tal vez entre en detalles otro día acerca de hasta qué nivel este ser es la repugnancia hecha persona, pero hoy mejor os voy a contar la historia del detector de humos.

Porque no es sólo que esta chica sea una guarra de tomo y lomo, es que, además de no saludar, ocupar todos los armarios de la cocina y no contestar cuando le mandas un mensaje, es... no sé cómo describirlo. No quiero decir que es corta porque no la conozco lo suficiente y porque me resulta un poco hiriente para con la gente que sí es corta. Es más que está como empanada. Como que no tiene sangre en las venas o algo.

Os voy a contar la historia de marras, para que me entendáis.



LA HISTORIA DEL DETECTOR DE HUMOS


Para que ubiquéis la situación un poco mejor, debéis saber que Abby (la que no es una cerda, recordemos) trabaja en un programa despertador de la radio y se levanta a las cuatro de la madrugada, con lo que a las ocho de la tarde suele estar frita ya. Esta chica es maja, pero no la veo jamás. Cocino con cuidado para no despertarla, pero siempre creo que me debe de estar oyendo y odiándome en silencio. La historia del detector de humos ha cambiado mi perspectiva.

Por otra parte, Bonnie (la alérgica al Fairy, recordemos de nuevo), se suele ir a la cama a las diez aproximadamente. Sé que a veces llega más tarde a casa porque la oigo hablando por el móvil en el pasillo, pero en general a las diez y poco desaparece.

Pues bien, esto que cuento sucede una noche, como a las once y media. Abby llevará dormida ni sé el tiempo, pero Bonnie está despierta. Lo sé porque su puerta está entornada y veo luz.

Tengo metidos en el horno dos pasteles de pescado que he comprado en el supermercado, intentando no pensar en la cantidad ingente de mierda que rodea mi comida ahora mismo, porque, por supuesto, Bonnie también ha conseguido que el horno tenga un aspecto lamentable.

Una vez pasados los minutos estipulados en el envoltorio, salta mi alarma del móvil indicando que el pescado está listo, así que pauso el capítulo de Dr Who que estoy viendo y me acerco a mis pasteles de salmón. Me agacho hasta tener las ruletas enfrente de la cara, las pongo todas a cero, me incorporo y, previendo lo que va a suceder, me alejo todo lo que puedo del mugriento electrodoméstico.

Y abro la puerta.

Si juntáis los platós en los que se rodaron Llamaradas y El coloso en llamas os sale menos humo que el que tengo yo ahora mismo en mi cocina.

Tampoco es que hasta este momento el aire fuera lo más respirable del mundo, pero al menos no te daban ganas de ponerte un pañuelo húmedo en la cara y reptar hasta la salida de emergencia más cercana. Y bueno, por el título de esta historia os podéis imaginar lo que pasa a continuación.

Pues sí, salta la alarma de incendios.

Qué manera de pitar. Dios santo qué estridencia. Salgo de la cocina y me quedo mirando al origen del sonido, que está

a) mezclado con el contador del gas, el de la luz, los plomos y cuarenta mil historias más, de manera que identificarlo de manera precisa es complicado y

b) demasiado alto como para que, suponiendo que supiera cómo, pueda apagarlo.


Me quedo ahí parada, mirando hacia arriba, tapándome los oídos porque la alarma ésta suena como si estuviera anunciando el Juicio Final y preguntándome si mi casa será una de las muchas de Inglaterra que tiene la alarma antiincendios conectada con los bomberos. Empiezo a plantearme cómo voy a explicarle a un equipo de señores cargados con mangueras que aquí no hay ningún fuego, que simplemente mi compañera de piso es una cerda, pero no se me ocurre nada que no me haga sonar como una idiota.

¿Cómo? ¿No veis la conexión entre las dificultades de Bonnie para convivir en sociedad y la densa nube de humo que nos ocupa? Permitidme que os lo explique:

La humareda se ha generado porque la cantidad de grasa que hay dentro de mi horno daría para alimentar a toda la familia de lobos salvajes que obviamente crió a Bonnie. El calor que ha cocinado mis pasteles de pescado también ha quemado toda esa mierda que comento, llevándonos a este percal en el que me encuentro ahora.

Pero vayamos a lo que quería contar yo. Supongo que a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que en esta situación hay algo raro.

Llevo un minuto en el pasillo, con los oídos tapados porque la alarma del infierno me está dejando sorda, y ahí no aparece nadie. Ni Abby ni Bonnie salen de sus habitaciones. Yo no quiero incordiar a Abby porque la pobre mujer se tiene que levantar dentro de cuatro horas, pero a Bonnie la estoy escuchando en su cuarto. Veo su luz. ¿Por qué mierdas no sale esta chica a ver qué está pasando?

Ante la evidente inactividad por parte de mis compañeras, me acerco a la puerta entornada y llamo. Oigo el débil y cargante hilo de voz de Bonnie desde el fondo de la habitación.

Bonnie - ¿Sí?


!!!!!!!!?????


Yo - ¿SÍ? ¿CÓMO QUE SÍ? -No le grito sólo porque esta muchacha me parezca imbécil, es que si no grito no se me oye por encima de la alarma. Bonnie se asoma por su puerta-.
Bonnie - ¿Qué pasa?

Madre del amor hermoso. No le respondo, sólo señalo hacia el techo, que es de donde viene el sonido, con esa expresión en la que abres mucho los ojos pero a la vez los entrecierras, que viene significando "no sé si eres así de inútil o me estas vacilando".

Bonnie - Es la alarma de incendios.

...

Yo - ¡¿TÚ CREES?!

Bonnie me mira, como sin saber qué es lo que espero de ella, y parece que decide que mi problema es que no comprendo la situación, así que, muy amablemente, procede a explicármela.

Bonnie - Hay mucho humo -anda fíjate-. Mira -mi estimada compañera sale de su habitación y entra en la cocina-, tienes que abrir la ventana -abre más la ya abierta ventana mientras me mira, como quien intenta explicarle un concepto complejo a alguien que no es muy listo-. Ya está.

Camina hasta el umbral de la cocina, donde se queda parada unos segundos, mirándome, ambas pensando que la otra es una vergüenza para la especie humana.

Y se va.

Se va, sin más.

La alarma a estas alturas ya ha dejado de sonar, y yo me quedo parada en la cocina, mirando al infinito, pensando si todo eso ha pasado de verdad.

Y ya está. Ésa es Bonnie.


¿Lo bueno? Este personaje y sus pocas luces se mudan en septiembre. Cosa que está bien, porque no sé cuánto tiempo puedo soportar vivir con este despojo de la sociedad.

Por si mi bienestar os quita el sueño, os lo digo. No sufráis. Si queréis ser solidarios conmigo, podéis reíros de Bonnie a mi salud y desear que su mudanza se adelante. A mañana, por ejemplo.

domingo, agosto 14, 2016

Aviso legal

Estimado lector:

Esta entrada es sólo una anotación a la que probablemente haré referencia en algunos de los posts que escriba en el futuro. Presta atención, porque esto es importante:

No sé nada de literatura. Ni de música. Ni de cine. Ni de psicología. De hecho no sé nada de prácticamente cualquier materia que se te pueda ocurrir.

Este hecho, desafortunadamente, no va a impedir que siga escribiendo entradas sobre literatura, música, cine y comportamiento humano. No hay nada que puedas hacer para evitarlo. No puedes tomarte en serio nada de lo que leas en este blog. De verdad. No utilices mis consejos para ligar como si fueran la ley. No dejes de ver una película que te apetece ver porque yo diga que es una mierda. Y, por dios santo, no utilices mis análisis de cuentos para tus trabajos de clase.

Todo lo que leas aquí es mi opinión, y considero necesario que sepas que escribo un montón de tonterías. Muchas. Si hablo de hechos entonces puedes estar bastante seguro de que he contrastado mis fuentes y de que sé de lo que hablo (y si ves que no es así, te agradecería que me lo dijeras para que pueda corregir los errores), pero si te doy mi interpretación de algo, es fácil que todo te parezca un poco absurdo. Es decir, si te explico lo que es el Síndrome de Kessler, puedes estar más o menos seguro de que lo que estás leyendo es correcto, porque estamos hablando de un concepto que no está sujeto a interpretación. Pero si te digo que en Peter Pan Campanilla era una tarada de mucho cuidado, entonces a lo mejor no estás de acuerdo conmigo, porque tu definición de tarada puede ser diferente de la mía.

Si te parece que el párrafo anterior insulta a tu inteligencia por estar lleno de obviedades, felicidades, este post no es para ti.

Si de lo contrario, y a pesar de haber leído esta información que acabo de proporcionar, sientes la irrefrenable necesidad de escribir un comentario en una de mis entradas diciendo que no sé nada de literatura, o música, o cine o psicología, entonces aquí tienes una lista de prados bonitos a los que te puedes ir a pastar.

Eso es todo.

Besitos.

jueves, julio 07, 2016

Ventajas y desventajas de vivir en Londres

Llevo un año viviendo en Londres y he pensado que a lo mejor se llega a pasar por aquí alguien que esté planteándose venir, o que esté dudando entre varios lugares. Así que voy a explicar cuáles son, desde mi punto de vista, los pros y los contras de esta ciudad.


VERSIÓN SÚPER CORTA POR SI NO TIENES GANAS DE LEER

Londres es una mierda. No vengas.

Si quieres venir de vacaciones, genial, ¿eh? La caña. Tiene musicales, tiene la National Gallery, tiene la falsa promesa de que te vas a encontrar con los actores de Juego de Tronos en el metro. Te vas a gastar un dineral y no es ni de lejos una de mis ciudades favoritas del mundo, pero siendo objetivos, como destino turístico es una opción muy interesante. Pero para vivir no.

FIN DE LA VERSIÓN SÚPER CORTA POR SI NO TIENES GANAS DE LEER


Para los que queráis que concrete algo más, ofrezco una completa lista alternando pros y contras y empezando por un contra para generar la máxima confusión posible:


CONTRA#1: El mercado inmobiliario londinense parece estar gestionado por Satanás teniendo un mal día.

Cuando me imagino cómo sería vivir en Mordor mi cerebro visualiza mejores casas que las que he visto aquí.

Alquileres que consumen la mitad de tu sueldo -literalmente- por pisos en el umbral de lo que se considera habitable aquí son algo habitual. Esto ya lo sabíais porque a veces se escandalizan en las noticias internacionales con el tema, pero hay cosas que no dicen:

Los caseros son gentuza y los agentes inmobiliarios son aún peores. ¿Veis que siempre digo que prejuzgar suele salir mal? Con los agentes no. Con los agentes prejuzgad como si no hubiera un mañana y probablemente os quedéis cortos. Con las agencias inmobiliarias de Londres, al margen de pagar cuotas inventadas no reembolsables, tienes que tener mucha suerte para que quien gestione tu propiedad te haga caso cuando no puedas ducharte porque tu bañera esté atascada o cuando tu nevera deje de funcionar. Los ratones son algo que se considera relativamente normal tener en una casa, y el ayuntamiento sólo exige al dueño de la propiedad que intente acabar con ellos. Un chico de mi anterior trabajo lo pasó fatal porque, a pesar de tener la casa hasta las trancas de roedores, su contrato le exigía seguir pagando el alquiler. Hasta que no consiguió un inquilino que le sustituyera no pudo dejar de pagar. Otra compañera y yo hemos tenido ratas. Uno de los pisos que he visto recientemente tenía una plaga de polillas. Al margen de la de cucarachas que tuve en mi primer piso.

Por que os hagáis una idea de por dónde anda el listón, os recuerdo que yo pagué 900 libras al mes por un estudio en el que las ratas me despertaban de madrugada chillando desde dentro de las paredes. No es que eso sea habitual, pero sí es deprimentemente plausible.

Y oh, dejadme que os enseñe las fotos que me mandó el otro día una chica del trabajo, contándome que en una casa en la que vivió una temporada había tanta humedad que salían setas de las paredes de la noche a la mañana:





Por lo menos te ahorras algo en la compra semanal si tienes comida creciendo en el suelo, supongo.

El alojamiento en Londres es medio tercermundista y al ayuntamiento no le importa. Deseo muy fuerte que se acabe hundiendo el mercado y que todos los ladrones que viven de sangrar a los ciudadanos a base de alquileres prohibitivos se vayan a la quiebra.

Sin rencores.


PRO#1: Hay trabajo a cascoporro

En función de a qué te dediques y de tu nivel de inglés hay mayor o menor oferta, mejor o peor pagada, pero si lo que necesitas es un trabajo para sobrevivir, lo vas a encontrar. El sector servicios aquí está conformado por españoles e italianos, mayoritariamente, y por suerte mi sector (IT, informática o como lo queráis llamar) está muy demandado y bien pagado. Hay de todo, pero en general, la cosa está mucho menos chunga que en el resto de Europa.


CONTRA#2: El transporte es tan caro y tan poco eficiente que adelantarías más comprándote un burro que te llevara al trabajo

El transporte de Londres está casi completamente gestionado por la organización gubernamental TFL (Transport For London), que se ocupa de metro, trenes y autobuses, entre otras cosas, y es de las cosas más caras e ineficientes que he conocido en mi vida. No sólo tiene unos precios absurdos y mal explicados (cambian en función de la hora del día, de dónde a dónde vayas, de cuántas veces hayas cogido el metro ese día), sino que los servicios que proporcionan están rotos o incompletos prácticamente siempre. Sus trenes del año de la polka dejan de funcionar tan a menudo que encontrar todas las líneas en funcionamiento es casi imposible. Quedarse tirado en medio de un viaje es una experiencia por la que sabes que vas a pasar de vez en cuando, a menudo porque la cantidad de gente que se tira a las vías es preocupantemente alta. Una vez a mí me soltaron en medio de la nada cuando estaba de camino al aeropuerto porque mi tren había atropellado a un tío.

El TFL te hace perder el tiempo hasta como peatón, porque gestionan buena parte de los semáforos de la ciudad. No sé si tienen a un mono apretando botones aleatoriamente para que los peatones crucen o si ese mono ha diseñado los algoritmos que abren y cierran los semáforos, pero monos tiene que haber involucrados en este asunto o yo no le veo el sentido. En un mal día puedes tirarte, no sé, ¿cuatro minutos? para cruzar la calle, porque el paso de cebra estará dividido en tres tramos, cada uno con su semáforo completamente independiente. Te puedes pasar un minuto de pie en un cruce, cuando los únicos coches que podrían pasarte por encima tienen su semáforo en rojo también. De ahí que aquí nadie respete nada y todo el mundo cruce cuando le dé la gana, porque si eres legal no cruzas en la vida. Ya he hablado con varias personas de los pocos ancianos que se ven por la calle, y a estas alturas nos parece evidente que no existen porque les han atropellado a todos.

Eso sí, TFL tiene una red que cubre toda la ciudad, con autobuses funcionando 24 horas al día y trenes que te llevan a otras ciudades en nada de tiempo. Además, si cometen algún error te devuelven el dinero sin grandes planteamientos, e incluso si tú metes la pata y pagas de más por ello, también te devuelven la pasta, así que al menos son gente legal. Y siempre hay empleados en las paradas de metro, así que hay una buena sensación de seguridad en las estaciones incluso cuando es de noche y no hay casi nadie. Con todas esas cosas guays casi me hacen olvidar que cuando trabajaba enfrente de Heathrow pagaba 5.60 libras al día en transporte.


PRO#2: La oferta de ocio y cultura es, probablemente, la mejor del mundo

¿Quieres ver a Coldplay en directo? Vienen. ¿Quieres ver a ese grupo raruno que sólo conoces tú en concierto? También vienen. Decenas de musicales, obras de teatro, exposiciones, tours guiados, lo que quieras. Yo he visto Los Goonies en un almacén propiedad de Vans (los de las zapatillas), una guía me ha enseñado lo que queda del arte de Banksy en Londres del este, he visto cuatro musicales, al Circo del Sol, un concierto de un grupo que pensé que no iba a poder ver en la vida porque en España no les conoce ni cristo; he ido a una fiesta en una terraza en la que tienen flamencos paseando por allí cuando hace bueno -que por cierto resultó ser una reunión de profesionales para hacer networking, qué cosas-, y he ido a un Escape Room el el que tenía que resolver un asesinato. Todo lo que te puedas imaginar existe aquí. Lo que sea. Hace poco me llevaron a traición a un restaurante en el que sólo sirven cosas hechas con té verde. Una vez fui a un spa llamado Bunny spa, en el que había conejitos al lado de las camillas de masaje. Otra noche fui a una fiesta silenciosa dentro del Museo de ciencia.

Además, si quieres aprender algo, alguien te dará clases. Yo voy a una academia de ballet que también da jazz, capoeira, street dance, break dance, yoga, pilates, tango argentino, flamenco, zumba, danza del vientre, salsa, bailes latinos y claqué. He visto ofertas para ir a clases de danza folklórica georgiana y de bailarina de barra americana. Una vez fui a una clase de algo llamado Insanity que era una mezcla entre aerobic y crossfit. Sobreviví de milagro, pero ése es otro tema. Otro día estaba de paseo por un parque y me encontré con un grupo de alumnos aprendiendo trapecismo. Tenían una red de seguridad y un trapecio y estaban ahí volando de lado a lado.

Me imagino que Nueva York y París andarán a la par, pero en general creo que no hay muchos sitios en los que se puedan hacer más cosas que aquí. Y para muchas actividades necesitas dinero, pero también hay infinidad de eventos gratis y muy baratos si sabes dónde mirar.


CONTRA#3: El clima es más aburrido que la peli ésa de las remolachas que vi hace un par de años en San Sebastián

¡Oh, cuántas veces, en toda mi arrogancia, dije que a mí me daría igual vivir en un sitio donde el clima fuera una mierda! Londres, sus quince días de calor al año y su sol de mentira se han encargado de recordarme que la mitad del tiempo no tengo ni idea de lo que estoy diciendo. Aquí no se puede tomar el sol, porque el poco rato que sale al día apenas calienta. Ir a la piscina es una anécdota porque el verano no es de verdad. Es cierto que no llueve ni de broma tanto como dicen las leyendas, y me esperaba un invierno más duro (aunque soy de Salamanca, que tiene un tiempo de lo mas salvaje, no sé qué opinará otra gente), pero el caso es que es un sopor que no haya un verano decente. Necesito un chute de vitamina D con urgencia.


PRO#3: Estoy yo.


CONTRA#4: La vida en Londres es más o menos igual de estable que el Titanic

Aquí nada dura más de unos cuantos meses. Dentro de un año la mitad de tus compañeros de piso se habrán mudado, varios de tus amigos se habrán marchado de la ciudad y la tercera parte de tu departamento estará buscando otro trabajo.

En Londres llevar un año y medio en la misma empresa es ser un veterano. Yo llevo aquí un año y voy por mi segundo trabajo, y voy a mudarme al que será mi quinto alojamiento desde que llegué. He tenido, que recuerde ahora mismo, veintidós compañeros de piso. Hace dos semanas me escribió una compañera de mi anterior empresa para decirme que deja la compañía y se va a vivir a Roma. Otro de los chicos con los que trabajaba se marcha indefinidamente a Boston este mes.

Londres no es para quedarse. Londres es para venir, explotarla todo lo que se pueda durante dos o tres años, y luego largarse a otro sitio, y la gente lo sabe de sobra. Así que si vienes, prepárate para despedirte de tus amigos muy deprisa.


PRO#4: Hay más diversidad cultural que en un capítulo de Anatomía de Grey

¿Ves cuando te ponen una peli de ésas para adolescentes, en plan Crepúsculo o El corredor del laberinto o lo que sea, y te preguntas por qué se empeñan en meter a un montón de actores asiáticos y negros sin venir a cuento, con lo poco natural que queda eso?

Londres es así.

Aquí estar en una conversación con más de tres personas y que todos seáis de la misma raza es casi una imposibilidad física. Y si sois de la misma raza, como mínimo cada uno es de un país. Hay gente muy cerrada que se empeña en ir exclusivamente con compatriotas, pero si eres normal y hablas con quien aparezca, tu círculo acabará compuesto por un porrón de nacionalidades y religiones diferentes. La que me llevó el otro día al restaurante del té verde es australiana de padres filipinos. Mis tres compañeros de piso son de Letonia, Polonia y Países Bajos, respectivamente. Uno de mis compañeros de equipo es inglés, otro nepalí y otro holandés de madre holandesa y padre de Arabia Saudita. Y ya no es sólo de dónde vengan, es también que aquí hay cuarenta mil modos de vida. Salir a cenar con un grupo y que no haya ningún vegetariano en la mesa es rarísimo. Mi oficina está llena de culturistas y hay una sala reservada para que los musulmanes recen -es para quien quiera, pero sólo la usan ellos-. En uno de los pisos que vi hace un par de semanas una de las compañeras era un travesti. Estoy aprendiendo acerca de las razones del ayuno en el Ramadán y comprobando que los matrimonios concertados a menudo generan parejas que no pueden ser más felices. Estoy descubriendo que la mitad de las cosas que creía saber de otras culturas son mentira, que otras son todavía peores de lo que pensaba y también que en el día a día a nadie le interesa si eres ortodoxo o crees en el Monstruo del espagueti volador.

En general, Londres consigue que te dé igual trabajar con una chica con hijab que con un tío con turbante que con un blanco que tiene la misma pinta que tú. Llega un punto en el que ya no te apetece emplear más energía en decidir si la religión o la cultura de quien tengas delante significa algo, y eso te permite centrarte en las cosas que sí son importantes. Sabemos todos que no soy fan de esta ciudad, pero reconozco que este aspecto no tiene precio.


CONTRA#5: Si quieres aprender inglés mejor vete a uno de esos campamentos de inmersión que hacen en La Alberca

Lo de venir a Londres para mejorar el idioma, qué maravilla. A ver, aprendes a defenderte porque no te queda más remedio, pero entre la cantidad de españoles que hay -y lo estúpidos que somos en cuanto a hablar inglés delante de otros españoles- y que nadie es de aquí, como mínimo vas a coger el acento más horrendo que te puedas imaginar. Yo vine con un inglés muy digno y ahora mismo... en fin. Lo hablo y lo entiendo -esto último más o menos-, pero mi fluidez y mi acento se han ido completamente al garete. Confío en que sea una época, porque si no me veo yendo a clases otra vez.


PRO#5 Estás mejor comunicado internacionalmente que si tuvieras un helipuerto en tu casa.

Todo está a una o dos horas de vuelo. Tienes Irlanda, España, Alemania, todo al lado. Puedes ir en tren a París, Brujas o Amsterdam y estar en casa antes de que termine el fin de semana. De hecho, ir a un aeropuerto es un rollo porque es mínimo una hora más de viaje, pero el Eurostar -el tren que digo- sale del centro. Y si no quieres irte tan lejos, con un rato en tren te puedes ir a un montón de sitios dentro de Inglaterra. Hace poco mismamente yo estuve pasando el día en Cambridge, donde por cierto vi a este señor tocando la guitarra dentro de una papelera:




Pues eso, que si te gusta estar cada fin de semana en un país y tienes dinero para ello, en Londres te lo vas a pasar bien.


Y bueno, hay otras cosillas, como que la comida "típica" deja bastante que desear, que si no buscas específicamente una casa al lado del trabajo te pasas la vida en el metro o que pasadas las seis de la tarde ya te estan echando de los sitios y te tienes que ir a casa. Por no mencionar los problemas asociados a la salida de la UE.

También me he planteado incluir la seguridad como un pro, ya que para ser una capital ese aspecto no está nada mal, pero luego me he acordado de que cuando vivía en Hounslow tenía la sensación permanente de que alguien me iba a secuestrar y de que en Brixton a cada paso que das piensas que te van a atracar, y he decidido dejarlo. Pero bueno, eso, que sepáis que te puedes quedar frito en el metro o tener el móvil encima de la mesa en una cafetería y no te roba nadie, y que yo estoy más tranquila llegando a casa sola aquí que en Salamanca.


En general, las cosas buenas son fabulosas, pero las malas atacan a los cimientos de tu vida y de tu estabilidad, con lo que se hace difícil disfrutar de todo lo positivo. Quiero decir, si tienes una bazofia de piso en el que no estás a gusto, te pasas dos horas al día en un autobús o en un vagón de metro y tanto esa basura de piso como esa basura de vagón están llevándose la mayor parte de tu sueldo, de poco te sirve que cante Adele en el Royal Albert Hall o que puedas irte de fin de semana a Amsterdam. Es necesario tener un mínimo de calidad de vida -y dinero y energía- para apreciar los extras, y alcanzar ese mínimo en Londres es increíblemente complicado. Ahora bien, si tienes suerte te lo vas a pasar en grande. Conozco gente que ha caído en un buen piso nada más llegar y que puede ir andando al trabajo, y obviamente opinan que ésta es la mejor ciudad del universo. Pero por lo general para conseguir un mínimo de estabilidad te toca pasar por bastante mierda primero.

Así que lo dicho. Yo no me arrepiento de la experiencia porque me gusta aprender cosas aunque sea a lo bruto y porque tengo una economía saneada, amigos que me dejan dormir en su casa si la cosa se pone muy chunga y este sitio para venir a contaros las cosas absurdas que me pasan, pero Londres es una ciudad extraordinariamente dura de la que ya me he planteado largarme varias veces y de la que todo el mundo se va más pronto que tarde porque hasta las cosas sencillas que no deberían suponer ningún esfuerzo consumen toda tu energía.

Lo bueno es que para cuando realmente sea efectiva la salida de la UE probablemente yo ya me haya ido de aquí. No todo va a ser malo.