jueves, mayo 12, 2016

Foxxie III

Tercer y penúltimo episodio de mi tercera vivienda londinense. Podéis leer la primera parte aquí y la segunda aquí.


Vuelvo de San Sebastián y al día siguiente quedo con Daisy, que me está esperando en un restaurante japonés pequeñajo al lado de una estación de metro. Pido unos rollitos de primavera o algo que se le parece y discutimos el asunto.

Yo - Mira, para estos dos meses casi nos viene mejor que no me metan en el contrato. Ya no creo que vayas a estafarme y tú ya has visto que no me he ido corriendo con tu dinero, así que si te parece bien, yo te pago a ti y tú le pagas a la agencia, como hasta ahora.


INCISO

Los pequeños bastardos de la agencia no sólo me pensaban cobrar a mí 120 libras por incorporarme al contrato, sino que Daisy iba a tener que pagar más de cuatrocientas libras por hacer un cambio de inquilino. Igual pensáis que es porque esta situación les está dando algún tipo de trabajo a los agentes. No. Es Daisy la que está enseñando el piso a los interesados, es ella la que está haciendo todas las gestiones. Yo ni siquiera conozco a los agentes. No me importaría que esta gentuza sufriera un trágico accidente.

Además, este cambio de idea repentino de la casera, si deriva en que yo me vaya de ahí inmediatamente, le supone a Daisy pagar el doble de alquiler durante dos meses, porque ella ya está instalada en otro piso que tiene que pagar. Eso es emplear más de dos mil euros al mes en alquileres. Mucha gente sencillamente no tiene esa cantidad de pasta.

FIN DEL INCISO


Daisy pone cara de alivio infinito.

Daisy - Uf, pues me haces un favor, porque es evidente que no voy a encontrar a nadie para que me sustituya estos dos meses, así que si no te quedas tú, tengo que pagar yo el alquiler. La casera me ha dicho que no le supone ningún problema que estés tú en mi habitación, así que debería ir todo bien.
Yo - Lo único es que no puedo esperar hasta el final de los dos meses para empezar a buscar piso. Creí que tenía un montón de margen, pero ya no. Así que igual te pago un mes, pero poco más.
Daisy - No pasa nada, me pagas sólo los días que estés en el piso y ya está. Jo, siento mucho que te pase esto, con la mala experiencia que has tenido con los pisos en Londres. Confiaba en que en éste ya te fuera bien.

A lo mejor esta chica sí que vende pulmones en el mercado negro después de todo, qué sabré yo, si casi no la conozco, pero desde luego parece una bellísima persona. Zanjamos el tema, le cuento cómo ha ido el festival de cine de San Sebastián, ella me cuenta cosas sobre el festival de cine de Londres y quedamos en que tenemos que ir a ver una peli o a tomar algo un día de éstos.

Daisy - Las chicas quieren hablar contigo cuando llegues a casa, supongo que para ver cómo vais a hacer con este tema.
Yo - Ya... bueno, yo les cuento lo que hemos hablado. Aunque no sé muy bien qué opinión van a dar, no tengo muchas opciones, la verdad. En dos meses tengo que estar fuera de ahí, igual que ellas.

Éste es uno de esos momentos en los que piensas que la cosa no se puede poner peor, pero luego te acuerdas de que estamos hablando de mí y decides esperar a ver qué pasa.

Llego a casa y oigo a Foxxie y Muggie hablando en el sofá.

Me asomo al salón mientras me quito el abrigo.

Yo - Qué movida. Me quito esto y os cuento -desaparezco por el pasillo para dejar mis cosas en mi habitación y vuelvo al salón-. Ya me ha dicho Daisy que sabéis lo que hay -me siento en una silla-. He estado hablando con ella y... -les cuento a grandes rasgos la conversación que hemos tenido. Que vamos a seguir pagando como hasta ahora- ... lo único es que no me puedo quedar los dos meses, tengo que empezar a buscar prácticamente ya. Creo que esperaré una semana o así y entonces me pondré a buscar. Me gustaría quedarme los dos meses porque si no Daisy va a tener que pagar dos alquileres, pero no puedo permitirme esperar y luego no encontrar piso. Qué mierda de situación.

Foxxie y Muggie han escuchado mi charla en silencio. Poco importa lo que les haya contado, porque lo que dice Foxxie a continuación son palabras estudiadas que han acordado decir antes de que yo llegara.

Foxxie - Bueno, que no estuvieras en el contrato no era un problema porque iba a ser algo temporal, pero yo ya no estoy cómoda con que vivas aquí si no vas a estar en los papeles.

¿Perdón?

Yo - ¿Eh? ¿Quieres que me mude ya mismo?
Foxxie - A ver, ya, ya, no. Pero cuanto antes.

Pues nada, ya sabemos quién es la dueña de la taza.

Foxxie - Vamos, no sé si hablo sólo por mí -mira a Muggie. Por favor. Como si no hubieran ensayado esto antes de que yo llegara-.
Muggie - No, claro, la verdad es que a mí tampoco me parece lógico... yo creo que deberías empezar a buscar ya otra cosa, es lo mejor para todos.

¡¿Lo mejor para todos?!

Lo mejor para todos no, zorra. Es lo mejor para ti y tu amiga consentida; a mí me ponéis en la calle al límite de mis energías y a la que se supone que es vuestra amiga la metéis en un lío económico de los que hacen época. Brujas.

Con el shock de que estas dos pequeñas meretrices acaben de echarme de casa por absolutamente ninguna razón, les digo que si quieren algo relacionado con este tema me lo digan y me voy a mi cuarto. Esto no sólo es alucinante porque me estén echando sin motivo, aún sabiendo de sobra mi historial y que estoy llegando a mi límite con respecto al maldito alojamiento londinense. Ni porque Daisy vaya a tener que pagar una cantidad ingente de dinero durante los próximos meses. Esto es lamentable porque estas dos energúmenas tienen la caradura de decir que son amigas de Daisy. Que me la líen a mí ya está bien, pero que arruinen a una amiga me parece espectacular. Y ni siquiera han tenido ningún problema conmigo en el piso, ni creo siquiera que les incomode lo más mínimo el tema del contrato; creo que simplemente les apetece vivir solas y saben que Daisy está en el contrato tanto si quiere como si no y que por tanto va a seguir pagando. Y ni se han dignado a contarle lo que pensaban hacer.

Me meto en mi habitación con un trauma de espanto y planteándome si no será momento de coger un avión y volverme a España, o al menos a una ciudad un poco menos desagradecida. Hay varias cosas que pensé que no me iban a pasar nunca en la vida, y una de ellas era que me echaran de casa. No puedo decir que Londres no me esté proporcionando experiencias inesperadas.

Cojo el teléfono. Tengo la desafortunada labor de comunicarle a Daisy que va a pagar un alquiler doble durante dos meses y que sus amigas no son sus amigas. Abro whatsapp.

Yo - Hola Daisy. Lo siento mucho pero me tengo que mudar en cuanto pueda, las chicas no quieren que me quede.
Daisy - WTF?????????????? Estoy de compras, dame cinco minutos y te llamo.
Yo - WTF, sí, ésa es la descripción.
Daisy - No pueden hacer eso. Es mi habitación y tú eres mi invitada y a la casera le parece bien que estés ahí. Te puedes quedar el tiempo que quieras.

A ver, esto es verdad, técnicamente hablando. Estas chicas realmente no tienen ningún derecho a decirme si puedo quedarme o no; la cosa es que vivir con dos personas que quieren que te largues es muy desagradable, y lo que es más importante, las puertas no tienen candado. Pueden entrar en mi cuarto cuando no estoy y tirar mis cosas por la ventana, y yo no podría hacer nada al respecto.

Me planteo que no tiene sentido sorprenderse por la situación. Ya desde el principio se estaban comportando como si el piso fuera suyo y como si fueran ellas y no Daisy las que tenían el derecho de decidir quién podía quedarse y quién no. Cuando me tomé el café aquél con ellas, estaba claro que ahí decidía Foxxie, Muggie iba a estar de acuerdo con cualquier cosa que decidiera ella y aparentemente Daisy no tenía voz ni voto. Y tengo que decir también que Foxxie me pareció detestable desde el minuto cero, pero de Muggie simplemente pensé que era estúpida, no una mala persona. Me la coló bien.

Pasan cinco minutos y Daisy me llama con una mezcla de cabreo e incomprensión, y me repite que me puedo quedar lo que me dé la gana, que las arpías éstas no son nadie para decidir.

Daisy - No me lo puedo creer. Esto es alucinante. Lo que debería hacer es meter ahí a un indigente. Es mi habitación y puedo meter a quien quiera; debería decirle a un indigente que tiene alojamiento gratis dos meses. Aunque destroce la casa y me quede sin la fianza, merece la pena.

La verdad es que hay un momento en el que creo que si le doy un poco de coba se va a hacer amigos a un fumadero. En cualquier caso, le explico por qué no es buena idea que me quede más de lo necesario y quedamos en mantenernos al día con la situación.

De fondo oigo a Foxxie y a Muggie, que se ríen a carcajadas con lo que sea que están viendo en la tele. Por este tipo de situaciones agradezco vivir en un país en el que no es habitual tener armas en casa.


La semana que viene os cuento como termina el asunto.

4 comentarios:

  1. Hola Key
    La verdad es que todo es demasiado confuso.
    Te decía en mi comentario anterior que porqué te llamaba Daisy, lo normal, yo creo, es que te llamasen tus nuevas "compañeras".Supongo que las "inquilinas" también tengan derecho a opinar sobre su nueva compañera pero una vez que la titular ha dejado sustituta, no veo porque tenga que hacerse cargo por los gustos de las que se quedan. Si a ellas no les gustas deberían ser ellas las que pagasen la habitación vacía.
    Bueno, lo estas contando o sea que, supongo, no acabó tan mal. Un saludo. Manu3l.

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    1. ¡Aaaah, no te entendí bien! Pues no sé, fue todo muy raro... estas chicas apenas se comunicaban conmigo, siempre era Daisy la que me informaba de todo. Ellas estaban allí como si fuera aquello un hotel o algo así. Y ya, estas dos es que son más tontas... ni tuvimos problemas ni nada, pero ya sabes, se vive mejor con menos gente en casa y en este caso era gratis. Gentuza.

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  2. Dime que termina con una orgía de sangre y vísceras por favor.

    "Falling Down 2: Key's rent".

    Lo veo. ¿Vamos a medias con los derechos de la peli?

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    1. Necesito un compañero, sí, porque desde la cárcel las cosas se gestionan mal. Te llama mi abogado.

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