sábado, octubre 12, 2013

Fantasmas II

Madrugada del sábado 28 al domingo 29 de septiembre. Cinco y media, para ser exactos. Estoy a punto de quedarme roque porque vengo de la fiesta de clausura del festival y se ha alargado un poco el tema. Vago entre la lucidez y el quedarme completamente frita.

De pronto me parece oir ruidos de fondo, en ese lejano lugar en el que aún me quedan neuronas despiertas.

...

Nada, será cosa mía.

O igual no. Espera.

Más ruidos.

Estaba a punto de caer como un tronco, pero va a ser que ya no. Me despejo un poco.

¿Me estaré imaginando los dichosos ruidos? Eso tiene que ser. Tiene que ser mi imaginación, porque si no voy a tener que salir de la cama, y de verdad, de verdad que no quiero.

Ruidos.

Si me concentro muy fuerte a lo mejor puedo quedarme dormida igual.

Ruidos ruidos ruidos.

Maldita sea.

MALDITA SEA.

NO ME PUEDE PASAR ESTA HISTORIA OTRA VEZ.

Encima sé lo que va viene a continuación.

Espero un poco.

Espero.

Espero.

Y...

¡DING DONG!



Maldición.

Niego la evidencia durante un par de minutos, fingiendo que no voy a tener que levantarme a darles por los hocicos a los fantasmas, espíritus, secuestradores tarados o lo que puñetas haya en la puerta con una silla, o una lámpara, o lo que encuentre.


¡DING DONG!


ARGH.

Me levanto. Salgo al pasillo, infinitamente más cabreada que asustada, llego a la puerta, y compruebo que, efectivamente, por esa mirilla no se ve nada. Y sí, llevo las gafas puestas.

Los que están fuera (son varios, les he oído antes), se están peleando con la cerradura.

Igual no van a ser fantasmas, ¿eh? Y mira que habría quedado súper interesante el post.

Pongo la mano en el picaporte y me planteo las posibilidades que hay de que al otro lado de la puerta se encuentren dos o tres asesinos en serie. No parecen muy altas. Aunque si los tipos no han podido abrir, ¿qué voy a hacer cuando entren? Tampoco van a poder abrir su cuarto. ¿Es seguro dejar a unos desconocidos durmiendo en el pasillo de mi hostal? Ummmmm qué dura decisión.

Se abre la puerta de una habitación y aparece, medio dormido, un señor súper grande con pinta de ser tan español como yo checoslovaca.

Yo - No hablas español, a que no.
Señor - No. Inglés.

Madrugadas internacionales, voy a llamar a este hostal. Cambio a inglés.

Yo - Vale. No quería abrir yo sola.
Señor - ¿Pero quién es? -Me dice en bajito mientras señala la puerta.
Yo - Ni idea. Y encima esto mismo ya me ha pasado otra noche -Soy una pringada. Pero eso al tipo no se lo digo-. Voy a abrir, pero no tengo ni idea de quién va a aparecer.

El señor grandote asiente. Si al final sí que son unos asesinos pirados, sólo tengo que pedirle al caballero que les aplaste con su pulgar. No hay problema.

Abro.

Un chico de veintitantos me observa agazapado sobre donde estaba la cerradura antes de que yo abriera la puerta, y detrás de él su amigo me mira desorientado.

Muy psicópatas no parecen.

Chico#1 - La llave no abre. Nos hemos puesto a llamar porque hemos pensado que estaría un pestillo puesto por dentro o algo.

Anda. Bueno, si no les abre la llave no es culpa suya. Supongo.

Yo - Trae.

Cojo las tres llaves del chico (la del portal, la de la puerta del hostal y la de su habitación), elijo la correcta y la meto en la cerradura. Aquello abre perfectamente.

Los chicos me miran genuinamente sorprendidos.

Yo - ¿No estarías usando la dorada? Son casi iguales.
Chico#1 - Qué va. Estaba usando ésa. - Señala la que he utilizado yo.

Me encojo de hombros y le devuelvo sus llaves.

Disculpas, gracias, el señor grande se va a su habitación, los chicos a la suya y yo me vuelvo a dormir preguntándome cómo puede tener un sueño tan profundo todo el mundo en este hospedaje.

Yo en el momento juro que el chico#1 parecía lúcido -el otro no-, pero por lo que me contó la de la limpieza, los dos debían de llevarse una moña bastante contundente.

Así que los fantasmas no eran fantasmas, sino gente alcoholizada. Porque me da que la otra vez que me pasó fue más de lo mismo.

¿Y para esto me levanto de la cama? Qué decepción. Yo quería ver fantasmas.

En fin, si os vais de viaje y no sois capaces de entrar en vuestro hostal, quemad el timbre un rato y probablemente aparezca yo en pijama.

Deberían darme comisión por estas cosas.

10 comentarios:

  1. Mira que te dije que fueras cámara en mano, pero no, preferiste un señor grandote que hablaba en inglés...

    Si algún día me quedo en un hostal, que sepas que pienso hacer la prueba. Llamaré al timbre de madrugada sólo para comprobar si eres tú en pijama la que sale a abrir. Llevaré yo la cámara entonces por si acaso.

    Y sí, lo de los fantasmas molaba más. Pero ya sabes lo que dicen, ten cuidado con lo que deseas...

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    1. Lo que tenía que haber llevado era el hacha que mencioné en el otro post. Verías qué bien. Y apareceré en pijama pero muy cabreada, te lo advierto ¬¬

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  2. Joooo. Definitivamente, la opción de los fantasmas molaba más... aunque hay que decir que eres una valiente. Yo creo que me hubiera hecho la sueca (como creo que hizo la mayor parte de la gente que pernoctaba contigo). Besotes!!!

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    1. ¡Pero es que hacían mucho ruido! Yo habría pasado encantada, pero es que no me dejaban dormir. Qué pesados.

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  3. A ver, alma de cántaro: que los fantasmas atraviesan paredes, así que no habrían necesitado llave para entrar. Las únicas opciones factibles eran la de asesinos en serie o la de violadores de señores gigantes...

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    1. Pues al final sólo era gente borracha. Mucho mejor.

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  4. Deberían darte comisión, te aseguro que yo no me levanto. Biquiños!

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    1. ¡A que sí! Yo me tuve que levantar porque no me dejaban dormir :(

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  5. :)
    No había leído la primera parte de los fantasmas :D
    No sé si yo me habría levantado... claro que un timbre sonando sin parar es un poco estresante... ¿quién podría dormir tan campante mientras sigue sonando?
    Por cierto, lo que dijo la de la limpieza de que iban más contentos que las grecas... es porque se encontró un vómito?

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    1. Yo también me pregunto cómo averiguó eso la de la limpieza. Pero lo decía muy convencida, así que yo me lo creo. Vaya noche.

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