martes, febrero 05, 2013

Bares

Hace tiempo estábamos, entre otros, Cleo, Holden y yo en una cervecería discutiendo acerca de mi predisposición a cruzarme en la vida de camareros impresentables.

Holden - Eso es porque Key es una borde y se busca que la traten mal.

No os preocupéis, Holden se divierte insultando abiertamente a la gente, para ver qué pasa. No me atrevería a poner la mano en el fuego, pero creo que me tiene aprecio.

Cleo - Qué va, Key cuando no te conoce de nada es muy amable. Luego se le pasa, pero al principio es muy amable, así que si la tratan mal, es cosa de los camareros.

Ignorando los reproches lanzados con mayor o menor sutileza por parte de mis queridos amigos, lo que vengo a daros hoy es una lista de bares universitarios salmantinos a los que debéis o no ir. Esta idea ha salido de uno de los muchos momentos de indignación que ha sufrido Cleo por tener un don casi igual de potente que el mío a la hora de encontrar hosteleros amargados; Cleo decidió que debíamos abrir un blog, creando un post por bar visitado y hablando en él de lo estupendo o lamentable que fuera local en cuestión.

Si dicho blog llega a existir, os informaré de ello. Hasta entonces, os hablo de lo que conozco.

Poniéndonos en situación, diré que en el campus de ciencias de la Universidad de Salamanca hay dos bibliotecas principales, llamadas Zacut y Libreros. Las bibliotecas hoy nos dan igual; el caso es que si estudias en alguna de ellas, a algún sitio tienes que ir a tomar un café a media mañana para no morir en el proceso. Algunos bares estan bien, otros no son nada del otro mundo, y otros son lo peor. Yo he pasado por casi todos, así que os doy mi opinión acerca de los que conozco, por si estudiáis por la zona o simplemente por si un día os pasáis por Salamanca, y vosotros luego hacéis lo que queráis.


INCISO

Lo que cuento son cosas que me han pasado a mí. Las he visto yo; no son leyendas urbanas ni exageraciones, para bien o para mal. Voy a dar los nombres de los bares, con lo que alguno de los dueños que lea esto puede sentirse ofendido. Si eso llega a suceder y se arma un cristo muy grande, ya veré qué hago, pero de momento, dejo claro que esto es mi opinión y hechos que he presenciado yo misma.

FIN DEL INCISO


Os cuento. Bares que deberíais visitar:


Cafetería de la Facultad de Ciencias

Todo es muy barato, los pinchos están ricos y el camarero es un tipo llamado Vicen que es lo más majo del universo. Cuando me tenía que quedar a comer en la facultad porque estaba haciendo prácticas, me decía a qué hora en punto me podía tener la comida encima de la mesa, para que yo me fuera a programar y no perdiera tiempo esperando. Además, si eres cliente habitual, te invita a cafés o a lo que toque de vez en cuando. Muy majo el hombre. Y tenéis la wifi de la USAL, que es mala con ganas, pero sigue siendo wifi.

Problema: no podéis poner a parir a un profesor agusto, porque a lo mejor lo tenéis detrás. A mí no me ha pasado, pero he presenciado situaciones, digamos, un poco tensas.


El Corral de Guevara

Tengo que decir que mucha gente odia este bar, pero a mí me gusta. Creo que es porque el mundo opina que su café es un horror, pero yo juro solemnemente que si lo pedís corto de café, está rico.

Por lo demás, los camareros son muy majos, los pinchos están buenos, y tienen juegos de mesa y wifi.

Problemas: en invierno hace frío, y si tenéis hambre y pedís un pincho de algo cuya cantidad no esté preestablecida, sufriréis una muerte inminente por inanición. Vaya decepciones me he llevado al pedir albóndigas y recibir DOS albóndigas. Qué hambre. Para compensar, tienen unos minibocadillos, minihamburguesas y crepes estupendos.


Ya-ya 

Éste es nuevo, por eso no me atrevo a hablar muy alto, no vaya a ser que luego se confíen y eso acabe siendo un asco, pero de momento, lo tiene todo: los camareros son maravillosos, las tapas están súper elaboradas, tienen galletas y un montón de pijadas baratísimas para pedir con el café, y, algo impensable en el campus, algo que no parecía ser posible tratándose de un bar para estudiantes y que nunca creí que llegaría a ver en mi vida universitaria:

ES BONITO.

Aún no me acostumbro a poder ir a un bar que no parezca un solar lleno de mesas. Y también tienen wifi.

Problema: en invierno, hace frío. No lo he intentado, pero me da que si les decís que suban la calefacción, la suben en el momento; el caso es que yo he pasado frío. Además, es pequeño, así que se llena en seguida y en época de exámenes es fácil que no haya sitio. Aún así, recomendado.


El Ave

Este bar es lo más neutro que hay. Los camareros son majos, sin más; los pinchos están buenos, sin más; el sitio es agradable, sin más. Eso sí, es ligeramente más barato que casi todos los demás, y en invierno hace calorcito. Un buen sitio, sin más.

Problemas: está un pelín más lejos que el resto, y no hay wifi. Y uno de los camareros le tira los tejos a todo lo que se mueve.


Bares que no están mal, pero meh:

Puccini

¿Veis lo que decía antes de solar con mesas? Pues eso. Los pinchos tampoco son nada del otro mundo, y aunque llevan ahí un montón de años (los del bar, no los pinchos), no se han molestado en poner un triste router para que la gente tenga wifi.


El Laso

De éste mucho no puedo opinar. No entro porque me da miedo. Sus clientes habituales me dan muy mal rollo. Pero siendo justos, las veces que he entrado el camarero era muy simpático, y vendían Oreo. Las Oreo son muchos puntos ganados.


La Taberna del Ángel

Los pinchos son estupendos y el camarero es súper agradable, pero tardan un montón en servir (hacen los pinchos en el momento), y al salir hueles más a fritanga de lo que olerías si te hubieras rebozado en la sartén con las croquetas caseras de tu madre. Eso sí, genuino es un rato.


La Fábrica

La Fábrica es un sitio extraño. Está ahí, pero no entra ni sale nadie nunca. Antes la gente iba mucho, pero ahora está desolado, creo que porque la inmensa mayoría de las camareras que han pasado por allí tenían una extraña fobia a sonreír y a dar los buenos días que ha provocado que los clientes huyan en busca de lugares menos inhóspitos. Aún así, venden bollos y tiene mesas enormes, así que si un día os juntáis con doce amigos, allí cabéis todos en una mesa.


Bares a los que solo deberíais entrar en caso de quedaros sin víveres en un apocalipsis zombie, y siempre suponiendo que hubieran cerrado todos los demás locales de la zona:

La Latina

Uf. A ver cómo os explico lo que es este sitio.

En la Latina he entrado unas doce veces en mi vida, todas en los primeros años de carrera. Había oído historias truculentas sobre cucarachas saboreando sus sandwiches vegetales, pero yo no había visto nada, así que seguía yendo, a pesar de lo increíblemente mal que trataba uno de sus camareros a los clientes. Hasta que un día fui con mis compañeras de clase de la ingeniería técnica, pedimos unos cuantos pinchos, y vimos una cucaracha correteando por dentro de la vitrina de las patatas bravas.

Maravilloso.

No solo no dijimos nada, sino que nos comimos los pinchos. Si es hoy igual les quemo el local, pero en su día me callé e hice como si no hubiera visto nada, no sé si porque era una floja o porque me pilló el asunto por sorpresa. Y, por si estáis pensando lo contrario, el tipo vio a la cucaracha tan bien como nosotras, que lo vi yo.

La siguiente vez que fui, pedí algo precintado -un Bollicao Dokyo, para ser exactos-, porque me daba miedo que hubiera cosas vivas paseando por mi comida.

Me lo dieron caducado.

La siguiente y última vez que fui, entré exclusivamente porque no fui capaz de convencer a mis acompañantes para ir a otro sitio, y no pedí nada, más por miedo a pillar una intoxicación que por tener intención de hacerles boicot.

Aparte de eso, lo llevan dos camareros, uno normal y otro, del que he hablado antes, que es un energúmeno de mucho cuidado. Recuerdo cosas del tipo:

Yo - ¿Me pones un café con leche?
Energúmeno - ¡¿NO VES QUE ESTOY COBRANDO?!

Y así.
Además unos días te obligaban a pedir consumición con el pincho y otros no, y un millón de historias similares.

Tengo que decir, eso sí, que yo hace años que no entro, y que creo que renovaron todo y lo hicieron mucho más higiénico. Pero también es cierto que cuando yo empecé en la universidad era uno de los bares más populares de la zona, y ahora no hay ni Rita nunca. El maltrato y la insalubridad es lo que tienen.


Fray Luis de León (residencia Fray Luis de León)

Este sitio está bien en cuanto a la comida: los pinchos son variados y es tan barato como la facultad de Ciencias. Eso sí, con los camareros, buena suerte, porque son la intromisión en tu vida uno de ellos, y la bipolaridad personificada el otro.

Si te vas quince días a otro bar, cuando vuelves te lo echan en cara. A mí la última vez que fui me dijeron que si no tenía ya trabajo, que como no iba por allí, habían supuesto que me habría ido a vivir a Madrid. Y no lo decían de buen rollo interesándose por mi vida, os lo prometo.

Hay una situación especialmente digna de mención, en la que estaba yo con Warul y alguien más que no recuerdo. Entramos en el Fray, no había absolutamente nadie más que el camarero, dijimos hola y el hombre nos miró y no respondió. Al minuto entraron tres chicas de la residencia, y el camarero dijo "¡buenas tardes!" a lo que Warul contestó "¡buenas tardes!". Y el camarero respondió "se lo decía a ellas".

Y desplantes de éstos absurdos y sin venir a cuento, un carro. Obviamente no he vuelto por allí.


Y eso es todo, creo. Hay más bares, pero ya están un poco más alejados, y si los cuento todos no acabaríamos nunca.

Dormid bien y elegid vuestros bares con cuidado.

17 comentarios:

  1. Apunto y retuiteo. Que nunca se sabe lo q puede pasar en Salamanca!!
    P.D. Me encanta el sitio de la cucaracha y el bollito caducado. Creo q quiero ir. Sí. Ahora mismo.

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    1. ¡Gracias por el tweet! En cuanto vengas por aquí, vamos a tomarnos unas cucarachas bravas con patatas :D

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  2. Me ha encantado. Que se arme la de Dios si quieres, tú solo das tu opinión. Biquiños!

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  3. Ais dios, lo peor con el bar de la cucaracha es que siguierais comiendo! Creo que en Graná los bares que tenemos son de lo mejorcito aunque alguno habrá "rarito", por suerte yo no me lo he encontrado xD

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    1. Puf, aquí tenemos cada antro... tenemos muchísimos muchísimos bares, así que te encuentras de todo :S

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  4. Jajaja. Me lo apunto por si voy algún día, que una vez vi cucarachas paseándose por el mostrador de un bar y casi me da un soponcio... Besotes!!!

    Por cierto, muy mono el panda XDDD

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    1. Jajajaja lo del panda es lo más cutre que hay, hay como cuatro fotos y las van cambiando xD La gente no se lo curra ni un poco.

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  5. Tengo que decir que coincido casi al 100% con tu opinión (al 100% no porque el nuevo del que hablas no lo conozco, y no te has dignado a invitarme a ir aún ¬¬).

    Y si alguno se pica... debería mirar el por qué la gente puede opinar así, antes que despotricar :P (sobre todo porque no son sitios a los que hayas ido un día y ya xD).

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    1. Habrá que ir al Ya-ya a comer perronillas :D

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  6. Menos bares y más bibliotecas, ¡golfas!

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    1. Viendo cómo están las bibliotecas últimamente casi esa frase tendría que pronunciarse al revés xD

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    2. Jajajaja Parra, me veo obligada a mandarte un beso desde aquí.

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  7. Yo creo que la mayoría de camareros o empleados del servicio público pecan de ser demasiado agobiantes, demasiado cansinos o demasiado bordes. Es como si o bien se esforzasen excesivamente por parecer enamorados de su trabajo o no les importase en absoluto demostrar el odio por estar tantas horas ahí metidos. O quizás sea yo, que soy muy quejica.
    Si algún día voy a Salamanca, repasaré tus recomendaciones :)

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    1. En Salamanca hay un porcentaje muy alto de camareros que cada vez que te ponen un café te están perdonando la vida. Es lo peor.

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  8. Me has hecho recordar un restaurante chino algo lúgubre cerca de casa de mis padres, en el que me pedía cosas para llevar cuando no tenía ganas de cocinar... hasta que un día mi arroz frito con ternera vino con otro tipo de 'carne' insectívora de regalo. Repugnancia es una palabra que no llega ni por asomo a describir lo que sentí...

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    1. Qué asco qué asco qué asco QUÉ ASCO. Y te comprendo no sabes cuánto.

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