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Deportes para nenas

El pasado julio entregué mi proyecto de fin de carrera. Tardé cerca de diez meses en construirlo y documentarlo, y fue un horror. Así, en general. El proyecto era un rollo, mi tutora y yo nos llevabamos a matar y estaba hasta el cogote de la universidad y de todo lo que tiene que ver con ella. Afortunadamente, en medio de tanta miseria me mandaron a dos compañeros, por orden; el primero, un tipo súper trabajador que hacía lo imposible por ayudarme, a pesar de ser de ciencias políticas y no entender ni jota de informática. Más majo el chaval. También es cierto que creía que la llegada del hombre a la luna es un engaño orquestado por el gobierno, pero a mí me caía bien igual. Ante, entre otras cosas, el infame ambiente de trabajo existente en el proyecto, huyó a Rumanía (!) para hacer prácticas en una embajada. Bien por él. El segundo es otro chico que decidió hacer un proyecto de fin de carrera complementario al mío -yo hacía la parte web, él la móvil-, y que optó por aceptar l...

About Time: gente maja y viajes en el tiempo

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Del creador de Notting Hill (Id, Roger Michell, 1999) , que me aburrió, Love Actually (Id, Richard Curtis, 2003) , que me aburrió más, y Cuatro bodas y un funeral (Four Weddings and a Funeral, Mike Newell, 1994) , que no he visto, llega la sorprendentemente divertida y muy recomendable Una cuestión de tiempo (About Time, Richard Curtis, 2013) . Esta comedia nos presenta a Tim (Domhnall Gleeson), un chico que a los 21 años es informado por su padre (estupendástico Bill Nighy) de que los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo. Tim, encantado de la vida con su nuevo don, decide aprovecharlo, sobre todo, para conseguir una novia. Y poco importa que ya no haya mucho más argumento, porque todo en esta cinta está tan maravillosamente bien llevado que sólo estar en compañía de los personajes es más que suficiente para no arrepentirse de verla. El protagonista es lo más cálido y encantador del universo, el personaje de Nighy es una risa, y el cuadro familiar queda muy bi...

Fantasmas II

Madrugada del sábado 28 al domingo 29 de septiembre. Cinco y media, para ser exactos. Estoy a punto de quedarme roque porque vengo de la fiesta de clausura del festival y se ha alargado un poco el tema. Vago entre la lucidez y el quedarme completamente frita. De pronto me parece oir ruidos de fondo, en ese lejano lugar en el que aún me quedan neuronas despiertas. ... Nada, será cosa mía. O igual no. Espera. Más ruidos. Estaba a punto de caer como un tronco, pero va a ser que ya no. Me despejo un poco. ¿Me estaré imaginando los dichosos ruidos? Eso tiene que ser. Tiene que ser mi imaginación, porque si no voy a tener que salir de la cama, y de verdad, de verdad que no quiero. Ruidos. Si me concentro muy fuerte a lo mejor puedo quedarme dormida igual. Ruidos ruidos ruidos. Maldita sea. MALDITA SEA. NO ME PUEDE PASAR ESTA HISTORIA OTRA VEZ . Encima sé lo que va viene a continuación. Espero un poco. Espero. Espero. Y...

Gravity: todos al cine ahora mismo

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Me salto el orden que planeaba seguir al publicar críticas del cine que vi en San Sebastián para poder hablar de Gravity (Id, Alfonso Cuarón, 2013) , ahora que la acaban de estrenar y aún puedo convenceros para que vayáis a verla en 3D. Voy a empezar contando que no le tengo mucho aprecio a la distribuidora de la Warner Bros. En algún momento daré detalles del asunto, pero digamos que son en buena parte los culpables de los disparatados precios con los que nos toca apechugar en los cines. Por tanto, salvo excepciones, no veo sus productos en salas comerciales. Si a una peli le tengo unas ganas horrorosas o si la gente que va conmigo quiere realmente ir a ver algo de la Warner, pues me fastidio y pago, pero hablando en general me he despedido de soltar pasta por ver cualquier cosa distribuida por esta gente. Dicho esto, deberíais ir al cine a ver Gravity . Deberíais pagar por verla en un cine, porque merece la pena. Y os recomiendo que paguéis por el 3D también. Así que ima...

Por qué tengo un blog y no un programa de radio

El otro día me invitaron a la radio. Una mujer muy simpática que aparece de vez en cuando en las ruedas de prensa del festival y se lía a preguntar como si no hubiera un mañana. INCISO Excepto el mío, voy a dar nombres reales, porque voy a hablar de personajes públicos y si no esto va a ser un jaleo. Pero no os acostumbréis. FIN DEL INCISO La mujer simpática de las ruedas de prensa se llama Conchita Casanovas, y tiene un programa en RNE llamado Va de cine . Sin entender muy bien cómo, me acaba invitando, junto con Jon , a ir al día siguiente a una tertulia sobre el festival. Bueno. Sólo hay que hablar, ¿no? Eso es fácil. Yo hablo un montón. No hay problema. El domingo a las dos menos diez de mediodía entramos en la radio. Nos dan jamón y patatas fritas, así que me caen todos bien automáticamente. Llega gente. Uy. Esta gente es importante. Nos presentan. A saber: - Joxean Fernández, del comité de selección de películas del festival - Pau Esteve Birba, ...

Like Father, like Son: intercambio cromos, intercambio niños

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Ver pelis en un festival es una lotería. Casi siempre entras en la sala sin saber si conocerás a algún actor, si el director habrá hecho algo famoso antes, y en general, si lo que estás a punto de ver será una basura espantosa. ¡Pero! la sección Perlas del festival de cine de San Sebastián está compuesta -por lo que me ha parecido entender, aunque tengo que investigar más al respecto- de largometrajes que ya han ganado premios en algún otro festival, así que se puede asumir que al menos lo que vas a ver no va a ser la mayor bazofia de peli que te puedas encontrar. Si ha ganado en otro lado, malo será que sea un desastre, ¿no? Con este espíritu entré en el teatro Victoria Eugenia a ver Like father, like Son (Soshite chichi ni naru, Hirokazu Koreeda, 2013) , o De tal padre, tal hijo , creo que la han llamado en español; que viene a contar cómo el matrimonio Nonomiya, formado por Ryota (Masaharu Fukuyama) y Midorino (Machiko Ono) descubre  que su hijo Keita (Keita Ninomi...

Cómo mantener la compostura en un festival de cine

Cuando estás en un festival de cine, hay muchas maneras de hacer el ridículo. Lo suyo es que intentes comportarte como un ser digno, civilizado y que sabe lo que está haciendo en cada momento, para intentar no quedar como un cenutrio cada cinco minutos. ¿Y esto cómo se consigue? No se puede. Bueno, miento, se puede si no haces nada. No hablas con nadie, no preguntas, te limitas a ir a tus sesiones y a tu hotel. Pero eso es un rollo. Y a lo mejor incluso así la preparas. Entre el festival del año pasado y éste, yo misma he cometido las siguientes patanerías: 1. Las pelis las veo con una libreta y un pilot en la mano, en una sala a oscuras, así que tarde o temprano me olvido de dónde está el pilot y:    1.1. La mitad de su tinta acaba en mi pantalón. La mancha queda súper glamourosa.    1.2. El pilot desaparece y se materializa en el suelo. Como consecuencia yo termino gateando entre las butacas con la linterna del móvil en la mano. 2. La mit...