viernes, abril 18, 2014

Pirañas

Tiziano - Fíjate, Key, quién te iba a decir a ti que la próxima vez que me vieras me ibas a estar quitando la ropa.
Yo - Ya ves, el sueño de mi vida hecho realidad - tiro de la manga de su chaqueta intentando no hacer movimientos bruscos, mientras le oigo soltar una carcajada -. ¿Y puedo saber qué has hecho exactamente para romperte la clavícula? - retiro la prenda de encima de su maltrecho brazo, la pongo en un taburete y me siento en mi sitio.
Tiziano - El otro día estuve con mi tía, qué graciosa, me dice: "vuelcas en el Amazonas, te vas a Israel a pegarte con cuchillos; pues claro, al final te haces daño". - Me mira sonriente con el brazo en cabestrillo y empieza a relatar una historia que se resume en que su tabla de snowboard dio con un bache y lo catapultó contra el suelo, haciendo trizas el hueso mencionado.

Pero ese no es el tema; el tema es que, días después, sentados en la terraza de una cafetería diferente y hablando de algo que no tiene nada que ver con esto, me viene a la mente la frase de la tía de Tiziano.

Yo - Oye, no sé en qué estaría yo pensando para no preguntarte esto en el momento, pero ¿qué puñetas es eso de que volcaste en el Amazonas? - Me imagino que en nuestro último encuentro estaba demasiado ocupada procesando los detalles de su accidente en la nieve como para preguntar por otra historia diferente.
Tiziano - ¿No te lo he contado? Pues eso, que volqué en una barca en Brasil.
Yo - No, Tiziano, vamos a ver, uno no vuelca así como así en un río, algo tuvo que pasar. - Sonríe de oreja a oreja y suspira, suponiendo, imagino, que en algún punto de la historia le voy a echar la bronca por hacer el burro.
Tiziano - Pues a ver. Uno de los días que estuvimos en Brasil, decidimos hacer una ruta. No hubo problema hasta que llegamos a la orilla del río, pero al llegar allí vimos que no teníamos manera de cruzar. Así que le pedimos a un pescador que nos llevara.
Yo - Os subisteis en el barco de un pescador desconocido.
Tiziano - Sí.

No puedo empezar a quejarme tan pronto y sé de sobra que esto se va a poner mucho peor, así que le dejo continuar.

Yo - Vale. Sigue.
Tiziano - El señor nos dijo que nos llevaba al otro lado en su barca, así que allá fuimos. Pero claro, cuando me monté, vi que el nivel del agua subió de repente por mi peso. Y cuando entró uno de mis amigos, subió más. Cuando entró el otro, el agua ya estaba muy muy cerca del borde de la barca, así que les dije que eso era un peligro, que no podíamos movernos mucho o ahí iba a entrar agua.
Yo - Ni se os ocurrió abortar el plan, claro.
Tiziano - No, claro. Eso no. Empezamos a cruzar el río, y cuando nos hemos alejado como veinte metros de la orilla, vemos que una ola (es un río muy grande, había olas pequeñitas) entra en la barca. Bueno, pues mis amigos se pusieron nerviosos, se empezaron a mover de más, empezó a entrar agua, y pumba. Volcamos. Con la mochila, la ropa puesta y toda la historia.
Yo - Un poco pringados sí sois - lo digo entre carcajadas. Si hubiera visto el asunto en directo igual me habría entrado el pánico, pero el caso es que, viendo que no pasó nada, la historia es muy graciosa, así que me estoy partiendo -.
Tiziano - Bueno, pues uno de mis amigos no sé cómo se apañó, que agarró su cámara de fotos, carísima, y según él se iba hundiendo, la iba levantando con la mano; y viendo que, de milagro, hacía pie si estaba de puntillas, consiguió quedarse ahí de pie, con el agua por las orejas y el brazo en alto, y llegar caminando como pudo a la orilla de la que habíamos salido. La cámara ni un rasguño.

Me imagino al amigo de Tiziano dando saltitos en medio de un río, al lado de una barca volcada, con una cámara en alto como si fuera aquello el Santo Grial Permeable, y me da tanto la risa que creo que soy yo la única que sí se va a acabar ahogando en esta historia.

Yo - Madre mía, lo que me extraña es que no acabes en el hospital más a menudo. ¿En ese río no hay cocodrilos?
Tiziano - No, cocodrilos no. Pirañas sí, pero cocodrilos no.
Yo - Pirañas. PIRAÑAS.
Tiziano - Ya...
Yo - Me dijeron hace poco que las pirañas son carroñeras y no atacan a gente viva. Pero las hienas también son carroñeras y si tienen hambre y te ven merodeando te zampan, así que ya no me creo nada.
Tiziano - Carroñeras los cojones. Que al pescador le faltaba medio dedo y era por eso.
Yo - No fastidies.
Tiziano - En serio.
Yo - Y, digo yo, ¿no se te ocurrió interpretar el dedo mordisqueado del hombre como una señal cósmica de que igual era mejor no meterse en ese río?
Tiziano - Es que lo del dedo lo vi sólo cuando ya había cruzado.

¿Eh?

Yo - ¿Qué? ¿Pero no era que la barca había volcado y habíais vuelto a la orilla de partida?
Tiziano - Sí, pero al segundo intento ya salió bien.

Segundo intento. Por supuesto.

Yo - ¿Segundo intento? ¿Cómo que segundo intento?
Tiziano - Arrastramos la barca hasta la orilla, sacamos el agua, le dimos la vuelta y volvimos a hacer la misma. Pero esa vez sí llegamos. Imagínate si no, habríamos quedado fatal. Así que el pescador nos llevó, y cuando terminamos, yo volví nadando a buscarle.

Esto ya es absurdo.

Yo - CÓMO QUE NADANDO.
Tiziano - Para decirle que volviera con la barca a buscar al resto. Y sólo entonces se me ocurrió preguntarle si en ese sitio había animales peligrosos. Por lo visto hay pirañas, aunque no exactamente en esa zona, y rayas.
Yo - ¿¿También hay rayas?? ¿¿Pero tú sabes lo peligrosos que son esos bichos??
Tiziano - Dijo el pescador que si no las pisabas no te atacaban.
Yo - Ya, pero es que las rayas se entierran en el suelo, no hay forma de verlas. No hay forma de evitar pisarlas.
Tiziano - Sí, algo había oído. Y el pescador tenía una cicatriz enorme en la pierna, de que por lo visto le picó una una vez.
Yo - ¿Y volviste otra vez nadando a buscar a tus amigos? - Ya me espero cualquier cosa.
Tiziano - No, no, qué dices, después de oír lo de las rayas y las pirañas ya me replanteé la situación. La primera vez fuimos en barca los tres con el pescador y volví nadando; la segunda fui yo con el pescador y volvimos los cuatro. No veas lo quieto que volvía todo el mundo.
Yo - Madre mía. Parecéis el lobo, el cordero y la col del juego ése.

Y total, que así fue como Tiziano volvió de Brasil sin ser devorado por pirañas.

Una maravilla, los cafés con este chico. A ver cuánto tarda en volver a prepararla.

4 comentarios:

  1. La inconsciencia es el mejor antídoto contra el miedo...

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    1. Pues sí, porque si le llegan a gritar que hay pirañas cuando está en la mitad del río igual le da algo.

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  2. Madre mía, los que dicen en sus currículum que son aventureros ya lo pueden ir quitando, van a poner la foto de Tiziano al lado de la definición en la RAE. Biquiños!

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    1. Ya te digo. A ver cuánto tarda en meterse en otro lío.

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