domingo, enero 05, 2014

Pollo en la cabeza

Observando desde la distancia cómo más de la mitad de mis compañeros de viaje descienden por una pendiente inclinada y resbaladiza, mientras Sledge les espera al final de la misma con los brazos abiertos, prometiéndoles a gritos que está ahí por precaución pero que eso es perfectamente seguro, me cuestiono por un momento hasta qué punto ha sido inteligente hacer un viaje de quinientos kilómetros para ir a una casa perdida de la mano de Dios en Pontevedra a celebrar que el que ejerce de red de seguridad ha sobrevivido a 30 años de hacer el cenutrio.

- NI SE TE OCURRA. - Esto lo dice un padre que ve cómo su hijo trota felizmente detrás de la panda de tarados mencionada, dispuesto a rodar cuesta abajo si hace falta para unirse al grupo. El hombre ve de reojo a Markru resbalar y estar a punto de despeñarse.

Yo sólo pienso en que se está haciendo de noche y mi ausencia de agilidad y yo tenemos que volver por ese terreno lleno de plantas y arena, bajando por una cuesta casi igual de horrorosa que la que ha estado a punto de hacer que Markru se rompa la crisma.

Afortunadamente y contra todo pronóstico, conseguimos volver enteros a casa de Sledge, donde, enroscada en una manta, soy partícipe del primer gran descubrimiento del fin de semana y del que será probablemente uno de los eventos más absurdos de mi vida.

Una partida de Munchkin.

El Munchkin es un juego de rol, de ésos en los que te tocan cartas y tú juegas con ellas, que es completamente absurdo y al que hay que jugar con gente absurda también para que el efecto se multiplique y así sea todo mucho más divertido. El día anterior ya había observado una partida sin participar, y os juro que después de una hora de análisis concienzudo seguía sin entender ni jota de la situación. Para el que no lo haya visto nunca, una porción aleatoria de una partida de este juego tiene una pinta más o menos como la que sigue:

- ¡Amazona! ¡Ja! ¡No me ataca porque he cambiado de sexo!
- ¡No te ataca ella pero yo te pongo UN POLLO EN LA CABEZA! ¡AAAAAHH JAJAJAJAJAJA!
- ¡NOOOOOOOOOOOOO! ¡EL PUTO POLLO EN LA CABEZA NO!

Y así.

Pero bueno, luego te acoplas al juego, y entre insultos varios empiezas a entender cosas. Entre otras, que la partida no se va a terminar jamás. Igual otra gente sí que las acaba en un tiempo prudencial, no sé, pero nosotros nos dedicamos a destrozar sin piedad a cualquier jugador que tenga la más mínima intención de obtener un macarrón, representación casera de un nivel. Durante el juego todo tipo de barbaridades sobrevuelan el salón, pero oye, es ver que alguien puede ganar y las alianzas y fraternidades inundan la sala. Y teniendo en cuenta que para ganar hay que conseguir diez niveles, terminar se complica un poco.

- ¡Ladillas!
- ¡Ooooohh, qué fácil!
- Peleo contra ellas y gano en uno, dos...
- Esperad. ESPERAD. TIENE OCHO MACARRONES. VA A GANAR.
- ¿Eh? ¿¿EH?? ¡NOOOOO!¡Más cinco al monstruo! AYUDA, QUE YO SOLA NO PUEDO.
- ¡Monstruo errante!
- ¡Te quito las rodilleras de seducción! - La gente tira cartas como loca sobre la mesa.
- ¡PERO NO ME ATAQUÉIS TODOS! ¡PUTAS! ¡Sumo diez!
- ¿¡Suma diez!? ¿No hay ladrones? ¡Apuñalad! ¡APUÑALAD!

Destrucción de toda posibilidad de ascenso para el jugador y vuelta a empezar. Y así durante horas. Aún así nos apañamos para terminar alguna partida, así que podría haber sido peor.

Y bueno, aparte estuvo la fiesta. No tengo muy claro de qué se acordará la gente, pero creo que todo el mundo se lo pasó muy bien. Sólo tengo que decir que en cuanto todo el mundo se sirvió la tarta yo me llevé el cuchillo de cocina y lo escondí en lo más profundo del lavavajillas porque me dio miedo que un montón de gente alcoholizada tuviera acceso a armas blancas tan grandes. Esto derivó en:

a) Apareció un hacha en la sala. No sé por qué, no sé cómo. Creo que la fue a buscar alguien para que Sledge pudiera hacerse fotos atacando al creeper de Minecraft de metro y medio que le habían fabricado sus primos, pero no lo tengo claro. Puede que yo propusiera cortar la tarta con el hacha. Me pareció buena idea en el momento, y eso que estaba sobria. Por suerte, incluso estando borrachos como cubas, los presentes tuvieron la cabeza de no hacerme caso.

b) A partir de ese momento los invitados comieron tarta con las manos. Hay grandes fotos al respecto. Incluso me recriminaron ser una pija cuando me vieron destrozando la tarta a base de arrancar trozos directamente de la bandeja, por estar utilizando un tenedor.

En general, hubo mucha tarta, mucho alcohol, gente vestida de colores porque era un amago de fiesta temática y entretenimientos varios. A destacar:

1. Perseguir a Markru para que no se metiera en el mar.

2. Ver cómo Jags localizaba a la gente con la mayor torza posible y les convencía para que se tomaran otro chupito.

3. Exponer cada uno las razones por las cuales ninguno se consideraba la persona indicada para ir a rescatar a Sledge cuando el alcohol nublara su mente y le hiciera olvidar cómo se nada. Esto mientras, desde dentro de nuestros respectivos abrigos, gorros y bufandas, le veíamos entrar en el mar corriendo, en esa temperatura tan estupenda que proporciona el amanecer en invierno.

Al día siguiente todo fue gente envuelta en mantas tomando ibuprofenos como si no hubiera un mañana. Pero bueno, al final nadie se ahogó y no hubo accidentes con el hacha, así que yo con eso me conformo.

Feliz año nuevo a todos, y que el colgado de Sledge cumpla muchos más.

6 comentarios:

  1. Cuando leí el título en lo primero que pensé fue en el Munchkin pero me dije "No, no conozco a nadie que juegue al Munchkin aparte de mí, del churri y de mis amigos freakies" pero sí, resulta que sí que lo has jugado. Ya me siento un poco más comprendida y alguien más me comprenderá cuando diga algo como "eso es más fácil que cargarse a la planta en un tiesto". Jajajaja. Aunque a lo del hacha nunca hemos llegado, eso tengo que reconocerlo. Besotes!!!

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    1. Jajajaja la planta en el tiesto, qué maravilla. A la próxima partida llévate el hacha, que siempre anima las cosas :D

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  2. ¡Yo he jugado a ese! aunque entre los miles de juegos frikis que hay, me sigo quedando con el jungle speed, mítico para darse hostias a tutiplen

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    1. No he jugado al jungle speed ése, pero seguro que mola. Me lo apunto para futuras fiestas absurdas.

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  3. Yo no entiendo esos juegos porque soy tonta. no pasa nada, llegué a esa conclusión hace años cuando me di por vencida con los temas frikis. eso sí, el viaje suena súper divertido!! me alegra que a pesar de los despeñamientos por laderas y las hachas hayáis vuelto sanos y salvos.
    Un beso!!

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    1. Hubo que hacer un esfuerzo colectivo bastante grande para evitar que Markru se metiera en el mar con toda su templa, pero al final sobrevivió todo el mundo :)

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