domingo, septiembre 20, 2009

Australia: acción, romance y vacas, muchas vacas

Vergüenza debería darme, haber tardado todo este tiempo en ver la última película de mi director favorito. Pero bueno, más vale tarde que nunca.

¿Qué puedo decir? Para empezar, que era difícil prever que una película en la que te pasas viendo vacas un 40% del tiempo fuera a ser tan entretenida. Para continuar, que no es ni de lejos lo mejor que ha hecho Baz Luhrmann. Aunque esto lo dice alguien que tuvo que ver Moulin Rouge 3 veces para darse cuenta de que era una película increíble, así que a lo mejor dentro de 6 meses mi opinión es diferente.


Australia, cartel
Australia cuenta la experiencia de la aristócrata inglesa Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman), que debe viajar hasta (obviamente) Australia para llevar a cabo lo que acabará siendo un largo y peligroso viaje de transporte de ganado junto con un improvisado equipo en el que se encuentran el pastor nómada yo-vivo-al-límite Drover (Hugh Jackman) y un niño mestizo llamado Nullah (Brandon Walters).

El largometraje, como casi todas las películas de Baz Luhrmann, comienza siendo una especie de comedia absurda que te hace preguntarte qué demonios haces viendo eso y qué se habrán fumado el guionista y el director para hacer algo así, aunque por supuesto sigues pegado al asiento para ver como, con cada minuto, el argumento va transformándose hasta convertirse en un dramón tremendo.

La película está extrañamente dividida en tres partes. La primera, muy entretenida, en la que ponen al espectador en situación y se lleva a cabo lo que parece todo el desarrollo del argumento. Y cuando crees que la película va a terminar, hay un cambio abrupto y da la impresión de que estás viendo Australia II, o algo así. Ésa es la parte aburrida, en la que enlazan la primera parte con la última. Es ésta última parte donde se ve más claramente la mano del director, en la que hay más acción, más estrés y más película de verdad, en general.

Una película muy recomendable y con unos personajes con los que es fácil encariñarse, entretenida y emotiva, pero que hay que ver con tiempo y ganas, porque la parte central del largo puede hacerse un poco pesada. Y sobre todo, no olvidéis los kleenex. Porque con Baz Luhrmann sabes que vas a llorar; de tristeza, de emoción o de lo que sea, pero llorar, vas a llorar.

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