sábado, febrero 25, 2017

Cómo descongelar tu congelador en setecientos cuarenta sencillos pasos

Vengo con noticias tediosas, de las que conoces, en contra de tu voluntad, cuando te independizas.

Parece ser que las casas no se mantienen solas.

¿Os lo podéis creer? No vale con fregar los platos, cocinar y sacar la basura, también hay que limpiar el horno, aclarar los filtros de la aspiradora y otras cincuenta cosas que cuando vivías con tus padres parecían resolverse por su cuenta.

En algún momento de hace un par de meses, tras encontrar mi comida a medio descongelar varias veces, decidí que era hora de desenchufar mi congelador y dejar que la temperatura ambiente hiciera su trabajo.

Así, tras perseguir a las habitantes de mi piso durante semanas para que despejen su parte del congelador, llegamos a las doce y media de esta mañana.

Venga. Voy a hacerlo. Es desenchufar y fregar de vez en cuando para que no se inunde la casa, tampoco puede ser muy complicado.

Me vienen flashes de cuando los duendes de mantenimiento -mi madre- llevaban a cabo esta misma tarea en la casa de mis padres. Recuerdo periódicos en el suelo. Uhmmmm voy a buscar esto en google, no me esté dejando algún detalle importante y la líe. Así llego a esta página tan eficaz, que me ofrece unas cuantas sugerencias -incluyendo lo del papel de periódico- acerca de cómo conseguir llevar a cabo este proceso sin morir en el intento.

Apago la nevera, y con ella el congelador, y encasqueto papel de periódico en el suelo, donde preveo se va a formar un charco de un momento a otro.

La página dice que saque los cajones, así que yo saco los cajones. Excepto el de arriba del todo, que tiene tal capa de hielo a su alrededor que no hay quien lo mueva.  Saco el cajón del medio y el de abajo, disponiéndome a deshacerme de la comida que, a pesar de llevar advirtiendo un mes de que voy a descongelar hoy, mis compañeras de piso se han olvidado de tirar a la basura.

Pongo uno de los cajones en la mesa y observo su contenido.

Hay cosas que no se pueden describir. Tienes que verlas con tus ojos para hacerte una idea de lo terribles que son. Y efectivamente, ésta es una de ellas. Si habéis cometido el error de seguirme en facebook, os habréis encontrado una imagen de esta repugnancia en vuestro muro. Me disculparía, pero si me seguís sabéis a lo que os exponéis.

Para los demás, os vuelvo a poner aquí la foto.

El repugnante contenido de mi congelador

¿Es eso sangre? Debe de venir de esa hamburguesa que está ahí envuelta en plástico, o más probablemente de meses de carne metida a lo loco entre bolsas de verdura que, obviamente, no se han cerrado nunca, permitiendo así a los guisantes y las zanahorias vagar libremente por nuestro estimado electrodoméstico. El mejunje verde que se ve en los rincones creo que es parte de los batidos hechos con verduras que toma una de mis compañeras.

Sé que esto es  horrible y que probablemente vais a tener pesadillas, así que rápido, mirad esta foto de un bebé burro oliendo flores en un prado:

Un burrito oliendo flores

¿Mejor?

Por supuesto, le mando la foto a Fog, a Albert, a Manzo y a mis padres, incluyendo un montón de referencias a lo cerdas que son mis compañeras. Si yo tengo que sufrir esto, va a sufrir todo el mundo conmigo.

En cualquier caso, me armo de valor y vacío esa atrocidad en el cubo de la basura. Hago lo mismo con el otro cajón, que no tiene mucha mejor pinta, y me llevo ambos cajones al cuarto de baño para ponerlos en remojo.

De vuelta en la cocina me planteo las opciones que he leído en la web de la que he hablado unos párrafos atrás. La más sencilla es dejar que la naturaleza siga su curso y el hielo se derrita solo, pero sabemos todos que no soy popular por mi paciencia, así que decido que lo mejor será utilizar un secador de pelo para acelerar el proceso.

Me voy a mi habitación.

Cojo un secador de pelo que utilizo aproximádamente una vez cada dos meses.

Vuelvo a la cocina.

Conecto el secador en un enchufe que hay al lado de la nevera.

No funciona.

Um.

Activo el interruptor del enchufe -en Inglaterra, todos los enchufes vienen con interruptor-.

No funciona.

Me planteo ir a buscar un alargador y utilizar otro enchufe, pero decido que no merece a pena porque tendría que desenchufar mil cosas y me da pereza. Cambio de planes. Qué más opciones había.

Contenedores con agua caliente. El vapor ayudará a calentar el contenido del congelador y así acabaré con este asunto mucho más deprisa. Y también hay algo sobre espátulas calientes. Enciendo la vitrocerámica, localizo las dos espátulas de metal que hay en mi casa y las pongo cerca del fuego para que se calienten.

Tras posicionar estratégicamente una jarra llena de agua caliente, esgrimo con optimismo una espátula caliente y me pongo a rascar hielo. Debería librarme de esta capa gigante de escarcha en nada de tiempo; tengo metal ardiendo en mi poder, es imposible que esto lleve más de un ratito.

Oye. Que resulta que no.

Que al principio el mencionado metal funciona a las mil maravillas, pero, por incomprensible que parezca, al entrar en contacto con una superficie que está a varios grados bajo cero, pierde su eficacia destructora en menos de diez segundos.

Me viene a la mente, de manera completamente inconexa, que aprobé mi examen de física de selectividad con un cinco raspado.

Utilizo el breve poder del metal caliente alternando espátulas durante un rato. Aún está todo bastante tieso, pero yo creo que no va a haber tanto hielo que quitar. En cuanto se derrita un poco, esto está hecho.



*** DOS HORAS Y MEDIA DESPUÉS ***



Los periódicos ya no absorben más agua y hay un charco en el centro de la cocina, que reduzco como puedo con una mugrienta fregona, saltando con mis botas de lluvia amarillas entre los distintos regueros de agua que se han formado sobre las baldosas. Empecé este asunto en pijama, pero al cabo de un rato me rendí ante la evidencia y fui a ponerme unos vaqueros y calzado impermeable. Tras ver el tamaño de los trozos de hielo que se están desprendiendo de las baldas del congelador me planteo si debería contactar al gobierno de Etiopía para decirles que tengo la solución a sus problemas de sequía o si llamar a James Cameron para recordarle el dineral que ganó con Titanic y que secuelas más absurdas se han visto.

¿Por qué, oh, por qué soy yo la única persona en esta casa que quiere que los electrodomésticos hagan su trabajo? ¿Por qué tengo que ser yo la que se encargue de esta infame tarea? ¿Por qué tienen que ser mis compañeras unas cerdas? Si yo soy buena gente, de verdad. Me merezco una casa decente.

Hace rato que cambié la jarra de agua caliente por platos vacíos en el suelo del congelador, que ahora recogen el agua que gotea como pueden. Es mejor que no poner nada, porque así al menos recojo parte del líquido en lugar de dejar que vaya todo al suelo, pero gran parte se cuela entre los dos platos o entre los platos y las paredes, con lo que acaba escapando más allá incluso de las hojas de periódico, haciendo la mini inundación que se está apoderando de la cocina cada vez más pronunciada.

¡Ojalá tuviera un recipiente que encajara con las medidas exactas del congelador en el que poder recoger el agua!

...

...

...


Ya. No digáis nada.

Me voy al cuarto de baño y recupero el tercer cajón, que devuelvo a su lugar original en el suelo del congelador, y observo felizmente como el agua y los trozos de hielo lo van llenando.

Y poco más. Una vez totalmente descongelado, he limpiado las paredes y las baldas con una esponja, me he deshecho de los periódicos, lo he secado todo y he escrito a mis compañeras para decirles que me he tirado cuatro horas limpiando el congelador y que si lo llenan de mierda las mato.

No ser un completo cerdo es muy duro. Voy a empezar a plantearme vivir en la inmundicia.