miércoles, abril 25, 2012

Vacaciones en el mar

Amor es ser feliz en su compañía. Amor es miedo al pensar qué pasaría si no estuviera contigo. Amor es lo que siento yo por las pastillas de Biodramina.

Porque he pasado seis días de mi vida viviendo y durmiendo en un cacharro flotante que tenía la estabilidad de una atracción de feria.

¿Los cruceros? Súper estables. Si son enormes, mujer, ni te enteras de que estás en un barco.

¡Mentira! ¡Malditos mentirosos todos! O bueno, todos no. También me contaron otras cosas:

Yo un día lo pasé fatal, los platos de lado a lado de la mesa...

Mi madre se fue de crucero y dice que tres días lo pasó muy mal... un mareo...

Y de ésas un carro. Así me planteé seriamente quedarme en tierra, pero claro, mis compañeros de clase iban, y me daba cosa perderme el viaje de fin de carrera... así que confié en la súperpoderosa Biodramina y me uní a la fiesta.

Ahora puedo decir que los cruceros, si hace mal tiempo, tienen el equilibrio de cualquiera de vosotros después de tomarse cuatro cubatas, o el mío después de medio. Por lo que me han contado, si hace bueno es verdad que aquello no se mueve nada, pero la realidad es que la inmensa mayoría de la gente que conozco que se ha ido de vacaciones a un barquito de éstos ha tenido como mínimo un día horroroso.

Hubo un día especialmente señalable. La noche del centenario del hundimiento del Titanic (sí, nos fuimos de crucero en el aniversario, qué pasa) se oye un mensaje por megafonía:


DING DONG


Les habla el capitán desde el puente de mando. Los fuertes vientos nos impiden continuar nuestro camino por la ruta establecida, así que vamos a cambiar el rumbo. Debido a dichos vientos, el barco navegará inclinado hacia la izquierda durante un buen rato.

Oigo a la del camarote de al lado:

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaahhh! ¡¡Pero no me lo cuentes, corazón, que me pongo muy nerviosa!!

Y, efectivamente, nos pasamos toda la noche navegando en cuesta. Estupendo lo de trepar para alcanzar un lado de la habitación y rodar para llegar al otro.

Me contaban unas chicas:

- Nosotras dormimos en la planta 4, en un camarote exterior, y estamos del lado izquierdo, así que cuando se inclinó el barco teníamos el agua en la ventana.
- Sí, pensamos, ¡somos unas pringadas, si pasa algo palmamos las primeras!

Pobres.

Hubo otros dos días interesantes también, con un bamboleo constante que nos dejó vómito en las escaleras y a un montón de gente pidiendo pastillas para el mareo en recepción. Los pobres bailarines de los espectáculos no sé cómo no se estontonaban, la verdad... Por mi parte, cada dos por tres el barco pegaba un bote y yo me tiraba la copa por encima. Muy bien todo. Aunque lo de ver a la gente haciendo eses por los pasillos y apoyándose en las paredes para no caerse era divertido, lo reconozco.

De todas formas, para el que tenga ya contratado un crucero y esté llorando en un rincón, le diré que aquello se movía una barbaridad, pero que yo me trinqué una pastilla de Biodramina (con cafeína, que si no te quedas roque) antes de subir al barco cada día, y estuve tan pancha toda la semana. Y si se te pasa el efecto, repones cada cuatro horas. Así que no me seáis tontos y llevad drogas a mansalva (juro solemnemente que Biodramina no me paga para que diga esto).

Eso sí, lo de bajarte del barco y que se mueva el suelo no te lo quita nadie.

Y por último, para afortunadas como yo que obtuvieron un camarote casi al final del barco (la popa, creo que es eso), los motores metían ruído TODO EL DÍA y TODA LA NOCHE. Además de hacer que a ratos las camas vibraran como locas, poniendo bastante complicado eso de dormir.

En resumen: si el tiempo es espléndido, un crucero debe de ser maravilloso. Si el tiempo es malo, un crucero es una mierda. Si hago otro, será porque me lo regalen y sea en verano, cuando pueda usar la piscina y el jacuzzi y cuando pueda tomar el sol mientras escucho el mar de fondo... y ya de paso cuando pueda ponerme unos tacones sin miedo a romperme un tobillo con tanto vaivén.

Un hotel en tierra firme, mucho mejor.


p.d. Por lo demás, los cruceros normales deben de molar bastante. El mío fue un truño porque fui con Iberocruceros y nos trataron de pena, pero en general me han hablado bastante bien del tema.

p.d.2 Para el que esté pensando que todo esto me pasó porque mi barco era pequeño, le diré que allí había 1900 personas metidas (Grand Celebration se llamaba la barquichuela). Era grande. Era muy grande. Excepto cuando compartíamos puerto con el Queen Victoria y parecíamos un bote salvavidas.

miércoles, abril 18, 2012

GPS

No sé si he contado ya que no tengo sentido de la orientación. Si no es así, ya os lo cuento ahora. Desde el principio:

Me he ido de crucero. Fue la decisión popular para el viaje de fin de carrera, así que, después de intentar sin éxito convencer a mis compañeros para ir a algún destino en tierra firme, opté por asumir que iba a pasar mis vacaciones en un bamboleante hotel en medio del mar y me apunté al viaje. El recorrido partía de Venecia y terminaba en Atenas. Pues bien, para llegar a Venecia hay que coger un avión, y para coger un avión hay que sobrevivir en un aeropuerto, que no es una tarea precisamente sencilla, y menos cuando tienes la capacidad de orientación de una patata.

El vuelo sale a las 19.55. Vale. Son menos cuarto y ya estamos todos aposentados en la puerta de embarque. Pero, como es habitual con los viajes en avión, la compañía anuncia un retraso en nuestro vuelo: salimos a las 20.25.

Siempre igual. Pero bueno, así me da tiempo a ir al baño antes de despegar. Le dejo mi mochila a Holden y me marcho en busca de un servicio.

Dentro de mi facilidad para perderme tengo dos niveles; el básico supone que no recuerdo el aspecto de los sitios por los que voy pasando, con lo que tengo que ir aprendiéndome los nombres de tiendas, calles y demás para poder volver. El avanzado me pone en un estado de empanamiento absoluto en el que voy metida en una nube y no soy consciente ni ligeramente de dónde puñetas estoy a cada paso que doy. Este último caso se da cuando, por ejemplo, estoy tan cansada que no atino ni a darme cuenta de que si no memorizo que acabo de pasar por un McDonalds, voy a estar deambulando sin rumbo durante un buen rato, y es, por supuesto el nivel en el que me encontraba en la situación que os cuento. Pero no pasa nada, porque me sé el número de la puerta de embarque, y así llego seguro a mi destino, así que no me preocupo demasiado.

Encuentro un servicio. Bien. Entro. Salgo. Venga, voy a volver con mis compañeros.

Um.

Um... esa tienda me suena. Sí, es por ahí. Camino un rato. Paso más tiendas conocidas. Se acaban las tiendas conocidas. Bien. Bueno. A ver. Igual me he perdido. No pasa nada, la puerta de embarque era... B43. Ese letrero dice que es por ahí. Pues... es por donde fui antes. Pero aquí no están. Y éste no es el sitio donde les dejé. A ver, no puede ser tan difícil. Vuelvo a estar en la puerta del baño, mirando una tienda de Adidas en la que acabo de estar con mis compañeras. Ya está, a las malas, llamo y que me vengan a buscar aquí. Además, aun me quedan 20 minutos para que salga el avión, si deambulo un poco más, les encuentro yo sola. A lo mejor es por ahí...

¡¡Tirorioriroriroriroriro riiiii riiiii!!

Cleo me llama por teléfono. Malo.

Yo - Dime
Cleo - ¿¿DÓNDE ESTÁS??
Yo - Uuummmm ¿Si te digo que no sé volver, me crees?
Cleo - ¡¡¿¿¿QUÉ QUIERES DECIR CON QUE NO SABES VOLVER???!!
Yo - Que no sé volver. Pero estoy en la tienda de Adidas, no podéis estar muy lejos. He ido a la B43, pero no os encuentro.
Cleo - ¡Nos cambiaron de puerta de embarque! - Uy. Debí de seguir a la marabunta sin enterarme muy bien de a dónde íbamos - ¡Estamos en la B34, y el avión se va!

...

Mierda.

Yo - ¡¡CÓMO QUE SE VA!! ¡PERO SI SALE A Y VEINTICINCO!! - Corro como loca hacia la puerta de embarque correcta -.
Cleo - ¡Lo han vuelto a adelantar! ¡Sale a y cinco!

Madre de Dios. Madre de Dios madre de Dios madre de Dios.

Yo - ¡¡VOY VOY VOY VOY!!

Corrí mucho. Corrí hasta que vi a Cleo con una cara de susto horrorosa, al lado de una azafata con cara de mala leche y con Holden sujetando mi mochila y haciéndome gestos.

Menos mal que tengo amigos que me llaman, porque si tuviera que depender de mi habilidad para ubicarme, me había quedado a pasar las vacaciones en Barajas.

Necesito que me integren un GPS en el cerebro. Si el gobierno supiera hasta que punto soy capaz de perderme, seguro que la operación me la pagaba la seguridad social.

domingo, abril 08, 2012

Moda

De compras con Garfield, paseando por los pasillos de Blanco. ¿Veis el mantel de ganchillo de color marfil que tiene la abuela estándar española en la mesa del salón? Todos los vestidos de Blanco son así.

Garfield - Mi admiración por las chicas acaba de aumentar de repente.
Yo - ¿Y eso?
Garfield - Porque vais siempre guapísimas, con la cantidad de ropa fea que venden.

Pues también es verdad. Que la última vez que estuve en la tienda mencionada con Cleo, Lilypad e Iris, vimos un vestido de neopreno. Tal cual. Como si fueras a hacer submarinismo, pero en minifalda. Y mira que estoy intentando potenciar mi respeto por el mundo de la moda, ¿eh? Sobre todo con esto de que Cleo tiene un blog del tema... pero es que voy a Bershka y me encuentro zapatos de drag-queen por todas partes, y voy a Zara y hay más vestidos hechos del mantel de la abuela... y no sé, me da por pensar que no comprendo el mundo de la moda. De hecho, me he probado un vestido negro que parecía súper elegante y resulta que era un engaño absoluto: tenía unas medidas absurdas y era más largo por detrás que por delante, como si fuera un frac, y me ha dado la risa y he salido del probador con los brazos en alto diciendo que era Batman. ¿Veis lo que me hace la moda? No la entiendo y me vuelvo majareta.

Por eso, desde aquí declaro mi independencia con respecto al mundo de las tendencias de ropa y complementos. ¿Que la gente se quiere poner cosas hechas con elementos decorativos del salón? Me parece fantástico. De hecho hay chicas que están estupendas con ese tipo de ropa, pero yo no. Así que me quedo con mi ropa normal y mis zapatos normales, y los asuntos de pasarela se los dejo a gente que sabe de estas cosas. A mí que me dejen tranquila.


p.d. Veréis como los vestidos ésos cubre mesa-camilla se convierten en el último grito. Así comprobaremos de verdad que no tengo ningún ojo clínico para estas cosas.