Estando sentada en la biblioteca, estudiando, levanté la vista del portátil, por puro aburrimiento, para mirar a la persona que estaba pasando por allí en ese momento. Un chico, guapo, muy joven, novato probablemente. Él me estaba mirando, y le sonreí * . El chico se detuvo, y le preguntó al que estaba enfrente de mí, con respecto a la silla más cercana a mi sitio: - ¿Está ocupada? Volví a sonreír, pero para mí misma. - Qué va, te puedes sentar. Y entonces... - No, si sólo quiero la silla. Cogió la silla, y se fue. ¡Ah, el ego! Qué fácil es caer en sus zarpas, ¿eh? Esto me enseñará que esas cosas sólo pasan en las películas. * Aclaración para intentar quedar un poco menos como una idiota: Cuando miro a alguien porque simplemente se cruza entre mis ojos y el infinito, y me pilla, suelo sonreír, para quitarme la nada merecida fama que tengo desde hace tiempo que dice que miro mal a todo el mundo.