sábado, marzo 26, 2016

El regalo: miedo blandito

Sin haber oído hablar siquiera de El regalo (The Gift, Joel Edgerton, 2015) ayer entré en un cine de Valladolid para ver si aquello daba al menos para pasar el rato. Y da. Da de sobra. Os cuento.

El regalo - cartel

Simon (Jason Bateman) y su mujer Robyn (Rebecca Hall) son un sosérrimo matrimonio que se muda a una nueva y carísima casa. Un día, estando de compras, la pareja se encuentra por casualidad con Gordo (Joel Edgerton), un antiguo compañero de instituto de Simon, con el que acuerdan quedar para ponerse al día. A partir de ese momento Gordo llevará eso de tomarse demasiadas confianzas a otro nivel, mandando regalos y pasándose por la casa de sus nuevos pseudo amigos cada dos por tres aunque nadie le haya invitado. Cuando resulta que no todos los miembros del trío están de acuerdo con el desarrollo de la nueva relación las cosas empezarán a ponerse chungas hasta límites insospechados.

Jason Bateman (Simon) y Rebecca Hall (Robyn)


La verdad es que el primer rato de película no me ha convencido en exceso, tal vez porque Gordo da un mal rollo espantoso y aún así Robyn no para de invitarle a entrar en casa aún estando sola. Colega, que el tipo te ha mandado una botella de vino a casa cuando tú no le has dicho en ningún momento dónde vives. Igual invitarle a tomar el té no es tan buena idea, digo yo.

Pero bueno, el caso es que una vez superado el inicio, en el que queda más que claro que ahí hay algo turbio, la película pasa de ser el típico thriller en el que estás estresado todo el rato esperando a que el antagonista te pegue un susto horroroso, a centrarse en un argumento más complejo en el que ya no importa tanto que haya un trastornado por ahí, porque pasan a ser más relevantes las historias con las que cargan los personajes principales: Robyn está deprimida por un episodio del pasado, Simon es un marido controlador con pinta de capullo arrogante que parece tener algún que otro comportamiento cuestionable y Gordo es claramente un psicópata que arrastra algún tipo de trauma. Estas tres personalidades son las que conducen la película, siendo los pilares de una historia bien construida que se va poniendo más interesante cuanto más avanza la cinta.

Joel Edgerton (Gordo), Jason Bateman (Simon) y Rebecca Hall (Robyn)


Me ha parecido mejorable porque constantemente se ven escenas en las que la intriga crece y crece, provocando un montón de tensión, para después solucionar la situación con un hecho no tan traumático. Quiero decir, si el director me tiene dos minutos con una mujer recorriendo lentamente un pasillo oscuro, con música de fondo tétrica en plan CHAN CHAN CHAN CHAN, más vale que al final del pasillo haya algo que me deje con la boca abierta, porque si no me voy a llevar un chasco que no veas. Y en la mayor parte de las escenas de este tipo o bien el desenlace no es para tanto o bien ya me imaginaba lo que iba a aparecer.

Pero oye, en general la atmósfera está lograda, la historia bien contada, ayudándose de tres actores muy creíbles y la resolución de la historia, aunque un poco predecible, sigue siendo bastante impactante. Creo que os va a gustar.

Joel Edgerton (Gordo)


Sólo decir que la peli es casi de miedo, aunque miedo muy blandito. Sí que te pegas un par de sustos bastante gordos y es muy tensa de ver, pero yo después dormí como un tronco, así que tampoco es como para agobiarse.

Y por cierto, el título está muy mal traído. Me recuerda a cuando vi La ladrona de libros esperando robos por doquier y resultó que la muchacha roba uno de milagro en toda la peli y ni siquiera es un evento crucial. Los directores me engañan.

viernes, marzo 18, 2016

Clubs

Escribo este post con la esperanza de que directores de películas y series del mundo lleguen a leerlo algún día. Quiero llamar su atención para tratar un tema de vital importancia; un escenario habitual en todo tipo de títulos que es retratado con tal falta de realismo que cuando aparece es imposible que el espectador siga prestando atención al hilo argumental que tiene delante porque sólo puede pensar en la extraordinariamente poco creíble de la situación.

Hablo, efectivamente, de las discotecas.

¿Qué clase de lugar mitológico es ése que sale en las películas? ¿Van los fabricantes de productos televisivos a sitios que no se parecen en nada a los que vamos los demás? Ya sé que ellos tienen más dinero, pero una discoteca es una discoteca, por mucho que haya de ricos y de pobres, ¿no? En cualquier caso, por si alguien con afán creativo quiere que uno de las escenas de su nuevo corto sea en un club de moda, le cuento lo que es una discoteca en realidad:


DISCOTECAS EN LA TELE
VS
DISCOTECAS EN EL MUNDO REAL


Punto 1: El volumen de la música

¿Es hablar eso que veo hacer a los actores? Hablar. En un volumen normal. A veces los personajes hasta se susurran cosas. Esto si la película es de ciencia ficción se puede hacer, porque el espectador sabe que es todo mentira, pero si estás intentando hacer algo ambientado en el mundo real, la situación queda no muy creíble. Quiero decir, en el Planeta Tierra, donde no hay alienígenas morados -o se ocultan bien-, que estés de fiesta y puedas decirle algo a alguno de tus acompañantes sin dejarte la garganta en carne viva con cada palabra es tan probable como que entren los Rolling Stones por la puerta y te pidan que cuides de sus grupies mientras ellos dan un concierto improvisado*.


Punto 2: Los chicos ligando

En los clubes de las pelis, un joven guapo y elegante se suele acercar a una chica sexy -pero con clase- para tener una inteligente conversación llena de sutilezas que dirigirán la situación a una glamurosa escena de sexo salvaje. En las discotecas en las que yo he estado esto no funciona exactamente así. En este universo ese tío del rincón que se lleva un pedal espantoso hará un lamentable intento por llevarte a la cama utilizando, en el mejor de los casos, alguna frase prefabricada que haya leído en internet. Si tienes amigos dignos de ser denominados como tal, alguno acudirá al rescate fingiendo ser tu novio o algo por el estilo; si, por el contrario, estás de juerga con gente con la que no tienes una relación tan estrecha, tendrás que rechazarle tú misma y ello derivará, probablemente, en un intento por parte del chico de ligarse a alguna de tus colegas.

Y yo obviamente he sufrido más a chicos que a chicas, pero tampoco faltan las borrachas con el rimmel corrido y una carrera en las medias intentando meterle mano a un chico que tiene a su novia a cuatro centímetros. Estamos en el siglo XXI y ya no es necesario ser un hombre para ser la decadencia hecha persona. La igualdad es divertida.

La gente de fiesta está borracha, señores de Hollywood. Muy borracha. Igual al principio de la noche cuela, pero pasada una hora determinada nadie se acuerda ni de su nombre, y ligar con elegancia en ese estado es complicado.


Punto 3: El espacio vital

La tele opina que puedes bailar a las tantas en un bar, dando vueltas y agitando los brazos como si estuvieras jugando al Just Dance en el salón de tu casa. La vida real discrepa un poco. En ese antro en el que llevas hora y media esquivando gente alcoholizada, tu minúscula área asignada te viene permitiendo moverte un poco al son de la música, sin mucho énfasis para no empotrarte contra el chico que tienes detrás porque si lo haces lo tomará como un incentivo y vendrá a tirarte los tejos (ver punto 2), pero con firmeza suficiente como para que las siete locas que tienes al lado, que están de despedida de soltera y no paran de hacerse selfies, no te roben tu territorio. Mantener tu posición es crucial para no acabar contra la barra luchando por respirar.


Punto 4: Los abrigos

¿Dónde esconden las estrellas de televisión sus abrigos cuando están de fiesta? ¿Hay ropero en todos y cada uno de los locales a los que van? Bailan despreocupados, pendientes únicamente de la pajita de su piña colada. Van a la barra, vuelven, ¡no hay problema! El local es como su casa; no hay líos, no hay peligro. Los humanos de a pie, sin embargo, tenemos que montar turnos de guardia para que en todo momento haya un miembro del grupo al lado de la pila de cazadoras y complementos, y nos pasamos casi todo el tiempo mirando agobiados a esa chica que está un poco demasiado cerca de nuestro bolso.


Punto 5: La iluminación

En el universo cinematográfico los clubes tienen, incluso en el peor de los casos, luz suficiente como para que distingas qué actor está en pantalla en cada momento, cosa que en una discoteca de verdad es básicamente una fantasía. El dueño de ese local tan popular de tu ciudad sabe que pasadas las tres de la madrugada la luz no le va a hacer un favor a nadie; si acaso tendrás rayos verdes de ésos que le provocan ataques epilépticos a la gente, pero de tener luz de verdad te puedes ir olvidando. Situaciones divertidas derivadas de este hecho son el hablar con desconocidos pensando que son tus amigos porque no les distingues la cara y el estar veinte minutos buscando tu bufanda en la descomunal montaña de abrigos que se ha formado al lado de tu grupo (ver punto 4).


Y a ver, que yo lo entiendo, que hay que sacrificar un poco de realismo para que las series y demás tengan mejor pinta. Puede que la peli de turno no se entienda muy bien si los protagonistas tienen que gritarse en la oscuridad entre pilas de abrigos y compartiendo el cachito de pantalla con setenta y cinco personas, pero bueno, me entendéis cuando digo que estas cosas no me resultan nada realistas. Con salir de fiesta en concreto veo tantas cosas antinaturales que me distraigo.

A ver si me hago famosa un día de éstos y me llevan a uno de esos clubes inexistentes.



*No, directores, esto tampoco  es normal en el mundo real, por mucho que os empeñéis en las pelis en que a los personajes les pasen cosas guays de ese tipo todo el rato.

viernes, marzo 11, 2016

Érase una vez, en un croma muy lejano

He pensado que igual os habéis quedado sin series malas para ver, así que vengo a hablaros de Érase una vez (Once upon a Time, Adam Horowitz y Edward Kitsis, 2011-presente).

Érase una vez - cartel

Os cuento de qué va, porque el argumento la verdad es que no está mal, siempre y cuando te guste la fantasía:

Emma Swan (Jennifer Morrison) ve su solitaria vida interrumpida cuando un crío llamado Henry (Jared Gilmore) se presenta en su puerta diciendo que es el niño al que dio en adopción hace diez años. Cuando Emma lleva a Henry de vuelta a su casa, en un pueblo llamado Storybrooke, se entera de lo que el muchacho tiene de verdad en mente: cree -y así es, porque si no no habría historia- que todos los habitantes de su pueblecito son en realidad personajes sacados de cuentos populares, atrapados en esta nueva vida por una maldición que les ha hecho olvidar el universo paralelo del que vienen.

Príncipe David (Josh Dallas) y Blancanieves (Ginnifer Goodwin)

Si tenéis claro que queréis ver la serie, mejor no sigáis leyendo. No voy a poner nada que se pueda considerar realmente un spoiler (o al menos no un spoiler que pueda tener ninguna relevancia), pero sí que voy a hablar de qué cuentos aparecen en la serie y de algunas relaciones entre sus protagonistas.

Los personajes principales en este barullo de serie -esto se explica en el primer capítulo, si no recuerdo mal- son los que conforman la familia de Henry: su madre Emma, los padres de ésta, que son Blancanieves/Mary Margaret (Ginnifer Goodwin) y el príncipe David/David Nolan (Josh Dallas) y la madre adoptiva de Henry, llamada Regina pero más conocida como La Reina Malvada (la madrastra de Blancanieves, vaya), a quien interpreta Lana Parrilla. Los villanos van cambiando, pero el que siempre anda por ahí incordiando es, junto con la mencionada madrastra, Rumplestiltskin/Mr. Gold (Robert Carlyle).

Emma Swan (Jennifer Morrison) y Regina (Lana Parrilla)

Al margen de toda esta gente hay otro porrón de personajes salidos de cualquier cosa que se pueda parecer a un relato conocido: Caperucita, Peter Pan, la Bella y la Bestia, Pinocho, la Cenicienta; lo que caiga, da igual siempre y cuando haya cuento al respecto, se haya hecho una peli de Disney relacionada o sea una parte más o menos estable de la cultura popular. Además, mezclan unos personajes con otros con la mínima excusa y cogen el detalle que les venga bien de una historia para encasquetarlo en otra aunque se estén inventando medio cuento.

Conversación con Buckner

Y todavía Lancelot y Mérida son más o menos de la misma zona y de la misma época, aunque uno venga de una leyenda popular y la otra de una superproducción de Pixar... pero los guionistas tan pronto ponen a Maléfica a trabajar con Cruella de Vil como mandan a la Reina Malvada de cañas con Campanilla. Llegado cierto punto te das cuenta de que aquello no va a tener ningún sentido, así que será mejor aceptarlo y seguir adelante. Y he de reconocer que ver quién se va a hacer colega de quién es parte del encanto de la serie, aunque muchas veces no tenga ni pies ni cabeza.

Cruella de Vil (Victoria Smurfit)

Pero lo que importa aquí es que lo que empieza como un argumento que podría ser interesante se convierte en la historia más empalagosa, con los peores actores y con la atmósfera menos lograda de la historia de la televisión en cuestión de un puñado de capítulos. No sé en qué momento empieza a ser un desastre, pero el caso es que cada capítulo acaba siendo una lucha a ver si son peores las interpretaciones o los efectos especiales.

Especialmente duros de aguantar son los capítulos en los que sale Peter Pan (Robbie Kay) y Úrsula (la bruja del mar de La Sirenita) de joven cantando (cursi a muerte. En serio. Si no me creéis podéis verlo aquí). aunque la niña que interpreta a Blancanieves en sus años mozos también es abofeteable a tope, y en general casi todos los personajes tienen algún momento que te hace preguntarte por qué sigues viendo la serie, con la de cosas que hay en Netflix.

Emma (Jennifer Morrison) y Peter Pan (Robbie Kay)

Los efectos especiales también merecen su propio párrafo, porque madre mía, qué de excesos. Es imposible creerse nada de lo que está pasando porque usan más croma que el hombre del tiempo. El Bosque Encantado, Arandelle, Camelot; no hay reino que se libre de que esta gente se presente allí con su fondo verde y se ponga a rodar. De ahí que no quede creíble ni cuando están en la cocina tomándose un té. Sólo hay que hacer una búsqueda rápida en google para saber a qué me refiero.

Así que tenemos malas interpretaciones, malos efectos, una historia a la que le sobra azúcar por todas partes y en general casi ninguna razón para seguir viendo esta cosa.

¡¡Pero!! ¡Pasa una cosa a la mitad de la tercera temporada! Cuando te juras a ti mismo que si tienes que escuchar otra vez el pretencioso acento de Peter Pan abandonarás la serie, sucede el único evento realmente mágico en toda esta historia:

La serie deja de ser una mierda.

No voy a osar decir que pasa a ser un show de calidad, tampoco nos vamos a pasar, pero, no sé cómo ni por qué, de repente el argumento es interesante, los personajes ya no actúan tan mal, parece que el guión desarrolla algo parecido a un sentido del humor e incluso los efectos especiales pasan de ser absolutamente lamentables a sólo muy cutres.

Anna (Elizabeth Lail) y Elsa (Georgina Haig)

Algo han tenido que cambiar, os juro que no es sugestión. No sé si ha habido algún cambio de dirección, de guionistas o qué, pero algo hay, porque la serie pasa de ser una auténtica basura a ser un entretenimiento más que aceptable de un capítulo para otro.

Puede ser también que hayan cobrado importancia algunos personajes interesantes, en especial el Capitán Garfio (Colin O'Donoghue), ayudado por los principales alicientes de la serie, que son las mencionadas Emma y Regina. Teniendo a alguno de los tres en pantalla casi todo el tiempo la serie es mucho menos desquiciante -excepto por unos desafortunados capítulos de la temporada 5 en los que la interpretación de Jennifer Morrison es un horror. Mejor olvidarlos-.

Capitán Garfio (Colin O'Donoghue)

Además aparecen personajes nuevos que tienen su aquél, como Mérida (Amy Manson) y las chicas de Frozen, Anna (Elizabeth Lail) y Elsa (Georgina Heig).

Por otra parte, también es interesante desde el principio ver qué personajes van apareciendo y qué pinta tendrán en el mundo real. No deja de ser curioso ver cómo viste Caperucita en la vida actual.

Ruby/Caperucita (Meghan Ory)

Y bueno, si ésto no os convence siempre podéis ver la serie por los escotes. Qué exageración, los escotes. Son un reclamo propagandístico tan claro que cada vez que aparece uno nuevo se ve a la legua que los guionistas saben que esta serie a ratos no hay por dónde cogerla y tienen que tirar de estas cosas.

¿Cómo? ¿Que no es para tanto, estáis pensando? ¿Que estoy dramatizando? Permitidme que os ilustre:



TOP 10 DE ESCOTES DE ÉRASE UNA VEZ
QUE ESTÁN AHÍ CLARAMENTE
PARA AUMENTAR LA AUDIENCIA



10. En el puesto nº10, Úrsula (Merrin Dungey), la malvada y pechugona Bruja del Mar. Da un poco de grima porque tiene tentáculos escondidos en el vestido y es un poco asqueroso, pero el caso es que su lugar en esta lista es legítimo.

Úrsula (Merrin Dungey)


9. Cora de jovenzuela (Barbara Hershey) ocupa el nº9 de la lista. Igual una talla más no le habría venido mal.

Cora (Rose McGowan)



8. Emma (Jennifer Morrison). La verdad es que con lo buena que está esta chica la explotan bastante poco. Suele ir embutida en vaqueros ajustadísimos, pero poco más. Eso sí, las pocas excepciones de vestuario que protagoniza hacen que me vea obligada a incluirla como nº8 de nuestra lista.

Emma (Jennifer Morrison)



7. Blancanieves (Ginnifer Goodwin), con un look absolutamente espantoso -reconoceréis el capítulo cuando lo veáis- entra en puesto nº7. Esas costuras están al límite de sus posibilidades.

Blancanieves (Ginnifer Goodwin)



6. Nuestro nº6 es para Zelena (Rebecca Mader), más conocida como la bruja del oeste de El Mago de Oz (la bruja verde). Bien de verde en los mundos de ficción o con un tono de piel más normalito en el universo real, los directores de Érase una vez intentarán por todos los medios que no mires a esta chica a la cara jamás.

Zelena (Rebecca Mader)



5. Hada Azul -o como se llame en español. En la versión original la llaman Blue- (Keegan Connor Tracy). Esta mujer es un espectáculo cada vez que aparece. No sé quién eligió su vestido de hada, pero madre del amor hermoso. Paradójicamente, en Storybrooke hace de monja.

Blue (Keegan Connor Tracy)


4. La Reina de las nieves, llamada Ingrid (Elizabeth Mitchell) pasea ese horroroso vestido que veis en la foto en el 90% de sus escenas. Se merece el cuarto puesto de sobra.

Ingrid (Elizabeth Mitchell)



3. Maléfica (Kristin Bauer van Straten), virgen santa. Cuanto más la miro más me pregunto como sobreviven esos collares que lleva. Mirad la foto y decidme si no merece el tercer puesto.

Maléfica (Kristin Bauer van Straten)



2. Bella (Emilie de Ravin) suele ir bastante tapada, así que supongo que cuando le ponen escote quieren compensar. Puesto número dos, y no le he dado el primero porque en esta serie la reina de los escotes está clara, pero con ganas me quedo.

Bella (Emilie de Ravin)



1. El indiscutible número uno es para Regina (Lana Parrilla), la madrastra de Blancanieves y reina de nuestros corazones y de los vendedores de sujetadores del mundo. Casi cada aparición -en el Bosque Encantado; en el mundo real viste con un poco más de decoro- es una muestra asegurada de tela a punto de reventar. Su colección de vestidos-tenebrosos-escotados-con-collar-a-punto-de-desaparecer-en-el-abismo no tiene fin.

Regina (Lana Parrilla)


Regina (Lana Parrilla)


Regina (Lana Parrilla)

Regina (Lana Parrilla)


Eso debería servir para convencer a todas las lesbianas y hombres heterosexuales del planeta. Y para los demás, no sé... la historia está entretenida. Y los chicos también son guapos.

Poco más tengo que decir. Que la intro mola. Muy corta y con una referencia a lo que sea que vas a ver en el capítulo, con música tétrica de fondo.

Érase una vez - Intro

Y que si sobrevivís hasta la mitad de la tercera temporada, se convierte en un entretenimiento muy decente. Casi hasta la recomiendo. Siendo "casi" una parte importante de la frase. Ahora mismo hay doce capítulos de la temporada cinco disponibles y estoy hasta intrigada con qué va a pasar en el próximo.

Eso sí, si sois de esa gente que está deseando que llegue San Valentín para poder decir que es todo un invento de El Corte Inglés y que el amor es una falacia, mejor dejadlo, porque las referencias a finales felices, esperanza y amor verdadero ya son suficientemente chungas de aguantar cuando no te importa mucho ver cursilerías.


p.d. También hay dragones. No son como los de Juego de tronos, pero tampoco vamos a ponernos quisquillosos.