viernes, septiembre 25, 2015

Amama: Loreak mola más

El año pasado presentaron en el 62SSIFF una peli llamada Loreak (ID, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, 2014), que trataba de cómo una chica llamada Ane (Nagore Aranburu) comenzaba a recibir, semana tras semana, un ramo de flores sin remitente en su casa.

Loreak - Póster

La premisa parece una tontería, pero Loreak conseguía que te dieras cuenta de cómo un detalle puede poner tu vida patas arriba, además de tener una fotografía preciosa y una protagonista encantadora.

Nagore Aranburu (Ane)

Tampoco era ideal; se hacía un poco pesada y lo mejor era con diferencia la primera parte de la cinta, con lo que era fácil perder el interés según avanzaba la historia. Pero así, en general, es una película bastante recomendable.


Pues bien, este año han presentado en el 63SSIFF Amama (ID, Asier Altuna, 2015), que cuenta la historia de una familia vasca que vive en un caserío, cuyas relaciones empiezan a deteriorarse cuando la hija, Amaia (Iraia Elias) se rebela ante la idea de pasarse la vida recogiendo manzanas y ordeñando cabras en vez de evolucionar y formar parte del mundo moderno.

Amama - Póster

La peli empieza con un hombre corriendo por un bosque mientras carga con una anciana a la espalda, que parece inconsciente. Buena pinta a tope. Va a haber emoción a raudales, ¿no?

No.

La cinta es, a grandes rasgos, irrelevante y bastante pretenciosa. Ni veo el simbolismo en la abuela muda (adorabilísima Amparo Badiola; en la rueda de prensa sólo habló al final un rato, y queríamos ir todos a darle un abrazo), ni a la vena artística de Amaia, ni a nada de nada. Tampoco es que sea terrible, pero según avanza la peli se va haciendo cada vez más difícil de ver, y las últimas escenas se cargan el total por completo. De hecho, si se hubieran ahorrado la parte final, a lo mejor habría quedado una historia relativamente recomendable. Pero no.

Kandido Uranga (Tomás) e Iraia Elias (Amaia)

Es verdad que tiene sus puntos positivos: la evolución del padre de Amaia (Kandido Uranga) es coherente y le da consistencia y cierta belleza a la historia; algunos aspectos de la fotografía están muy cuidados y hay ratos bastante entretenidos. Pero no me parece suficientemente buena como para recomendarla, ni de lejos. 

Iraia Elias - Rueda de prensa de Amama

Lo de que es sucesora de Loreak supongo que lo habrán dicho porque las dos están rodadas en euskera y porque la atmósfera es así tranquila y un poco inquietante, pero en Loreak ese estilo es genuino, mientras que en Amama es todo bastante forzado. Desde luego, no ha sido lo mío.

miércoles, septiembre 23, 2015

Truman: depresiones divertidas

Cuando vi que el argumento de Truman (ID, Cesc Gay, 2015) giraba en torno a la amistad entre Tomás (Javier Cámara) y Julián (Ricardo Darín) y al viaje que realiza el primero, que vive en Canadá, para convencer al segundo, que vive en Madrid, de que su cáncer terminal no debe obligarle a tomar ninguna decisión extrema, pensé que preferiría que me metieran un dedo en el ojo antes que ver esa depresión hecha película.

Truman - Póster

Pero oye, sale Darín, que suele hacer cine fácil de ver, así que pensé que a lo mejor podía no ser tan terrible. Y es sección oficial, iba a haber rueda de prensa con Darín y Cámara, bla bla. Así que la fui a ver.

Y resulta, oh maravilla, que la peli es entretenida, graciosa, con unas interpretaciones impecables (en papeles fáciles, pero aún así) y que, así en general, es una peli estupenda.

Ricardo Darín (Julián) y Javier Cámara (Tomás)

Deprimente, eso sí. Que los personajes son graciosos y dentro de lo dramático de la situación el guión es muy ligero, pero aún así te pasas viendo más de hora y media cómo un tipo le busca dueño a su perro porque sabe que a él le quedan tres telediarios.

Pero, en general, Truman es bonita sin ser cursi, los personajes son divertidos y entrañables, e, importante, la peli termina en el momento justo, en una historia en la que conseguir eso no es nada fácil. Así que, claramente, recomendada.


p.d. Mención especial para Chase, que preguntó por el perro en la rueda de prensa y resultó que dicho perro (Truman, interpretado por Troilo), murió hace tres meses y Darín casi se pone allí a llorar. Pobre hombre.

martes, septiembre 22, 2015

La casa de St. Stephen I: la no-agente

Estoy en San Sebastián así que esto no viene a cuento, pero estaba a medio escribir así que os lo pongo aquí, para que no os aburráis con tanta crítica:


Creo que hay un club de caseros londinenses. Se reúnen periódicamente y toman decisiones importantes sobre cómo amargarme la existencia.

Supongo que leen este blog, se aburren muchísimo porque no me pasa nada emocionante y han optado por comportarse como una panda de tarados para darle alegría al asunto.

Y esto viene a santo de que conseguí huir del sitio aquel que tenía millones de plagas y me metí en la casa de St. Stephen. Que no es el casero, sino el nombre de la calle.

Por dónde empezar. Tantas cosas que contar de este lugar.

El sitio es, um... Inquietante. Inquietante es la palabra.

Tras pasar el fin de semana durmiendo en casa de Markru y su novia Page, que deciden acogerme porque son así de majos ellos y probablemente porque temen que muera devorada por las ratas mientras duermo, el domingo, ya con un hotel cogido hasta el jueves, voy a ver la casa de St. Stephen.

La casa tiene tres pisos, con un comedor/cocina estupendo, una habitación pequeña pero que a mí me sirve de sobra y un baño que voy a compartir con otras cuatro (!) personas. Pero mira, no piden fianza y se paga de dos semanas en dos semanas, así que va a ser como estar en un hotel pero mucho más barato. Me lo quedo, en lo que encuentro algo más definitivo.

Pero.

Hay cosas raras.

Por ejemplo, la no-agente no sabe casi nada de la casa. No sabe si hay secadora, no sabe por qué algunas habitaciones no se pueden alquilar.


INCISO

Cuando le pregunté a la mujer que me estaba enseñando la casa si las 120 libras que tenía que pagar eran para la agencia -la inmobiliaria, vaya-, me dijo muy escandalizada que ella no era una agente. Pero es la que te enseña la casa, gestiona todo el asunto y se lleva una comisión, así que a lo mejor no es una agente a nivel legal, pero en realidad es lo mismo.

Hago lo mismo con los novios. Si te pregunto si has quedado con tu novio y te pones roja y me contestas "no es mi novio", pero le vas a ver para ir con él al cine, luego a cenar y luego a meterle la lengua hasta la tráquea, pues entonces no será tu novio teóricamente, pero en fin. Así que es tu no-novio.

FIN DEL INCISO


No-agente - Ésta habitación es doble, pero ahora mismo no se alquila -la sigo a un cuarto bastante más digno que el armario grande que voy a alquilar yo-.
Yo - ¿Por qué? Es mejor que mi habitación, si pudiera me la quedaba. Y por cierto, ¿tenemos alguien que venga a limpiar? -en Londres es muy habitual que el precio del alquiler incluya limpieza de las zonas comunes-.
No-agente - No, pero podéis poneros de acuerdo para pagar a alguien que venga una vez a la semana. Y lo de la habitación.. es que... tiene que pasar una inspección.
Yo - ¿Una inspección? ¿Una inspección de qué?
No-agente - Nada, una inspección rutinaria... -sale por la puerta de la habitación- y mira, en la planta de abajo tenemos más habitaciones...

Y se escaquea entrando en otra habitación. En la segunda planta está mi dormitorio, que es individual, un cuarto de baño y dos habitaciones dobles. Ninguna de las dobles está en alquiler.

En la primera planta hay dos habitaciones dobles. De ésas no recibo información. En la planta baja está la lavandería -sí-, un baño y la cocina-comedor, en la que hay sentada una pareja. Son irlandeses, por lo visto.

Les pregunto que si fuman. Me dicen que sí, pero que sólo en el jardín. Les pregunto que si han tenido ratones. Me dicen que no saben porque se acaban de instalar. Y en la casa no vive nadie más.

Um. Peculiar.

Sea como fuere, necesito un sitio en el que quedarme, así que le pago una señal a la no-agente para que quite mi habitación del mercado y me voy de allí pensando en cómo es posible que de cuatro habitaciones dobles y una individual que contiene la casa, hasta ayer no estuviera ocupada ninguna.

Paso la semana en el hotel, porque ya lo he pagado, y el viernes por la noche llego a la casa. Me abre la puerta un chico neozelandés al que no le entiendo nada cuando habla. Le explico que me tengo que instalar hoy y me deja entrar.

En el comedor está la pareja irlandesa que conocí el primer día, el chico que me ha abierto la puerta y su novia, también de Nueva Zelanda, y me informan de que en la casa hay otra pareja, brasileña.

¿Veis eso de que las habitaciones no estaban en alquiler porque tenían que pasar una inspección?

Era mentira.

La mayoría de los dormitorios estaban ya alquilados cuando yo vi la casa.

Hablo un rato con las dos parejas. Los irlandeses son majos, la neozelandesa no me convence mucho y el neozelandés es abiertamente un cretino. Estamos un rato de palique y decido mencionar que la casa no me transmite toda la tranquilidad del mundo, por ver qué me dicen.

Yo - Oye, una cosa; ¿no es un poco raro que no hubiera nadie viviendo aquí cuando hemos llegado todos?

Pasa una cosa interesante con el miedo, y es que la gente a menudo se calla sus temerosas opiniones porque le preocupa que los demás les vean como unos paranoicos, pero en cuanto encuentran a alguien que comparte su pánico, se relajan y lo sueltan todo.

Neozelandés - Ya lo hemos pensado. No tiene ningún sentido.
Neozelandesa - Aquí tiene que pasar algo malo.
Irlandés - Estamos preocupados con el tema.
Irlandesa - Estamos muy preocupados con el tema.

¡Vaya! Bueno, al menos estamos histéricos en grupo. Siempre está bien.

Meditamos el asunto y decidimos que no puede haber una explicación positiva para la situación. Ahí tiene que pasar algo. Me cuentan otras cosas interesantes:

Irlandés - ¿Sabes cómo se llama la agente?
Yo - Ummm sí. Toni.
Irlandés - Ahá. ¿Toni qué más?
Yo - Mmmm no sé. Ni idea. Pero tampoco le he preguntado.
Irlandés - Pregúntale. Pídele un DNI, verás como no te lo da. Todos los agentes de esta casa tienen nombre de pila pero no te dan el apellido, y estamos bastante seguros de que los nombres no son reales. La página web que viene en el formulario que has rellenado para mudarte no existe.

Igual estamos ya en el nivel inquietante del que hablaba antes.

Yo - ¿Cómo que no existe? ¿Pero esta gente quién es?
Irlandesa - No sabemos, pero nada bueno. Ni legal.

Quedamos en que le voy a preguntar a la no-agente, que está a punto de llegar para recibir mi primer pago, acerca de la extraña situación.

Toni abre la puerta de casa con sus llaves, sin llamar. Entra y le pago una parte de la cifra que me corresponde -todo no, porque los cajeros no dan dinero ilimitado en un solo día, y esta gente no tiene cuenta bancaria-.

Yo - Oye Toni, nos estábamos preguntando sobre la situación de la casa. ¿Cómo es que al llegar nosotros no había nadie viviendo aquí?

Toni responde inmediatamente, sin pensar.

Toni - Oh, no nos entendíamos bien con los inquilinos, no cuidaban de la casa ni limpiaban, y decidimos que era mejor que se marcharan.
Yo - ¿No os entendisteis con nueve personas distintas? ¿A la vez?
Toni - No no, la casa no estaba llena cuando pasó esto. Había muy poca gente aquí viviendo.

Ya.

Toni se va, y los irlandeses nos cuentan que ellos han hablado con los inquilinos anteriores. Una pareja italiana que estaba en la casa cuando ellos fueron a verla.

Irlandesa - Te dicen que te dan dos semanas de aviso si te tienes que ir, pero a los italianos les dieron sólo una.
Yo - ¿Y eso? ¿Qué razón les dieron para echarles con tan poca antelación? ¿Lo de que no limpiaban?
Irlandesa - Qué va, les dijeron que el casero se iba a mudar a la casa, que se tenía que ir todo el mundo.

Sólo ahora me doy cuenta de lo absurdo de la situación. Te tienes que ir de tu casa porque el casero se va a mudar de vuelta, pero esto se lo estás contando a la gente que va a ocupar tu lugar como inquilina del sitio. Es ridículo.

Yo - Pero eso es mentira.
Irlandesa - Ya. Como todo lo demás.
Yo - Madre mía, qué mal rollo.
Irlandesa - Ya. Es todo muy raro. A mí lo que más nerviosa me pone es el armario.

No sé qué es el armario, pero a estas alturas ya tengo claro que vamos a morir todos aquí.

Yo - Qué armario.
Irlandesa - El del rellano. Hay una puerta ahí. No sabemos lo que hay dentro.
Yo - ¿Está candada?
Irlandesa - Sí.

Pues nada. Ahí será donde guarden los cadáveres de los inquilinos anteriores, obviamente.

Tengo que irme a ver una peli, pero continuaré con la segunda parte de la historia en cuanto pueda. Y sí, se pone mucho peor.

Disfrutad de la seguridad de vuestras casas. En mi honor.

sábado, septiembre 19, 2015

Regression: Satanás y sus colegas

¡Cómo no iba a empezar el festival de cine de San Sebastián con una película sobre sacrificios humanos! Qué alegría y qué buen rollo.

Regresión (Regression, Alejandro Amenábar, 2015) inaugura el festival contándonos la historia de una adolescente llamada Angela (Emma Watson) que huye de casa tras sufrir un trauma relacionado con su padre (David Dencik), que se declara culpable a pesar de no recordar nada de lo sucedido. El detective Bruce Kenner (Ethan Hawke), mucho más inteligente y adelantado a su tiempo que la panda de analfabetos ultra religiosos que le rodean, será el encargado de investigar el asunto, que parece tener una estrecha relación con ciertos grupos sectarios satánicos (está todo ambientado en Minessota, 1990. Hubo mucho lío desagradable relacionado con este tipo de grupos por ahí en esa época).

Regresión - Póster

Por empezar por algún sitio, las interpretaciones son buenas; Ethan Hawke hace su papel estupendamente y hay varios secundarios que para mi gusto realizan un muy buen trabajo (a destacar, Dale Dickey como Rose Gray, la abuela de Angela). La calidad interpretativa de Emma Watson da lugar a confusiones; al principio pensé que lo hacía fatal, y al ver la película completa ya no lo tengo tan claro, y Amenábar me aclaró más bien poco en la rueda de prensa -hay spoilers, como en todas las ruedas de prensa-. Si queréis saber a qué me refiero, desafortunadamente, tendréis que ver la película.

Y digo desafortunadamente porque la peli es un rollo.

Emma Watson (Angela) e Ethan Hawke (Detective Bruce Kenner)
El principal problema para mí, creo, ha sido el no saber realmente lo que estaba viendo. ¿Es un thriller policiaco serio o una idiotez sobre fantasmas? ¿Estamos buscando realmente a algún tarado que idolatra a Satanás y sacrifica bebés o se va a arreglar todo con un cameo de Lucifer y un par de personas poseídas? Y yo así no me centro.

Eso sí, la historia está bien resuelta y los diez o quince minutos finales proporcionan conclusiones convincentes que casi compensan el tedio de haber tenido que ver el resto de la cinta. Además, la relación entre Angela y el detective está relativamente bien llevada y la evolución del personaje de Hawke me ha parecido interesante.

Alejandro Amenábar - Rueda de prensa de Regression

Por último, si lo que queréis es ver una película de terror, tampoco en ese caso Regresión es una buena opción. No da miedo. Es bastante desagradable de ver a ratos, pero miedo no da ninguno.

En resumen, el final de la película hace que verla no sea una total pérdida de tiempo, pero no es suficiente para que la recomiende.

Tal vez con otro trasfondo habría funcionado mejor. A mí es que Satanás no me impone mucho respeto y me aburro. Menos si está leyendo esto. Si está leyendo esto, Satanás es lo más y el rojo es el color de moda.

Por si acaso.


p.d. Como todos los años, probablemente no responda los comentarios hasta que termine el festival, por cuestiones de tiempo. Pero sí que los leo. Que lo sepáis.

lunes, septiembre 14, 2015

El corredor del laberinto: Las pruebas, o por qué hay que fijarse en la calificación por edades antes de ir al cine

Este viernes empieza el 63 Festival Internacional de cine de San Sebastián.

Dentro de lo muchísimo que me alegro de que me dejen entrar un año más a pesar de mi muy inexistente licencia de periodista, soy consciente de que estar nueve días viendo cine social y profundo y probablemente en coreano, o croata, o húngaro, puede ser agotador. Por eso estoy viendo todo el cine superficial (léase romántico/de aventuras/de acción) que se me pasa por delante.

Así he pagado ayer más de doce dolorosas libras por ver El corredor del laberinto: Las pruebas (Maze Runner: The Scorch Trials, Wes Ball, 2015).

El corredor del laberinto: Las pruebas - póster

La sinopsis es la siguiente (si no has visto la primera parte de la saga, no leas el siguiente párrafo):

Tras haber conseguido salir del laberinto aquél malrollero de la primera película, Thomas (Dylan O'Brien) y sus colegas (Ki Hong Lee, Kaya Scodelario y Thomas Brodie-Sangster, entre otros) tendrán que averiguar qué esconde la misteriosa gente que les ha rescatado. Porque obviamente algo esconden, si no la peli se acabaría a los quince minutos. Y ya no cuento más.

Como peli de aventuras no está mal, y más de la primera mitad de la historia es muy entretenida, pero llega un punto en el que ya tienes ganas de que se termine y está tan mal rodada que en la mitad de las escenas no sabes lo que estás viendo. Es hasta mareante prestar atención en las persecuciones y demás escenas de acción, porque, supongo, han puesto al cámara a correr como un loco detrás de los protagonistas y aquello es un desastre. Los actores tampoco son ninguna maravilla, y hasta los que son buenos no resultan demasiado convincentes, así que no sé, culparemos al director.

Thomas Brodie-Sangster (Newt), Kaya Scodelario (Teresa), Dylan O'Brien (Thomas), Ki Hong Lee (Minho), Jacob Lofland (Aris, el que está ahí medio escondido detrás de Ki Hong Lee), Alexander Flores (Winston) y Dexter Darden (Frypan)

En resumen, ¿recomiendo El corredor del laberinto: Las pruebas? Pues si queréis ver algo para pasar el rato, sí, pero incluso con esa perspectiva se acaba haciendo un poco larga. Una joya no es.

Pero bueno, yo lo que venía a deciros es que, por dios santo, si vais a llevar a los críos al cine, miréis antes la calificación por edades. Que en ésta ponía por todos lados que no era para menores de doce años, y aún así allí se han presentado familias con churumbeles que no tendrían ni seis. Y resulta que Las pruebas éstas no son para niños ni por asomo. Yo tampoco me esperaba que fuera tan agresivo el tema, pero resulta que la cinta tiene torturas, tiros, prostitutas,


SPOILER (selecciona el texto para verlo mejor)



zombies (¡zombies! ¡El corredor del laberinto es una peli de zombies! Lo que me faltaba por ver),


FIN DEL SPOILER


gente moribunda, sustos, cadáveres y otro montón de cosas que, de verdad de verdad, no queréis que vuestros hijos vean. Ni vuestros sobrinos. Ni ese amigo que tiene 32 años pero es muy sensible.

De hecho, dudo que el chico que se sentaba a mi lado estuviera de acuerdo con la calificación "para niños de 12 años como mínimo", teniendo en cuenta el grito que soltó en una de las escenas. Y es que, quién lo iba a decir, la segunda parte de El corredor del laberinto es prácticamente una peli de terror. Una muy muy flojita, pero de terror al fin y al cabo. Pero vamos, que a mí las historias de miedo me traumatizan enormemente (por eso nunca voy al cine a verlas), y después de ésta dormí tranquilamente, así que ya os digo que es muy light. Pero para niños, no.

Y esta ha sido mi manera de meterme en cómo tenéis que educar a vuestros hijos aunque no me lo hayáis preguntado.

Besitos.