jueves, agosto 13, 2015

Plagas

Cuando tenía quince o dieciséis años leí un libro llamado Barrotes de bambú. Iba de unos jóvenes que se infiltraban en una secta para desmantelarla, y básicamente era una novela hecha para alertar a los adolescentes del peligro de los grupos sectarios.

Me gustó, pero eso da igual. El caso es que uno de los personajes protagonistas, Valentine, es un yonqui que vive una temporada en un piso pequeñajo y horroroso, y que después de una temporada consigue mejorar su vida y trasladarse a una casa mucho mejor. Recuerdo que el personaje decía que se alegraba de haber vivido en su primer piso, porque eso le ayudaba a valorar lo que tenía.

Por alguna extraña razón, yo quería que me pasar algo así. Lo de ser una drogadicta mejor no, pero lo de vivir en algún antro un tiempo por dificultades del destino, para conocer lo que es vivir una mala situación y así valorar después las cosas, me parecía súper romántico.

La buena noticia es que parece que algunos sueños se hacen realidad.

La mala es que cuando era una adolescente era idiota.

Buscar alojamiento en Londres te hace temer al mundo y preguntarte dónde acaba la civilización y empieza el tercer mundo. Después de unos días de búsqueda ya ni los hoteles me parecen tan malos.

¡Pero aprovechemos mi estancia en la capital! ¡Aprendamos inglés!

Primera lección: "Piso" se dice "flat". También puedes decir "apartment", pero por lo visto eso es más de EEUU.

Sigamos.

Tras ajustar precios, acotar áreas y descartar mil opciones, al final voy a ver cuatro casas.

La primera está en la calle principal del área, es grande, para mí sola y la inquilina sólo se cambia porque necesita algo un poco más grande.

Y además cuesta más de 1500 euros al mes.

Siguiente.

La segunda es un agujero andrajoso perdido en medio de ninguna parte, sin acceso cercano a transportes, tiendas, ni humanos en general. Contiene un sofá con aspecto de haber pasado su juventud en la peña de algún pueblo de la sierra, alternando su funcionalidad entre alojar a quinceañeros enrollándose y borrachos vomitando.

No me va mucho, no.

La tercera es un estudio con cocina, baño y jardín, a diez minutos de la calle principal y cinco del metro, con muebles baratos pero nuevos. Y además es, dentro de lo que cabe, asequible. Pero los inquilinos no se van hasta dentro de diez días.

Me voy planteándome si merece la pena pagar diez días de hoteles cutres y carísimos.
La cuarta es una casa victoriana, enorme. Tiene habitaciones por todas partes; hay un montón de gente allí dentro. La que sería mi habitación parece sacada de una peli de terror, llena de cosas viejas y oxidadas y con una cocina con pinta de estar a punto de explotar o de caerse a trozos. El cuarto de baño, compartido, incluye WC, lavabo, bañera y probablemente, tétanos.
Huyo de allí como si la casa estuviera en llamas.

Poco después de ver este último sitio, llamo para decir que me quedo con el estudio. El hotel me va a salir caro, pero viendo lo que hay por ahí este piso es estupendo, así que me lo quedo.

Pasan diez días y al fin puedo mudarme.

Llego el sábado al sitio y firmo el contrato. El tipo de la agencia es un cretino  integral, hipócrita y condescendiente hasta el infinito, pero sólo tengo que aguantarle un rato y luego puedo irme a comprar cosas para mi piso nuevo.

¡Qué guay!

Compro sábanas, toallas, una almohada. Me vuelvo a mi nueva casa tan contenta, hago la cama y decido que mañana sigo comprando. Además ya es casi de noche y están cerrando las tiendas.

Tengo casi todas las luces apagadas, así que no se ve muy bien, pero...

¡Oh!

¿qué es eso que se intuye al lado del fregadero? ¿Es posible que haya algo moviéndose?

Segunda lección: "cucaracha" se dice "cockroach". "Roach" para los amigos.

Cucarachas en casa, qué bien. Y nada más llegar.

Yo no soy una persona especialmente histérica con el tema de los bichos, de verdad. Tengo una casa en el campo y puedo convivir con arañas y escarabajos sin inmutarme en exceso. Las polillas me dan mal rollo, pero sin más. Y, efectivamente, puedo corroborar que tener cucarachas en casa es una de las cosas más repugnantes que te pueden pasar en la vida.

Nuestras amigas salen de una grieta al lado del fregadero, pero parece que no se alejan mucho de la zona. Duermo con la luz encendida, mitad porque me da grima estar en la oscuridad con esos bichos y mitad porque sé que con luz salen menos.

Mi estudio es una de las habitaciones dentro de una casa grande, así que tengo una mezcla entre vecinos y compañeros de piso -la lavadora, secadora y microondas son compartidos-. Investigo y todos los habitantes de la casa me confirman que ellos no han visto una cucaracha en la casa jamás.

Así conozco a Brew, una encantadora y alegre galesa que vive con su novio, es profesora de jardín de infancia y cree que el veganismo cura el cáncer. No se puede tener todo.

Brew - Cucarachas no, pero tuvimos ratas así de grandes -separa las manos hasta indicar el tamaño de un gato mediano- durante un montón de tiempo.

Qué maravilla. Lo tengo todo.

A la mañana siguiente, domingo, envío un email al imbécil de la inmobiliaria. No me apetece quebrarme la cabeza buscándole un nombre, así que

Tercera lección: "gilipollas" se dice "asshole". A este llamémosle Assh, para acortar.

Decido que no me apetece esperar a que me conteste al email, así que llamo a Assh para decirle que he visto presupuestos de fumigación, que si les llamo. Me contesta, ojo:

Assh - No sé, Key... nadie más las ha visto, así que yo creo que esto va a ser que no son cucharachas, sino que son bichos normales en Reino Unido pero como tú eres de fuera no estás acostumbrada.

¿Perdón?

Tan anonadada me hallo, y tan incapaz de quitarle la razón en el momento, porque realmente yo hasta este momento no había visto cucarachas de verdad jamás, que escucho flipando en colorines cómo el tipo me pide fotos de los bichos "para que vea él qué es eso" y me cuelga.

Dos días pasan, con sus dos noches durmiendo con las luces dadas, y llamo a Assh por teléfono.

Assh - Yo mandaría a los fumigadores, pero es que de verdad yo creo que son insectos normales aquí en Reino Unido, pero que como tú eres extranj...

Cuarta lección: "me parece irrelevante qué insecto sea, creo que deberíais mandar fumigadores en cualquier caso y además no estoy nada contenta con cómo estáis llevando este asunto"

se dice

"ARE YOU FREAKING KIDDING ME I DON'T GIVE A SHIT WHAT KIND OF BUG IT IS YOU JUST SEND PEST CONTROL RIGHT NOW OR I SWEAR TO GOD I WILL FIND A WAY OUT OF THIS CONTRACT YOU BUNCH OF BLOODY INCOMPETENTS".

Al día siguiente los fumigadores están en mi casa.

Pues bien, he aquí algo a tener en cuenta para el futuro:

Resulta que cuando se fumiga una casa contra las cucarachas, éstas se vuelven locas. Huyen del veneno como pueden y dejan de esconderse. Que Dios o Satán o el Monstruo del Espagueti Volador os proteja de tener que dormir en una habitación en la que cada diez minutos una cucaracha trepa por la pared, o sale de un cajón, o aparece de detrás de una cortina. Y por si os lo estáis preguntando, ya eran más de las doce y por tanto no podía encontrar un hotel porque las webs de reservas consideran el día como terminado. Sin tener en cuenta, claro, que a la mañana siguiente había que ir al trabajo, así que tampoco podía ponerme a llamar a alguien que me acogiera a la una de la madrugada.

El horror, fue aquello.

Tras este traumático episodio, los de la inmobiliaria envían a un equipo de limpieza -los inquilinos anteriores no limpiaron- y aquello empieza a parecer habitable.

Sigo viendo cucarachas, pero ya son muy pocas y algunas aparecen muertas, así que me relajo un poco y empiezo a usar la cocina y los armarios.

Llega el sábado y oigo algo en la cocina. Creo que es Brew. Me asomo.

Brew está subida en el escalón que separa el comedor de la cocina, con un bote de limpiador de cocina en spray en la mano, gritando:

Brew - ¡Morid! ¡¡MORID!!

???

¿Será que ahora las cucarachas están también en la cocina? Miro al suelo y...

¡Oh de nuevo! ¡Hormigas esta vez!

Por todas partes. Por todas partes. Corriendo como locas, cubriendo el suelo.

Yo - ¿Pero qué ha pasado?
Brew - ¡No sé! ¡Estaba ahí en la mesa trabajando y de repente han aparecido todas! ¡Y mira las paredes!

Miro a las paredes.

Una plaga de algo que no sé si son mosquitos u hormigas voladoras invade toda la pared.

Yo - ¿¿¿Pero qué mierda de piso es éste???
Brew - ¡Ya lo sé! ¡Qué asco! -le enchufa lejía a todo lo que se mueve, con tanto ímpetu que me da miedo que me fumigue a mí- ¡¡MORID!!

Me voy a mi habitación y echo lejía en el suelo que da a la cocina (las paredes no llegan al suelo porque la casa está mal hecha, así que las hormigas de la cocina sólo tienen que pasear hasta mi cuarto para entrar por debajo de la pared) con el fin de que no pasen de ahí y no me invadan la habitación.

Avisamos a los de la inmobiliaria y les mandamos fotos de las hormigas, pero, por supuesto, no nos hacen ni caso.

Sin saber muy bien por qué aparecieron siquiera, las hormigas dejan de llegar.

Bueno. A lo mejor ya se acaban los bichos y puedo vivir tranquila.

O igual no.

Pasan un par de días y la situación se va normalizando, hasta que un día oigo algo en el jardín.

Suena como si un perrito estuviera intentando entrar.

¿Creemos a estas alturas de la historia que algo tan adorable como un perrito va a tener cabida en este post? Evidentemente no.

Lo que está arañando y chillando al otro lado de la puerta es una rata.

Ya me dijeron al llegar que no dejara la puerta que daba al jardín abierta, porque se podía meter algún bicho. Viendo el estado del jardín es fácil deducir que si dejo la puerta abierta diez minutos lo que se van a meter son ratas, zorros, anacondas, un par de vecinos, el camión de la basura y la reina de Inglaterra.

A partir de entonces, cada tarde que me asomo al jardín puedo ver algún roedor gigante correteando entre los hierbajos.

Así que yo ya no abro más la puerta del jardín.

Pero oye, que si las ratas se quedan en la jungla ésa que tenemos por patio, pues bueno. No está mal.

¿Se quedan las ratas en el jardín?

No.

Las criaturitas peludas y muy probablemente portadoras de rabia deciden que dentro de la casa parece que se va a estar bien. Así que se mudan al interior de las paredes de mi estudio y del pasillo principal.

Pues bien, aquí nuestras colegas las ratas se dedican a chillar como locas a las tantas de la mañana, con lo que dormir del tirón se hace complicado.

La comida no es problema, porque a costa de las cuquis ya lo tenía todo metido en tuppers, pero aún así no me emociona en especial la posibilidad de que haya ratas correteando entre mis cosas.

Lo único bueno es que estoy a un par de plagas de que reescriban la biblia conmigo de protagonista.

Avisamos a la inmobiliaria con las nuevas noticias.

Ni caso.

Vuelven las cucarachas. Vuelven las hormigas. Las ratas no se van.

Y yo he firmado seis meses de contrato con esta gentuza, que considera que no ha incumplido el contrato porque "están haciendo todo lo posible para librarse de las plagas", y que está claro que tiene más dinero y mejores abogados que los que pueda pagar yo.

¿Solución?

Grabarlo todo.

Tengo vídeos a cascoporro de cucarachas de todos los tamaños y modelos corriendo por prácticamente cada habitación de la casa. Una vez acumuladas las pruebas, llamada de teléfono diciendo que no pienso pagar el próximo mes y que quiero salir del contrato. Email al casero diciendo que tengo pruebas de todo y que las cucarachas de marras están afectando a mi salud (no es mentira. Las primeras semanas no comía y hacia el final tenía pesadillas con el tema).

Así que tras vivir en una de las habitaciones vacías de la casa durante unos días porque en mi estudio había cuquis corriendo por el colchón, lavar toda mi ropa y guardarla en bolsas herméticas, y gritarle un montón de barbaridades por teléfono a otro agente inmobiliario, me he librado del contrato.

Les he llamado de todo así que supongo que harán lo posible por no devolverme la fianza, pero a estas alturas ya me da igual mientras no tenga que seguir viviendo en ese infierno de zoo.

He pagado hasta el 19 de este mes y ahora estoy en un hotel desde el domingo, además de haber gorroneado un par de días en casas de amigos. Así que estoy palmando pasta como una campeona.

La gente quiere ser rica para viajar por el mundo y comprarse un yate. Yo quiero ser rica para comprarme un abogado de ésos carísimos y demandar a este hatajo de energúmenos.

El viernes me mudo a otra casa. Veremos con qué me sorprendo esta vez.

Londres es maravilloso.