martes, julio 07, 2015

Acogedores hoteles londinenses

¿Habéis estado alguna vez en un hotel de Londres?

Son malos.

Son terribles, más bien.

Y caros. Carísimos.

Cuando me enteré de que me habían contratado en Londres, organicé el viaje corriendo como buenamente pude y reservé una habitación en un hostalito que está en medio de la zona en la que quería buscar piso.

De este sitio poco tengo que contar, al margen de que, a pesar de costar 76 euros la noche, había letreros en los que ponía que candaras la puerta, sobre todo por la noche, y que si te robaban en la habitación era problema tuyo. La cisterna si no aplicabas una técnica específica no funcionaba, el baño tenía la luz rota y en la habitación sólo había una bombilla con la que por la noche no se veía nada. Además, si ponías la maleta encima de la mesa, la puerta no se abría por falta de espacio, y para abrir la puerta de la habitación tenías que cerrar la del baño por la misma razón.

Pero oye, los dos hermanos nepalíes que llevaban el chiringuito eran majísimos y me daban de desayunar huevos fritos con bacon y alubias. Así que podría haber sido peor.

Pero el segundo hotel.

Virgen santa el segundo hotel.

Cuando al fin me decanté por uno de los pisos que había visto (terrible error. Si tengo un rato os lo cuento en otro post), me trasladé a otro hotel porque el piso no quedaba libre hasta diez días después y el hostal de los nepalíes ya no tenía habitaciones para mí.

Lo terrible de este nuevo sitio no era el moho de la moqueta, ni que no te dieran gel ni champú y te tuvieras tú que lavar el vaso a la hora de desayunar. Ni que un día me encontrara con que no tenía toallas en el baño. Lo malo no era siquiera el hecho de que estuviera en una zona exclusivamente de indios y las únicas tiendas de la calle fueran de vestidos de novia tradicionales, de esos de colorines que llevan. No voy ni a despotricar porque no hubiera ascensor y yo y mi maleta de un millón de kilos nos alojáramos en un tercer piso.

Lo malo de este cutre y siniestro lugar era la gente.

Diez días he vivido en este sitio, y os puedo contar dos historias.


1. El caso de la familia que casi me hace llamar a los bomberos

Llego del trabajo, abro la puerta, dejo mis cosas en la cama y me siento. Me dispongo a ponerme el pijama, cuando oigo niños gritando.

Estarán jugando. Aunque también grita una señora. Ummm les estará llamando la atención por algo.

Gritan más. Gritan muchísimo más. Les pasa algo.

Gritan todavía más y vuelvo a vestirme corriendo porque es evidente que pasa algo malo. Por el volumen y la desesperación de las voces deduzco que hay fuego en el edificio, así que salgo corriendo de la habitación.
 
No huele a nada. No veo nada raro. Pero a esa gente está en peligro o algo hay ahí, y yo no les entiendo porque aquí son todos indios. Bajo a recepción brincando por los escalones.
 

INCISO

En este hotel hay tres recepcionistas. Todos indios, claro.

Recepcionista#1 está completamente fuera de lugar en este sitio. Es un tipo con clase, bien vestido, con una postura impecable y un tono de voz sosegado y respetuoso. Da los buenos días, informa de lo que preguntes, y el día que me fui de allí me pidió un taxi y me ayudó con todo lo que pudo. Lo que viene siendo un buen recepcionista.

Recepcionista#2 sabe que ese hotel es una mierda, y lo lleva bien. Aún así, es ligeramente consciente de que la extrema cutrez que le rodea tal vez pueda llegar a ser un problema para la clientela y a veces le da cierta vergüenza la situación, así que hace amago de intentar complacer a los clientes mientras se medio disculpa por todo. No está mal del todo.

Recepcionista#3, que en realidad creo que son dos o tres personas distintas pero son indistinguibles porque todos se comportan igual, ha aceptado completamente su destino como empleado en un antro hotelero londinense y no intenta en absoluto luchar contra ello. Pasa los días jugando con el móvil y manifiesta abiertamente lo mucho que le molestas cuando le haces preguntas irrelevantes y absurdas que no tiene por qué responder, del tipo "dónde está el restaurante".

Pues bien, el presente en estos momentos era Recepcionista#2

FIN DEL INCISO


Yo - Hola. Hay gente gritando cerca del edificio. Les pasa algo, pero como no entiendo el idioma no sé qué es, ¿puedes venir a ver si tú les entiendes?
Recepcionista#2 - Ah, ya, no te preocupes.

...

Yo - ¿Cómo que no me preocupe? ¿Pero ya sabes de qué estoy hablando? ¿Les has oído?
Recepcionista#2 - Sí, es que hay un problemilla con una familia en una de las habitaciones, pero no pasa nada.
Yo - ¿Pero cómo que no pasa nada? ¿Esas voces son de dentro del edificio? Pero que están gritando como si les estuvieran matando, literalmente - no hago incapié en ello porque por más que lo explique, sin oírlo no lo vais a entender, pero cuando digo que pensé que estaban matando a alguien o que alguien se estaba quemando vivo lo digo de verdad -.
Recepcionista#2 - Ya, jeje -el tipo sonríe y se encoge de hombros-, líos familiares; ya está ahí la policía, les hemos llamado hace un rato.

¡Pues nada! ¡Lo normal!

Así que nada, me imagino que el padre estaría zurrando a todo miembro de la familia que se le acercara y su mujer e hijos enloquecieron cuando la policía lo sacó a rastras de allí.

Encantador.

Pero esto es casi lógico y normal si lo comparamos con...


2. La historia del documento crucial

Estoy sentada en la cama, básicamente porque en este hotel de mierda no hay mesa ni silla, cuando llaman a la puerta.

Ya son más de las nueve, y eso en este país es tarde, así que me extraña muchísimo. Abro tras hacer ciertas comprobaciones de seguridad y veo, como no, a Recepcionista#2.

Recepcionista#2 - Hola, siento mucho molestarte. Es que hay un pequeño problema.

Y ahora qué.

Yo - ¿Qué pasa?
Recepcionista#2 - Verás, es que el inquilino que se alojó en esta habitación justo antes que tú ha aparecido diciendo que durante su estancia guardó un documento crucial debajo del colchón, y se ha olvidado de cogerlo.

Hombre claro, que si había una habitación maldita o una en la que se hubiera muerto alguien o una en la que el tarado del inquilino anterior se fuera dejando documentos decisivos por ahí iba a ser la mía. Que parezco nueva.

Yo - Vaya. Y quieres entrar a buscarla, claro.
Recepcionista#2 - Si no te importa.
Yo - Nada hombre. A ver que quitemos las cosas de la cama.

Despejo todo, el tipo levanta el colchón, y... 


¡oh!

¡sorpresa!

¡ahí no hay nada de nada!


Ni emoción tiene el asunto. Al menos podíamos haber encontrado la carta y que resultara ser algo que decidiera el sino del universo.

Pero no.

El hombre se disculpa otra vez y se va.

Cierro la puerta, vuelvo a poner la maleta en el suelo de manera que sea imposible entrar desde fuera -por si no lo he dicho, este sitio no me da ninguna confianza- y me quedo de pie observando la cama.

Miro debajo de las sábanas, del colchón, de la cama. Encima del armario, dentro de la mesilla, detrás de los pocos muebles que hay. Ahí no hay nada. Me vuelvo a meter en la cama.

Pasan veinte minutos y...

TOC TOC TOC TOC.

¿En serio?

Me levanto. Abro la puerta y ahí está, Recepcionista#2 con un señor enorme al que no conozco de nada. Levanto mucho las cejas.

Recepcionista#2 - Hola... lo siento muchísimo pero este señor insiste en que ese documento es muy importante y quiere buscar él.

Dos desconocidos registrando mi cuarto, por qué no.

Yo - Sí, mira, prefiero que busque él porque si no no se va a quedar tranquilo. Voy a quitar mis cosas de la cama -el señor entra en la habitación y me dirijo al recepcionista-. Pero sujeta la puerta y que no se cierre. Al fin y al cabo no sé quién es este tío.
Recepcionista#2 - Claro, claro. Por supuesto.

Entre los tres quitamos todo de la cama mientras vigilo que no sea todo una excusa para robarme el portátil o algo por el estilo. Pero no. El hombrecillo está visiblemente alterado.

Que si tan importante es podía haberse acordado de cogerla y dejar de darme la brasa, también digo.

Obligo a Recepcionista#2 a levantar la cama para que vean realmente que ahí no hay nada.

Yo - ¿Has preguntado a los de la limpieza? Si han cambiado las sábanas tienen que haberlo visto.
Señor desquiciado - Se lo he dicho, pero no me toman en serio.
Yo - ¿Pero qué estamos buscando? ¿Un recibo o algo así?
Señor desquiciado - Una carta.

Y, como ya os estaréis imaginando, la carta nunca apareció. Los dos señores se fueron disculpándose muchísimo y yo pasé los días restantes en el hotel pensando que el tipo alterado iba a venir a matarme pensando que yo le había robado la carta de marras.

Pero ya me he mudado y no ha pasado nada de eso, así que nada. Nunca sabremos qué pasó.

Y ya está. Ésa ha sido mi alentadora experiencia en los hoteles de Londres. 

Espero haberos dado unas ganas locas de venir. El alojamiento es estupendo.