jueves, abril 30, 2015

Enjuague bucal monodosis

Puede que, por razones de la vida, no os hayáis visto nunca en la coyuntura de tener que contratar a un stripper negro.

Pero no pasa nada. Ya os cuento yo cómo es la experiencia.


2011, Facultad de Ciencias de Salamanca:

Iris - Cuando yo me case, lo único que quiero en mi despedida de soltera es que el stripper sea negro.
Yo - Has dicho eso tantas veces que estoy empezando a tomármelo en serio.
Iris - Que lo digo totalmente en serio. Y además la despedida la vas a organizar tú. Así me aseguro de que no me hagáis hacer ninguna barbaridad.


Y así, escuchando referencias al stripper negro periódicamente, pasan los años. Llegamos a finales de 2014 y, como ya estaréis imaginando, resulta que Iris decide que se casa.

¡Qué bien! ¡Qué bonito! La gente piensa en vestidos, en tartas, en la fiesta de la despedida. Yo pienso en lo estupendo que va a ser decirle a la compañía de eventos de turno que si el stripper no es negro entonces no me interesa.

Una de las primas de la novia abre un grupo masivo en whatsapp, con todas las invitadas a la despedida. La vida de gente hay ahí metida. Esto va a ser una fiesta.

Alguien en el grupo informa de que el jolgorio va a ser en Madrid.

¡Madrid! ¡Entonces no hay problema! En Madrid hay de todo, ¿cómo no va a haber strippers de colorines? Esto se organiza solo.

Me siento en mi salón con un navegador abierto delante de mí y el teléfono en la mano. Empezaré por los candidatos que ya han localizado las chicas del megagrupo de whatsapp. Las muchachas han hecho el esfuerzo de estar horas mirando fotos de tíos cachas en internet, así que habrá que honrar su trabajo.

Primera compañía de eventos. Marco el número.

Piiiiiii. Piiiiiii. Pii-

- ¿Diga?
Yo - Hola, estoy organizando una despedida de soltera y quería contratar a un stripper.
- Vale. ¿Fecha?
Yo - 18 de abril. Y necesito que el stripper sea negro. Preferencias de la novia - a ver si te vas a pensar, Iris, que voy a conseguirte al negro de marras sin enmarronarte por el camino -.
- Uy, pues lo vas a tener complicado. En Madrid ya no hay strippers negros.
Yo - ¿Qué? ¿Ninguno?

Aquí paso a recibir una extensa y detallada explicación acerca de cómo antes había dos boys negros en la capital, pero que ya se han retirado y ahora, de encontrar uno, será algún aficionado que a saber qué chapuza de espectáculo nos ofrece.

Pues mira tú que igual voy a tener un problema.

¡Pero no pasa nada! Al final esto es un negocio como otro cualquiera. Seguro que el tipo me ha dicho esto porque, como él no tiene lo que estoy buscando, quiere convencerme de que lo que quiero no existe para así obligarme a contratar algo de lo que sí me puede ofrecer.

Esto llamando a otras compañías se soluciona.

Llamo a aquitufiesta.com.

Me cuentan la misma historia.

Stripersmadrid.es.

No.

Martín Espectáculos.

Nada.

El Templo del placer, mundoweekend, tushowmadrid.

Que no.

Tras llamar a once -ONCE- compañías de este tipo, lo más que consigo es algún mulato y la -falsa- promesa de que me llamarán en cuanto ubiquen a sus empleados negros. 

Bueno.

¿Y ahora qué hago?

Cuento el percal en el grupo de whatsapp. La gente se estresa, y con razón. Un requisito tenemos que cumplir, y a este paso no lo conseguimos.

Las invitadas empiezan a buscar. Al cabo de unos días estamos tan desesperadas que ahí ya está buscando todo Cristo, pero nadie encuentra nada.

Me dan el teléfono de varios freelance, que andan por ahí cada uno en una ciudad. Les llamo a todos, y no llego a ninguna conclusión salvo a la de que el gremio de los strippers es extraordinariamente amable. Qué chicos más majos. Pero no me sirven, porque o están demasiado lejos y no les cunde ir a Madrid, o son blancos. Estúpida gente blanca. No me servís para nada.

Pasan las semanas mientras seguimos buscando frenéticamente, y otra de las primas de Iris aparece de pronto anunciando...

¡Oh!

¡Maravilla!
 
¡que conoce a un stripper negro que vive en Salamanca pero que está dispuesto a ir a Madrid!


ALABADO SEA EL SEÑOR





El señor negro, se entiende.

Alegría, alborozo, nadie se lo puede creer; parece que después de todo vamos a poder montar el dichoso striptease, y del color adecuado.

¡Ya está todo controlado! En el hotel ya nos han dicho que no podemos meter a al chico, así que voy a llamar a los dos bares en los que tenemos invitaciones en Madrid, que seguro que tienen algún reservado y podemos meter ahí al tipo.

Primer bar. Me paso dos días hablando por teléfono con diversos empleados del local, para acabar recibiendo la triste noticia de que el dueño no tiene ninguna intención de dejarnos meter ahí a un chaval que se quita ropa a cambio de dinero.

Vaya por Dios.

Segundo bar. Días llamando hasta que consigo que alguien coja el teléfono, para escuchar, de nuevo, que de montar un striptease ahí, nada de nada.

Vale. Que no cunda el pánico. En Madrid hay discotecas con salas privadas, ¿no?

Investigo.

Investigo investigo investigo.

¡Las hay! Por miles de euros la hora. Literalmente. Muy bien.

Pongo de nuevo al corriente de la situación al grupo de whatsapp, a ver si buscando entre todas llegamos a alguna parte.

Pasan los días y de nuevo, el milagro; la cuñada de la novia puede encasquetarnos a todas en el piso de su hermana. Le pagamos a los inquilinos una cifra interesante, y asunto resuelto.

Igual pensáis que aquí se acaban los problemas, tenemos un striptease sin mayores incidentes, y a otra cosa.

¡Ajá! ¡NO!

Porque uno de los habitantes del piso decide...

¡contarles a sus padres el plan!

¡Súper bien! ¡Muchas gracias, colega!

Los padres, obviamente, tardan como siete segundos en decirle a su hijo que en su piso no meten a trece borrachas y un tío desnudo ni aunque les paguemos la hipoteca de la casa.

¡Así que faltan diez días para la despedida y no tenemos dónde poner al stripper!

Hemos descartado mil cosas por cuestiones de precio o lejanía, y nos estamos quedando sin ideas. Y entonces me planteo que a lo mejor, teniendo en cuenta que le pagaríamos, puedo tener algún amigo en la city dispuesto a dejarnos su casa para un rato.

Um... necesito a alguien que viva en Madrid, a ser posible sin compañeros de piso, y cuya cordura mental diste mucho de lo que se suele considerar ideal; si no, no va a aceptar este percal ni de broma.

A quién conozco yo así.

Sé que hay alguien.

Tengo el nombre ahí en la punta de la lengua.

Residente en Madrid, sin compañeros de piso y que esté como un cencerro.




Por Dios santo, Naar. Por qué no lo he pensado antes, qué lenta estoy.

Abro mi correo. Escribo.




De: Key Hunters
Fecha: 12 de abril de 2015, 20:49
Asunto: Negocios
Para: Naar tirando pa'lante

¡Hola!

¿Puedo meter en tu casa a un estríper y a trece chicas de despedida de soltera?

[...]

Sería el 18 de abril, hacia la una de la madrugada. Y luego si te cuadra te vienes de fiesta :D Te pagaríamos alrededor de cien euros, calculo.

NAAR JELP MI.


Key




Naar responde. Por cuestiones logísticas no puede meternos en su casa, y tampoco en ninguno de los cuarenta mil sitios en los que ha preguntado.

¡Pero!

¡Me da la dirección web de un hotel por horas en el que dice que a lo mejor nos acogen! ¡Gracias Naar!

Entro corriendo a ver qué es el sitio ése, veo los desorbitados precios, y cojo el teléfono para llamar igualmente, a ver si hay suerte. Al fin y al cabo somos doce a dividir la cifra.

Lo que sigue ahora son dos días de conversaciones con diferentes empleadas del hotel, en las que discutimos cuál es la mejor habitación para meter a presión a tanta gente, ya que, obviamente, los cuartos no están diseñados para este tipo de situaciones.

- La habitación más grande es la de la cama en forma de media luna - (!) -, puede que ahí quepáis mejor. Pero tendríais que sentaros en la cama, porque casi no hay espacio en el suelo.
Yo - ¿Y no podemos mover los muebles? Luego lo dejamos todo como estaba.
- No, es que las camas son de obra. Están ancladas.

Virgen santa. Bueno. Al fin y al cabo estos hoteles están para lo que están, así que no sé de qué me sorprendo.

Yo - Vale, ¿y el precio? La necesitaríamos una hora.
- ¿Cuántas sois?
Yo - Trece y el stripper.
- Grupos de catorce no recibimos, te haría precio de ocho personas.

Grupo de ocho. Así que realmente hay grupos de ocho personas que contratan habitaciones por horas para ir a montar ahí orgías a lo loco. Bueno, o para jugar al Monopoly sin que les molesten. Qué sabré yo.

Yo - Me vale -como si no quepo en el cuarto y tengo que escuchar el striptease desde el pasillo. A mí dame una habitación -.

Me dice el disparatado precio y, tras diversas llamadas, discusiones entre las propias empleadas y notificaciones al grupo de invitadas, llegamos a la conclusión de que lo mejor es que nos metan en una habitación más pequeña pero que tiene algo más de espacio en el suelo.

¡Así que tenemos sitio!

¡¡VIVA!!

Y bien, a lo que venía yo hoy, que, no os lo vais a creer, pero toda esta historia que os he contado era sólo el contexto.

Hablemos de los hoteles por horas.

La entrada a este sitio tiene puerta doble, como eso que tienen en los bancos para que no puedas salir corriendo con una bolsa de deporte llena de billetes. Sólo que aquí está, si no me equivoco mucho, para que si hay un cliente en recepción y tú llegas en ese momento al sitio, puedas esperar ya dentro del hotel pero sin llegar a entrar en el hall. De esta manera, la recepcionista puede dejarte esperando en el tramo que hay entre las dos puertas en lo que ella se deshace de la persona en cuestión, todo ello sin que tengáis que veros. Y cómo consigue esto sin que os crucéis, os estaréis preguntando. Fácil: porque al edificio se entra por una puerta y se sale por otra distinta.

Además, una vez en tu habitación, sólo puedes salir llamando por teléfono primero a la recepcionista, para que ésta te escolte hasta la puerta. Así se aseguran, de nuevo, de que no te encuentres a nadie por los pasillos.

De la vitrina con antifaces, lubricantes y todo tipo de cacharros sexuales que tienen expuestos en recepción ni digo nada, porque al fin y al cabo es lo de menos, pero oh, la habitación. Qué maravilla.

Entro por la puerta con Cleo, Lily y Snow.

- Hala.
- Vaya.
- ¡Hay espejos por todas partes!
- Y luces rojas. LUCES ROJAS.
- ¿Y esto?

Nos apelotonamos alrededor del catálogo que han dejado al lado de la cama, en el que vemos anunciado el columpio del amor.

Me estaba resultando algo agresivo que hubieran dejado dos condones en la cabecera de la cama, pero ya se me ha pasado.

Nos hacemos fotos varias reflejándonos en varios de los setecientos espejos que forran los alrededores de la cama, el techo y toda la habitación en general, decidimos cómo vamos a colocar a todo el mundo en tan poco espacio y me voy a ver qué me encuentro en el baño.

En el servicio no hay gel, ni champú. Ni siquiera hay jabón de manos. ¿Sabéis lo que sí hay? Enjuague bucal.

Sutiles.

Además, las toallas están precintadas. Snow dice que será porque las traen de la tintorería; yo creo que se deshacen de ellas -probablemente con un lanzallamas- cuando un cliente se va, y aparecen precintadas porque las acaban de comprar. Una buena idea, probablemente.
Descubrimos que sí que hay gel, pero está en el jacuzzi, junto con el bote de agua de colonia. Ni sabía que siguiera comercializándose eso.

Y bueno, sin más. El stripper llegó tarde pero dio un buen espectáculo, la recepcionista nos amplió la hora sin cobrarnos para que nos diera tiempo a todo, porque era así de maja, y al final de todo el lío alguien pulsó por error el botón de encendido de la súper bañera, provocando un rescate a la desesperada de todos nuestros zapatos, que estaban dentro porque no queríamos pisar la cama y llenarla de mierda.

Pero vamos, Iris se lo pasó muy bien, sólo tuvo que decirle un par de veces al stripper que no se pasara con el magreo y yo conseguí, por el bien del espíritu festivo, no arrancarle la cabeza al chico por llegar tarde y estar a punto de fastidiarnos el show.

Sólo me arrepiento de no haberme llevado el enjuague bucal monodosis.

Esperemos que la boda sea un poco más tranquila.


p.d. Mención especial a la cara de absoluta incomprensión que puso la recepcionista cuando le pedí un recibo. Pobre chica, la de cosas que habrá visto.

sábado, abril 04, 2015

Nazarena sexy

Hoy, esperando a Iris en la puerta del restaurante chino en el que hemos quedado, miro a mi alrededor en busca de algún escaparate con el que entretenerme mientras espero. No hay nada interesante. Un 24 horas, una cafetería, una tienda de armamento militar, otra cafet...

Una tienda de armamento militar.

Madre del amor hermoso.

Cruzo la calle trotando, emocionada ante el absurdísimo descubrimiento que acabo de hacer, y me pego a las cristaleras encantada de la vida, estudiando el contenido de las vitrinas. 

Esta gente vende cascos de soldado (!), un montón de armas y munición más falsos que el beso de Judas y todo tipo de material deportivo que te hará sentir como si estuvieras en tu propia version de Salvar al soldado Ryan.

Por si pensáis lo que no es, os aclaro que esta maravillosamente superficial tienda no tiene nada que ver con guerras de verdad; simplemente venden cosas con estética militar a gente que no tiene ninguna intención de irse al desierto a pegar tiros, pero que, por razones del destino, quiere tener en su armario una ración de agua potable de emergencia (si me equivoco y resulta que venden auténticos misiles nucleares, por favor corregidme. Y de paso llamad al ejército y a la policía, porque dudo que estén al tanto de este asunto).

Pero, aunque parezca increíble, no escribo este post para que sepáis que hay una tienda en el centro de Salamanca en la que podéis comprar un gorro de pelo del ejército ruso, sino para enseñaros el fabuloso reclamo publicitario de la tienda. Aprovechando que es Semana Santa, os presento:

La genuina e inimitable nazarena sexy vestida con ropa de camuflaje:


Efectivamente, el maniquí femenino con pose sugerente que podéis ver en la foto lleva un traje de nazarena, cucurucho de ésos que parecen del Ku Klux Klan incluido, todo ello fabricado con tela de camuflaje.

Por qué no.

Estoy por comprarlo y dedicarme a infiltrarme en las procesiones. Seguro que me acababais viendo en las noticias.