jueves, octubre 30, 2014

Vamos a ir todos al infierno

Por no pensar en Dios lo suficiente, como tiene la bondad de recordarnos este panfleto que me dieron el otro día en el parque:

1. Demasiado pequeño para pensar en Dios. 2. Demasiado distraído para pensar en Dios. 3. Demasiado divertido para pensar en Dios. 4. Demasiado feliz para pensar en Dios. 5. Demasiado trabajo para pensar en DIos. 6. Demasiado ocupado para pensar en DIos. 7. Demasiado viejo para pensar en Dios. 8. Demasiado tarde para pensar en Dios.

Incluso ignorando el hecho de que el folleto está escrito en Comic Sans, y recordando siempre que yo no sé nada de religión y mucho menos de marketing, ¿estamos seguros de que con reproches se consiguen más adeptos? Que igual me lo estoy tomando yo a la tremenda, pero eso de "demasiado tarde para pensar en Dios", ahí en rojo, me suena más bien a "vas a arder entre los fuegos del infierno por los siglos de los siglos mientras un tipo vestido de rojo te pincha con un tridente". Pero igual es cosa mía, no sé.

En fin, es mi destino ver cómo cae en mis manos propaganda absurdamente dramática, supongo. Tendré que aprender a vivir con ello.


p.d. El reverso del papelito contiene una bronca descomunal describiendo por qué estás cometiendo un error terrible al no pasarte el día pensando en un señor de barba blanca con superpoderes. También te explican cómo contactar con no sé qué compañía para que te regalen un trozo de la biblia.

domingo, octubre 26, 2014

Magical Girl: chicas zumbadas y padres desesperados

La película ganadora del 62SSIFF ha sido descaradamente Magical Girl (ID, Carlos Vermut, 2014), más que nada porque ha ganado a mejor peli y a mejor director. Yo no creo que fuera lo más destacable del festival, pero hay que reconocer que es una peli muy digna. Veamos.
 
Magical Girl - Póster

Luis (Luis Bermejo) es el padre de una niña llamada Alicia (Lucía Pollán), que tiene un pie en la tumba por culpa de la leucemia. Lo único que le importa a Luis es ver cumplido el sueño de su hija de tener el vestido de su personaje de anime favorito, Magical Girl, y esto le llevará a desarrollar una oscura relación con Bárbara (Bárbara Lennie), una joven a la que conoce por casualidad, que está a partes iguales buenísima y como un auténtico cencerro.

Lucía Pollán (Alicia) y Luis Bermejo (Luis)

El director utiliza sobre todo a los personajes y sus respectivas maneras de enfrentarse a situaciones desesperadas para enganchar al espectador, y la verdad es que lo consigue muy bien. La película empieza siendo relativamente ligera y a ratos hasta graciosa, y va evolucionando hasta que aquello ya no puede ser más turbio. Yo llegué a tener mis cosas en la mano para levantarme y marcharme de la sala, porque la impresión general era de que se iban a ver en pantalla todo tipo de barbaridades, y yo esas cosas las llevo fatal. Afortunadamente, tal y como dijo Vermut en la rueda de prensa, cuando tiene dudas sobre si enseñar algo o no enseñarlo, prefiere no hacerlo y dejar que el espectador se imagine lo que pasa. Y la vida da, porque el contenido de algunas de esas escenas inexistentes habría sido muy -muy muy- chungo.

Magical Girl - Diario de Alicia

La fotografía y el estilo en general son elegantes, en parte gracias a eso de no dar toda la información; aunque para mi gusto faltan demasiados datos, especialmente en la misteriosa relación que mantiene Bárbara con un antiguo profesor suyo (José Sacristán), de la cual no explican nada de nada. El director dice que lo ha hecho adrede, así que habrá que aguantarse.

Bárbara Lennie (Bárbara)
Aparte de todo esto, hay un par frases para recordar acerca de España y sus ciudadanos que me han llamado la atención. Normalmente, que los directores aprovechen para meter críticas sociales con calzador me pone de los nervios, pero en este caso queda estupendamente.
Total, que la veáis. Si os apetece, claro. No va a entrar en mi lista de favoritas de todos los tiempos, pero es una buena película y merece la pena verla, aunque sólo sea por ver algo diferente.

sábado, octubre 18, 2014

La próxima vez pago un hotel

Post escrito el penúltimo día de mi estancia en el festival de San Sebastián, y no publicado en el momento por razones que explico en breve:


Igual, como no he escrito nada acerca de mi alojamiento en los diez días que he estado aquí, pensáis que todo ha sido normal.

Efectivamente no.

La razón por la cual no habéis leído nada al respecto es exclusivamente que quería esperar para publicarlo hasta estar bien lejos de San Sebastián, sin posibilidad de quedarme durmiendo debajo del puente.

Ahora que puedo hablar libremente,


lista de razones por las cuales no voy a volver a la pensión en la que me he alojado ni aunque la alternativa sea dormir en una caja de cartón:

1. Las paredes son de papel

Al margen del ruido derivado de la juerga nocturna que hay justo en frente del edificio, gracias a un bar cuyo feliz relaciones públicas me ofrece copas gratis cada vez que paso por delante, he tenido el honor de escuchar cómo mis vecinos franceses se lo montaban durante una noche entera. O tal vez estaban rodando una peli porno, no sé. Igual van a ser futuras estrellas del cine y yo aquí poniéndolos a escurrir, en vez de ir a pedirles autógrafos. El caso es que irme de vacaciones y tener que dormir con tapones no es algo que me haga especial ilusión.

2. La dueña está loca

Podría contaros diversas broncas protagonizadas por esta mujer, incluyendo líos conmigo, con su hija, con un hombre no identificado y con lo que supongo que sería un amigo suyo al teléfono, pero me voy a ir a la que acabo de presenciar, que la tengo más reciente. Acabo de ver cómo tres chicos israelíes y absolutamente encantadores casi se quedan durmiendo en la calle porque esta mujer tenía entradas para ir al cine a las nueve y ellos han llegado a las diez. Les ha dicho que son unos borrachos, que no va a aguantar tonterías y que ella tenía que estar en el cine y no ha podido ir por culpa de que ellos son unos irresponsables. No sé si la señora tiene razón, pero dudo que decirlo gritando como una energúmena tenga un efecto muy positivo.

Me he metido en mi habitación y los he dejado discutiendo. Bueno, discutiendo. No sé. Discutía ella:

Dueña - ¡¡PARA LAS NUEVE TENÍA YO ENTRADAS!!
Chico - Te quiero señora.

Qué maravilla. Si me llegan a pillar a otra hora me había ido con ellos a tomar mojitos.

3. Hay un tarado que hace ejercicio en las escaleras a las siete de la mañana

En escaleras de madera. Sube y baja como si le persiguiera un asesino en serie. No me he levantado a gritarle porque el día que fue más agresivo el asunto lo intenté, y cuando oyó mi llave girar en la puerta se metió en casa. Cobarde.

4. Los productos del cuarto de baño me inquietan

¿Veis que cuando vais a un hostal, hospedaje, alguna cosa de ésas con baño compartido, hay productos para uso común en el baño? Gel, champú, jabón de manos, a lo mejor hasta acondicionador para el pelo.

Aquí hay desodorantes de roll on. Ya si eso que nos pongan un cepillo de dientes para todos, si total, va a ser más o menos igual de higiénico. No estoy hecha yo para estas cosas.


Tengo pendiente preguntar qué otros hostales tiene esta mujer para ponerlos todos en una lista más negra que el carbón. No pongo el nombre porque no quiero vías de comunicación de ningún tipo con esta gente, pero si vais a San Sebastián y queréis saber dónde no dormir, me mandáis un email y yo os doy los datos de este sitio encantada.

En cuanto me haga rica me alojo en el María Cristina, que es donde tengo que estar.