jueves, junio 26, 2014

El club secreto de las medias blancas

¿Y no actúas con esa clase de ballet a la que vas? Yo quiero ir al teatro,
y sentarme con los padres, y decirles "¡mira! ¡La mía es la que va de árbol!"

Sledge


Muchas risas con eso de que hago ballet. Mucho dije que no iba a actuar, que ya era un poco mayor para esas cosas, y que estaba muy liada y no iba a poder.

Mentira todo.

Me insistieron un par de veces y caí como una bendita. Que luego la gente hace cosas, se lo pasa bien, y yo me arrepiento de no haber participado. Así que dije que sí. Aproximadamente siete segundos después ya había un grupo de whatsapp montado y mi móvil estaba lleno hasta las trancas de fotos de diademas con flores y tutús y vídeos de maromos rusos saltando miles de metros y cogiendo en brazos a esbeltísimas doncellas con zapatillas de punta.

Así acabé en Decathlon comprándome uno de esos mallots que llevan las niñas que hacen gimnasia rítmica, pidiendo un tutú súper pomposo por internet, comprando todas las horquillas existentes en Claire's y buscando medias en Calzedonia.

Yo - ¿Tenéis medias blancas?
Dependienta - Pues -me mira con cero convicción en su expresión- ... cosas de novia. - Oye, ¿por qué esa cara? A LO MEJOR ME CASO MAÑANA, ZORRA.
Yo - ¿De novia? Bueno. Tú enséñamelo.

La dependienta saca un par de packs más o menos blancos que brillan un poco.

Dependienta - Ésta es menos blanca, pero te va a quedar más bonita.

Traduzco las palabras de la joven en mi mente: Las medias blancas son una aberración estética y sólo te las estoy ofreciendo porque si no, me despiden. Lucharé hasta mi último suspiro para que no te pongas esa mierda.

Yo - No, si no tienen que quedar bonitas, tienen que quedar de bailarina. Son para una actuación.

La chica levanta las cejas al escuchar la palabra "bailarina" y su mirada se pierde por un momento en el infinito. Veo en sus pupilas la silueta de una niña girando como una peonza, que tuvo que renunciar a su sueño de bailar El lago de los cisnes en un teatro de París porque su severo padre la obligó a abandonar los escenarios y estudiar una carrera. O igual sólo ha visto el anuncio de la crema reductora ésa y se ha emocionado, que últimamente por lo visto pasa mucho. No sé, da igual.

Dependienta - Espera aquí.

Y desaparece en el almacén, todavía con la mirada perdida. Pasan quince segundos.

Dependienta - Mira, te he traído éstas, que son súper tupidas, son totalmente blancas y te van a quedar preciosas.

¿Entonces no sólo sí tenían medias blancas sino que ahora resulta que me van a quedar preciosas? ¿Por qué no me las ha dado desde el principio? ¿Qué parte de "medias blancas" es la que no se entiende bien? Las dependientas me desconciertan enormemente.

Yo - Vale, pues sí, justo ésas quiero. ¿Ésa es mi... ?
Dependienta - Esta es tu talla, sí, te doy una mediana, que te va a quedar perfecta.

Aparentemente hay un club secreto conformado por bailarinas y sus correspondientes aprendices, cuyos miembros tienen acceso a material oculto en mercerías. Por si algún día necesitáis unos leotardos rosas o algo así y los dependientes insisten en que eso no existe. Decidles que son para una actuación de ballet y probablemente saquen del almacén una oveja y tres hilanderas y os los fabriquen allí sobre la marcha.

El caso es que el viernes a las cinco y media de la tarde aparezco en el palacio de congresos de mi ciudad, con una mochila, un bolso y un tutú enorme en brazos, y cruzo las puertas corriendo tras tener a la chica de seguridad sujetando mis cosas durante dos minutos mientras yo rebusco entre mis cosas una cartulina en la que mi academia de baile ha imprimido muy ceremoniosamente PASE DE ARTISTA.

Me cruzo con mis compañeras, que huyen en busca de un sitio en el que ensayar mientras yo deambulo hasta encontrar nuestro camerino. Me pongo las zapatillas y el tutú en desastrosa combinación con la ropa de deporte que llevo debajo y salgo corriendo para llegar al ensayo general. Llego a la sala principal y visualizo a lo lejos a mi profesora, Valentina.

Valentina parece una bailarina incluso antes de abrir la boca. Tiene el cuerpo, la postura, y la mirada de desprecio inmensurable hacia el resto de inferiores mortales que se requiere para ser una bailarina de verdad. Pero es maja, eso sí. Me doy cuenta por un momento de que, en los diez meses que viene durando nuestra relación, a esta chica le he escuchado decir más palabras en francés que en español. Literalmente. Pienso en Valentina en una clase aleatoria de meses pasados.

Valentina - Jeté, doble, piqué por petit développé con plié, rond de jamb al aire, en dehors, en dehors, continúo el rond de jamb, attitude, brazo en arabesque. Allongé. ¡¡ESAS QUINTAS!!

Esta gente habla así. Al principio no entiendes nada, pero al final te acostumbras.

El caso es que, una vez aparece el resto de miembros del grupo y nos libramos de las señoras que bailan sevillanas y no se bajan ni a tiros del escenario, conseguimos hacer un ensayo deprisa y corriendo, en el que compruebo que ubicarse en una tarima gigante tan fácil igual no es. Y mira que te ponen marcas en el suelo y toda la historia, pero ni por ésas.

Acabamos el ensayo y vamos a los camerinos a prepararnos para la actuación. Miro a mis compañeras y veo a Ganímedes, que tiene un neceser en la mano lleno de frascos.

Yo - Ganímedes, ayuda. No sé maquillarme, ni hacerme peinados de ningún tipo. Tengo aquí un súper kit de maquillaje -precintado- que me regalaron hace tiempo. Me tienes que ir diciendo lo que tengo que hacer.


INCISO

A veces hasta he intentado prestarle atención, pero el mundo del maquillaje me resulta una extraordinaria pérdida de tiempo. No quiero utilizar diez minutos de mi día, ni mi dinero, en estar más guapa. No quiero depender de un potingue que me quite las ojeras. Si un día decido hacerme fan de estas cosas, me arrojaré felizmente a los brazos de la sombra de ojos, pero de momento, no tengo ganas.

FIN DEL INCISO


Ganímedes - ¿Pero no te has pintado nunca?
Yo - Ummm... una vez, para un disfraz... pero sólo fueron los ojos, y me los maquillaron, no lo hice yo. Y otra vez, en una fiesta en un centro comercial, larga historia... pero me fueron diciendo lo que tenía que hacer y no me acuerdo de nada.
Ganímedes - Bueno. Pues yo te digo.
Yo - Vale, lo primero es una cosa llamada base de maquillaje, ¿verdad?
Ganímedes - Sí - Me mira con asombro. Pero si le acabo de explicar la coyuntura.
Yo - No me mires así. Que no me he maquillado nunca, te digo.
Ganímedes - Vale. Es verdad.

Me pongo a sacar botes precintados de la mochila. Hasta un kit de brochas tengo.

Yo - ¿Es esto? - le enseño un frasco marrón.
Ganímedes - Eso es.
Yo - Vale, ¿y esto cómo me lo doy? ¿era darse varios puntos y extender como una crema hidratante, puede ser?
Ganímedes - Sí. - Sigue teniendo cara de confusión.
Yo - Vale - Me extiendo esa historia -. ¿Y ahora va eso de quitar las ojeras? Creo que de eso no tengo.
Ganímedes - Coge el mío - me extiende otro cilindro marrón. Lo abro -.
Yo - ¿Y qué hago con esto? ¿Cuánto me doy?

Ganímedes no contesta por un momento y me mira fijamente.

Yo - Ganímedes, que no me sé maquillar. No es una manera de hablar. Que me da la sensación de que no me crees.
Ganímedes - Sí, sí, tienes razón, si me lo has dicho. Es que no estoy acostumbrada. Date el antiojeras a puntitos y extiendelo.

Y hasta aquí retengo la información relacionada con el maquillaje. El resto no tengo claro cómo pasó. Me senté, cerré los ojos, y cuando volví a abrirlos y me miré en el espejo, parecía un travesti (por lo visto cuando actúas tienes que pintarte como una puerta, porque desde las butacas si no ni te ven la cara). Lo único que hice yo, previa explicación del resto de las chicas, fue pintarme la raya del ojo, porque a Ganímedes le dio miedo mutilarme con el lápiz. Y darme pintalabios rojo chillón, además de un colorete que me proporcionó exactamente ningún resultado. Ahí ya pasé a manos de Linda para la parte de peluquería.

Linda me pide que me haga una coleta alta y apretada, la enrosca y empieza a incrustar horquillas. Horquillas de ésas largas, que te arrancan medio cuero cabelludo cuando te las quitas. Y echa laca. Echa muchísima laca. Laca barata, con un olor fortísimo. Para cuando termina con ello, la concentración del spray en la habitación es tan alta que puedo percibir a Hitler desde el más allá dándonos su aprobación.

El resto de la tarde la pasamos viendo las coreografías de los demás desde los laterales del auditorio y ensayando a ratos. Hubo un rato en el que yo me escapé para practicar, y acabé llegando a un pasillo con cristaleras que daban a la calle, donde estaban esperando para entrar Cleo, Iris, Garfield y Manzo. Después de muchas señas me vieron y se pusieron a hacer fotos a lo loco a través del cristal. Como en un zoo, igual. Y de estas cuatro presencias aprendemos una valiosa lección: no os hagáis amigos nunca de gente con ganas de ver si sus dotes artísticas les llevan a alguna parte, que luego os toca ir a verles actuar. Es más, que luego os toca tragaros dos horas de gente que os da igual, bailando, para verles a ellos dos minutos. Vaya ganas.

Y bueno, actuamos. Y no fue nada del otro mundo, pero teniendo en cuenta el desastre que esperaba, tampoco me puedo quejar. Algunas partes hasta quedaron coordinadas.

Está bien, actuar. Justo antes de salir al escenario te planteas qué haces tú ahí, si tú eres de ciencias y no sabes bailar, pero luego te quedas con la sensación como de haber hecho algo distinto en la vida. Está bien, os lo recomiendo.

De ahí hasta el final de la noche, más espectáculos. Recostada en un asiento de la primera fila, con las zapatillas de la mano y el tutú en el regazo, calculo a qué porcentaje de las dieciocho bailarinas que hay en escena se habrá cepillado ya el único chico de la clase, de eso que supongo será funky. Pero no sé, todo lo que es como moderno y no identifico para mí es funky, así que a saber. El chico ni sigue bien los pasos, ensimismado como está con las camisetas ajustadas que giran a su alrededor. Seguro que ése se metió ahí por su amor a la danza.

Cuando por fin conseguimos salir de ahí, me voy a cenar con Manzo y con Iris, que mira emocionada mis párpados bicolores.

Iris - ¡Te voy a regalar un curso de maquillaje!


INCISO

Iris me da la turra enormemente para que me maquille. Yo, según el día, me ofendo porque creo que me está diciendo que soy un callo malayo sin maquillaje y porque no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, o bien asiento vagamente mientras ella sigue hablando de rímeles y yo pienso en otras cosas. La quiero mucho, pero con el maquillaje es una brasas de mucho cuidado.

FIN DEL INCISO


Yo - Vale... tú regálamelo...
Iris - Ya, me ha dicho Manzo que me lo ibas a tirar a la cara.

Manzo se pone a gritar desde el cajero, unos metros más allá.

Manzo - ¡No, tirartelo a la cara no! ¡Te he dicho que te iba a decir que te lo metieras por el culo!

Sutil.

Iris - Jijijiji bueno, pues eso.

Por lo demás, sabed que sólo he conseguido quitarme la raya del ojo derecho; la del izquierdo se ha quedado ahí tres días. Podría haber hecho mi propia versión de La naranja mecánica. Porque cuando te echas potingues en la cara, no sólo tienes que emplear tu tiempo en aplicártelos, sino que por la noche tienes que quitarte toda esa mierda. Y será la falta de costumbre, pero yo tardé un montón. Y pensar que la gente hace eso a diario, no fastidies.

A lo mejor algún día me aficiono al maquillaje. Si me hago rica y famosa, y son otros lo que me maquillan mientras yo veo la tele. Ya lo pensaré.

martes, junio 17, 2014

La Bella Durmiente: Análisis

Quiero ir a ver la peli ésa que ha estrenado Angelina Jolie hace poco, así que he pensado que lo mejor sería documentarse primero acerca de la historia original (original, más o menos). Igual os interesa. Veamos.

La Bella Durmiente (La Bella Durmiente y otros cuentos, Jacob y Wilhelm Grimm, cuentos completos II, editorial ANAYA)

Tenemos un rey y una reina que quieren tener hijos y lloran mucho porque parece que no hay manera. Llega un sapo y le dice a la reina que en menos de un año, tendrán tan ansiada descendencia.

¿Será "ver a un sapo" un eufemismo para referirse a "zumbarse al rey"? ¿Será que realmente en estos cuentos el rollo de la fecundación se lleva a cabo hablando con animales mágicos? ¿Será, más bien, que el cocinero real le ha hecho un bombo a la reina en un arranque de fogosidad y ésta le cuenta a su marido esa chorrada de los anfibios parlantes para librarse del marrón? Me gustaría, de verdad, saber leer los significados ocultos de estas cosas, pero el caso es que no es así, así que no tengo ni idea de qué representa el sapo. Que cada uno crea lo que quiera.

Nace una niña guapísima y su padre organiza una fiesta -lo que les iba la juerga a los de la realeza en estas historias no tiene límite, por lo visto. En todos los cuentos andamos igual- a la que invita a todos sus parientes, amigos y conocidos, y además a las hadas del reino. Las hadas son trece, pero resulta que los reyes sólo tienen doce platos de oro, así que no invitan a la número trece y a correr. Qué poca clase, qué gente más agarrada; me diréis si la familia real no tiene dinero para mandar fabricar otro dichoso plato de oro. Soy yo el hada despechada y le prendo fuego al palacio, para que la próxima vez que me vayan a venir con estas chorradas se lo piensen otra vez.

Se celebra la fiesta, y las hadas van regalando dones a la recién nacida. Va a ser guapa, va a ser rica, va a ser virtuosa y no sé, podrá respirar bajo el agua y tendrá visión nocturna, supongo, porque para cuando vayan por el octavo hada ya ni sabrán qué regalarle, digo yo. Qué tampoco hay tantas virtudes absolutas de ésas. Y si le regalas el don de la riqueza a una princesa es que andas flojo de ideas, que todo el mundo sabe que la pasta viene de serie cuando naces en un palacio real. El caso es que cuando once de las doce invitadas han concedido ya sus regalos, aparece el hada que no obtuvo invitación, súper cabreada -normal-, y sentencia:

"¡La hija del rey se pinchará a los quince años con un huso, y morirá!"

Uuuuuuummm aquí me empiezan a fallar las cosas ya. ¿Para qué esperar? ¿Por qué no la mata en el momento? A lo mejor su mente perversa quiere que los padres tengan miedo durante quince años o algo así... bueno... pero ¿y lo del huso? Un poco rebuscado, ¿no? Pero bueno, yo que sé, tampoco le he echado una maldición a nadie nunca, así que qué sabré yo.

En fin, que la bruja se pira de la fiesta, y entonces la duodécima, que aún no había pronunciado su regalo, y ya que por lo visto un hada no puede anular la maldición de otra sino sólo aminorarla, declara:

"No será una muerte, sino un profundo sueño de cien años en el que caerá la hija del rey."

Mira, no. Esto es absurdo. Primero, cambiar una muerte por una siesta es algo más que aminorar; es cargarse por completo la maldición. No tiene sentido ninguno. Segundo, ¿cien años? ¿Puedes reducir la profecía a lo que te dé la gana y eliges cien años? ¿No podías decidir que la muchacha durmiera un par de noches del tirón y a otra cosa? Esto hace aguas por todos lados.

Pero bueno, el rey decide entonces que lo más lógico será mandar quemar todos los husos del reino, para que no haya ninguna posibilidad de que su querida hija se tope con uno. Que digo yo, ¿no tendrá más sentido enseñarle a la muchacha lo que es un huso de ésos, para que cuando vea uno sepa que tiene que huir de ahí como si la persiguiera el demonio? Educad a los niños, hombre, no les ocultéis las cosas peligrosas, que luego pasan cosas malas. Si es que es de cajón.

Total, que la niña crece y tiene todos esos dones estupendos que le concedieron de pequeña. A saber: belleza, discreción, cordialidad y comprensión. Básicamente todas las características necesarias para ser el sopor hecho esposa. Sólo de pensar en tomarme un café con esta chica ya me aburro.

Entonces llega el quince cumpleaños de la niña sosa, que es cuando se tiene que cumplir la profecía del huso, y

¡oh!

¡A que no sabéis qué!

¡Resulta que los padres no están en casa!

Hombre claro, el día que está programada la muerte de tu hija, tú te vas por ahí de pinchos con tu cónyuge, que es más o menos igual de idiota que tú. Yo no sé ni para qué se molestaban las brujas de antaño en andarse con líos de maleficios y puñetas en vinagre, si con lo lerdos que eran los reyes, los príncipes y las princesas, fijo que si les dices que hay hermosos unicornios cantarines al fondo de ese barranco de ahí, saltan solos tan contentos. Qué ganas más tontas de trabajar, de verdad.

Total, que la muchacha, que se ha quedado sola en casa sin ningún tipo de supervisión, se pone, precisamente ese día, a investigar el palacio. Anda por ahí descubriendo sitios nuevos un rato hasta que llega a una torre con una llave oxidada en la puerta, y cuando entra ve a una anciana hilando lino con un huso.

¿Qué haríamos los mortales de a pie en una coyuntura como ésta? Llamar a la policía, por Dios santo. Una desconocida en tu casa, es que no sé ni qué duda cabe. Además yo no me habría atrevido a recorrer un palacio por mi cuenta sin llevar un bate de béisbol o un spray de pimienta en la mano, por si acaso, así que probablemente ya estaría

a) agrediendo a la anciana, o bien

b) huyendo mientras grito escaleras abajo; o más bien

c) una de las dos opciones anteriores combinada con pensar en dónde se consiguen los papeles de emancipación para así huir de unos padres que dejan entrar a desconocidas en mi casa sin avisarme siquiera.

Pero la que está a punto de convertirse en la Bella Durmiente no es una persona normal. Es una princesa de cuento, y ya hemos dicho que las princesas de cuento por su inteligencia no se caracterizan. Por tanto, efectivamente, la muchacha se pone a darle palique a la señora, y tras un par de frases, la chica extiende la mano empeñada en hilar ella también, se pincha con el huso, y cae en el famoso profundo sueño, eso sí, en la cama que hay ahí al lado. Un detalle, la verdad. Que dormir en el suelo cien años tiene que dar un dolor de espalda espantoso.

Y entonces, mira qué bien, se queda sopa el palacio entero. Los reyes, que acaban de llegar a casa -ahora. Qué útil-, los caballos, las palomas, el personal de servicio, todo el mundo. Y empieza a crecer un seto de espinos alrededor del palacio que acaba cubriendo el palacio entero -los jardineros se han quedado dormidos, tampoco sé qué esperabais-, y se extiende la leyenda de la Bella Durmiente del Bosque, de manera que de vez en cuando pasan por allí hijos de reyes que quieren entrar al castillo a través del seto, pero todos quedan atrapados en el proceso y palman “de una muerte atroz”, dicen los autores. Gracias por la aclaración. Al cabo de unos años el jardín debe de tener un aspecto encantador, todo lleno de muertos. Qué bonito.

Aquí llega el príncipe. ¿El valiente príncipe que lucha contra mil historias y combate las espinas y llega hecho polvo porque todo sacrificio es asumible con tal de salvar a su -desconocida- amada?

Por Dios, no. Ni se acerca el asunto. El príncipe, imagino que guiado por los rumores de que la princesa está extraordinariamente buena, dice que no tiene miedo y que entrará a buscarla. Pero resulta, oh maravilloso destino, que justo se acaban de cumplir los cien años, así que cuando el chico se acerca al jardín, las espinas se han transformado en flores que le abren paso. Supongo que con la transformación empezarían a caer cadáveres de los príncipes atrapados por doquier, pero bueno, eso no viene al caso. El tema está en que el príncipe va entrando y a su paso vuelve a aparecer el seto horroroso ése detrás de él, llegando al final el hombre al palacio, donde ve que está todo el mundo frito. Después de deambular un rato, encuentra a la princesa durmiendo en la torre, y le da un beso, momento en el que ella se despierta.

Bien. Tres cosas tengo que decir.
1) El príncipe no se enfrenta a absolutamente nada para conseguir a su futura reina, pero tengamos en cuenta que le da un beso a una tía que lleva durmiendo cien años. Sólo de pensar en el aliento de la pseudomuerta se me nubla la mente. Mis respetos para el chico.

2) Aquí el caballero llega en el momento justo, y ya. Vamos, que podía haberme casado yo con la princesa si hubiera pasado por allí en el momento correcto. Esto no tiene romanticismo ni mérito ninguno.

3) El príncipe es de una época cien años posterior a la de princesa. Es como si me cae a mí el hechizo y me despierta un tipo que ha crecido en los años 2100. O si voy yo a despertar a un príncipe que nació en 1880. No me digáis que no sería muy rara la convivencia.

Pero bueno, todo esto da igual, porque es un cuento de los Grimm así que nada tiene por qué tener sentido. El príncipe y la princesa se casan y son felices para siempre.

El cuento es absurdo, pero por lo menos no hay violencia ni enseñanzas excesivamente nocivas. Visto lo visto yo me conformo.

p.d. Perrault tiene una versión anterior (La Bella Durmiente del Bosque, de Los cuentos de Perrault ilustrados por Doré, Atlas Ediciones, copia exacta de los cuentos publicados en 1862 y 1863) y bastante menos sinsentido del cuento; no os la explico porque no acabaríamos nunca, pero incluye al príncipe teniendo hijos en secreto con la Bella Durmiente, a la madre de dicho príncipe intentando comerse a su nuera y a sus nietos, y a esa misma señora muriendo devorada por serpientes. Una maravilla.

p.d.2 Dicen que hay una versión del año pum que cuenta cómo, básicamente, el príncipe viola a la princesa mientras duerme, despertándose ella un tiempo después gracias a los hijos nacidos de la violación. Luego por lo visto se casan y todos tan panchos. Mi idea era contaros esa historia, pero no me he hecho con un libro fiable que la incluya, y además quería ver qué habían hecho los Grimm en particular. A lo mejor otro día.

lunes, junio 02, 2014

Al filo del mañana: yo quiero un traje de ésos

A veces me planteo si los directores, o los traductores en su defecto, les ponen títulos a sus películas con el único fin de que los espectadores los olvidemos lo más rápido posible. Esas frases en plan La sombra de la sospecha (The Sentinel, Clark Johnson, 2006), o Sin control (Derailed, Mikael Håfström, 2005), que suenan todas a lo mismo y nunca sabes a qué peli se están refiriendo porque parece que se llaman todas igual. Ése es el caso con Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, Doug Liman, 2014), que en mi mente ya se llama "ésa de Tom Cruise y Emily Blunt en la que hay alienígenas y pegan tiros todo el rato".

Para mi gusto ya sólo el cartel de la peli desvela demasiado de la trama, y del confusísimo tráiler mejor ni hablamos. Voy a escribir el post suponiendo que dicha información no se considera spoiler, pero si no sabéis absolutamente nada del argumento, os recomiendo que dejéis de leer y os vayáis a vivir a una cueva para no ver ni los pósteres promocionales. A mí me hubiera gustado no saber nada de ella al ir a verla.

Al filo del mañana - cartel

Si ya es tarde y habéis leído el eslogan (vive, muere, repite) que figura en todas partes, os cuento que Al filo del mañana presenta a William Cage (Tom Cruise) como  un comandante cobarde a más no poder que, a pesar de no tener ni la más remota idea de lo que es un campo de batalla y por más que intenta librarse del asunto, se ve de repente enviado a primera línea de combate en una guerra que la humanidad está librando contra unos alienígenas bastante repugnantes que han invadido la Tierra. La esperanza del planeta recae completamente en la heroína del momento, Rita Vrataski (Emily Blunt) y unos trajes robóticos súper eficaces que permiten a los soldados cargarse extraterrestres a montones sin apenas entrenamiento. Por unas cosas o por otras, el debut de Cage como soldado raso acaba con todo el mundo a su alrededor estirando la pata y con él mismo entrando en un bucle temporal que le permite resetear el día cada vez que muere, adquiriendo así una especie de súperpoder que le permite saber qué es lo que va a pasar a continuación y así anticiparse a sus enemigos. Con estas bases y la ayuda de Rita, tendrá que ver cómo acabar con los bichos invasores antes de que se queden a vivir en el planeta para siempre.

Tom Cruise (William Cage) y Emily Blunt (Rita Vrataski)

La historia empieza siendo un rollo, aviso. En los primeros quince minutos la sensación de que aquello va a ser un tostón es difícil de ignorar, pero resulta que luego la cosa mejora considerablemente y el desarrollo acaba siendo de lo más entretenido. Tom Cruise no es lo mío pero el papel le queda estupendamente y el personaje de Emily Blunt está amargado de la vida pero también cuadra muy bien con la historia; además lo tiene todo: hay acción y drama a patadas pero también hay algo de romance, de vez en cuando te echas unas risas y los efectos especiales cumplen con su parte. Eso sí, los bichos visitantes a mí no me convencen nada, y la invasión no se explica en absoluto.

Tom Cruise (William Cage)

Esta ha sido, por cierto, otra de esas veces que me he metido en una sala de cine sin investigar primero la distribuidora, y así he acabado soltandole pasta a los de la Warner. Tengo que prestar más atención. En cualquier caso, con Warner o sin ella, Al filo del mañana es un entretenidísimo conjunto de tiros, alienígenas y escenas que incluyen a Tom Cruise intentando que Emily Blunt no le pegue un tiro, que a mí me ha dejado tan contenta. Si no fuera de la distribuidora de marras igual hasta os recomendaba que la vierais en el cine, pero la verdad es que tirados en el sofá es probable que os cunda lo mismo. En cualquier caso, la recomiendo, sobre todo para una de esas tardes en las que te aburres y te apetece pasar un rato entretenido.


p.d. La música es bonita. Por si no tenéis nada que escuchar de fondo.