domingo, enero 26, 2014

Cómo comportarte en una sala de cine para que nadie quiera prenderte fuego al terminar la sesión

Ayer fui al cine a ver La ladrona de libros (The Book Thief, Brian Percival, 2013).

No venía a hablaros de la peli, pero ya que estoy aquí, hago una crítica un poco deprisa y corriendo y así a lo mejor os ahorro pagar por ver este bodrio.

La ladrona de libros - cartel

En los tiempos del dominio nazi, Liesel (Sophie Nélisse) vive con sus recién adquiridos padres adoptivos en la más absoluta de las miserias, cuando, por una antigua deuda de honor, su nuevo padre se ve obligado a acoger a un judío en su sótano (Ben Schnetzer). Y... um. Y ya. No pasa nada más. Mucho de Liesel lidiando con su madre (Emily Watson), que es una amargada de la vida; mucho de Liesel estrechando lazos afectivos con su padre (Geoffrey Rush), que es tan entrañable que da un poco de dolor de cabeza; más todavía de Liesel desarrollando una bonita amistad con su enamoradísimo vecino y compañero de clase Trudy (Nico Liersch) y aún más de Liesel descubriendo lo mucho que ama los libros de la mano de Max, el refugiado del sótano.

Ben Schnetzer (Max) y Sophie Nélisse (Liesel)

Menos mal que la niña lo hace bien, porque si no ya no habría quien viera la peli entera. De hecho, en general los actores hacen un buen trabajo. Además, estéticamente hablando es elegante; es bonita y esas cosas. Pero no, no merece la pena verla, más que nada porque es un rollo de los que hacen época; insípida y hueca a más no poder. Sólo libro el final, que me ha parecido bastante digno. Encima, con lo que mola el título, y luego resulta que lo del robo de libros es poco más que un detalle sin importancia en la película. Me siento estafada. Por si a alguien le quedan dudas, no recomiendo esta peli en absoluto.

Nico Liersch (Trudy), Sophie Nélisse (Liesel) y Emily Watson (Rosa, madre adoptiva de Liesel)

Para compensar lo aburrido de la cinta, y de esto venía yo a hablaros, un grupo de espectadores ha animado la sesión.

He tenido que ver media peli teniendo sentados tres filas detrás de mí a un padre que hablaba a voz en grito y a los cuatrocientos niños que iban con él, que no paraban de reírse y de decir tonterías.

Les han mandado callar doscientas veces, se ha cabreado todo el mundo, y ellos han seguido tan panchos dando voces.

Así no se puede. Dos consejos podemos sacar de esta situación:

Primer consejo: No lleves a tus hijos al cine si no saben comportarse. Una cosa es que en una peli de dibujos el muchacho le grite algo al protagonista de vez en cuando, y otra es que tengas un mocoso cargante que no se calla ni debajo del agua. Y no utilices a los churumbeles como excusa para hacer lo que te dé la gana. Estoy harta de ver pelis infantiles en las que son los padres los que no saben estar callados.

Segundo consejo: Por el amor de Dios, no lleves a niños pequeños a ver un estreno cuyo cartel incluye una esvástica.

No me puedo creer que tenga que explicar esto, pero ir al cine con críos a ver una peli de nazis no es una buena idea. Si quieres que tus hijos se culturicen con respecto al entrañable universo judío en tiempos de Hitler, ponles un maldito dvd en casa, donde puedas parar de vez en cuando a explicarles todo lo que obviamente no van a entender, y donde el impacto de las cosas turbias que sabes que van a aparecer sea lo más pequeño posible.

Después de mucho rato de voces, risas, niñas trotando escaleras arriba y abajo, y otros agentes enervantes, percibo eso. Eso que me pone histérica. Eso que no puedo soportar en una sala de cine bajo ningún concepto, con ninguna excusa.

El padre está hablando por el móvil.

Yo no monto escándalos. De verdad. Suelo tener las ideas más o menos claras y le aguanto pocas chorradas a la gente, pero en general intento decir las cosas primero con amabilidad, por si la gente en cuestión no es consciente de que está molestando, o por si han tenido un día horrible, o por si no son muy listos y no entienden las normas básicas de conviencia en sociedad. Para que yo arme un lío, y sobre todo, para que yo le grite a alguien, me tienen que haber provocado muchísimo. Y cuando esto sucede mi sentido de la civilización huye volando libremente hacia tierras más prósperas.

Yo - Oye. OYE. ¿Estás hablando por el móvil? ¿Me lo estás diciendo en serio?

El tipo me ignora. La gente me mira. Hablo más alto.

Yo - EH. COLEGA. QUE SI ESTÁS HABLANDO POR EL MÓVIL.
Cenutrio - Sí, qué pasa.
Yo - PASA QUE DEJES DE HABLAR Y DE INCORDIAR A TODA LA SALA. ME ESTÁIS PONIENDO DE LOS NERVIOS. TODOS. TÚ EL PRIMERO, QUE SE TE OYE MÁS QUE A LOS NIÑOS.
Cenutrio - BUENO GUAPA PUES SI TE MOLESTO TE PONES UNOS TAPONES.

No. A ver. Esto no funciona así.

Tercer consejo: En el cine y en la vida, si sabes de sobra que te estás comportando como un cretino integral y alguien te lo echa en cara, discúlpate y deja de hacer el capullo. No te enfades y te crezcas, que con eso sólo dejas claro que, efectivamente, eres idiota.

Yo - ¡¡LLEVAS DÁNDOLE LA CHAPA A TODO EL MUNDO DESDE EL PRINCIPIO DE LA PELI!! ¿QUIERES QUE SALGA A AVISAR? - Miro a la gente de la sala, pero no sólo no tienen ninguna intención de apoyarme, sino que parece que me tienen muchísimo miedo. - PORQUE SALGO SIN PROBLEMA Y LES CUENTO LA SITUACIÓN.
Cenutrio - ¡PUES SAL! ¡¡SAL, VENGA!!

Fog, me agarra por un brazo, supongo que temiendo que entre todo lo que llevo en el bolso haya una granada de mano, y se gira hacia la incordiante prole.

Fog - A ver si estáis un poco tranquilos, ¿no? Que vaya rato nos estáis dando.

Vuelvo a mirar hacia adelante, con un cabreo descomunal, e intento relajarme.

A los cinco minutos el tipo baja por las escaleras hacia mi sitio y farfulla un montón de cosas que no entiendo porque el hombre es un garrulo de mucho cuidado y, entre otras cosas, no pronuncia.

Cenutrio - Wn asnelf  isdnlkj alkjls eklofa. Jjas leoio lmle. HOEJOI  ÑLÑ, JOIEL LAÑO QWO EL FJA LIK J OIF JEASEQ. ¡¡ONLS IPLIEFÑL JÑLIJ OFJ!! ¡¡¡AYSPOI!!!
Yo - ¿Eh? - Ya estoy más tranquila. El tipo me mira con ira y sigue diciendo incongruencias. - Que no te entiendo.
Cenutrio - QUE ESTOY AQUÍ CON DOCE NIÑOS Y SE ME HA PUESTO UNA NIÑA ENFERMA.
Yo - Ya. Me da igual. Lo arreglas fuera, donde no molestes.
Cenutrio - Y QUE SEPAS QUE NO TE CONSIENTO QUE ME HABLES ASÍ.
Yo - Y yo no te consiento que le amargues la película a cuarenta personas.

El tipo se va despotricando escaleras abajo. Estará muy cabreado, pero la conversación telefónica esta vez la mantiene fuera de la sala.

Al cabo de un rato vuelve. El resto de la película, todo paz y serenidad. Doce niños y un cretino callados como tumbas.

Para que luego me diga la gente que la violencia no conduce a ninguna parte.

domingo, enero 19, 2014

El patito feo: análisis

Tras el genuino y auténtico mes de mierda que he tenido en el trabajo, se me ha ocurrido ponerme a leer barbaridades de los hermanos Grimm, a ver si así se me pasaba el disgusto.

Revisando cuentos me ha venido a la cabeza que no había leído nunca El patito feo (La sirenita y otros cuentos, Hans Christian Andersen, Cuentos completos I, Editorial ANAYA; título original: Samlede Eventyr of Historier, Copenhague, 1874). Que no es de los Grimm, pero es de Andersen, que también era un salvaje de tomo y lomo, así que nos vale. Pues a ver de qué va la fiesta:

El campo estaba precioso, ¡era verano! El trigo estaba amarillo; la avena, verde, y bla bla bla, una pata aburrida a más no poder empolla sus huevos. Nacen los animalitos y la pata está súper contenta, hasta que se da cuenta de que el huevo más grande aún no se ha abierto. Harta de todo, se pone a empollarlo otra vez, mientras habla con una pata vieja que va a darle palique. Gracias a esta conversación nos enteramos de que el padre de las criaturas es un vividor que pasa por completo de ir a ver a la madre de sus hijos. Supongo que le hizo el bombo y a correr. Los bombos. ¿Los pollos? Da igual; el caso es que la pata vieja se acerca al huevo que no eclosiona ni a tiros y dice muy decidida:

- Déjame ver el huevo que no se abre. ¡Pero si es un huevo de pavo!

¿Pavo? ¿Esto no era de un cisne? Mira que si el bicho después de la que tengo entendido que le va a caer por ser distinto se acaba convirtiendo en un pavo. Feo como un dolor y todo el día diciendo glugluglu. Pobre. Pero bueno, a ver qué pasa.

La que afirma que eso es un pavo le cuenta a la pata que a ella también la engañaron una vez, y que tuvo muchos problemas con los pollitos.

¿La engañaron? ¿Cómo que la engañaron? No lo entiendo. ¿Le cambiaron unos huevos por otros cuando no miraba? ¿Se enrolló con lo que ella creía que era un pato y luego resultó que era un pingüino emperador? ¿Una cigüeña? Yo no sé mucho de pájaros, pero ¿esas cosas no se notan? No te entiendo, Andersen.

Mientras yo sigo con mi confusión, la pata vieja recomienda a la madre de nuestro protagonista que abandone el huevo y se vaya con los otros pollitos a nadar.

Pues no le falta razón. Un huevo distinto; de ahí sólo pueden salir cosas malas. Seguro que luego el pollo es gay, o negro. O comunista. O fan de Katy Perry.

La pata se pasa por el forro el consejo y sigue empollando, más por desidia que por amor maternal, y el huevo eclosiona, saliendo de él lo que parece un pato grande y horroroso.

La pata, en un alarde de eso que les da a los padres de pensar que sus hijos son los más guapos del mundo aunque sean un callo malayo, dice que el patito nada muy erguido, que eso no es un pavo, y que realmente no es tan feo. Y se lleva a toda su prole al corral para presentarlos en sociedad.

Dato aleatorio y completamente irrelevante para el desarrollo de la historia:

En el corral hay una pata vieja (otra), muy respetada y reconocida por todos, de la que dicen, literalmente, "es de sangre española, por eso está tan gorda".

Me ha parecido algo a destacar, teniendo en cuenta mi nacionalidad y la de la mitad de la gente que se pasa por aquí.

Los patos del corral expresan en voz alta su desdén hacia el patito feo. Y uno le da un picotazo en el lomo. Su madre le defiende, pero el pato del picotazo dice que es muy raro y que hay que darle una zurra. La pata española dice que los patitos son muy monos, menos ése tan feo, y dice que le gustaría que la pata volviera a empollarlo.

Versión chunga de resetear el ordenador cuando no funciona, supongo. Quién iba a decir que el sistema funcionaba también con seres vivos.

Los patos picotean al patito. Las gallinas también. Mala gente, las gallinas. A mí me dan mal rollo, siempre haciendo como que no se enteran de nada, pero -lo sé yo- pensando en la dominación mundial.

Con los días la cosa va a peor. La chica que les lleva comida a los animales lo aparta con el pie. Sus hermanos se meten con él. Su madre le dice que ojalá no estuviera ahí.

Parece que la costumbre de los Grimm de hacer que todas las madrastras sean unas arpías se amplía para incluir madres biológicas en el caso de Andersen. Un poco de paz para las madres postizas, al fin.

El patito huye ante tanta presión social y se marcha a la gran ciénaga (está ahí al lado), con los patos salvajes.

Éstos seguro que son más majos que los del corral. Por eso de ser libres y tal. Hablan con él en seguida:

- ¡Pues mira que eres feo!

O igual no. Panda de bastardos.

Le informan amablemente de que les da igual que sea un cardo siempre y cuando no se case con nadie de su familia. Integración a tope.

Entonces llegan dos gansos. He aquí sus sabias palabras:

- Escucha, compañero, eres tan feo que nos gustas. ¿Quieres venir con nosotros y ser ave de paso? Aquí cerca, en otra ciénaga, hay unas gansas salvajes preciosas; todas son señoritas que dicen un cuac estupendo. Podrás tener éxito, con lo feo que eres...

¡El patito ha hecho amigos! Dos gansos que creen que es feo a más no poder y que se lo quieren llevar a un burdel o lo que sea eso lleno de preciosas y salvajes señoritas. ¿Es aquí donde el prota del cuento empieza a tener una existencia un poco menos miserable?

¡La duda ofende! ¡Claro que no! A los gansos los fríen a tiros inmediatamente después de pronunciar su único párrafo. Cuatro líneas le duran al pato los amigos. Qué depresión, de verdad.

El patito también peligra entre tanto cazador y tanto tiro, pero sobrevive porque es tan feo que ni los perros le quieren morder. Claro que esto nos lo dice él. Y a estas alturas el pajarito se tiene tal trauma que no sé si puede uno fiarse mucho de su criterio.

Aquí viene un episodio al que no soy capaz de encontrarle la relevancia, en el que, en resumidas cuentas, el patito llega a una casa en la que una señora le acepta porque piensa que es hembra y puede poner huevos. Allí comparte alojamiento con un gato y una gallina de patas cortas; ambos unos capullos ególatras de flipar en colorines. Así que el pato se cansa de aguantarles y se pira de ahí. No cuento maś porque de verdad que es puro relleno. O a lo mejor está eso lleno de simbolismos ocultos que a mí se me escapan porque soy de ciencias, pero el caso es que yo no le veo el sentido. Sigamos.

Otoño: el patito ve una bandada de cisnes y piensa que son animales preciosérrimos y que ojalá le aceptaran entre ellos.

Invierno: el lago en el que está nadando se hiela, teniendo que llevárselo un campesino a su casa para reanimarlo porque el pobre infeliz se ha congelado. En la casa parece que nadie quiere hacerle daño, por variar un poco, pero sin querer tira comida al suelo y la mujer del campesino le arrea con un atizador. Aquí ya el autor dice que va a pasar de contarnos todas las penalidades que sufrió el pato durante el invierno, supongo que porque si no no acabamos en la vida.

Llega la primavera; el patito ve a unos cuantos cisnes, y como es un pusilánime de mucho cuidado, va hacia ellos y les pide que le maten, ya que tiene clarísimo que sólo por osar acercarse a ellos ya le van a destrozar, y prefiere esa vía a seguir soportando su horrible vida.

¡Y entonces ve su reflejo en el agua!

¡Es un mega cisne híper bonito!

¡Qué chorrada de cuento!

El ex-pato se alegra mucho por toda la mierda que ha tenido que soportar a lo largo de su vida, ya que de esta forma es capaz de estimar en su justo valor su felicidad.

Los niños del parque le quieren mucho porque es muy bonito, el resto de cisnes le adoran, y colorín colorado, esta idiotez de cuento se ha acabado.

Moraleja: lloriquea toda tu vida por lo que te va mal en vez de intentar ponerle remedio o aceptarlo y seguir adelante, hasta que cambies lo suficiente como para que la sociedad te tolere. Entonces, da gracias por tu basura de vida pasada y hazte colega de los que te maltrataban o pasaban de ti cuando eras distinto. Y recuerda que los que te amargaron la existencia no pagarán por ello ni sufrirán siquiera por envidia, ya que probablemente ni se enteren de tu transformación y consiguiente adaptación al medio.

Es el cuento más nocivo para la educación de los niños que he leído jamás.

Ocultad esta historia bien lejos de los críos que tengáis por casa, y dulces sueños para todos menos para Andersen, por decirles tonterías a los niños.

domingo, enero 05, 2014

Pollo en la cabeza

Observando desde la distancia cómo más de la mitad de mis compañeros de viaje descienden por una pendiente inclinada y resbaladiza, mientras Sledge les espera al final de la misma con los brazos abiertos, prometiéndoles a gritos que está ahí por precaución pero que eso es perfectamente seguro, me cuestiono por un momento hasta qué punto ha sido inteligente hacer un viaje de quinientos kilómetros para ir a una casa perdida de la mano de Dios en Pontevedra a celebrar que el que ejerce de red de seguridad ha sobrevivido a 30 años de hacer el cenutrio.

- NI SE TE OCURRA. - Esto lo dice un padre que ve cómo su hijo trota felizmente detrás de la panda de tarados mencionada, dispuesto a rodar cuesta abajo si hace falta para unirse al grupo. El hombre ve de reojo a Markru resbalar y estar a punto de despeñarse.

Yo sólo pienso en que se está haciendo de noche y mi ausencia de agilidad y yo tenemos que volver por ese terreno lleno de plantas y arena, bajando por una cuesta casi igual de horrorosa que la que ha estado a punto de hacer que Markru se rompa la crisma.

Afortunadamente y contra todo pronóstico, conseguimos volver enteros a casa de Sledge, donde, enroscada en una manta, soy partícipe del primer gran descubrimiento del fin de semana y del que será probablemente uno de los eventos más absurdos de mi vida.

Una partida de Munchkin.

El Munchkin es un juego de rol, de ésos en los que te tocan cartas y tú juegas con ellas, que es completamente absurdo y al que hay que jugar con gente absurda también para que el efecto se multiplique y así sea todo mucho más divertido. El día anterior ya había observado una partida sin participar, y os juro que después de una hora de análisis concienzudo seguía sin entender ni jota de la situación. Para el que no lo haya visto nunca, una porción aleatoria de una partida de este juego tiene una pinta más o menos como la que sigue:

- ¡Amazona! ¡Ja! ¡No me ataca porque he cambiado de sexo!
- ¡No te ataca ella pero yo te pongo UN POLLO EN LA CABEZA! ¡AAAAAHH JAJAJAJAJAJA!
- ¡NOOOOOOOOOOOOO! ¡EL PUTO POLLO EN LA CABEZA NO!

Y así.

Pero bueno, luego te acoplas al juego, y entre insultos varios empiezas a entender cosas. Entre otras, que la partida no se va a terminar jamás. Igual otra gente sí que las acaba en un tiempo prudencial, no sé, pero nosotros nos dedicamos a destrozar sin piedad a cualquier jugador que tenga la más mínima intención de obtener un macarrón, representación casera de un nivel. Durante el juego todo tipo de barbaridades sobrevuelan el salón, pero oye, es ver que alguien puede ganar y las alianzas y fraternidades inundan la sala. Y teniendo en cuenta que para ganar hay que conseguir diez niveles, terminar se complica un poco.

- ¡Ladillas!
- ¡Ooooohh, qué fácil!
- Peleo contra ellas y gano en uno, dos...
- Esperad. ESPERAD. TIENE OCHO MACARRONES. VA A GANAR.
- ¿Eh? ¿¿EH?? ¡NOOOOO!¡Más cinco al monstruo! AYUDA, QUE YO SOLA NO PUEDO.
- ¡Monstruo errante!
- ¡Te quito las rodilleras de seducción! - La gente tira cartas como loca sobre la mesa.
- ¡PERO NO ME ATAQUÉIS TODOS! ¡PUTAS! ¡Sumo diez!
- ¿¡Suma diez!? ¿No hay ladrones? ¡Apuñalad! ¡APUÑALAD!

Destrucción de toda posibilidad de ascenso para el jugador y vuelta a empezar. Y así durante horas. Aún así nos apañamos para terminar alguna partida, así que podría haber sido peor.

Y bueno, aparte estuvo la fiesta. No tengo muy claro de qué se acordará la gente, pero creo que todo el mundo se lo pasó muy bien. Sólo tengo que decir que en cuanto todo el mundo se sirvió la tarta yo me llevé el cuchillo de cocina y lo escondí en lo más profundo del lavavajillas porque me dio miedo que un montón de gente alcoholizada tuviera acceso a armas blancas tan grandes. Esto derivó en:

a) Apareció un hacha en la sala. No sé por qué, no sé cómo. Creo que la fue a buscar alguien para que Sledge pudiera hacerse fotos atacando al creeper de Minecraft de metro y medio que le habían fabricado sus primos, pero no lo tengo claro. Puede que yo propusiera cortar la tarta con el hacha. Me pareció buena idea en el momento, y eso que estaba sobria. Por suerte, incluso estando borrachos como cubas, los presentes tuvieron la cabeza de no hacerme caso.

b) A partir de ese momento los invitados comieron tarta con las manos. Hay grandes fotos al respecto. Incluso me recriminaron ser una pija cuando me vieron destrozando la tarta a base de arrancar trozos directamente de la bandeja, por estar utilizando un tenedor.

En general, hubo mucha tarta, mucho alcohol, gente vestida de colores porque era un amago de fiesta temática y entretenimientos varios. A destacar:

1. Perseguir a Markru para que no se metiera en el mar.

2. Ver cómo Jags localizaba a la gente con la mayor torza posible y les convencía para que se tomaran otro chupito.

3. Exponer cada uno las razones por las cuales ninguno se consideraba la persona indicada para ir a rescatar a Sledge cuando el alcohol nublara su mente y le hiciera olvidar cómo se nada. Esto mientras, desde dentro de nuestros respectivos abrigos, gorros y bufandas, le veíamos entrar en el mar corriendo, en esa temperatura tan estupenda que proporciona el amanecer en invierno.

Al día siguiente todo fue gente envuelta en mantas tomando ibuprofenos como si no hubiera un mañana. Pero bueno, al final nadie se ahogó y no hubo accidentes con el hacha, así que yo con eso me conformo.

Feliz año nuevo a todos, y que el colgado de Sledge cumpla muchos más.