jueves, agosto 15, 2013

Apocalipsis zombie

El otro día vi Guerra mundial Z (World War Z, Marc Forster, 2013). No voy a hacer una crítica, sólo os digo que está bien, muy entretenida. Es básicamente Brad Pitt corriendo con su pashmina y con su melena, que parece no tener nociones de lo que es el champú, por medio mundo, matando zombies. Pero está bien. No es un desperdicio pagar por verla.

La película no es más que otra superproducción de Hollywood para pasar el rato, pero me ha hecho pensar.

¿Qué pasa si hay un apocalipsis zombie? Bueno, eso es una idiotez, pero, ¿y si hubiera algún follón a nivel mundial que nos dejara a todos deambulando con escopetas por la calle sin saber si vamos a sobrevivir hasta mañana? ¿Lo habéis pensado? ¿Eh?

¿EH?

Mucha gente moriría. Mucha desaparecería. Habría que robar comida, ropa, armas. No habría luz. Ni agua corriente. Y lo que es peor. Lo que es mucho peor.

NO HABRÍA INTERNET.

Me están entrando sudores fríos sólo de pensarlo. Los medicamentos y la comida son elementos sobrevalorados. El agua, llegados al extremo. ¿¿Pero internet??

Me pongo en el mejor de los casos y supongo que sobrevivo a los zombies o a lo que nos haya metido en el lío. Es mucho suponer, porque como a los atacantes no se les mate con sarcasmo ya me contaréis cómo voy a sobrevivir yo más de media hora por ahí, si no sé disparar y no tengo media torta. Aún así, imaginemos que se me aparece la virgen con una semiautomática y un bate de béisbol y sobrevivo un ratito.

Supongamos que consigo coger comida y agua y salir corriendo. Y champú. Que con estas historias siempre pienso en lo desagradable que tiene que ser estár sin poder ducharse, por muy cómodo que pareciera estar Brad Pitt en la película. A lo mejor el secreto está en llevar una pashmina. El caso es que lo pienso mucho. Si me pudiera llevar algo a una isla desierta, me llevaría a un químico que supiera explicarme en qué elementos de la naturaleza se encuentran los componentes del gel y del champú. Me llevaría a un químico, chocolate... y un router. Que me desvío del tema.

Vale, imaginemos que llego viva a algún sitio medio estable, que hay allí gente menos inútil que yo que sí sabe abrirle la cabeza a un zombie con una tubería rota si hace falta. Bien. Habrá que asentarse. Y una vez asentados habrá que hacer algo con el tiempo, ¿no?

¿Y qué hago yo sin internet? ¡Todo mi ocio está ahí dentro! Menos los cafés que tomo con mis amigos, pero a dichos amigos es evidente que se los han comido los zombies, así que tampoco puedo contar con ellos.

¿Y entonces qué hago? ¿Ver una serie? Las veo por internet. ¿Una peli? Lo mismo. ¿Leer blogs? ¿Escribir? ¿Estudiar algún tema que me interese?

Todo en internet.

Y esto me estresa de verdad, porque alguna información está en esa red, y sólo ahí. ¿Qué pasa si de repente algo impide el acceso? ¿A dónde van todos esos conocimientos? Antes había enciclopedias, pero la Wikipedia podría desaparecer de un plumazo si hubiera un apocalipsis digital. Creo que imprimieron una copia en alguna parte, pero la gente ya no tiene acceso a esos conocimientos en papel de manera asequible. Que está muy bien porque no matamos árboles y ahorramos dinero y espacio, pero da un poco de miedo.

Y pienso que bueno, puedo guardar ahora las cosas y vagar por ahí con cinco discos duros de tres teras llenos de libros, series, películas y música. Y luego pienso que en un apocalipsis tampoco hay electricidad. Que en Soy Leyenda (I Am Legend, Francis Lawrence, 2007) salía Will Smith viendo la tele, pero no sé quién puñetas mantendría en funcionamiento la central eléctrica que daba energía a su televisor si él era el único humano sobre la faz de, por lo menos, Nueva York. Igual los zombies/vampiros/infectados de la peli eran todos arquitectos, ingenieros y expertos en energías renovables y cuando no estaban comiendo gente ni farfullando cosas en cuevas oscuras se dedicaban a montar centrales hidroeléctricas. Tampoco dicen en la peli que no sea así. No seré yo quien juzgue los sueños de los zombies.

Ya me he desviado otra vez. Decía que no iba a haber electricidad. Y yo no sé generarla. Quiero decir, que no sé cómo funcionan las bases del sistema. Todas mis aptitudes profesionales parten de que un ordenador, un teléfono, o algún otro gadget electrónico funcionen. Si no, no sé hacer nada útil. No tengo nada que aportar a la sociedad. Yo debería ser la esperanza de quienes echan de menos sus cacharros digitales, y resulta que mi idea para abastecer a mi grupo de supervivientes con electricidad consiste en frotar un jersey de lana muy deprisa.

Algunas veces soy ligeramente paranoica, soy consciente. Pero yo os digo que guardéis lo que os interese de verdad. Comprad vuestros libros favoritos, grabad vuestras pelis y canciones preferidas. Porque un apocalipsis zombie es, digamos, poco probable, pero un apagón tecnológico que mande al traste todo lo que hay en la nube yo no lo veo tan descabellado. O una ley que termine -realmente- con las descargas de todo, de un día para otro.

Y ahora que ya os he dejado a todos estresados abrazando vuestros portátiles, me voy a aprender a cultivar tomates, para así tener algún conocimiento que aportar en caso de catástrofe.


p.d. He buscado lo de Soy leyenda. Creo que en la peli no lo dicen, pero parece que existen unos generadores portátiles que funcionan con gasolina. Por si alguna vez os cortan la luz y no tenéis suficientes jerseys de lana a mano.

jueves, agosto 08, 2013

Jornada continua

He estado comiendo hoy con mi padre y con mi tío Klaus, y le he estado contando a éste último cuáles son las condiciones de mi trabajo nuevo.


INCISO

Hace como diez días, Cleo me dijo que buscaban gente en su empresa. A menos que me llamen arrepentidos, empiezo el 19 de este mes como programadora junior de java. Me imagino que ya contaré batallitas al respecto.

FIN DEL INCISO


Mi tío está jubilado, pero cuando trabajaba era jefe de calidad de una conocida marca de electrodomésticos. Está bien, porque es ingeniero (no recuerdo de qué), así que entiende de qué estoy hablando cuando le cuento cosas de la carrera, del proyecto, o lo que toque.

Klaus - ¿Y qué horario vas a tener?
Yo - Ahora de ocho a tres. En invierno de siete y media a tres y media. Espero no morir por tener que levantarme a las seis. - Claro que moriré. Todos los días durante un mes, o así, hasta que me acostumbre. O a lo mejor no me acostumbro nunca y llego todos los días arrastrándome al trabajo, sin tener una noción clara de cómo he llegado hasta allí.
Klaus - Ya, es muy pronto, pero así tienes la tarde libre.
Yo - Sí, voy a sufrir levantándome a esas horas, pero prefiero tener jornada continua. - Intento olvidar el hecho de que voy a tener que acostarme a las diez. Va a ser duro.
Klaus - Yo también tenía jornada continua. De ocho a ocho.

¿Veis como a todo hay quien gana?

domingo, agosto 04, 2013

Glee: canturreos cargantes y un gran sentido del humor

He visto Glee. Entera. Bueno, lo que existe.

Os voy a intentar explicar por qué todo el mundo la odia y los que la ven parece que lo hacen como tratando de que no se note mucho que les gustan estas cosas.

Para el que no sepa ni de qué estoy hablando, Glee es una serie ambientada en un instituto de Ohio que cuenta las peripecias del conjunto de adolescentes inadaptados que integran el Glee Club, un grupo extraescolar en el que los chavales canturrean temas de moda bajo el cuidado de su repelentísimo profesor, Will Schuester (Matthew Morrison). Para tener una antagonista por ahí dándole un poco de emoción al asunto, está la entrenadora de las animadoras, Sue Sylvester (Jane Lynch), que es prácticamente una psicópata e intenta acabar con el club de marras cada dos por tres.

Lea Michele (Rachel Berry), Cory Monteith (Finn Hudson) y Chris Colfer (Kurt Hummel)

De esta serie habréis oído hablar últimamente porque el actor que interpreta a uno de sus personajes principales, Finn Hudson (Cory Monteith), se ha pasado con las drogas y se lo han encontrado fiambre en una habitación de hotel en Canadá. Ha sido un drama porque el tipo tenía treinta y pocos años, y porque se iba a casar con otra coprotagonista de la serie (Lea Michelle, que interpreta a Rachel Berry), así que en general ha sido una historia bastante deprimente.

Por lo visto va a haber otras dos temporadas, pero yo os voy a hablar de las cuatro primeras, que son las que se pueden ver de momento.

1ª fila: Chris Colfer (Kurt Hummel), Lea Michele (Rachel Berry), Matthew Morrison (Will Schuester), Jenna Ushkowitz (Tina Cohen-Chang), Kevin McHale (Artie Abrams), Amber Riley (Mercedes Jones); 2ª fila: Naya Rivera (Santana Lopez), Heather Morris (Brittany Pierce), Jane Lynch (Sue Sylvester), Dianna Agron (Quinn Fabray), Cory Monteith (Finn Hudson) y Mark Salling ( Noah 'Puck' Puckerman)

La principal razón por la que creo que todo el mundo se mete con Glee es por lo cargantes que son sus personajes y porque destrozan vilmente clásicos en cada capítulo. A la gente no le gusta ver a un grupo de críos cansinos destruyendo temas de su grupo favorito. Además, a poco que veas la serie detectas un conjunto de incongruencias y absurdeces bastante molestas y difíciles de ignorar:

1. El Glee Club siempre está luchando por financiarse los viajes porque no tienen dinero para nada, pero luego tienen una banda entera, violinistas incluidos si hace falta, en todo momento a su alrededor. Tanto en clase como cuando a alguno le da por expresar sus sentimientos a través de una canción de manera aleatoria. ¿Quieres cantarle una canción a tu novia para decirle lo mucho que la quieres en medio de la clase de matemáticas? Allí se presentan un pianista, un batería, cuatro violonchelos y un tío con unas maracas. También aparecen, si se requiere, máquinas de viento, de humo, de luces, decorados enormes, y lo que haga falta en el momento. Lo único que explican más o menos es que tengan vestuario infinito concreto para cada ocasión, incluso aunque sea para una mini actuación de ensayo. Por lo que se ve en un capítulo, tienen explotado al club de costura (sí, tienen un club de costura en el instituto). El resto, misterios de la naturaleza.

Darren Criss (Blaine Anderson), Kevin McHale (Artie Abrams), Jayma Mays (Emma Pillsbury), Matthew Morrison (Will Schuester), Cory Monteith (Finn Hudson), Amber Riley (Mercedes Jones), Chris Colfer (Kurt Hummel), Lea Michele (Rachel Berry), Mark Salling (Noah 'Puck' Puckerman), Heather Morris (Brittany Pierce), Naya Rivera (Santana Lopez), Dot Jones (Shannon Beiste), Dianna Agron (Quin Fabray), Harry Shum Jr. (Mike Chang), Jane Lynch (Sue Sylvester) y Jenna Ushkowitz (Tina Cohen-Chang)

2. ¿Tú tardas tres semanas en preparar una coreografía? Ellos hacen diecisiete en una semana. Además, nunca ensayan. Siempre sale todo bordado a la primera, e incluso cuando cantan temas para practicar acaban haciendo una actuación súper profesional.

3. Todos son chavales de entre 15 y 17 años, la mayor parte de ellos con familias paupérrimas que apenas llegan a fin de mes, pero oye, saben leer música, tocar la batería, la guitarra, ballet clásico y claqué. Y también componen canciones de un día para otro.

4. Están en TODOS los eventos existentes. Bodas, funerales, bailes de fin de curso, graduaciones. ¿Te casas? Cantan en la ceremonia. ¿Se te muere alguien? Cantan en la ceremonia. Y así.

Kevin McHale (Artie Abrams), Naya Rivera (Santana Lopez), Mark Salling (Noah 'Noah' Puckerman), Heather Morris (Brittany Pierce), Dianna Agron (Quin Fabray), Chris Colfer (Kurt Hummel), Matthew Morrison (Will Schuester), Jenna Ushkowitz (Tina Cohen-Chang), Amber Riley (Mercedes Jones), Cory Monteith (Finn Hudson), Lea Michele (Rachel Berry) y Jane Lynch (Sue Sylvester)

5. No avisan de qué canción van a interpretar, pero los músicos la tocan bien igual. Y se suele acoplar algún compañero con una coreografía ejecutada a la perfección de manera espontánea.

6. Tienen 16 años, pero se saben todas las canciones. De todos los artistas. De todos los tiempos. Les da igual Madonna que Wham! que Rihanna, uno se pone a cantar y el resto hace unos coros maravillosos.

Y las que me estaré olvidando. Supongo que ahora entenderéis por qué es una serie tan odiable.

 Matthew Morrison (Will Schuester), Jayma Mays (Emma Pillsbury), Kevin McHale (Artie Abrams), Chris Colfer (Kurt Hummel), Lea Michele (Rachel Berry), Jenna Ushkowitz (Tina Cohen-Chang), Dianna Agron (Quinn Fabray), Cory Monteith (Finn Hudson), Amber Riley (Mercedes Jones) y Jane Lynch (Sue Sylvester)

Dicho esto, recordemos que yo me he tragado cuatro temporadas enteras, y esto es porque Glee tiene un montón de puntos positivos que parece que la gente está empeñada en ignorar.

Para empezar, tiene un gran sentido del humor, ácido y salvaje como pocos. Chistes autocríticos los hay en casi todos los capítulos. De hecho, todas las cosas negativas que he enumerado antes ya las han dicho los propios personajes de la serie. Se meten con todo y con todos; hasta hay un personaje dedicado a ello, Sue Sylvester, que se dedica a insultar a los alumnos por ser gays, o negros, o hispanos o cualquier otra razón que se le ocurra. Al buen guión contribuyen los estupendos cameos que meten de vez en cuando; ha aparecido gente como Britney Spears, Neil Patrick Harris, Kate Hudson o Gwyneth Paltrow.

Heather Morris (Brittany Pierce), Dianna Agron (Quinn Fabray) y Naya Rivera (Santana Lopez)

En cuanto a los personajes, pues bueno... Schuster es insoportable y muchos personajes si no estuvieran daría totalmente igual, pero algunos merecen la pena. A destacar, Santana Lopez, interpretada por Naya Rivera, y Principal Figgins (director Figgins, supongo que le llamarán en español), interpretado por Iqbal Theba. Ésos son una risa. Eso sí, en la cuarta temporada han entrado nuevos personajes, aún más repelentes que los originales.

Alex Newell (Wade 'Unique' Adams), Darren Criss (Blaine Anderson), Chord Overstreet (Sam Evans), Kevin McHale (Artie Abrams), Jenna Ushkowitz (Tina Cohen-Chang), Samuel Larsen (Joe Hart) y Melissa Benoist (Marley Rose)

Otro tema interesante es que se tratan a fondo todos los temas chungos que te atacan cuando eres adolescente, cosa que está muy bien, pero que deriva casi siempre en una inyección de lecciones morales así, de golpe. Es todo súper empalagoso siempre. Con que hay que ser tolerantes con los gays se ponen súper pesados, más que nada porque uno de los protagonistas es súper súper gay (Kurt Hummel, interpretado por Chris Colfer. Yo le odiaba al principio, pero en la cuarta temporada es un gran personaje, dadle una oportunidad).

Y lo que desde mi punto de vista hace que la serie merezca la pena, junto con el ya mencionado sentido del humor, es que ayuda a coger una gran cultura musical con respecto a los clásicos, y además te enteras de lo que está de moda. Descubres música nueva y te permite escuchar sin prejuicios canciones de artistas a los que en otra situación no les darías una oportunidad en la vida. Quiero decir que a lo mejor estás viendo un capítulo, cantan una canción, suena bien, y resulta que es de los Jonas Brothers. ¿Le habrías dado una oportunidad a esa canción si te hubieran dicho por la radio lo que vas a oír? No. O al menos mucha gente no. Y así a veces un grupo que no te gusta nada saca una canción que te encantaría si la escucharas, pero que no llegas a conocer nunca porque eres un pedante cansino y lleno de prejuicios. Bueno, o porque ya le has dado treinta oportunidades a ese grupo y siguen siendo malos. Pero nos entendemos. Y no os lo vais a creer, pero igual que destrozan canciones estupendas, también hacen versiones muy dignas de vez en cuando.

Chris Colfer (Kurt Hummel), Heather Morris (Brittany Pierce), Chord Overstreet (Sam Evans), Darren Criss (Blaine Anderson), Harry Shum Jr. (Mike Chang), Ashley Fink (Lauren Zizes), Lea Michele (Rachel Berry), Cory Monteith (Finn Hudson), Jenna Ushkowitz (Tina Cohen-Chang), Mark Salling (Noah 'Puck' Puckerman), Kevin McHale (Artie Abrams) y Dianna Agron (Quinn Fabray)

No sé si habrá Glee Clubs de éstos en España; me imagino que no, porque si existieran, los de la SGAE ya habrían salido en las noticias por ir por ahí haciendo piras funerarias con estudiantes de instituto. Además, a la tercera vez que alguien se pusiera a cantarle una canción de amor en medio del comedor a su novio, alguien le tiraría un servilletero a la cara.

Como conclusión, Glee es una serie cargante a más no poder, pero que tiene su encanto. Hay capítulos muy muy flojos, y capítulos estupendos, pero en general, si sabes lo que estás viendo y estás dispuesto a concederle muchas licencias, al final hasta engancha.

En cualquier caso, seguro que habéis visto series peores.