lunes, julio 22, 2013

Ahora me ves... Paso de todo, voy a ser maga

Ese extraordinariamente aburrido mundo que me ha parecido siempre la magia se ha abierto paso de nuevo en el cine bajo el título Ahora me ves... (Now You See Me, Louis Leterrier, 2013).

Ahora me ves... - cartel

Bueno, miento un poco. La magia me ha aburrido siempre soberanamente, pero hace un par de años tuve la poca fortuna de descubrir que el novio de Cleo era mago, lo que por consiguiente me obligó a ir a uno de sus espectáculos para no ser la amiga satánica que no apoya las venas artísticas de sus conocidos. El drama no fue tener que ver un espectáculo de magia, sino descubrir, oh sorpresa, que el tipo era bueno. No sabéis lo agotador que es decidir que algo que no te interesaba en absoluto pueda de repente tener cierto interés. El pobre chico está como una regadera y  tiene el estresante hobbie de aparecer de la nada para provocarme paros cardíacos; además creo que está convencido de que estoy enrollada con su novia, pero en fin, a las parejas de los amigos hay que quererlas igual, y el caso es que el chico monta unos espectáculos suficientemente interesantes como para que yo vaya a verle por iniciativa propia (no se lo digáis a nadie) y como para que os recomiende que le llaméis si queréis, por razones del destino, contratar a un mago.

Volviendo al estreno de Leterrier, Ahora me ves relata cómo cuatro magos, cada uno especializado en una rama diferente, se unen para dar una secuencia de espectáculos que les catapultarán a la fama gracias a sus poco ortodoxos métodos y resultados. Dichos magos (Jesse Eisenberg, Isla Fisher, Woody Harrelson y Dave Franco) realizarán sus trucos gracias a la financiación de su benefactor Arthur Tressler (Michael Caine), mientras son perseguidos por el desorientado y cabreadísimo agente del FBI Dylan Rhodes (Mark Ruffalo) y por la siempre paciente detective de la Interpol Alma Dray (Mélanie Laurent), así como por una especie de caza estafadores llamado Thaddeus Bradley (Morgan Freeman).

Jesse Eisenberg (J. Daniel Atlas), Dave Franco (Jack Wilder), Isla Fisher (Henley Reeves) y Woody Harrelson (Merritt McKinney)

Os podría decir que fuérais a ver la peli porque salen Morgan Freeman y Michael Caine e irme a dormir, porque si sois trigo limpio ésa debería ser razón suficiente para que fuérais corriendo al cine, pero ya que estamos aquí, vamos a analizarla un poco.

No es que hagan falta más motivos, pero el caso es que Ahora me ves es una película entretenida hasta el infinito, en la que los aspectos visuales son más que espectaculares,  y donde todo parece estar en su sitio en cada momento.

Mark Ruffalo (Dylan Rhodes), Mélanie Laurent (Alma Dray) y Jesse Eisenberg (J. Daniel Atlas)

El protagonismo está muy repartido, de manera que casi nadie acapara la historia; los actores son buenos, obviamente un poco eclipsados por Caine y Freeman, pero con momentos muy memorables de todos los demás. Además Ruffalo y Eisenberg cada vez son mejores, no sé cómo lo hacen, y el personaje de Harrelson es una juerga.

La historia mantiene el interés todo el tiempo, siendo, eso sí, ligeramente confusa a ratos, y hay ciertas cosas que habrían requerido explicaciones más detalladas (o explicaciones, a secas), pero tampoco es algo que estropee la experiencia.

Morgan Freeman (Thaddeus Bradley)

En resumen: divertida, espectacular, con un reparto extraordinario y en general el producto más entretenido, en el mejor de los sentidos, que he visto en mucho tiempo. Con los cuatro trucos del principio de la peli yo ya estaba emocionada, pero el resto de la cinta no se queda atrás.

Así que, ¿la recomiendo? Evidentemente sí. Eso sí, si sois de esa gente que se queja por cada detalle que no cuadra al milímetro con las leyes de la física, ni os lo planteéis, porque vais a sufrir. Todos los demás, comprad palomitas y pasadlo bien.


p.d. Recuerda muchísimo a Ocean's eleven. Hagan juego (Ocean's Eleven, Steven Soderbergh, 2001). Por si os sirve de referencia.

lunes, julio 15, 2013

Hostelería vasca

Mañana defiendo mi proyecto de fin de carrera, y si no paro un poco entre ensayo y ensayo me voy a quedar afónica, así que voy a aprovechar para contaros mi maravillosa experiencia hostelera en Bilbao.

Hace tiempo se alinearon los planetas y coincidió que venía mi grupo favorito a tocar al BBK, que a Fog también le gustan esos tíos y quería ir a verlos, y que la fecha era después de la entrega de mi proyecto pero no coincidía con la defensa. Por tanto cogí entradas corriendo para ir el jueves 11 de julio al festival.

El BBK, para el que no lo sepa, es un festival de música celebrado en Bilbao, muy conocido, en el que tocan unos grupos estupendos y donde el mal olor corporal de la gente queda casi totalmente encubierto por el aroma a marihuana que flota en el ambiente. Claro que ésta es la definición de la inmensa mayoría de festivales de música famosos del mundo, pero éste es el que yo conozco.

Por informaros un poco de como fueron los conciertos, hay dos a destacar:

Editors, un concierto estupendo pero muy corto, aplatanado enormemente por la panda de muermos que me rodeaban. No cantaban. No bailaban. No aplaudían. No tenían sangre en las venas. Gente que había pasado una hora sentada en la primera fila para que no le quitaran el sitio pero que ni se sabía las canciones. Misterios de la naturaleza.

Depeche Mode, vaya fiesta. La cantidad de droga que se habrán metido sus integrantes probablemente dé para mantener un par de redes internacionales de narcotráfico enteras. Pero qué energía. Qué manera de dar vueltas. Qué raya del ojo tan pintada y qué escote el de sus chalecos. Un espectáculo. Del público de este concierto tengo que decir que había lo que me imagino sería un crítico, o simplemente un tipo muy pedante, que se enfadaba cuando la gente cantaba las canciones famosas y que le gritaba improperios a los miembros de la banda cuando no cumplían con los acordes a rajatabla. A ratos refunfuñaba algo y escribía en su libreta.

De los demás que vi, enteros o a cachos, sólo digo que fueron estupendos, y os dejo enlaces por si no les conocéis y os apetece experimentar: Two Door Cinema Club, Biffy Clyro, Little Boots, Edward Sharpe & the Magnetic Zeros, Billy Talent (éste a mí no me va, pero yo os pongo un enlace por si a vosotros os gusta), y Alt-J, que desafortunadamente terminaron justo cuando yo llegué.

Pero yo no he venido a hablar de música. Yo he venido a hablar de cuartos de baño.

Una maravilla, los baños del BBK.

Subo los tres escalones que llevan hasta el caseto que contiene los baños, abro la puerta, y...

¡un agujero en el suelo!

¡Qué bien!

Bueno, no pasa nada, los había visto antes en restaurantes (!) en Italia, así que mucho no me escandalizo. Pero yo no soy la única que se está encontrando con ese percal.

¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH PERO SI ES UN AGUJEEEEROOOOOOOO!!!

Pobre. Está en shock. Oigo a su amiga:

- Bueno, pues así no te manchas. Venga, venga. - Y empuja a su amiga al interior del baño.

Tampoco tengo claro qué esperaba encontrar la chica en un festival de música, la verdad.

Pero lo bonito no son los agujeros en el suelo. Lo que mola es cuando se hace de noche, tú vuelves al baño, y ves que no hay luz. Genial, teniendo en cuenta, además, que la puerta llega desde el techo hasta el suelo, así que no entra ni una triste franja de claridad. Es interesante recordar también que al no haber taza, fluidos de todo tipo impregnan el suelo. Siempre está bien recordar estas cosas.

Suspiro, le emplumo mi mochila a Fog, y entro en el cuchitril, toda determinación, con un pañuelo de papel en una mano y el móvil iluminando el camino en la otra, sujetándolo como si me fuera la vida en ello ante la pavorosa posibilidad de que mi lista de contactos desaparezca por el agujero del suelo hacia su trágico destino. Oigo a un chico detrás de mí.

- Jo tíiiio, la gente va preparadísima. - Lo dice con una admiración inmensa, como si fuera yo la inventora de utilizar el móvil como linterna y de llevar en el bolso una alternativa al papel higiénico. Pero tengamos en cuenta que el tipo tenía más alcohol en sangre que glóbulos rojos. En ese estado todas las ideas parecen geniales.

Pero en fin, sobreviví a los baños de campo de concentración aquéllos y me fui a ver más conciertos.

Lo divertido fue al llegar al hostal.

Fog y yo teníamos cogidas dos camas en una habitación de seis personas en un lugar llamado Moon Hostel Bio.

Nos cobraron 40 euros por cabeza. En una habitación en la que dormíamos con cuatro desconocidos. Estaréis pensando lo mismo que yo, que por ese precio tendríamos geles perfumados en el baño y un buffet para desayunar, como mínimo.

No.

Lo digo de este sitio porque es al que fui yo, pero vamos, que son todos igual de ladrones; en cuanto se acerca el festival te clavan verdaderas barbaridades por una habitación cochambrosa. Las zonas comunes del hostal eran súper monas, la localización era buena y la recepcionista era un amor, pero mi cortina de ducha no sé los años que llevaría allí, entre las literas no cabía un alfiler, y en mi litera no había ni una balda en la que poner el móvil, o las gafas, o algo. Si quería algo del suelo, tenía que gritarle cosas a Fog para que me las pasara él, que estaba más cerca del suelo. Un desastre.

Además, entre mis compañeros de habitación, una panda de británicos encantadores, se encontraba una chica que roncaba como un rinoceronte. Comento.

¿Termina aquí mi odisea con la hostelería vasca? Evidentemente no.

El viernes optamos por ir al Guggenheim y después a la playa. Desayunamos unos bollos y un café estupendo en una cafetería cercana al hostal, nos fuimos al museo, intentamos, sin éxito, engañar al recepcionista para que nos hiciera un descuento, vimos el museo y nos marchamos a la playa.

A las seis de la tarde o así, nos fuimos de la playa en busca del coche, parando por el camino a comer algo en un bar.

La playa a la que fuimos se llamaba Neguri, y el bar era algo parecido. La estación de Neguri. El descanso de Neguri. El antrazo de Neguri. No sé, algo así. En cualquier caso, por si vais por allí, lo reconoceréis porque está ambientado al milímetro con material de Bob Dylan.

Si estáis en la zona y detectáis dicha ambientación, corred.

Entramos. Qué sitio tan chulo, qué bien decorado. Veo bollos. Mmmmm bollos. Le pregunto al tipo, que tiene una pinta de cocainómano espantosa, que si nos dan de comer. Me dice que sólo le queda ensaladilla rusa. Pedimos una ración para los dos.

La ensaladilla viene en un plato hondo, sobre otro vado que sirve de soporte. Lo pone encima de la barra y yo identifico algo raro.

Observo.

No puede ser.

Igual... sí va a ser.

Pero es que no me lo puedo creer.

Desde el plato vado me observan, completamente rebañados, dos huesos de aceituna masticados por el cliente anterior.

Después de la fauna que correteaba por los pinchos del bar aquél, creo que esto es lo más grotesco que me he encontrado jamás en un bar.

Me aparto un poco del plato y estiro el brazo y el dedo índice.

Yo - ¿Qué es eso?

Fog mira. El camarero mira.

Camarero - ¿El qué?

Estiro más el brazo.

Yo - ESO.

Fog ve el peligro potencial de la situación y le intenta quitar hierro al asunto.

Fog - Um, eso, que se habrá quedado ahí de antes...
Camarero - Ah. Se habrá caído de otro plato.

Tira los huesos y nos devuelve la ensaladilla, sin dignarse siquiera a cambiar el plato vado de soporte.

La gente me dice que soy una borde, que soy muy agresiva, y bla bla, pero no dije nada más. Me comí mi parte de la ensaladilla, incluso.

Ya en la mesa:

Yo - Tú sabes que si la ensaladilla está mala, la hemos liado gordísima, ¿verdad?
Fog - Ya. - Mastica sin un ápice de preocupación.

Pero no estaba mala. No sólo no nos pusimos enfermos, sino que estaba riquísima.

Hay que reconocerle el mérito a los hosteleros vascos; incluso en antros infames, la comida es deliciosa.

Por último, comentar que el bar tenía un único baño, atascado. También oímos decir al camarero que se había roto lo de tirar cañas y que la cerveza salía como si fuera pis.
 
No dejéis de ir a este sitio, por favor. Una joya.

sábado, julio 06, 2013

Polillas

Doce y media de la noche. Cojo mi botella vacía y voy a  la cocina a recargarla con agua fría que me permita sobrevivir al calor infernal que ha aparecido en mi ciudad de un día para otro. Entro en la cocina y veo que la ventana está abierta de par en par, y la luz, encendida. Me asomo al salón, donde se encuentran mi hermana y una amiga suya que ha venido a pasar unos días. A su amiga la llamaremos Cucurbi.

Yo - ¿Tenéis la ventana abierta por algo? En nada esto va a estar lleno de polillas.

Cara de pánico de las presentes y discusión ridículamente larga en la cual llegamos a la conclusión de que es mejor cerrar. Vuelvo a la cocina y arrastro la ventana corredera hasta dejarla cerrada.


¡PERO!


¡YA ES TARDE!


¡¡YA HA ENTRADO UNA POLILLA DEL TAMAÑO DE UN TIRANOSAURUS REX!!


Habiendo dormido infinitas noches en una casa en el campo estoy acostumbrada a ver bichos de éstos suficientemente grandes como para echar carreras con Godzilla, así que me dan mucho asco pero tampoco me escandalizo demasiado.

Yo - Vaya por Dios.

Aparecen mi hermana y su amiga corriendo.

Heldkruger - ¿Qué pasa? ¿¡QUÉ PASA!?

Señalo al techo con una mano mientras con la otra recargo mi botella.

Cucurbi - Jo tía, qué asco. - Se parapetan detrás de la puerta mientras la polilla revolotea como loca en torno al fluorescente del techo.
Yo - Habrá que matarla.
Heldkruger - Podemos fumigar.

En mi casa se estila mucho lo de fumigar. Si hay un único insecto incordiante, tanto mi madre como mi hermana ignorarán la obvia y eficaz opción del espachurramiento en favor de vaciar un potingue tóxico en una habitación que, faltaría más, quedará aislada e inutilizable durante horas.

Yo - No tengo claro que los sprays normales maten polillas, ¿eh?
Heldkruger - Le vacío el bote entero encima y ya veremos si se muere. - Desaparece por el pasillo.
Cucurbi - Que no, que la aplastamos. Aunque va a dejar marca. - Se quita las sandalias y se dispone a entrar en la cocina.
Yo - ¡No entres descalza en mi cocina! ¡No tienes ni idea de cuántos vasos es capaz de romper mi padre, entrar ahí sin zapatos es jugarse la vida!

Pero Cucurbi está en plena misión y no escucha a nadie, así que entra en la cocina con los brazos en alto y aplaudiendo con sus chanclas. Es súper alta, así que roza el techo con sus armas de goma.

Yo - ¡CONTRA EL TECHO NO, que eso sí que deja una marca horrorosa! ¡Aplástala contra la pared! - Salgo de la cocina para permitirle maniobrar y porque me da un poco de miedo que me aplaste a mí por error. Me llevo la botella a mi habitación, y cuando estoy volviendo por el pasillo oigo un golpe.



¡ZAS!

¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHH!!



¿El golpe es que Cucurbi ha matado a la polilla? ¿Entonces por qué grita? ¿O será al revés? Como el grito lo haya soltado la polilla, YO ME PIRO DE AQUÍ.

Llego a la cocina corriendo y veo a Cucurbi huir con las chanclas en la mano mientras sigue gritando.

Yo - ¡¡Ssssssssssshhhh!! ¡Que habrá gente dormida! - Me asomo a la cocina y comprendo el por qué del chillido.

Un enorme cadáver alado me observa pegado a la pared. Qué asco.

QUÉ ASCO.

Me subo a un taburete y retiro, utilizando un trozo de papel de cocina y sintiendo un repudio infinito, el cuerpo que tan valientemente ha aplastado Cucurbi.


Después de esta ardua cacería, la polilla fue enterrada con honores en la basura y enviada al contenedor al día siguiente.

No voy a volver a abrir una ventana en mi vida.