viernes, abril 26, 2013

Cafés Pendientes

Me dispongo a escribir un post que va a hacer que os caiga fatal a todos. Me diréis que soy una nazi, una egoista, y que a ver si soy tan lista el día que ande mal de pasta; pero si no doy mi opinión, me va a salir una úlcera de estómago, así que al tema:

No sé si habéis oido hablar de una iniciativa llamada Cafés Pendientes. Por si no, yo os cuento de qué va el tema, y así además de cogerme manía podéis aprender acerca de este asunto.

La iniciativa Cafés Pendientes consiste, básicamente, en que yo puedo ir a un bar con un amigo y pedir tres cafés, uno para mi amigo, otro para mí, y otro que queda pendiente. A partir de ese momento, alguien que no tenga dinero para pagarse un café podrá entrar, preguntar al camarero si tienen algún café pendiente, y tomarse el que yo dejé pagado hace un rato. Podéis leer la explicación original, mucho más poéticamente contada, aquí.

La idea es estupenda, pensé al leer sobre ello la primera vez. Qué noble, qué guay, puedo echarle una mano a algún tío majo que no tiene ni para un café, y por un euro y pico. Yo quiero participar en eso.

Y así estaba yo, en mi nube de ensoñación pensando en cómo iba a ayudar yo sola al mundo a mejorar dramáticamente, y sólo con pagarle un cortado al primero que pasara por alguna cafetería. Entonces me acordé del yonki.

Hace unos días salí de la biblioteca, y de camino a casa, en una calle muy céntrica de mi ciudad, me encontré con Fog. Nos paramos a hablar, y cuando llevábamos allí cinco minutos, apareció un yonki que llevaba un rato deambulando por la zona, y nos pidió dinero. Fog dijo que no. Nos lo volvió a pedir. Yo dije que no. El tipo se enfadó. Empezó a pedir dinero otra vez de muy malas maneras y riéndose de nosotros. Retomé mi conversación con Fog como si el hombre no estuviera, se cansó, y se marchó a una tienda que estaba a diez metros. Allí se puso a manosear los pañuelos que había expuestos, hasta que la dependienta salió a decirle que si quería algo y consiguió echarle como pudo.

Es una chorrada de historia, pero sirve para ilustrar mi punto de vista.

Yo un día le pago encantada de la vida -si tengo dinero- el café a una mujer que se ha quedado sin trabajo y llega a fin de mes de misericordia. O a un chico que tiene que pagarse la carrera y tiene de milagro para el alquiler. O incluso a un indigente que no se mete con nadie. Pero no quiero estar tomando un café y que se me siente un cocainómano al lado. No es que no quiera pagarle el café -que no quiero- es que los yonkis me dan miedo, me ponen nerviosa, y no quiero compartir entorno con ellos. Y vosotros, que ahora estaréis pensando que soy una fascista rica y desalmada, vosotros tampoco queréis. A mí podéis decirme que sí; podéis decirle a la gente que el mundo está lleno de prejuicios, que hay que luchar contra las desigualdades sociales y que esta iniciativa es una herramienta muy poderosa que hay que aprovechar. Pero en vuestro interior, queridos lectores, sabéis que si hay un bar en el que es fácil encontrarse a un adicto a los narcóticos en una mesa y otro bar en el que no, vais a terminar yendo a este último.

¡PERO!

¡Cafés Pendientes contempla a los temerosos de los drogodependientes como yo!

Por eso dan la opción a los locales de entregar sus cafés pendientes para llevar. Esto soluciona gran parte del problema, ya que, si a mí no me gusta compartir local con un sintecho, puedo ir a alguna de las cafeterías en las que dan sus lo-que-sea pendientes para llevar. Arreglado, ¿no?

No.

Porque la gente problemática invasora de locales es sólo una pequeña parte del lío. El problema real, y me duele en el alma decirlo, es que estamos en España.

Tenemos yonkis e indigentes desagradables, sí, pero tenemos mucho más de otra cosa.

Caraduras.

Me encanta España; tiene miles de destinos turísticos preciosos, la comida es maravillosa, y la gente... bueno, de los salmantinos dicen que somos todos unos secos, pero en general es encantadora. Yo soy súper patriota y siempre defiendo a España y bla bla bla, pero el caso es que el morro que le echa la gente en este país es de flipar en colorines.

Dicen que es estar espabilado, que no se puede ir de tonto por la vida y miau miau miau, chorradas todo. Excusas para no admitir que aquí si eres honrado todo el mundo te roba y encima te se ríen de ti, por tonto.

Entonces, me pregunto yo, de los cafés pendientes que pague, ¿cuántos van a ser para un tío que tiene más dinero que yo, pero no le apetece pagar? ¿y cuántos hosteleros van a mentir como bellacos acerca de los cafés pendientes que les han pagado ese día para quedarse con la pasta sobrante?

Me da la sensación de que esta idea es un poco como el comunismo; en teoría es una preciosidad que diluye las diferencias sociales y consigue que todo el mundo sea feliz, pero en la práctica termina con un montón de exiliados en Siberia y un fiambre embalsamado al que van a visitar los turistas. Bueno,  más o menos. Nos entendemos.

En resumen, Cafés Pendientes es una idea loable y digna de admiración, que sería estupenda si viviéramos en Barrio Sésamo, en los Mundos de Yupi, o en Canadá; pero no es el caso. Y me da rabia, porque parece que no se puede hacer el bien sin que te den por los morros con tu propia idea, pero siendo realistas, la iniciativa Cafés Pendientes me parece una chorrada inviable que a la larga hará aflorar a los jetas del país. A los pocos que no han aparecido aún, quiero decir.

Sin que sirva de precedente, me alegraré mucho si me equivoco y al final resulta que somos un país lleno de gente decente en la que se puede confiar, pero lo veo francamente complicado.

No me gritéis mucho, o lloraré. Besitos.

lunes, abril 22, 2013

Kit de supervivencia

Siempre llevo dinero encima.

No mucho, pero intento llevar siempre quince o veinte euros, por si decido sobre la marcha que quiero comer fuera de casa, o comprar algo inesperado, o por si me veo envuelta de repente en una persecución con la KGB que no me deja pasar por casa a buscar pasta para la huida.

Pero, faltaría más, el día que me hace falta llevar dos tristes euros en el bolsillo, resulta que me he fundido todo lo que tenía en un sandwich de la máquina expendedora, y estoy sin un céntimo.

¿Por qué me hace falta dinero? Porque necesito un café. O un té. O cualquier cosa que me permita quedarme en un bar un rato. ¿Y por qué necesito quedarme en un bar un rato? Porque la he liado con las versiones de mi proyecto y ahora no funciona nada. Mi proyecto, cuyas versiones están pulcramente organizadas en carpetas comprimidas ordenadas por fecha y con un comentario adicional que indica el estado del programa en el momento en el que fue guardado. Pulcro e inmaculado, hasta que unas estúpidas gráficas hicieron que rompiera una versión, la guardara de cualquier manera, y volviera a una carpeta comprimida que no era la que yo creía... total, que ahora no funciona nada.

Recuerdo la conversación con Sledge de unos días atrás.

Sledge - Igual deberías usar un programa de control de versiones. Son muy útiles.
Yo - Nooo, no tengo tiempo de aprender a usarlo, y mira, mira qué ordenado está todo, no me hace falta.

La arrogancia se paga muy cara a veces.

El caso, que, intentando arreglar el Cristo de código que tengo montado, me han cerrado la biblioteca. Y si espero a mañana para solucionar este lío, olvidaré por dónde voy y tardaré cuatro veces más. Así que tengo que meterme ya en el primer sitio que encuentre y arreglarlo.

Y en esto voy pensando por la calle, mientras rebusco monedas perdidas en los bolsillos de mi abrigo y empiezo a maquinar alternativas. A saber:

- Sentarme en la puerta de una iglesia, decir que tengo tres hijos, y confiar en que las viejecitas se apiaden de mí.

- Unirme a alguno de los espectáculos callejeros que vea por el camino y exigir después mi parte.

- Montar un puesto ambulante y vender alguno de los setecientos Pilots que llevo en la mochila.

Entonces palpo algo en el bolsillo.

¡Dinero! ¡Tengo un euro y ochenta céntimos! Me da para un café... Pero sólo para eso.

Ya está. Hoy es el día en que me encuentro con Leonardo DiCaprio en un bar, no le aceptan los billetes de quinientos que lleva en la cartera, puedo salvarle el día, Y NO. Porque no tengo dinero suficiente.

...

Noto una presencia molesta. La que aparece cuando pienso idioteces.

Cerebro - ...
Yo - Qué. Qué pasa.
Cerebro - Yo no he dicho nada.
Yo - QUÉ PASA.
Cerebro - Que con la pinta que llevas, si nos encontramos con DiCaprio a lo mejor es él el que te tira unas monedas.
Yo - ¿PERDONA?
Cerebro - No preguntes cosas si no estás dispuesta a escuchar las respuestas.
Yo - YO ESTOY ESTUPENDA SIEMPRE.
Cerebro - ...
Yo - Admito que igual cortarme el pelo no le haría daño a nadie.
Cerebro - ...
Yo - Y estos vaqueros han visto días mejores.
Cerebro - Lo más humano que puedes hacer con esos vaqueros es prenderles fuego.
Yo - ¿Y si dejas de insultarme y me ayudas a pensar en cómo conseguir pasta extra? Si me meto en un sitio un poco caro, no me da ni para pagarme un café.
Cerebro - Cleo vive ahí mismo. Si no te da para pagar, la llamas.

Reconozco que tiene más sentido que acoplarme a los titiriteros de la esquina.

Yo - PUES NO. Porque me ha dicho hace un rato que tenía cena con no sé quién. ¿Por qué no sabes esas cosas? ¿Dónde estás cuando hablo con la gente?
Cerebro - Si hiciera caso a todo lo que haces al cabo del día, ya me habría dado de baja por estrés laboral. Te da tiempo a hacer muchísimas chorradas en veinticuatro horas.
Yo - Deja de quejarte. Más ideas.
Cerebro - Tienes un kit de supervivencia en la mochila. Hay cinco euros dentro.

¡¡Mi kit de supervivencia!! ¡Qué maravilla de invento! Cojo los cinco euros.

Yo - Gracias. Ve a echarte una siesta un rato, anda.
Cerebro - Y la KGB se extinguió en el 91.
Yo - SIESTA.

Me meto en una cafetería a la que iba muy a menudo a estudiar en cuarto, bastante cara pero muy bonita y con mucha luz, pido una manzanilla y me pongo a reparar código como loca, antes de que se me olvide lo que tengo que hacer.

No hay actores en la barra. Vaya. Pero hay tres señoras, de ésas que pasan de los sesenta pero están en mejor forma que el veinteañero medio.

- Ése no habla porque no me lo dejan a mí. Yo lo colgaba con los morros hacia el suelo, hasta que cantara.

¡Vaya! ¡Parece que la conversación no tiene por qué decaer con el paso de los años!


- [...] Es que no veas lo mal que se lo hizo pasar. La apuñaló y todo.

Está claro que estas señoras tienen una vida mucho más interesante que la mía.

Sigo programando, y cuando termino y me voy a levantar para pagar, las oigo otra vez:

- ¡Aaaaaay cómo está ése! ¡¡Cómo está cómo está como está!!

Tela. La próxima vez, les digo que si me puedo quedar con ellas. Tienen pinta de ser mucho más divertidas que programar.

Dulces sueños, y recordad llevar un billete de cinco euros siempre escondido en alguna parte. Por si os encontráis con DiCaprio, o por si la KGB resucita y va a buscaros. Luego no me digáis que no os lo advertí.

lunes, abril 15, 2013

Todo a... bueno, da igual. Vendemos zapatos.

Hoy vengo exclusivamente a compartir esta maravilla de la congruencia que me encontré hace unos días en una zapatería:

Todo a 10€ - todo a 6€

Con alegría. A lo mejor dentro hay otro cartel en el que pone "TODO 750€", ya total.

Con gente así, no hay quien se tome al gremio escaparatista en serio. Lo que hay que ver.


p.d. La novia virtual que he puesto esta semana en el pie del blog, aparte de ser un gadget tristísimo, no hace casi nada. He conseguido que reaccione poniendo jump, kiss, eat y dance, y cuando he visto que se quitaba la ropa de manera totalmente innecesaria, me he imaginado que sería más práctico probar con barbaridades, así que he comprobado que también reacciona con have sex,  touch yourself y lick. Algunos otros verbos también funcionan, pero la función representada es la misma, y mi mente no da para pensar más cosas sucias, así que si encontráis alguna otra reacción de la chica, me lo decís.

viernes, abril 12, 2013

Radioaficionados (actualizado)

Hoy, durante la comida, mi tío Mariano y mi padre me han recordado una historia estupendísima:

Hace un montón, mi padre era radioaficionado. Se enchufaban todos y hablaban entre sí, diciendo chorradas en clave y otras historias que tenían a mi madre hasta el cogote. Un poco como ahora chatear (aunque ya no lo haga nadie, pero entendéis el concepto), pero más molesto, porque por lo menos chatear se puede hacer en silencio y sin darle la tabarra a nadie.

Un día, mi padre y mi tío se fueron con su radio, o transmisor, walkie-talkie o lo que puñetas usaran, a una peña, para poder coger señal y hablar con quien fuera. Pero no encontraron una señal aceptable, así que se fueron a otra peña más alta. Esa noche había una niebla horrorosa y eran como las tres de la madrugada, y a mitad de camino vieron que era peligroso seguir porque la niebla era demasiado densa, pero ya no podían dar la vuelta porque eso parecía todavía peor, así que siguieron subiendo.

Resulta que unos días antes, la ETA había volado un repetidor telefónico no muy lejos de allí, así que habían mandado a la guardia civil a vigilar otro repetidor, situado en la montaña que estaban subiendo  los radioaficionados de marras.

Claro, tenemos a dos guardias civiles solos en la cima de una peña perdida de la mano de Dios, a las tres de la mañana y con una niebla que no les deja ni verse entre ellos, armados y con la idea de que un grupo terrorista puede aparecer por allí en cualquier momento para volar el chiringuito...

Y aparecen mi padre y mi tío.

Muy bien todo.

Muy listos.

Dicen que no oyeron el alto, que lo primero que pudieron ubicar fue la luz de una linterna apuntándoles a los morros.

GuardiaCivil#1 - ¿Mariano? ¡¡MARIANO!! - mi tío mira desorientado al origen de la luz, que aparentemente proviene de un tipo vestido de verde con cara de ira mezclada con pánico - ¡¡¿PERO QUÉ COJONES ESTÁIS HACIENDO AQUÍ A ESTAS HORAS?!!
Mariano - Eh... venimos a ver las estrellas - ciertas lagunas legales hacían poco recomendable el anunciar ese rollo de la radioafición, así que mi tío decidió que sería más práctico mentir -.
GuardiaCivil#1 - ¿Las estrellas? ¡¡¿LAS ESTRELLAS?!! ¡¡¡PERO SI NO SE VE NADA!!! - ver estrellas con esa niebla muy creíble no sonaba, no.
GuardiaCivil#2 - ¡Casi os freímos a tiros, joder! ¡¿Estáis locos?!

Dicen que no les han echado una bronca mayor en su vida. Los guardias pensaron que quién iba a subir allí a esas horas si no era con malísimas intenciones, así que, obviamente, pensaron lo peor, y casi los fríen.

Recordad que sorprender a gente armada que está esperando a terroristas en una noche de niebla es una mala idea. Aunque luego proporcione buenas anécdotas que contar.


ACTUALIZACIÓN

Aclaro una cosa, porque no está muy bien explicado y hay gente que me ha preguntado al respecto:

La peña mencionada está en el pueblo en el que vivía mi tío. Además, mi tío trabajaba en el centro de salud, así que le conocía todo el mundo. De ahí que no les pegaran un tiro; los guardias civiles le conocían de sobra. Que a veces me explico fatal.

sábado, abril 06, 2013

Holy Molly Cross Malone

Hace unos días fui a McDonalds con Manzo. Uno con taburetes de colores, murales en las paredes y chorradas guays de ese tipo. Manzo señala al centro del local, muy emocionado. Ha localizado los sillones. Sillones de colores con unos brazos enormes, que giran.

Yo - Esto es mala idea. - le digo a Manzo mientras me acomodo en uno de los sillones fluorescentes -. El otro día estuve con Paulaner en el Holy... Molly... um... ¿Cross? No sé, ése que era el Drunken Duck; nos sentamos en los sillones ésos de mafioso que tienen en la planta de abajo, y casi ni nos oíamos, porque los sillones eran tan grandes que estábamos al quinto infierno el uno del otro.
Manzo - ¿El Molly Cross no es el que era antes el Holy Cross?


INCISO

Hay una serie de cervecerías en mi ciudad que -me parece- pertenecen a la misma compañía. La decoración es similar en todas, todo de madera, muy acogedor. Es probable que también tengáis algunas en vuestras respectivas ciudades, porque funcionan, como mínimo, a nivel nacional. El caso es que alguien ha tenido la brillante idea de cambiarles los nombres, y ahora no hay Cristo que se aclare con cuál es cada una.

FIN DEL INCISO


Yo - ¿El que era el Holy Cross? ¿No es el que era el Drunken Duck?
Manzo -  Yo creo que no. Yo creo que el Holy Cross ahora se llama Molly Cross.
Yo - ¿Y entonces el Drunken Duck cómo se llama?
Manzo - No sé, Holy... ¿Malone?
Yo - No, el Molly Malone sigue siendo el Molly Malone, y ninguno más lleva "Malone", en el nombre, ¿no?
Manzo - ¿Al Molly Malone no le han cambiado el nombre?
Yo - Creo que no. Sólo al Holy Cross y al Drunken Duck. Que ahora son el Molly Cross y el que no sé cómo se llama.
Manzo - Podemos llamarlos a todos Holy Molly Cross Malone, y punto.


 Seguro que os ha pasado alguna vez, que os habéis visto involucrados en una conversación absurda, y al poco tiempo habéis tenido la misma conversación, igual de absurda, con otra gente. El miércoles fui a cenar a un maravilloso retaurante chino al que voy de vez en cuando con unos amigos. Los presentes éramos Markru, Manzo, Canaris, Sledge, Paulaner, Denny y yo, pero quién dijo cada cosa es información que mi cerebro ha decidido que no tiene relevancia ninguna, por eso no pongo nombres en la conversación.

- ¿Vamos a tomar una cerveza?
- Vale. ¿Dónde?
- Podemos ir al Molly Cross.
- Ése lo han cerrado.
- ¿Lo han cerrado? Pero espera, ¿ése es cuál era?
- El que está ahí abajo.
- ¿Ése no era el Holy Cross?
- Noooo, ése era el Drunken Duck.
- ¿¿Han cerrado el pato borracho??


Y así.

Lo importante de todo esto es: si tienes una cadena de bares, no fusiones los nombres, por Dios. Que soy fácil de desorientar y luego tengo que sufrir estas situaciones. Y encima luego vosotros tenéis que leerlas.

Y yo creía que sabía poco de márketing.

lunes, abril 01, 2013

The Host (La huésped): alenígenas amables y humanos rebeldes.

The Host - La huésped (The Host, Andrew Niccol, 2013) narra la historia de un planeta Tierra invadido por una cultura alienígena que coloniza los cuerpos humanos y se apodera de sus recuerdos, haciendo desaparecer a la mente que era dueña del cuerpo originalmente y llevando a la especie al borde de la extinción. La dificultad reside en que algunos humanos se resisten a ceder su cuerpo, forzando así la convivencia entre invasor e invadido en una misma mente durante un período de tiempo. Éste es el caso de Melanie Strider (Saoirse Ronan), una de las pocas supervivientes humanas que quedan, que es invadida por un alma (así se llaman los extraterrestres) llamada Wanderer. Wanderer empieza ayudando a los suyos y extrayendo la información que es capaz de encontrar en los recuerdos de Melanie, para así poder localizar a los humanos que estaban con ella, pero al poco tiempo no puede evitar desarrollar afecto hacia la familia de su portadora, decidiendo con ello traicionar a su especie e ir en busca de los seres queridos de Melanie para asegurarse de que no hayan sufrido ningún daño.

The Host - cartel

Hay que entender las bases de la situación. Para el que no lo sepa, The Host está basada en un libro de igual título escrito por Stephenie Meyer, que es la autora de Crepúsculo. Yo os cuento mi criterio para que sepáis si vuestros gustos pueden estar en sincronía con los míos o si esta crítica no os va a servir para nada:

Leí Crepúsculo. Empecé con ellos porque necesitaba algo fácil para leer en inglés, pero me engancharon infinitamente y me lo pasé estupendamente leyéndolos. Dicho esto, la calidad literaria era lamentable, y el argumento era una basura. Me gustaron los libros como me puede gustar una comedia romántica que es malísima pero a mí me entretiene. Después vi las películas, aunque sólo fuera por ver cómo habían adaptado las novelas, y sufrí una barbaridad. Todavía las últimas pasen, porque con tanta pelea y tanta historia se pasan rápido, pero con la primera y con parte de la segunda sólo podía pensar en darles un guantazo a los actores, a ver si espabilaban un poco.

The Host - cartel. Max Irons (Jared)

The Host (del libro, hablo) es diferente. No está bien escrito, porque Stephenie Meyer no es una buena escritora, desde mi punto de vista, y el factor romántico a ratos provoca subidas de glucosa en sangre difíciles de soportar, pero tiene argumento. Pasan cosas, algunos de los personajes tienen cierto fundamento y hasta ofrece algunos conceptos interesantes y algunas ideas muy originales. Por ejemplo, el tema de la invasión alienígena está trilladísimo, pero lo de que los invasores sean buena gente que cree que le está haciendo un favor al Planeta me parece, como mínimo, curioso; y hay una crítica fugaz pero contundente a los sistemas políticos habituales, que han reproducido en la película, que se atreve, y de manera muy convincente, a decir que a lo mejor la democracia no siempre es tan buena y las dictaduras no son siempre tan malas.

The Host - poster. Jake Abel (Ian)

Ahora ya, conociendo todo esto para que tengáis algo en que basaros, os digo que The Host (la película) está bien. No es para tirar cohetes, pero está bien. Es entretenida y se desarrolla ágilmente casi todo el rato. Wanderer parece que tiene horchata en las venas y cuesta hacerse al formato utilizado para que la chica mantenga conversaciones con Melanie (Wanderer habla, Melanie piensa), pero eso consigue crear una distinción entre los dos personajes que permite ver la película sin volverse loco intentando averiguar cuál de las dos acaba de pensar esa frase.

Saoirse Ronan (Melanie/Wanderer)

Las interpretaciones también están bien. Diane Kruger en el papel de Buscadora empeñada en atrapar a Wanderer consigue dar muy mal rollo y que le cojas una manía horrorosa, así que aplausos para ella. Jeb (William Hurt) hace un papel estupendo como jefe del clan de supervivientes. Luego hay un grupo de chicos absurdamente rubios y esbeltos, todos iguales, llamados Jared (Max Irons), Ian (Jake Abel) y Kyle (Boyd Holbrook) a los que no hay quien distinga y que sólo están ahí para cumplir con la parte pastelosa de la peli y para darle un poco de drama al asunto.

The Host - poster. Diane Kruger (Buscadora)

En cuanto a la relación con el libro, es probablemente la mejor adaptación que he visto en mi vida. Ver la película y leer el libro son casi la misma cosa. Los personajes son fieles al original, el argumento está respetado al milímetro, pero saltándose las cosas adecuadas para no pasarse en minutos de metraje y para que la historia fluya correctamente, y los dos productos provocan la misma emoción: ninguna. Los dos son limpios y asépticos, como si hubieran puesto ordenadamente a un montón de personajes en un escenario recién fabricado. Las adolescentes que se pasaron llorando toda la película detrás de mí en el cine seguro que no piensan igual, pero yo sólo conseguí sentir empatía hacia el final de la película, y eso que estaba claro que llevaban intentándolo desde que empezó. Las escenas románticas son bastante insoportables en ambos formatos, y la atmósfera está estupendamente creada también en los dos. De verdad, la adaptación, logradísima.

Max Irons y Saoirse Ronan (Jared y Melanie)

Casi para terminar, datos que os doy para que no os volváis tontos averiguándolos, como me ha pasado a mí:

1. El título The Host en inglés no da problemas, porque queda claro que se está refiriendo a Melanie, el cuerpo habitado. En español, gracias a las confusas definiciones de huésped que tenemos, no hay Cristo que entienda nada. Por eso os aclaro que en este caso, huésped se refiere al animal que ha sido invadido por un parásito.

2. La chica que aparece en la primera escena de la película os resulta familiar (o no) porque es la protagonista de Sucker Punch (Id, Zack Snyder, 2011); se llama Emily Browning. Por razones que comprenderéis si véis la película, no la acreditan como es debido en ninguna parte, y me ha costado la vida encontrarla.

Max Iros y William Hurt (Jared y Jeb)

Como conclusión, ¿recomiendo ver The Host? Sí, si no veis nada más que os llame la atención en cartelera. No es la película del siglo, pero es correcta, entretiene y tiene su encanto. A lo mejor a mí me ha gustado porque iba con las espectativas más bajas del mundo, no lo sé. No he leído más que titulares y párrafos sueltos de críticas, todos negativos, y me da la sensación de que la gente estaba deseando que Stephenie Meyer sacara cualquier cosa para ponerla a parir, independientemente de que el producto fuera bueno o malo. Tened en cuenta el odio que el mundo le tiene a Crepúsculo a la hora de creer en unas críticas o en otras, porque esas cosas a veces hacen que la objetividad se vaya a pique.

Ahora que ya he escrito esto, me voy a leer otras críticas, a ver si sólo me ha gustado a mí.