lunes, noviembre 19, 2012

La Cenicienta: análisis

A petición de Mi Alter Ego, Naar, Valeria y Silvia Parque, me puse hace tiempo a buscar la versión original del cuento de La Cenicienta, a ver qué me encontraba por ahí. Por lo visto hay un millón de versiones; casi cada país tiene la suya, así que me ciño a las más conocidas y de las que hay referencias claras. Los Grimm tienen una versión, pero Perrault es anterior, así que en principio considero su cuento como el válido para lo que nos interesa.

La historia en cuestión se llama "Cenicienta o la zapatilla enana" (Sacado de Los cuentos de Perrault ilustrados por Doré, Atlas Ediciones, copia exacta de los cuentos publicados en 1862 y 1863). Investigando he leído que lo escribió en 1697, así que tendré que suponer que el que yo he leído es igual que el que escribió en su día. Leyendo esta versión vi que, oh decepción, no había nada que analizar, porque era clavada a la de Disney. Pensando en cómo darles la mala noticia a las mencionadas en el parrafo anterior, y por curiosidad, me puse a leer lo que escribieron por su parte los hermanos Grimm. Pensé que iba a ser casi igual que lo de Perrault, ¡pero no! ¡Porque Perrault era medio normal, mientras que los Grimm eran unos desequilibrados! Así que analizo su versión, porque ya la he leído, y si me traumatizo yo, nos traumatizamos todos.

Nos ponemos en situación; os cuento a grandes rasgos la versión de Perrault/Disney (si ya os la sabéis esta parte os la podéis saltar), que es la que conocemos las personas normales del mundo, y luego ya vamos con la alternativa para psicópatas:


Cenicienta o la zapatilla enana - Charles Perrault:

La historia comienza contando que el padre de Cenicienta se casa con una petarda que tiene dos hijas. La mujer tiene a nuestra chica todo el día limpiando y la trata fatal.

El rey organiza un baile, al cual van las dos famosas hermanastras de Cenicienta, mientras que ella se queda en casa llorando a moco tendido.

Su madrina, al verla triste, le pregunta si quiere ir al baile, y cuando Cenicienta, obviamente, dice que sí, la madrina, como es un hada y tiene poderes, le hace una carroza a partir de la conocida calabaza, y caballos a partir de ratones y todas esas cosas que ya nos sabemos todos. El hada, que aparentemente tiene poderes mágicos para todo menos para llamar a servicios sociales y  denunciar a la madrastra maltratadora, le da un vestido y unos zapatos de cristal a la muchacha y le advierte del toque de queda de las doce de la noche.

Cenicienta va al baile, y como está buenísima (no hay princesa de cuento que no esté tremenda), el príncipe queda embobado y todos la adoran y bla bla bla. Se va a casa a tiempo, y al día siguiente, como en esa época las juergas se hacían a lo grande, va a la segunda parte de la fiesta, y es ahí donde se deja el mítico zapato de cristal. El príncipe lo recoge y recorre todas las casas haciendo que todas las chicas se lo prueben.

Si es lo más lógico del mundo, ¿para qué quieres aprenderte la cara de alguien o preguntarle su nombre, si puedes ir de puerta en puerta diciéndole a la gente que te enseñe un pie?

El caso es que nuestra protagonista demuestra ser la legítima dueña del zapato, aparece la madrina, le da ropa bonita a la chica otra vez, las hermanastras reconcen a la princesa súper glamourosa del baile y se disculpan con ella por haberla tratado tan mal (ya, claro, ahora). Cenicienta, como es una floja, les perdona el mal comportamiento y las casa con dos tipos estupendos de la corte; ella se casa con su príncipe y todos tan contentos.

FIN


Ya está. Cuento para todos los públicos. Bien. Vamos ahora con la versión de los hermanos Grimm, sacada de Caperucita Roja y otros cuentos, editorial ANAYA, traducción directa de la edición publicada en Berlín en 1812 - 1817.


La Cenicienta - Jacob y Wilhelm Grimm:

Como en la otra versión, el padre de Cenicienta se casa con una mujer que tiene dos hijas. Gentuza las tres. Cenicienta planta un avellano en la tumba de su madre, que crece muy rápido alimentado por sus lágrimas y que pasa a ser la casa de unos pájaros mágicos que le conceden deseos. Lo típico que pasa cuando plantas un árbol.

El rey organiza una fiesta, y gracias a lo bien que se lleva la chica con los pájaros mágicos, consigue un vestido y unos zapatos y se presenta en el palacio. Va tan estupenda que no la reconoce nadie (en casa está llena de mierda hasta las cejas siempre, porque no para de limpiar), y todos piensan que es una princesa extranjera. Cuando se va a ir a casa, el príncipe, que ya se ha encaprichado con la chica, le dice que la acompaña, pero como él debe de ser un tirillas y ella corre que se mata, se le escapa y la pierde de vista.

Al día siguiente, en la segunda parte de la fiesta, vuelve a aparecer Cenicienta con otro vestido hecho por los pájaros mágicos, y baila con el príncipe y todas esas cosas, y al llegar la noche, ella se va, y para que el príncipe no la siga, huye trepando por un peral. El padre de Cenicienta, que anda con la mosca detrás de la oreja y piensa que la guiri buenorra podría ser su hija, coge un hacha y tala el árbol, para ver si está en él aún.

El día que aparezcan los de protección al menor por uno de estos cuentos, vamos a salir en las noticias.

Total, que Cenicienta ya no está en el árbol y se ha ido a casa a fingir de nuevo que ella no ha ido a ninguna fiesta.

Al siguiente día - las fiestas en este cuento no se acaban jamás, por lo visto - la chica vuelve con otro maravilloso vestido a la fiesta, y bla bla bla, pero cuando se va, el príncipe consigue la sandalia de la chica a base de echar pegamento (pez, lo llaman) en las escaleras. Aunque aquí el zapato no es un zapato, sino una sandalia, y en vez de ser de cristal, es de oro.

Hasta aquí tampoco hay mucho drama ni muchas diferencias con el cuento de Perrault, excepto tal vez ese asunto tan peculiar del padre talando el árbol para que su hija se despeñe, y el hecho de que a Cenicienta no la saca de la fiesta una calabaza mágica, sino sus habilidades con el parkour... y bueno, no tenemos hada madrina, que en la versión de Disney tiene como mucho bombo. Pero no pasa nada, que ya vieron los Grimm que los críos se iban a aburrir si aquí no había un poco de sangre, y decidieron arreglar el tema. Sigamos.

El príncipe va con su sandalia de oro a casa de Cenicienta (como el padre ya le había dicho que creía que era su hija, era la opción más probable) y comunica que solo se casará con la chica a la que le valga el zapato. La primera hermanastra se pone muy contenta y se lleva el zapato a su habitación para probárselo. Por lo visto Cenicienta tiene unos pies absurdamente pequeños, así que aquello no le entra ni a tiros. Como es el pulgar lo que no cabe, su amorosa madre le lleva un cuchillo y le dice que se corte el dedo, porque, total, cuando sea reina ya no necesitará ir más a pie (literal). La hija, faltaría más, se lleva su pulgar de un tajo, aguanta el dolor como puede, mete el pie en la sandalia, y se va tan feliz a decirle al príncipe que ella es la elegida. El príncipe, como viene siendo habitual en estos cuentos, es ciego o idiota, no sé, pero el caso es que no se da cuenta de que se lleva a una princesa falsa y mutilada, y allá que se largan los dos a caballo.

Igual no lo he dejado claro. Es una sandalia. SANDALIA. Los pulgares se ven. Los príncipes de cuento son más tontos que una piedra.

En fin, tan mala suerte tiene la chica del pie ensangrentado, que pasan por delante del avellano, y los pájaros mágicos le cantan al príncipe que ese zapato tiene sangre por todas partes y que igual se la han colado. Vuelven a casa, devuelve a la princesa defectuosa, y la otra hermana se prueba el zapato. ¡Y le entra el dedo gordo!

¡Pero!

¡El talón no!

Así que, solo faltaba, por consejo de su madre, se corta un trozo de talón. Qué bien. Otra vez el príncipe hace alarde de su idiotez extrema, se van los dos, vuelven a pasar por el árbol, los pájaros vuelven a hacer su trabajo, y el príncipe atontado devuelve a la princesa defectuosa número dos a su casa. Allí mandan llamar a Cenicienta, que se prueba la sandalia y le queda ideal, claro.

Cuando se van a palacio, los pájaros mágicos cantan que ésa sí es la adecuada, y se posan uno en cada hombro de la chica.

Ya acabamos. Cuando va a ser la boda, aparecen las dos hermanastras, que querían congraciarse con Cenicienta, y bueno... ¿las perdona nuestra protagonista y todos comen perdices?

NO.

En su lugar, los pájaros mágicos les sacan los ojos. Por turnos y con bastante regodeo, por cierto. A ver si se van a pensar los niños que pueden ser unos zorrones toda su vida y luego salir airosos como si nada.

Y así estamos. Con dos hermanastras sin ojos y con medio pie amputado.

Gracias por contarme historias entrañables, señores Grimm. Ahora a ver quién duerme.


p.d. Navegando por posts viejos de la gente me he encontrado con que hace mucho tiempo la Gata me dio un premio (¡gracias con retraso!), y más de lo mismo con mi Álter Ego (¡gracias gracias!). Casualidades de la vida, resulta que sus blogs son estupendos, así que ya estáis entrando todos a hacerles una visita.

jueves, noviembre 01, 2012

Viejo viejo viejo viejo

Hace poco, caminando por la calle, detrás de lo que parece un abuelo que lleva a su nieta de la mano izquierda y a su nieto de la mano derecha:

Nieta - ¡Hoy nos ha dado clase el Papa!
Abuelo - ¿El Papa? ¿Por qué le llamáis así?
Nieta - Porque es viejo. Viejo viejo viejo viejo.

Qué encanto de niña. Menos mal que el crío parece más decente.

Nieto - ¡Como el abuelo!

Qué maravilla.

Dan unas ganas locas de ponerse a tener churumbeles viendo lo que hay, ¿eh?