sábado, octubre 29, 2011

Comunicado

Al teclado la directora de la asociación V.A.K. (Venas y Arterias de Key). Un sujeto llamado Garfield, que afirma ser amigo de Key, ha aparecido ayer por la noche con una caja de seis donuts de una de las tiendas Dunkin' Coffee de Madrid. Nuestra jefa se ha comido, por este orden:


Viernes, 21.17 - Donut relleno de dulce de leche.
Sábado, 10.10 - Rosquilla con glaseado indefinido de color violeta.
Sábado, 12.09 - Donut relleno de leche condensada - con la ayuda de un tal Fog -.
Sábado, 16.23 - Donut relleno de crema.
Sábado, 19.02 - Rosquilla cubierta de chocolate con leche.
Sábado, 21.12 - Donut relleno de nocilla.


Ante este episodio de lo que suponemos es locura transitoria, los miembros de la V.A.K. nos hemos visto obligados a inhabilitar su capacidad de decisión, y hemos tomado el control sobre su cuerpo hasta que vuelva a comportarse como una persona civilizada que ama y respeta a las venas y arterias que le permiten seguir con vida.


No coman bollos ni comida rápida y hagan ejercicio.



Fdo.
Directora de la V.A.K.

domingo, octubre 23, 2011

Vecinos

Hay muchos tipos de vecinos que despiertan tu ira interior. Está el bebé que llora a las cinco de la mañana. La que limpia la casa con los tacones puestos. También está la que se tira a su novio de la manera más escandalosa posible mientras tú intentas dormir, aderezando tu intento fallido de quedarte roque con un completo surtido de gemidos y ruidos de muelles.

El de hoy pertenece a este detestable club, aunque, aun siendo uno de esos vecinos a los que odias, no puedes evitar sentirte identificado con él porque tú también has estado en su lugar. Uno de ésos a los que quieres matar, pero por los que también sientes cierta compasión, porque suficiente tienen con lo que les toca. Seguro que ya sabéis de quién hablo.

El niño que tiene un examen de flauta dentro de tres días.

La prueba es inminente, los nervios están de punta, la tensión es máxima. Por eso toca sin parar - "tu tu tuuuuuuuuuuu" - una sarta de notas sin sentido que quieren recordar a El Himno de la Alegría, o a alguna otra versión súper simplificada de cualquier clásico al azar.

Y aquí estoy yo, intentando hacer una gráfica con distribución gaussiana en un lenguaje de programación del que no tengo ni idea. Pero con banda sonora.

Espero que por lo menos el crío apruebe el examen.

sábado, octubre 15, 2011

Puerta

Hablando hace unos días sobre compañeros de piso espantosos, me acordé de Karen. Sí, Karen, la única, la irrepetible, la auténtica chica italiana que se bajó andando el Empire State Building.

Karen no fue con compañero de cuarto a Nueva York, por lo que el hotel le asignaba la compañera que se les antojaba, el tiempo que estuviera la susodicha alojada allí, y luego le ponían a una nueva.

Recuerdo a la que no le dirigió la palabra en la semana que pasó allí, pero cuando se marchó le dejó una nota encima de la cama -ni siquiera se despidió en persona- diciéndole que, faltaría más, Karen debía ir a visitarla a su ciudad natal para pasar tiempo juntas y tener unas vacaciones estupendas en compañía la una de la otra.

Recuerdo a la que se encerraba en el baño antes de que Karen se despertara por la mañana, y seguía allí 35 minutos después, por lo que nuestra pobre y querida italiana se las veía y se las deseaba para llegar a tiempo a clase.

Y luego vino Marlee.

Marlee es española, y está en la misma clase que Karen, la cual, por si no lo dije en la otra entrada, tiene un acento escandaloso pero una fluidez apabullante. De hecho, no tengo ni idea de por qué yo estaba en un nivel más alto que ella. De esto se deduce que Marlee ha hecho un buen examen de acceso y se apaña perfectamente tanto hablando como entendiendo inglés.

Pues bien, parece que no le hacía mucha ilusión lo de practicar el idioma - total, es lógico que la gente se chupe diez horas de avión para aparecer en Nueva York, y allí decidir que como el lenguaje de la patria no hay nada y se niegue a pronunciar cualquier cosa que no sea castellano-, así que lo máximo que decía en inglés eran palabras sueltas. De hecho ni siquiera salía de la habitación del hotel, pasaba el día encerrada y metida en facebook.

Karen - Es desesperante. Me dice una palabra y yo tengo que averiguar qué demonios me está intentando decir.
Iris - ¿Para tanto es?
Karen - ¿Que si es para tanto? Mira, ves que ayer fuimos Key y yo a ver Mary Poppins, el musical, ¿no? Pues al volver, entro en mi habitación, y Marlee me dice:

¿Mary Poppins?

Karen - Y yo como... Mary Poppins... ¿que si estuvo bien? ¿que si la he visto? ¿de qué me hablas? Así que acabamos teniendo conversaciones del tipo:

Marlee - ¿Mary Poppins?
Karen - ... Um... sí, vengo de ver Mary Poppins.
Marlee asiente con la cabeza y pone cara de esperar más respuestas.
Karen - Eh... ha estado bien, más o menos...
Marlee asiente, se da por satisfecha, y se va.

Iris y yo por los suelos, claro. Pobre Karen.

Karen - Es que el otro día, por ejemplo, me dice:

¿Tarjeta?

Karen - Y yo pensando ¿Qué tarjeta? ¿La de la lavandería?
Yo - ¿La de crédito?
Iris - O la de débito...
Karen - ¿Veis a qué me refiero? Pues me señala una puerta y me dice - para y nos mira - ¿cómo se dice door en español?
Iris - Puerta.
Karen - Pues me dice:

Puerta.

Iris - ¿¿En español??
Yo - ¿No sabía decir puerta en inglés? ¿Esa chica está en tu clase de verdad?
Karen - ¿¡Cómo no va a saber!? ¡Cuando empiezas a estudiar un idioma las primeras palabras que te enseñan son "uno, dos, tres, cuatro, perro, gato y PUERTA"! ¡Por el amor de Dios, PUERTA!


Una vez interactué con ella. No habló, sólo señaló lo que estábamos buscando. Hay gente que no debería salir nunca de su casa.

martes, octubre 04, 2011

Okupar tu keli kuando sales

¿Nos acordamos todos del tipo aquél que intentó agregarme en facebook hace tiempo? ¿Sí? Pues aquí llega el que debe de ser su primo, o su amigo atontado, no lo sé: 

Citas favoritas: Cuando iba al colegio, me dijo la profesora que explicase a mis compañeros la fuerza de la gravedad. Así que la cogí, y la tiré por la ventana. 

Estimado kani: eso no es una cita. Eso es, en el mejor de los casos, una idiotez. Pero no voy a meterme en discusiones literarias con alguien que ha escrito su nombre sin tildes.

Información básica: Mis aficiones son : desabrochar sujetadores, insultar a tu amigo imaginario, okupar tu keli kuando sales, enborrachar animales,dormir la siesta,matar zombis jajajajaja

Me aventuro a afirmar que tu contacto físico con mujeres tiende a menos infinito, así que voy a deducir que has desarrollado poderes psíquicos y desabrochas sujetadores con la mente. El resto de aficiones ni las voy a comentar.

Me interesan: Mujeres

Buena suerte con eso.


El de la otra vez vio que no le aceptaba y eliminó la petición, vamos a ver cuánto aguanta éste en mi lista de pendientes.

Qué gente.

sábado, octubre 01, 2011

Elefantes Malvas

A ver por dónde empiezo a contar esto.

Los zapatos. Empiezo por los zapatos, que para eso se llama el blog como se llama.

Acabo de llegar de Nueva York, como ya sabréis casi todos, lo que significa que toda mi ropa decente está en la lavadora. Eso me deja con

a) Ropa de fiesta
b) Ropa de deporte
c) Ropa incómoda

De las disponibles, la menos mala para vestir a diario es la opción a, así que cojo unos vaqueros demasiado largos para llevar con zapatos planos, los combino como puedo con unas sandalias altísimas (unas cuñas, que son como los tacones pero con el tacón unido a la parte de delante, en plan plataforma; para el que no esté puesto en el tema) y salgo de casa.

Vuelvo después de una mañana en la facultad. Me duelen los pies. Pero no tengo otros pantalones, así que lo más que puedo hacer es cambiarme las sandalias altísimas por unos zapatos que también son cuñas híper altas. Me voy a la biblioteca.

Para cuando me siento a estudiar, mis zapatos están torturando a mis pies con absoluta impunidad. Tres horas después, cuando voy a salir de allí para tomar un café con Manzo, saco mi kit de supervivencia y empapelo mis pies entre tiritas mientras mi acompañante se ríe de mí abiertamente. Café. Ya son las 19.45 y tengo que irme porque he quedado con Isaac para ver un ciclo de cortos organizado por Manhattan (ya es casualidad).

El ciclo es en la Casa de las Conchas (una biblioteca pública/monumento que hay cerca de la facultad), así que entramos y nos acomodamos en las sillas, y visto que ni Isaac ni yo tenemos la más mínima idea de qué es el festival éste ni de dónde ha salido, le pregunto a la chica que tengo al lado. Vamos a llamarla Amidala.

Amidala es turca, su conocimiento del idioma español es, literalmente, menor que el mío de ruso, y su inglés tampoco es para tirar cohetes. Está de Erasmus medio año en Salamanca, estudiando comunicación audiovisual. La gente es una valiente.

Mientras esperamos a que empiecen los cortos, entra por la puerta Verdi, al que no me sorprende encontrarme en absoluto porque se apunta a todos los saraos que existen en la ciudad. Viene con su amiga Robin. Hablo con ellos un rato y empiezan los cortos.

De las obras no tengo gran cosa que decir, salvo que, si podéis, cuando estén disponibles deberíais ver:

1. Dik, de Christopher Stollery.
2. The Legend of Beaver Dam, de Jerome Sable.
3. Sexting, de Neil Labute.

Total, que acaba el ciclo, salimos de allí, y Verdi nos dice que si vamos a tomar algo. Decimos que vale. La turca pasa por mi lado y me chapurrea un "hasta luego". Ha ido ella sola al festival. Igual acaba de llegar a España y no conoce a nadie. Igual no tiene amigos. Igual está triste y sola. Igual...

Yo - ¡Oooooooooye! ¿Te vienes a tomar algo?
Amidala - ¡Vale!

Robin es Canadiense, Isaac ha estado conmigo en Nueva York y Verdi pasa más tiempo con extranjeras que con españoles, así que doy por sentado que podemos apañarnos todos en inglés. Nos metemos en un bar y hablamos un rato.

Verdi - ¿Y tú cuánto llevas aquí?
Amidala - Cinco días.
Verdi - Pues sí que acabas de llegar. ¿Vives en una residencia universitaria o algo así?
Amidala - No, vivo en un piso. Está en la calle... Malvas...
Verdi - ¿Elefantes Malvas?
Amidala - Sí. Ahí vivo.
Yo - ¿Elefantes Malvas? ¡Está al lado de mi casa! Mira, así nos vamos juntas.
Amidala - ¡Vale!

Unos pinchos y unas cañas después salimos del bar. Estamos casi al lado de la Plaza Mayor y el sitio no ha estado mal. Robin se va por un lado, Isaac por otro, y yo me voy en dirección a mi casa con Verdi y Amidala.

Por el camino, Verdi, que es con diferencia una de las personas más sociables y agradables que he conocido en mi vida, debe de ver, como vi yo horas atrás, lo perdida que está la pobre turca, y le pide su número de teléfono. También hay que decir que tiene la misma capacidad de ser majo y sociable que de tirarles los tejos a las guiris, así que supongo que también hay un poco de eso.

La muchacha no sabe ni guardar nuestros números, porque no sabe que "guardar" en español significa lo que significa. Nos despedimos de Verdi en la base de la que probablemente sea la peor cuesta de Salamanca (donde estaba la mercería aquélla), y subimos, Amidala, mis pies llenos de tiritas, y yo.

Diez minutos después estamos casi en la puerta de mi casa. Estúpidos zapatos, me duele todo.

Yo - Yo vivo ahí, y tú vives en esa otra calle - señalo con el dedo.

Amidala pone cara de confusión. Mala señal.

Yo - Ésa es tu calle, ¿verdad?
Amidala - No conozco este camino.
Yo - Pero reconoces tu calle, ¿no? Elefantes Malvas, ésa es tu calle.
Amidala - No... Malvas Grises, ésa es mi calle.
Yo - ¿Cómo que...? ¿Malvas Grises? ¿Pero no nos dijiste que era Elefantes Malvas?
Amidala - Malvas Grises.


Maldición. Maldición maldición maldición.

Yo - Vale. ¿Sabes dónde estamos? ¿Sabes llegar a tu casa?
Amidala - No sé dónde estoy - pone cara de pánico.
Yo - No pasa nada... te llevo hasta un sitio que conozcas, no te voy a dejar aquí tirada.
Amidala - ¿Plaza Mayor?

¡Plaza Mayor! ¡Claro, mujer! Si sólo es el sitio en el que estaba el bar, a quince minutos de aquí. ¿He dicho que me duelen los pies? ¿He dicho que son las once y media de la noche? ¿Y que la calle está desierta y mañana tengo clase?

Yo - Te llevo a la Plaza Mayor, vale.

Que me duele todo y es tardísimo, sí, pero la muchacha tampoco tiene la culpa, digo yo... así que camino el cuarto de hora correspondiente con la chica y mis zapatos hasta la Plaza... y de vuelta a casa otros quince minutos, cuesta incluida...

Y la conclusión de todo esto, queridos niños, es que las guiris se confían demasiado; si hubiera querido os podía haber vendido una turca desorientada. Estas extranjeras no tienen sentido común.

Mis pies están en rehabilitación psicológica. Lloran cuando me acerco a unos tacones. Espero que lo superen.


p.d. Pero qué posts más largos pongo últimamente. A ver si reduzco un poco, que os va a dar algo.