martes, agosto 23, 2011

Grass

Grass es un personaje al que conocí en mi primer año en la facultad. Le perdí de vista en seguida porque acabó la carrera a la velocidad de la luz, para continuar luego con el ciclo superior (lo que estoy haciendo yo ahora), hacer prácticas en alguna parte de Europa, saltar de unos países a otros y terminar -de momento- trabajando en una empresa en Madrid. Como hacer todo eso es fácil, también habla inglés y francés -y creo recordar que alemán- y toca el chelo. Por supuesto, tiene una vida social que no le cabe en la agenda. Y además, faltaría más, está bueno.

Por todas estas características y las que me estaré olvidando, Grass es un ser altamente odiable; aun así, y sólo porque soy una bellísima persona, soy amiga suya y le aguanto tomando un batido gigante cada par de meses aproximadamente, siempre y cuando el chico resulte estar en España en el día acordado.

Pues bien, como la naturaleza es sabia, su cuerpo ha decidido que hay que conseguir que la gente que le rodea sea un poco menos consciente de su evidente superioridad, para que así pueda tener amigos. ¿Y cómo consigue esto el cuerpo de Grass?

Fácil.

Le obliga a meterse en follones absurdos. Por culpa de alguien ajeno a su control o bien porque él mismo hace alguna tontería.

Es como mi habilidad para atraer camareros idiotas, o para hacer el ridículo. Con esa facilidad, Grass se mete en unos líos horrorosos.

Yo siempre había pensado que era todo culpa del alcohol, hasta que me ha contado la última:

Situación:

4 de agosto. Grass se sube al autobús que lo llevará al Arenal Sound.

Ve que su asiento está en primera fila.

Hay una señora sentada en la ventanilla, así que asume que a él le ha tocado el pasillo. Se sienta.

Viene el revisor. Les pide los billetes.

Revisor - ¿Pero tú qué asiento tienes?
Grass - No sé... aquí pone que tengo el 1.
Señora - Pero si el 1 lo tengo yo.

El revisor se pone a comparar los billetes. Ambos tienen el número de coche correcto, misma fila y mismo asiento.

Revisor - Qué raro. Voy a ver qué pasa.

Les devuelve los billetes y se va.

Señora - Yo acabo de comprar mi billete en taquilla, no debería haber problemas...
Grass - Yo lo compré hace más de un mes por Internet, a saber qué ha pasado.

Discusión entre Grass y la señora sobre los problemas que puede dar Internet y lo mal organizadas que están estas cosas.

Grass mira su billete pensando en qué puñetas habrá pasado.

Número de coche correcto. Fila. Asiento. Pues está todo bien. Fecha. Día 4. Bien. Del 7. Pues sigue estando bi... ¿7? ¿¿Cómo que 7?? ¿¿¿El 7 no es julio???

Grass se ha comprado un billete para hace un mes. Estupendo. Y ha quedado con no sé cuánta gente en la ciudad de destino. Se pone a maquinar a ver cómo se libra del marrón.


Mierda mierda mierda mierda joder joder joder joder que tengo un billete para hace un mes. A ver qué coño hago ahora. Puedo bajar corriendo a la taquilla y comprar otro billete para este mismo autobús. O esperar al siguiente si hay algún problema. O... o puedo callarme y ver si cuela y nadie se entera de nada.

¿Y qué pasa?

Pues que el autobús arranca, ahí nadie dice nada, y Grass llega felizmente a su destino utilizando un billete caducado.

Si me pasa a mí, el revisor me empuja a una cuneta seguro.

Maldito Grass.


p.d. Sé que algún día recibiré una llamada telefónica y me tocará ir a pagar la fianza de alguno de mis amigos porque se haya metido en un jaleo tremendo. Lo que no sé es si el primero en llamar será Grass o Tiziano.

miércoles, agosto 03, 2011

¿¿Todavía??

En la parada del autobús:

Niña - ¿A dónde iba Pilar?
Madre - A ver a su madre.
Niña - ¿¿Pero Pilar todavía tiene madre??

Malditos renacuajos satánicos. Un rato le costó a la mujer convencer a su hija de que la tal Pilar tenía madre y padre, porque la cría no paraba de decir: "con lo mayor que es cómo va a tener madre todavía...".

En la escala de maldad está casi a la altura del primo de Markru. Los niños son lo peor.