jueves, marzo 31, 2011

Carácter

Hoy he intentado ir a una clase de cardio-box (léase "pegar puñetazos y patadas al aire en lo que intenta ser una coreografía con muchos otros participantes sudorosos") en mi gimnasio. Nunca puedo ir porque es demasiado pronto, pero hoy he terminado antes en la facultad, así que allí me he ido yo tan feliz a pegarme con la nada.

Llego y el profesor no está.

Vaya por Dios.

Un chico pequeñito, con el pelo largo, me dice que van a dar step, que me puedo quedar; pero lo de bailar alrededor de un peldaño sin matarme no se me da muy bien, así que salgo de la sala y me dispongo a analizar el horario para ver si al menos llego aun a una clase de spinning.

Veo salir a una chica del vestuario, decidida a meterse en lo que ella cree que es una clase de cardio-box. No la había visto en mi vida, pero por no llamarla "tía-que-va-a-cardio-box", voy a ponerle nombre. Se va a llamar Maddie.

Yo - No hay cardio-box...
Maddie - ¡Qué... ! ¡No me digas!

Uy. Maddie está enfadada.

Yo - Por lo visto no ha venido el profesor.
Maddie - ¡Bueno es que no me lo puedo creer! ¡Dos veces me han hecho la misma! ¡No me lo puedo creer!

A Maddie se le está hinchando la vena.

Yo - ¿Ya te ha pasado más veces?
Maddie - ¡Otro día me ha pasado igual! ¡He venido y me he tenido que comer una clase de step! ¡Y oye que yo hago un esfuerzo por venir a esta clase! ¡Que yo soy de [coloque aquí el nombre de un pueblo que incluya la palabra Fuente, o Piedra, o Arroyo, o cualquier otro elemento típicamente localizado en nombres de pueblos, porque yo he olvidado totalmente dónde vive esta señora], y tengo que venir en coche! ¡Y es que hoy he llamado por teléfono para saber si iba a haber clase de cardiobox o no y me han dicho que sí había! ¡Y ahora me encuentro con que no hay profesor!

Me pregunto si esta mujer no necesita parar para respirar, y si se estará dando cuenta de que le está contando su vida a una completa desconocida.

Yo - Bueno... van a dar step, igual te puedes quedar.

Maddie asoma la cabeza y ve al tipo del pelo largo.

Maddie - ¡Encima da clase ESE GILIPOLLAS! ¡Es que no aguanto a ese tío eh! ¡No lo aguanto!

Pero quién me mandará informar a la gente de si hay clase o deja de haberla. La próxima vez mejor me callo.

Y así, Maddie se ha alejado despotricando y jurando en arameo contra el gimnasio, el monitor, y la madre que los parió a todos. La chica es una histérica, pero la verdad es que si a mí me hacen ir dos veces al gimnasio desde no sé qué pueblo para decirme que no hay clase, igual les quemo el chiringuito.

Aun así, ésta me gana. Qué carácter.

Bip

Entro en el laboratorio y me pongo a hablar con Iris, en lo que se enciende el ordenador y demás.

[...]
Iris - No sé, yo quiero irme a EEUU, pero es carísimo.
Yo - ¿Y no te da igual ir a Inglaterra? - Le doy al botón de arranque.-
Iris - No, yo quiero ir a EEUU.
Yo - Bueno... ¿has mirado alguna oferta ya? - Aparece el menú de selección del sistema operativo. Pulso enter para entrar en Fedora. Abro la mochila y me pongo a sacar cosas.-
Iris - Lo más barato es Miami.
Yo - Puf, pero es que ir a EEUU para ver Miami... hace un calor espantoso y no hay nada que ver... - Miro la pantalla de login, que me pide mi nombre de usuario. Ahora accedo, cuando acabe de hablar con Iris. Pongo mi carpeta llena de apuntes hasta los topes encima de la torre.-
Iris - Ya, pero es que el resto es muy caro, y yo quiero ir a EEUU sí o sí.
Yo - Pues nada, si eso es lo más barato y lo tienes claro, ya sabes lo que tienes que hacer. - Oigo un pitido proveniente de alguna torre de mi alrededor. Es ese pitido asqueroso que suena cuando pulsas el tabulador para que autocomplete una orden de consola, o cuando intentas borrar un carácter en un archivo vacío, o cuando hay un error descomunal en tu programa que va a hacer que explote el ordenador.-
Iris - Seguiré buscando, pero si no encuentro nada mejor, me voy a Miami. Te podías venir; Patrick y Monet dicen que se apuntan.
Yo - ¿En verano? Pues... jo... no me ofrezcas esas cosas... - Oigo otro pitido agobiante - Es que Miami no me atrae ni un poco, no sé... sólo hay playas chulas y fiesta, y si voy a EEUU me gustaría ver algo. - Otros dos pitidos. Eso es alguno de clase que está haciendo el gaitas en la consola, seguro.-
Iris - Ya, pero piensa en cómo nos lo íbamos a pasar.
Yo - Puf. Mierda. ¡Ahora me están entrando ganas de ir! ¡Pero no quiero fundirme mis ahorros! - Muchos pitidos. De los que aparecen cuando alguien se aburre y deja pulsada una tecla.-
Iris - Bueno, yo voy a ir igual, y voy a seguir mirando ofertas. Te informo con lo que vea.
Yo - Vale. - Mi cerebro se ha resintonizado para eliminar los pitidos, que siguen sonando a todo trapo. Ahora se oyen a lo lejos, en el fondo de mi cabeza, donde ya no me molestan - La verdad es que estaría bien ir a alguna parte, para un verano que tengo libre. Supongo que podría plant...

Dejo de hablar. Todos me están mirando. Joel, mi compañero de prácticas, mira todas mis cosas desperdigadas por mesas y torres varias, y señalando el teclado, dice:

Joel - Igual deberías levantar la mochila del teclado.

Miro hacia abajo. Levanto la mochila y el pitido desaparece.

¡¡Oooooops!!

Tengo que prestar un poco más de atención a las cosas que hago o la gente acabará pensando que estoy loca.


p.d. Veréis como al final acabo yéndome al dichoso Miami.

domingo, marzo 27, 2011

Asterisco

¡Riiiiing! ¡Riiiiiing!

Yo - ¿Diga?
Pascal - Hija, llamo para declarar mi más profundo respeto por tu carrera.

INCISO
Mi padre es profesor particular, y a sus alumnos ahora les han emplumado aprender a utilizar no sé qué programa matemático (los programas matemáticos son el horror, feos y poco usables como ellos solos), por lo que tiene que aprender a manejarlo para poder darles clase.
FIN DEL INCISO

Yo - Qué pasa, estás con el programa ése, ¿no?
Pascal - ¡¡UN ASTERISCO!! ¡Media mañana perdida porque el maldito programa no sabe detectar que me falta UN ASTERISCO!
Yo - Ya... al final lo asumes, pero esas cosas son un rollo.
Pascal - Un asterisco. Dos horas. No sé cómo has tenido paciencia para acabar la carrera.
Yo - Ya ves.
Pascal - Sólo era para decirte eso. Hala, a darlo todo con las prácticas.
Yo - Vale, papá. No te desquicies mucho.

Clic.

¡Ah, la programación! Qué estupendo es perder una tarde entera porque has olvidado iniciar una variable a cero. Maravillas de la ciencia.

lunes, marzo 14, 2011

Presión

Hoy he esperado unos 20 minutos por el autobús que me permite llegar hasta el barrio de Molly para darle una de las dos clases semanales de inglés. No tendría que haber esperado ni 5 si el bus llegara a su hora, pero como no es el caso, pues nada, a esperar en una parada llena de quinquis y señoras que les gritan a sus madres, mientras llueve y un montón de guiris con sus maletas intentan por todos los medios que muera aplastada contra el luminoso que informa de los horarios y las líneas disponibles.

Llega el vehículo en cuestión. Hay tantas personas apelotonadas dentro que instintivamente busco caras aplastadas contra el cristal para sacar una foto estelar del momento (lo siento, no me dio tiempo a sacar la cámara, otra vez será). Visto que no cabemos por la puerta principal, una mujer que, no sé cómo, no perdió la calma ni un momento, le grita al señor autobusero desde la puerta trasera que cómo piensa hacernos pagar, si es físicamente imposible acceder al lector de tarjetas. La cosa queda en que nos subimos por la puerta de atrás, haciendo presión contra unos cuantos ciudadanos que deben de estar calculando el número de personas que hacen falta en el autobús para llegar a la muerte por falta de oxígeno.

A la mitad del viaje analizo la situación y me doy cuenta de que estoy metida a presión entre un montón de desconocidos, mientras algo o alguien me toca el culo y un niño siniestro me mira fijamente tocando una armónica; todo esto agarrada a un barrote pegado a la salida del cacharro urbano éste, con lo que, si abren las puertas antes de que me dé tiempo a reaccionar, la presión de la muchedumbre y mi nada estratégica posición acabarán por escupirme del autobús en la primera cuneta que haya en el camino.

¿Pues os podéis creer que al bajar en mi parada, he caminado hasta la puerta principal para pagar? ¿Y os podéis creer también que el conductor se ha enfadado y me ha echado la bronca porque "total, una vez fuera, nadie me iba a decir nada porque no hubiera pagado"? ¡Y que no lo ha dicho en plan "mírala qué maja, que me paga y todo", que lo ha dicho enfurruñado de verdad!

Hoy he demostrado que soy tonta, lo sé, pero a Dios pongo por testigo de que a partir de ahora, si la situación me obliga a ello, estafaré todo el dinero posible al transporte público de mi ciudad.

He dicho.

sábado, marzo 12, 2011

Almas descarriadas

Ese estupendo sistema de estadísticas que ofrece blogspot me cuenta que hay usuarios que buscan una cosa en Google, y son redirigidos a esta página, donde ni de lejos doy respuesta a sus preguntas. Si no sabes muy bien cómo has acabado aquí, identifica la situación que más se parezca a la tuya de entre las dos siguientes y sigue los enlaces:

SITUACIÓN 1
Tú sólo quieres un disfraz de egipcia pero Google se empeña en que leas cómo un montón de universitarios borrachos celebran las fiestas de su facultad.
(Búsquedas: Como se disfrazan las egipcias, Abrigo de egipcia, entre otras)

Está todo controlado, puedes entrar en esta página, donde venden un traje muy bonito... este otro tampoco está mal... si lo quieres para tu hija puedes entrar aquí, y si quieres llevar el disfraz más feo de toda la fiesta, puedes comprarte este espanto hecho tela.
¡No te encogorces demasiado y pásalo chachi en tu fiesta!

SITUACIÓN 2
Tu novio, ahora exnovio, que probablemente sea un poco gilipollas, se lo ha montado con otra y ahora tu autoestima está por los suelos, o algún energúmeno se ha metido con tu aspecto, o, por cualquier otra razón, estás deprimida y muerta del asco.
(Búsquedas: Calzado amor propio, Zapatos amor propio, entre otras)

Aquí tienes algunos ejemplos de lo que puedes hacer:
- Libera endorfinas. Apúntate al gimnasio, a salsa, a taekwondo o a la primera chorrada que se te venga a la mente. Verás lo bien que te sienta.
- Haz algo interesante, para variar. Vete al teatro, o a ver una exposición, o a cualquier otra cosa que no hagas habitualmente. Y no me vengas con que no quieres ir sola, que te doy.
- Escucha alguna canción que te ponga de buen humor.
- Ve una película estúpida, que sea entretenida y que no te haga pensar demasiado.
- Sé amable con la gente, aunque no tengas por qué. Es gratificante. Y cuando te encuentres con alguien que sea abiertamente idiota, descarga toda tu ira contenida en él o ella. Eso es todavía más gratificante.

Y voy a parar ya, que esto empieza a parecer un libro de autoayuda.


p.d. Hablo sólo para las chicas, pero es que en las búsquedas la gente pone "disfraz de egipciA", y lo del amor propio y los zapatos dudo infinito que lo haya puesto un tío.

domingo, marzo 06, 2011

Los Chicos Están Bien, pero yo me aburro muchísimo

La semana pasada, en un arranque de originalidad, decidí irme al cine por mi cuenta a ver una de esas películas que sabía que nadie vendría a ver conmigo jamás, y así acabé en el único cine de mi ciudad que pone cintas no-palomiteras, viendo Los Chicos Están Bien (The Kids Are All Right, Lisa Cholodenko, 2010).
Esta comedia con tintes dramáticos nos introduce en la vida familiar del matrimonio formado por Jules (Julianne Moore) y Nic (Annette Bening), y sus dos hijos, Laser (Josh Hutcherson) y Joni (Mia Wasikowska), para mostrarnos cómo una normal y aceptablemente feliz familia ve desaparecer su estabilidad cuando Joni, empujada por Laser, decide hacer una llamada telefónica que les permitirá a ambos conocer a su padre biológico. Así entra en escena Mark Ruffalo dando vida a Paul, un agricultor mujeriego que acoge con los brazos abiertos la idea de conocer a unos hijos que no sabía ni que existían.
Josh Hutcherson (Laser), Mia Wasikowska (Joni) y Mark Ruffalo (Paul)¿Mi opinión? Para empezar, la pareja protagonista no me da ninguna credibilidad; no veo ni la más mínima química entre Julianne Moore y Annette Bening, por lo que ya la base de la película no me resulta convincente. Por otra parte, Mia Wasikowska está igual de insulsa que en Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, Tim Burton, 2010), con la diferencia de que esta vez esa falta de garbo va bastante acorde con el papel, por lo que esperaré a ver otro estreno suyo antes de ponerla en mi lista de actores y actrices que debieron dedicarse a la medicina, a pasear perros o a cualquier otra cosa que no implicara actuar.

De los demás actores no tengo queja; al papel del hijo, Laser apenas le dan importancia, siendo éste uno de los grandes desperdicios de la cinta, junto con los amigos de Joni, que podían haberle dado mucha vida a la historia, pero que sin embargo pasan tan desapercibidos que una se pregunta al salir de la sala para qué estaban allí. Por último, Mark Ruffalo hace un trabajo estupendo, proporcionando una de las pocas cosas que vale la pena ver de esta supuesta comedia, que es la relación que se va desarrollando entre Paul y su hija Joni.
Mia Wasikowska (Joni)Y lo de supuesta comedia lo digo por algo, ya que se supone que una comedia debe ser divertida y entretenida, y resulta que yo no recuerdo haber bostezado tantas veces en una sala de cine en mi vida. Me reí tres veces contadas, y cada cinco o diez minutos una imagen o una frase me hacían sonreír, pero el resto del tiempo sólo podía pensar en por qué no había intentado engañar a cualquiera para que viniera conmigo al cine y así no estar tan extremadamente aburrida.

Lo que sí ha sido de agradecer es que una historia de dos mujeres que se casan y tienen dos hijos por inseminación artificial, aunque parezca mentira, en ningún momento intenta ser una campaña a favor de la tolerancia hacia la homosexualidad; las protagonistas son lesbianas, lo que proporciona la oportunidad de meter en la historia al padre biológico de las criaturas, pero nada más. Con unos cuantos cambios, la pareja protagonista podría haber sido heterosexual, sin apenas afectar a la trama central, así que al menos no he tenido que aguantar que me dieran clases de moral y de sentido común.
Annette Bening (Nic) y Julianne Moore (Jules)En fin, que Los Chicos Están Bien es una de esas películas con las que tienes la impresión de que debe de ser buena, porque hay un ambientillo de cine de autor que lo impregna todo, y los protagonistas se salen un poco de lo común, y tú te aburres soberanamente mientras espectadores que te sacan 25 años se desternillan en sus asientos; pero que por muy buena que sea, tú estás contando los minutos para que se acabe, lo que es una pésima señal. Por tanto, ¿la recomiendo? No. Pero leed otras críticas antes de crucificarla, que visto lo bien que se lo estaba pasando la gente en la sala, igual es que yo tenía un día poco inspirado y nada me hacía gracia.

En cualquier caso, yo no pienso volver a verla.