sábado, mayo 29, 2010

Papeleo

¿Quién no ama ese adorable mundo que es la burocracia? Hacer cola, fotocopias, ir tres veces al mismo sitio porque los funcionarios no se aclaran con lo que tienes que entregar...

Mi último contacto con este fantástico universo fue hace un par de semanas, cuando tuve que pasar una mañana entera correteando de un edificio público a otro para entregar impresos. Una mañana interesante.

Primera parada: Oficina de Empleo.
Objetivo: Darme de alta en el paro.

La Oficina de Empleo es como una pescadería. Entras, coges número en una maquinita de ésas que escupen tickets, y te sientas a esperar a que te llamen. Cutre pero eficaz, ¿no? Pues no. Bueno cutre sí, que a ratos tienes que hacer memoria para saber si ibas a buscar un documento o medio kilo de merluza congelada; pero la eficacia se evapora en el momento en que se escucha:

- ¿Quién vaaaa?

¿Cómo qué quién va? ¿Para qué leches he cogido yo el papelito éste con un número?

- Eh... Tú llegaste antes que yo, ¿no?
- No sé, ¿tú qué número tienes?
- El 64.
- Ah pues sí que he llegado yo antes porque tengo el 62...
- ¡Espera que yo tengo el 61!

Mientras tanto otra funcionaria en el mostrador de al lado:

- ¡72! ¡73! ¡74!

Por lo visto he salido de la pescadería y me he metido en el Bingo.

- ¡Pero qué dice setentaytantos si aquí estamos por el sesenta!
- ¡Aaaah! ¡Pues el 60 que pase por aquí!

Qué desastre. Pero bueno, conseguí mi prueba de que estoy en el paro y me largué de allí todavía escuchando gritos a mi espalda. Primera misión cumplida.

Segunda parada: Edificio de la Seguridad Social.
Objetivo: Conseguir mi informe de vida laboral.

El edificio de la Seguridad Social. Voy a ver si me dejan irme a vivir allí. La entrada es un jardín súper-Zen, con piedras redonditas blancas y limpias (¿cómo puede estar limpia una piedra?) y un árbol en forma de bonsai. El edificio tiene cristaleras por todas partes, y para entrar hay que cruzar una de esas puertas giratorias automáticas que hay en los hoteles de lujo. Dentro, un segurata guapísimo comprueba que no soy una terrorista y después una chica encantadora me da toda la información que necesito. Esto no es hacer papeleo en España, me han dado el cambiazo en algún momento y no me he enterado. Habrá que disfrutarlo mientras dure. La chica encantadora me manda a unas mesas con teléfonos y me dice que pida allí mi Informe de Vida Laboral. No sé muy bien de qué está hablando pero voy para allá.

Cartelito: "Descuelgue el auricular y siga las instrucciones". Tela. De la pescadería al Bingo y del Bingo a Matrix. Descuelgo.

"Bienvenido al servicio de obtención del Certificado de Vida Laboral. Por favor, identifíquese utilizando a) Su nombre y apellidos, ó b) Su número de la Seguridad Social."

El prodimiento es rápido y sencillo, de verdad, es complicado equivocarse. Aun así, cuando abandono la zona de los teléfonos veo a una mujer de pie, con cara de enfado y frustración ante la evidente falta de sentido común que ha llevado a la organización a sustituir a personas de verdad por voces ligeramente robotizadas al otro lado de una línea telefónica.

Qué maravilla de sitio. Espero que todos los edificios de la administración pública acaben siendo así. Me voy con el objetivo alcanzado y feliz como una perdiz.

Tercera parada: Ayuntamiento.
Objetivo: Obtener un certificado de empadronamiento.

El Ayuntamiento es un lugar espantoso. Todo es tétrico y oscuro. En el rellano, tres hombres: un agente de seguridad de pie, un hombre metido en una garita y otro más por ahí pululando que no se sabe muy bien a qué se dedica.

- ¡Hola! ¿Es aquí donde tengo que pedir el certificado de empadronamiento de Castilla y León?
- No -el segurata- Eso es en Iscar Peyra.

Veo algo raro. El de la garita pone cara de circunstancia. Algo me dice que me voy a arrepentir de ir a Iscar Peyra. Voy a hacer tiempo un poco a ver si averiguo qué pasa.

- Ummm... Iscar Peyra... -miro al infinito-.
- Sí, según sales, tienes que tirar por...
- Pero si sólo quiere el certificado de empadronamiento -el de la garita-, lo tiene que pedir aquí.
- ¿Ah, sí?
- No, es en Iscar Peyra; vas por esta calle...
- El señor dice que aquí me dan el certificado...
- Que no, que es en Iscar Peyra, mira, tiras por aquí...
- Que si sólo es el certificado de empadronamiento aquí te lo dan.

Silencio.

- Ah, pues claro, si es sólo el certificado aquí te lo dan.

Sin comentarios.

Entro. El Ayuntamiento, según vas entrando se va haciendo más horrible. La "oficina" donde tengo que pedir el documento consiste en una habitación desolada, con las paredes cubiertas por taquillas viejas llenas de óxido, y al fondo una barra destartalada. Tengo miedo. Quiero volver al jardín Zen.

Aunque todo hay que decirlo, el sitio era un espanto, pero me atendieron rápido y más o menos bien. A lo mejor voy a tener que dejar de quejarme del funcionariado español.

Si me dejan ir a hacer yoga al jardín de la Seguridad Social, me dejo de quejar para siempre. De verdad.

sábado, mayo 22, 2010

Demasiado tarde

A veces encuentro un texto en un libro que me gusta, y pienso "ctrl+c... ctrl+v", y luego me doy cuenta de que no puedo copiar y pegar las palabras porque no estoy en un editor de texto sino en el Mundo Real. Me parece preocupante.


viernes, mayo 14, 2010

¡Al fin! ¡Algo decente de Brittany Murphy!

Desde el miércoles por la tarde con fiebre y gripe generalizada. A tal extremo ha llegado mi aburrimiento, que esta tarde me he puesto a buscar una comedia romántica para ver online (comedia romántica para asegurarme el no tener que pensar, que lo de utilizar las neuronas cuando se está enfermo está claro que no es buena idea). Así he acabado viendo Amor y Otros Desastres.

Nada más empezar he visto aparecer a Brittany Murphy, y casi la quito directamente... de esta chica sólo he visto películas malas, como Recién Casados, o películas lamentables, como 8 Millas, así que su presencia no me inspira mucha confianza. Pero estaba aburridísima de no poder salir de casa ni hacer nada útil, así que me he puesto a verla.


Amor y Otros Desastres, cartel
El argumento consiste en lo siguiente: una empleada de Vogue llamada Emily "Jacks" Jackson (Brittany Murphy), que tiene una desastrosa relación con su novio/exnovio James (Elliot Cowan), y que dedica su vida social, básicamente, a hacer de consejera sentimental de su grupo de amigos, compuesto por su compañero de piso gay Peter (Matthew Rhys) y su permanentemente borracha o colocada amiga Tallulah (Catherine Tate), ve su vida trastocada cuando aparece en escena Paolo (Santiago Cabrera), un ayudante de fotógrafo con pinta de modelo que Jacks decide ubicar como homosexual sin preguntarle, con todos los líos que ello conlleva.

¿Que no es una obra maestra? Pues claro, pero eso ya lo sabíamos todos antes de empezar a verla. Parece que una comedia romántica no puede ser nunca una película genial, aunque, siendo sincera, ésta en concreto tiene sus detalles que la hacen más que aceptable. El film entero es una peculiar interpretación del concepto de amor a primera vista, y se dedica mitad a homenajear y mitad a parodiar al género de la comedia romántica en general y a Desayuno con Diamantes en particular (Jacks es una versión moderna de Audrey Hepburn interpretando a Holly). Tiene sus puntos inteligentes, y una original perspectiva, ya que el guión hace un montón de guiños al espectador, como si supiera que efectivamente, está en el cine con las palomitas viendo un estreno:

- ¡Si estuviéramos en una película eso no habría pasado!
- Si fuera una película, tú serías rubia.
- Si fuera una película tú serías famoso...
- Ésa es la gran estafa, nada es como en las películas.

Estoy escribiendo esta crítica mientras espero a que los de Megavideo me dejen seguir viendo la película (maldita restricción). He escrito la crítica entera sin ver el final, porque no hace falta verlo para saber cómo termina el cuento. Es lo que tienen las comedias románticas.

Mi recomendación final es la siguiente: sólo es otra más del género, pero si tenéis que ver una peli romántica (por ejemplo si vuestra novia decide que está cansada de ver cine de acción), ésta es una gran opción.

Por último, no la veáis si no habéis visto Nottin Hill, cuentan el final ;)








p.d. ¡Ya he terminado de verla! ¡Estaba equivocada, sí que hay que ver el final! Hay un recargadísimo cameo con el que os vais a estar riendo un rato :D

martes, mayo 11, 2010

Chicle

La empresa para la que trabajo me ha puesto a arreglar ordenadores. Esto me convierte oficialmente en una pringada, pero oye, la verdad es que se aprenden cosas y estoy todo el día de un lado para otro, así que es bastante entretenido.

Mi misión de estos dos días ha consistido en configurar un montón de cuentas de correo para el departamento de consultoría. La cosa ha sido más o menos normal, hasta que he ido a configurar la cuenta de I. I es una persona peculiar. A mí me cae bien, pero he notado que toda la empresa la trata como si estuviera loca. El caso es que me he sentado en su sitio y me he puesto al tema, con ella observando mis progresos. Al cabo de diez clicks se ha cansado de observar.

- Mira, para estar aquí haciendo el tonto, me voy a fumar.

Y entonces ha cogido el chicle que estaba masticando, se lo ha sacado de la boca, y lo ha pegado en el hueco del teclado que hay entre la tecla Esc y el F1.

No puede ser. No acabo de ver a I pegar su chicle en este teclado mugriento y lleno de migas. Es imposible. Me han debido de echar algo en el café y me estoy imaginando cosas, verás como de un momento a otro un dragón rojo cruza el pasillo...

- Porque no vas a pulsar esa tecla, ¿verdad? - señala el Esc como si estuviera preguntando lo más normal del mundo.

Pues obviamente ya no.

- Eh... - di algo, di algo o se va a dar cuenta de que piensas que está como una cabra - No... no, no la voy a usar...

- Yo es que soy una fanática del chicle, ¿sabes? Luego lo vuelvo a coger.

Y se va a fumar.

Sus compañeras ni levantan la vista. Pobres criaturas, qué habrán visto hasta ahora para estar acostumbradas a esto.

Terminé con la configuración mientras el chicle me miraba fijamente desde su hueco entre tecla y tecla. Al cabo de un rato, I volvió, lo despegó del polvoriento teclado, y ale, aquí no ha pasado nada.

Voy a lavarme las manos muchas, muchas veces mientras esté trabajando en esta empresa.